Capítulo VII 

 

engo por cierto haber sido también Aristóteles quien principalmente inspiró a Alejandro su afición a la medicina, pues no sólo se dedicó a la teórica, sino que asistía a sus amigos enfermos y les prescribía el régimen y medicinas convenientes, como se puede inferir de sus cartas. En general, era naturalmente inclinado a las letras, a aprender y a leer; y como tuviese a la llíada por guía de doctrina militar y aun le diese este nombre, tomó corregida de mano de Aristóteles la copia que se llamaba La llíada de la caja (5), la que, con la espada, ponía siempre debajo de la cabecera, según escribe Onesícrito. No abundaban los libros en Macedonia, por lo que dio orden a Harpalo para que los enviase; y le envió los libros de Filisto, muchas copias de las tragedias de Eurípides, de Sófocles y de Esquilo y los ditirambos de Telestes y de Filoxeno (6).

 l principio admiraba a Aristóteles y le tenía, según decía él mismo, no menos amor, que a su, padre, pues si de uno había recibido el vivir, del otro el vivir bien; pero al cabo de tiempo se enfrió con él, no hasta el punto de ofenderle en nada, sino que al no tener ya sus obsequios el calor y la viveza que antes, daba muestras de aquella indisposición. Sin embargo, el amor y deseo de la filosofía que aquél le infundió ya no se borró nunca de su alma, como lo atestiguan el honor que dispensó a Anaxarco, los cincuenta talentos enviados a Jenócrates y el amparo que en él hallaron Dandamis y Calano (7).

 
5) Por la caja de oro y predería encontrada entre los despojos de Darío y destinada por
Alejandro a guardar el celebre libro. Véase esta referencia en el cap. XXVI de esta misma vida.
6) Celebres poetas ditirámbicos de la antiguedad.
7) Se trata de dos filósofos indios de que se habla en el cap. LXIV de esta misma vida.

 

 

 Capítulo  VIII

acía Filipo la guerra a los bizantinos cuando Alejandro no tenía más que dieciséis años, y habiendo quedado en Macedonia con el gobierno y con el sello de él, domó a los medos, que se habían rebelado, tomóles la capital, de la que arrojó a los bárbaros; y repoblándola con gentes de diferentes países, le dió el nombre de Alejandrópolis. En Queronea concurrió a la batalla dada contra los griegos, y se dice haber sido el primero que acometió a la cohorte sagrada de los tebanos, todavía en nuestro tiempo se muestra a orillas del Cefiso una encina antigua llamada de Alejandro, junto a la que tuvo su tienda, y allí cerca está el cementerio de los macedonios.

ilipo, con estos hechos, amaba extraordinariamente al hijo, tanto, que se alegraba de que los macedonios llamaran rey a Alejandro y general a Filipo; pero las inquietudes que sobrevinieron en la casa con motivo de los amores y los matrimonios de éste, haciendo en cierta manera que enfermara el reino a la par de la unión conyugal, produjeron muchas quejas y grandes desavenencias, las que hacía mayores el mal genio de Olimpia, mujer suspicaz y colérica, que procuraba acalorar a Alejandro. Hízolas subir de punto Atalo en las bodas de Cleopatra, doncella con quien se casó Filipo, enamorado de ella fuera de su edad. Atalo era tío de ésta; y, embriagado, en medio de los brindis exhortaba a los macedonios a que pidieran a los dioses les concedieran de Filipo y Cleopatra un sucesor legítimo del reino. Irritado con esto Alejandro: "¿Pues que -le dijo- mala cabeza, te parece que yo soy bastardo?"; y le tiró con la taza. Levantóse Filipo contra él, desenvainando la espada; pero, por fortuna de ambos, con la cólera y el vino se le fué el pie y cayó; y entonces Alejandro exclamó con insulto: "Éste es, oh macedonios, el hombre que se preparaba para pasar de Europa a Asia, y pasando ahora de un escaño a otro ha venido al suelo." 

 

 

 
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