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Capítulo
I

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abiéndonos propuesto
escribir en este libro la vida de Alejandro y la de
César, el que venció a Pompeyo, por la
muchedumbre de hazañas de uno y otro, una sola cosa advertimos y rogarnos
a los lectores, y es que si no las referimos todas, ni aún nos detenemos
con demasiada prolijidad en cada una de las más celebradas, sino que
cortamos y suprimimos una gran parte, no por esto nos censuren y
reprendan.
orque no escribimos
historias, sino vidas; ni es en las acciones más ruidosas en las que se
manifiestan la virtud o el vicio, sino que muchas veces un hecho de un
momento, un dicho agudo y una niñería sirve más para pintar un carácter
que batallas en que mueren millares de hombres, numerosos ejércitos y
sitios de ciudades. Por tanto, así como los pintores toman para retratar
las semejanzas del rostro y aquellas facciones en que más se manifiesta la
índole y el carácter, cuidándose poco de todo lo demás, de la misma manera
debe a nosotros concedérsenos el que atendamos más a los indicios del
ánimo y que por ello dibujemos la vida de cada uno, dejando a otros los
hechos de grande aparato y los
combates. |
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Capítulo
II

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ue
Alejandro era por parte de padre heraclida, descendiente de
Carano, y que era eácida por parte de madre, trayendo origen
de Neoptólemo, son cosas en que generalmente convienen
todos.
ícese que iniciado Filipo en
Samotracia juntamente con Olimpia,
siendo todavía jovencito, se enamoró de ésta, que era niña, huérfana de
padre y madre, y que se concertó su matrimonio tratándolo con el hermano
de la misma, llamado Arimba. Parecióle a la esposa que antes
de la noche en que se reunieron en el tálamo nupcial, habiendo tronado, le
cayó un rayo en el vientre, y que del golpe se encendió mucho fuego, el
cual dividiéndose después en llamas, que se esparcieron por todas partes,
se disipó. Filipo, algún tiempo después de celebrado el
matrimonio, tuvo un sueño en el que le apareció que sellaba el vientre de
su mujer y que el sello tenía grabada la imagen de un león. Los demás
adivinos no creían que aquella visión significase otra cosa sino que
Filipo necesitaba de una vigilancia más atenta en su
matrimonio; pero Aristandro de
Telmesso dijo que aquello significaba estar
Olimpia encinta, pues lo que está vacío no se sella, y que
lo estaba de un niño valeroso y parecido en su índole a los
leones.
ióse también un dragón, que estando
dormida Olimpia se le enredó al cuerpo, de donde provino,
dicen, que se amortiguase el amor y el cariño de Filipo, que
escaseaba el reposar con ella; bien fuera por temer que usara de algunos
encantamientos y maleficios contra él, o bien porque tuviera reparo en
dormir con una mujer que se había ayuntado con un ser de naturaleza
superior. Todavía corre otra historia acerca de estas cosas y es que todas
las mujeres de aquel país, de tiempo muy antiguo, estaban iniciadas en los
misterios órficos y en las orgías de Baco; y siendo
apellidadas Clodones y Mimalones (1), hacían cosas muy parecidas a las que ejecutan
las edónides y las tracias, habitantes del monte Hemo; de donde había
provenido el que el verbo triscar (2) se
aplicase a significar sacrificios abundantes y llevados al exceso. Pues
ahora Olimpia, que imitaba más que las otras este fanatismo
y las excedía en el entusiasmo de tales fiestas, llevaba en las juntas
báquicas unas serpientes grandes domesticadas por ella, las que saliéndose
muchas veces de la hiedra y de la zaranda mística, y enroscándose en los
tirsos y en las coronas, asustaban a los concurrentes.
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(1)
Así se llamaba a las bacantes, principalmente en
Macedonia. (2) O imitar a los
tracios. |
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TERNURA |
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