|
Abu
Nuwas tuvo muchos favoritos, pero en su juventud él también lo fue.
Su amante más
importante fue un hombre que él escogió por su talento, un poeta muy
conocido a quien llamaban Waliba bin al-Houbab. Abu-i Chammakh, el cadí
juez de Basora, tuvo multitud de ocasiones de ser testigo de su amistad.
Así nos lo relata.
"En casa de Waliba, siempre me encontraba con Abu Nuwas. Era un hermoso
joven, de encantador rostro que, confieso, no me dejaba ni mucho menos
indiferente. Una vez, me dejé caer por casa de Waliba y le expuse mis
sentimientos. "Por Alá, que me encantaría pasar algún tiempo con tu
muchacho".
"¿No tienes vergüenza?"
contestó el poeta. "Ese muchacho es para mí y para nadie más!".
"Puede ser, pero así es
como lo siento". "Bien, espera un rato pues, el muchacho no tardará en
venir".
Abu Nuwas apareció poco después, y Waliba, sin más preámbulos, abrió su
boca: "Abu-I Chammakh está loquito por ti".
El joven, sonriendo, me
miró y dijo: "¡Pues hazme tu rehén! Y a cambio, yo te profesaré la
fidelidad que una mujer debe a su marido, tú cuyas sentencias son tan
admiradas por todos los hermanos en la fe que a tu juzgado acuden".
"¡Caiga la desgracia sobre tu cabeza, oh Waliba!", repliqué a mi
anfitrión, "Cuida de este joven. Cuando sea adulto, no lo habrá más
astuto que él".

Reescrito a
partir de la versión francesa del libro de Ahmed al-Tifashi
La alegría de los corazones (traducido por Rene Khawam) |