La burbuja

por Eduardo Nabal Aragón

 

 

“No basta una vida” es el último trabajo del realizador italo-turco Ozpetek. Me resulta difícil escribir con objetividad sobre un director que me encandiló con “El hada ignorante” y sobre todo “La ventana de enfrente”, pero lo cierto es que “No basta una vida  no alcanza el nivel de sus anteriores trabajos. 

Aparecen  en el filme muchas de sus claves habituales: el mestizaje sociosexual, la crisis de la pareja, el dolor de la pérdida, el humor y la melancolía… pero en esta ocasión ninguna de las historias hilvanadas acaba de cuajar. Ni la de Davide (Pierfrancesco Favino) y su joven amor perdido ni la de la pareja heterosexual que se deshace y  se rehace.

Partiendo de  la representación de una cena de amigos se nos van revelando  las vidas íntimas y las aspiraciones y crisis existenciales  de unos seres a los que, no obstante, nunca acabamos de conocer del todo. El eje del filme es la muerte, la separación. la infidelidad y el reencuentro, constantes en su cine ya desde “Haman…”, pero aquí la siempre cálida mirada del director se dispersa en una serie de personajes que se aman y se odian en un nuevo canto a la diversidad y la amistad que el realizador ya plasmó con mejor pulso en sus anteriores filmes. Lo más destacable  de la película es la brillante interpretación de Margherita Buy, que  encarna a una psicóloga cuyo matrimonio se deshace y  que no sabe cómo reaccionar ante la infidelidad de su joven marido.

En esta ocasión el realizador cae en algunos tópicos sobre  la condición de sus personajes: el artista maduro, la joven desquiciada, el jovencito atractivo seductor… y, aunque sus imágenes son bellas y pulidas y la banda sonora de nuevo excepcional, nos deja insatisfechos. Me duele no hablar elogiosamente  de Ozpetek, pero No basta una vida” es una película en que la familia imprevisible y el retrato coral de “El hada ignorante”  se han quedado algo anquilosado, sus conversaciones han perdido fuerza  y  la magia y el toque lírico de sus anteriores filmes   no penetran con fortuna en el entramado del filme.

            Se diría que  el director quiere contarnos algo muy íntimo pero no se atreve a llevar su propósito hasta el final. Ozpetek se adentra de nuevo en el resbaladizo terreno de la comedia dramática, pero aquí entran en liza la tragedia con  el optimismo, el humor con el melodrama; no casan bien y el equilibrio no se logra. “No basta una vida” es, no obstante  un filme al  que una vez más tenemos  que agradecer  su intimismo y  su sencillez.

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Entrada a FILMOGRAFÍA 

ISLA TERNURA RINCONES PLAYA

 

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