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Capítulo
III

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ícese, sin embargo, que,
habiendo enviado Filipo a Querón el
megalopolitano a Delfos después del ensueño le trajo del dios un oráculo,
por el que le prescribía que sacrificara a Amón y le venerará con
especialidad entre lo dioses; y es también fama que perdió un ojo por
haber visto, aplicándose a una rendija de la puerta, que el dios se
solazaba con su mujer en forma de dragón.
e Olimpia
refiere Eratóstenes que, al despedir a
Alejandro en ocasión de marchar al ejército, le descubrió a
él solo el arcano de su nacimiento, y le encargó que se portara de un modo
digno de su origen; pero otros aseguran que siempre miró con horror
semejante fábula, diciendo: "¿Será posible que Alejandro no
cese de suscitarme querellas ante Juno” Nació, pues,
Alejandro en el mes hecatombeón (3), al que llamaban los macedonios loon, en el día
sexto, el mismo en que se abrazó el templo de Diana Efesina, lo que dio
ocasión a Hegesias el Magnesio para usar de un chiste que
hubiera podido por su frialdad apagar aquel incendio porque dijo que no
era extraño haberse quemado el templo estando Diana ocupada
en asistir al nacimiento de Alejandro. Todos cuantos magos
se hallaron a la sazón en Efeso, teniendo el suceso del templo por indicio
de otro mal, corrían lastimándose los rostros y diciendo a voces, que
aquel día habíase producido otra gran desventura para el
Asia.
cababa Filipo
de tomar a Potidea, cuando a un tiempo recibió tres
noticias: que había vencido a los ilirios en una gran batalla por medio
de Parmenión,
que en los juegos olímpicos había vencido con caballo de montar y que
había nacido Alejandro. Estaba regocijado con ellas, como
era natural, y los adivinos acrecentaron todavía más su alegría
manifestándole que aquel niño nacido entre tres victorias sería
invencible.
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(3)
Julio |
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Capítulo
IV

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as estatuas que con más
exactitud representan la imagen de su cuerpo son las de
Lisipo, que era el único por quien queria ser
retratado; porque este artista figuró con la mayor viveza aquella ligera
inclinación del cuello al lado izquierdo y aquella flexibilidad de ojos
que con tanto cuidado procuraron imitar después muchos de sus sucesores y
de sus amigos. Apeles, al pintarle con el rayo, no
imitó bien el color, porque lo hizo más moreno y encendido, siendo
blanco, según dicen, con una blancura sonrosada, principalmente en el
pecho y en el rostro. Su cutis respiraba fragancia, y su boca y su
carne toda despedían, el mejor olor, el que penetraba su ropa, si hemos de
creer lo que leemos en los Comentarios de Aristóxeno. La
causa podía ser la complexión de su cuerpo, que era ardiente y fogosa,
porque el buen olor nace de la cocción de los humores por medio del calor,
según opinión de Teofrasto; por lo cual los Iugares secos y
ardientes de la tierra son los que producen en mayor cantidad los más
suaves aromas; y es que el sol disipa la humedad de la superficie de los
cuerpos, que es la materia de toda corrupción; y a
Alejandro, lo ardiente de su complexión le hizo, segun
parece, bebedor y de grandes
alientos.
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iendo todavía
muy joven se manifestó ya su continencia, pues con ser para todo lo demás
arrojado y vehemente, en cuanto a los placeres corporales era poco
sensible y los usaba con gran sobriedad; por el contrario, el amor a la
gloria se manifestaba ya en él con una osadía y una magnanimidad muy
superiores a sus años. Porque no toda gloria le agradaba ni todos los
principios de ella, como a Filipo,
que, cual si fuera un sofista, hacía gala de saber hablar elegantemente, y
que grababa en sus monedas las victorias que en Olimpia
había alcanzado en carro, sino que a los de su familia que le hicieron
proposición de si quería aspirar al premio en el estadio -porque era
sumamente ligero para la carrera- les respondió que sólo en el caso
de haber de tener reyes por competidores. En general parece que era muy
indiferente a toda especie de combates atléticos, pues que,
costeando muchos certámenes de trágicos, de flautistas, de citaristas y
aún de los rapsodistas o recitadores de las poesías de Homero, y dando
simulacros de cacerías de todo género y juegos de esgrima, jamás de su
voluntad propuso premio del pugilato o del pancracio. |
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