|
“No
basta una vida” es el último trabajo del realizador italo-turco
Ozpetek. Me resulta difícil escribir con objetividad sobre un
director que me encandiló con
“El hada ignorante” y sobre todo “La ventana de
enfrente”, pero
lo cierto es que “No basta una vida”
no alcanza el nivel de sus anteriores trabajos.
Aparecen
en el filme muchas de sus claves habituales: el
mestizaje sociosexual, la crisis de la pareja, el dolor de la
pérdida, el humor y la melancolía… pero en esta ocasión
ninguna de las historias hilvanadas acaba de cuajar. Ni la de
Davide (Pierfrancesco Favino) y su joven amor perdido ni la de
la pareja heterosexual que se deshace y
se rehace.
Partiendo
de la representación
de una cena de amigos se nos van revelando
las vidas íntimas y las aspiraciones y crisis
existenciales de
unos seres a los que, no obstante, nunca acabamos de conocer
del todo. El eje del filme es la muerte, la separación. la
infidelidad y el reencuentro, constantes en su cine ya desde
“Haman…”, pero aquí la siempre cálida mirada del
director se dispersa en una serie de personajes que se aman y
se odian en un nuevo canto a la diversidad y la amistad que el
realizador ya plasmó con mejor pulso en sus anteriores
filmes. Lo más destacable
de la película es la brillante interpretación de
Margherita Buy, que encarna
a una psicóloga cuyo matrimonio se deshace y
que no sabe cómo reaccionar ante la infidelidad de su
joven marido.
En
esta ocasión el realizador cae en algunos tópicos sobre
la condición de sus personajes: el artista maduro, la
joven desquiciada, el jovencito atractivo seductor… y,
aunque sus imágenes son bellas y pulidas y la banda sonora de
nuevo excepcional, nos deja
insatisfechos. Me duele no hablar elogiosamente
de Ozpetek, pero “No
basta una vida” es una película en que la familia
imprevisible y el retrato coral de “El hada ignorante”
se han quedado algo anquilosado, sus conversaciones han
perdido fuerza y
la magia y el toque lírico de sus anteriores filmes
no penetran con fortuna en el entramado del filme.
Se
diría que el
director quiere contarnos algo muy íntimo pero no se atreve a
llevar su propósito hasta el final. Ozpetek se adentra de
nuevo en el resbaladizo terreno de la comedia dramática, pero
aquí entran en liza la tragedia con
el optimismo, el humor con el melodrama; no casan bien
y el equilibrio no se logra. “No basta una vida” es, no
obstante un filme
al que una vez más
tenemos que
agradecer su
intimismo y su
sencillez.
*
* * * *
|