|
No soy un devoto incondicional del cine de Almodóvar, aunque
considero que hasta en sus peores películas hay aspectos
interesantes para los que nos dedicamos a analizar la cultura
teniendo en cuenta las cuestiones de género y diferencia sexual.
La mala educación al contrario que sus dos anteriores filmes ha
sido recibida con cierta frialdad por gran parte del público y la
crítica especializada. El director de mujeres de "Que he
hecho yo para merecer esto" o "La flor de mi secreto"
vuelve a abordar una historia de hombres tras varios años de
filmes consagrados a los retratos femeninos (si exceptuamos, en
parte, esa sobrevalorada rareza que es "Hable con ella").
No son tantas las ocasiones en que Almodóvar ha tenido
protagonistas masculinos y - a pesar de las lecturas camp, de la
estética equívoca y los aspectos “perversos” de todos sus
filmes, - es la segunda vez que realiza un filme sobre las
relaciones amorosas y sexuales entre hombres gays. De nuevo como
ya ocurriera en "La ley del deseo", un filme
estrechamente ligado a "La mala educación" en más de un aspecto,
el resultado causa más desconcierto que entusiasmo entre sus
seguidores con la particularidad de que la representación más o
menos explícita de la homosexualidad en el cine español ha
dejado de ser tan novedosa como cuando surgió su Law of desire ,
perdiendo, de en consecuencia, parte de su atractivo transgresor.
La película aporta, no obstante, un enfoque nuevo al
incorporar los temas de los colegios religiosos (el
nacionalcatolicismo de
la España
franquista, vigente en los últimos años de la vida del dictador
e incluso después ) y los abusos a menores por parte del
sacerdocio. Pero las expectativas creadas en torno a estas temáticas
quedan frustradas si se espera algún tipo de denuncia,
profundización, alegato o sincera autobiografía ya que ni la
infancia ni la
homosexualidad
son el eje del relato sino dos elementos más. Elementos
que quedan aún más distorsionados por lo rocambolesco de la
trama y el tratamiento irónico y distanciado del director.
Las
relaciones masculinas en el cine de Almodóvar, al contrario que
muchas de las relaciones entre mujeres que aparecen en sus filmes,
suelen estar marcadas por la competitividad, el recelo y las
relaciones de poder. En "La ley del deseo" la relación
entre el personaje de Eusebio Poncela y sus dos amantes es la
relación de un demiurgo con sus criaturas, de un creador que se
sabe con talento hacia dos chicos desorientados a los que posee más
que ama. Al reescribir
las cartas de amor que éstos le envían nos demuestra su
propia incapacidad para mostrar sentimientos de verdadero afecto
hacia ellos. En "La mala educación" la vanidad del
director y el actor chocan en varias ocasiones y las relaciones
sexuales no surgen de la compenetración tanto como de la
rivalidad, la autoafirmación o el deseo ocasional. La
dependencia, los (re)celos, la inmadurez afectiva y la búsqueda
de un lugar en el sol enturbian lo que puede haber de auténtico
en su acercamiento mutuo.
El director manchego parece sentirse más suelto ante los
personajes femeninos, más dispuestos a interactuar y a resolver
las situaciones complejas sin tantos momentos de violencia
soterrada o abierta hostilidad entre sí. La rivalidad
entre mujeres parece poder resolverse mientras que los
varones almodovarianos, recluidos en su torre de marfil o
simplemente a la deriva y en búsqueda de una identidad perdida,
suelen acabar condenados a la soledad.
La
figura del travesti que aparece ya desde sus primeros filmes no
supone realmente una alternativa a la masculinidad hegemónica
(con alguna excepción como la transexual Agrado de Todo sobre mi
madre) sino una imitación de una feminidad grotesca tomada del
melodrama, el vodevil y cercana al estereotipo. Así personajes
como el Miguel Bosé de "Tacones lejanos" (juez de día
y estrella nocturna) debe conformarse con aproximarse a modelos
femeninos prefabricados limitando su capacidad performativa en
aras de una idealización esencialista de
“mujeres reales”.
El personaje de Gael García Bernal decide tomar clases de
pluma con la ayuda de un/a imitador/a de Sara Montiel pero no
parece mostrar mas afinidad con su personaje que la de recrear una
ficción imposible, la de encarnar a su hermano/a muerto, la de
continuar un engaño.
El camp y el kitch, algunos de los elementos más
destacados por los críticos anglosajones, aparecen en esta ocasión
unidos a la memoria cinéfila en la que se mezclan las estrellas
de Hollywood con sus imitadoras en el cine de español franquista
(“que guapa es Sara” dice uno de los niños en el cine al ver
a Sara Montiel en uno de sus rancios musicales con pretensiones).
Así la iconografía escapista de Hollywood
se mezcla con la imaginería religiosa de las escuelas
represivas y con la cutrez de una España oscurantista que sigue
pesando sobre el presente y el futuro de los protagonistas en los
años ochenta. “La basura está en alza” dice Ignacio al
sacerdote, amenazándole con revelar a los medios de comunicación
de masas los abusos de los que fue objeto en su infancia. Y,
aunque añade “Ahora se valora más mi libertad que su hipocresía”,
tenemos la sensación de que expresa más un deseo incumplido que
la constatación de un profundo cambio social. Al presentar los
abusos sexuales como desencadenantes de la diferente trayectoria
de los dos alumnos Almodóvar se muestra más comprometido que en
otras ocasiones pero de nuevo simplifica a unos protagonistas que
no dejan, por momentos, de rozar el estereotipo. Lo más meritorio
de sus caracterizaciones es la mezcla de frialdad y vulnerabilidad
que intuimos, a ratos, en el personaje de Fele Martínez y la
capacidad camaleónica de Gael García Bernal, una acertada elección
si tenemos en cuenta
que se trata posiblemente del más cotizado y admirado galán
en alza del cine latino reciente.
Como en "La ley del deseo" el tono es sombrío,
el reencuentro entre los dos antiguos compañeros está lejos de
ser feliz y la suplantación de identidades conduce a enredos que
se alejan del tono de comedia sofisticada de Mujeres al borde de
un ataque de nervios . La muerte planea sobre todo el filme, la
muerte por accidente (otra coincidencia con el citado filme de
1987) o por un asesinato que parece o se hace parecer un
accidente. El humor, en ocasiones esperpéntico, se ve agriado por
las siniestras implicaciones de las acciones u omisiones de los
personajes. Como en La ley del deseo un personaje transexual
vuelve a una iglesia para visitar a su sacerdote-“educador” lo
que reafirma el interés del director por hermanar estéticas a la
vez opuestas y complementarias, mundos antagónicos pero
secretamente interrelacionados. La iconografía católica tiene un
gran juego para el director de Entre tinieblas
aunque parece más interesado por su lado ornamental que
por sus implicaciones ideológicas. Si comenzaba "Átame"
con la imagen de una estampa del Sagrado Corazón y concluía
La ley del deseo con una recreación homerótica de “
La Piedad
”, en "La mala educación" el colegio religioso es un
rito de paso traumático pero también un lugar donde conjugar el
kitch con el tradicionalismo hispánico. Así el cine se erige
como lugar de escapismo, de reconstrucción de una identidad
tullida a partir de las imágenes inalcanzables de las glamurosas
estrellas femeninas.
La confusión entre realidad y ficción es una de las bazas
más criticadas del filme en base a un guión algo confuso donde
se entremezclan ambos planos. Algo que Almidonar ya experimentó
en otros filmes donde no faltan las citas cinéfilas y los
homenajes. Si en Todo sobre mi madre hay referencias a "Un
tranvía llamado deseo" y "Eva al desnudo" que se
insertan en la narración
(dos clásicos y dos clásicos campy reapropiados por el
publico gay) aquí los referentes se encuentran en el propio
filme, en el juego de cajas chinas entre la realidad vivida, los
recuerdos novelados (un relato breve titulado “La visita”) y
la película que ruedan a partir de ese relato. Varios flashbacks
salpican el filme que concluye con una serie de incómodos
letreros que nos explican lo que sucedió con los personajes
“después de...”. Como en Tacones lejanos o Todo sobre mi
madre Almodóvar trata de llevar hasta sus últimas consecuencias
la máxima wildeana de que “La vida imita al arte” planteando
una confusión lúdica entre ambas.
De colores saturados y tonos chillones que refuerzan la
sensación de irrealidad que se desprende del relato, con algunos
interesantes movimientos de cámara y un tono pausado poco
habitual en su filmografía, La mala educación es otra muestra de
las posibilidades y limitaciones del cine de Almodóvar, de su
intento de apropiación de la cultura popular y las estrategias
del folletín y de su tan comentada como superficial
desestabilización de los géneros y de las identidades sexuales.
Entrada
a Filmografía
 |
 |
 |
| ISLA
TERNURA |
PLAYA |
RINCONES
AMABLES |
|