La burbuja

por Eduardo Nabal Aragón

 

 

Que el cine de Eytan Fox se caracteriza por su envolvente forma de ganarse al espectador a través del lirismo, la ternura y un amor desbordante hacia sus personajes se hace  de nuevo patente en su último trabajo “The Bubble” es su tercer largo y su apuesta más arriesgada hasta la fecha aunque mantiene una clara continuidad temática y estilística con sus dos anteriores filmes.

 

Incluso  los personajes más negativos de sus películas (como el Joel-comandante de “Yossi & Jagger”, los agentes de la Mossad de “Caminar sobre las aguas” o el agrio hermano mayor del protagonista árabe de “The Bubble”) nos resultan increíblemente humanos y nos son mostrados en su cotidianidad por grotesca y destructiva que ésta pueda llegar a ser. En “La Burbuja” Fox da un paso adelante y se implica de lleno en un tema que sólo aparecía de forma tangencial en sus dos anteriores filmes: el conflicto bélico y sociopolítico que sacude su país.

 

La última película de Fox está destinada a incomodar al público israelí más conservador-criticando el racismo y la indiferencia de muchos de sus coetáneos-  y a no satisfacer del todo a los defensores más estrictos de la causa palestina. Aunque su fuerza dramática, su mezcla de comedia y drama, su lirismo, humanidad, agilidad narrativa  y su reivindicación sociosexual pueden convertirla en un gran éxito para el público internacional.

 

“The Bubble” se abre y se cierra con dos secuencias terribles: en  la primera mostrada con toda su crudeza,  una mujer árabe embarazada es retenida en un puesto de control con trágicas consecuencias; la última, un atentado suicida, está  dada con dolor pero también con un toque romántico y cargado de poesía.

 

Noam (Ohad Kholler),   es un joven soldado israelí que abandona el ejército y vuelve a su piso de Tel-Aviv donde vive en un mismo piso con Lulú y  Yelli, dos jóvenes llenos de vida  que al principio del filme tratan de mostrarse al margen del conflicto que sacude su país. A ese piso llega Ashraf, un joven árabe al quien  Noam había conocido en el momento de crispación con el que, en el tono documental de la cámara en mano de un periodista,  se abre el filme. Entre ellos se inicia una historia de amor imposible, con ecos evidentes de “Romeo y Julieta” de Shakespeare  a la vez que  un cambio interior en todos los personajes principales secundarios que inician, como los protagonistas, una cruzada pacifista y de activismo callejero, truncada por un estallido que nos devuelve a la sangrienta realidad de las noticias.

 

La historia de amor nos muestra cómo la homosexualidad es vivida de manera distinta en las dos culturas   enfrentando el hedonista Tel-Aviv con sus bares de ambiente, sus tiendas de discos, sus restaurantes… con mundo empobrecido y amenazado  donde ha crecido el joven palestino. De la gran metrópoli israelí conoceremos el mundillo aparentemente despreocupado donde  el trío israelí parece desenvolverse con soltura, los bares gays, los lugares de trabajo y ocio, lugares  en los que  aparecen  personajes simpáticos o antipáticos, racistas o integradores.

 

Al  otro lado de la franja  se  desenvuelve el entorno familiar, patriarcal y asfixiante, que rechaza al joven árabe cuando este “sale del armario” y tratan de obligarle a contraer matrimonio. Las fronteras reales y simbólicas, la burbuja que significa aislamiento y una mezcla de temor y confort, el amor en árabe, las sexualidades interraciales  y la culpa en hebreo. Esta vez Fox pone toda la carne en el asador y va más lejos al retratar el racismo judío contra los árabes que ya aparecía en algunas secuencias clave de “Caminar sobre las aguas” mostrando con dureza  las tropelías cometidas por la armada israelí sobre el lugar al tiempo que muestra los prejuicios del pueblo palestino hacia la homosexualidad.  Pero, mientras en “Walk on Water” el final era  a la vez melancólico y optimista, en “The Bubble” el director y su marido y guionista Gal Uchovsky se embarcan en una tragedia pesimista y con mayúsculas   dada, sin embargo,  con la habitual delicadeza, aparente candidez y honda humanidad de todo su cine lo que hace que su relato cautive y emocione por igual.

 

En “The Bubble” Fox hace pasar al otro lado de la barrera no sólo al joven árabe ilegal sino  también a algunos nombres claves de su cine como Ivri Lider, cantando a Gerswhing en un bar gay, o a Lior Azkenazi interpretando “Bent”, el clásico teatral de Martin Sherman,  una historia de amor y amistad entre un preso judío y uno gay (triangulo rosa) recluidos en la misma celda de un campo de concentración nazi que sirve de eco de la historia de amor imposible que cuenta el filme. La sombra del holocausto vuelve a aparecer en este filme aunque esta vez Fox se adentra en el holocausto del pueblo palestino a través de una historia que comienza siendo intimista y desenfadada y acaba adquiriendo resonancias de alegoría política que no por obvia y fatalista deja de estar llena de hermosura.

 

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Eytan Fox, el cineasta israelí que rompe barreras sexuales

por Mauricio Peña

 

Uno de los nuevos directores del cine de Israel, Eytan Fox ha sido desde hace algunos años un favorito del Festival Internacional de Cine en Toronto, Canadá, y desde allí sus películas han comenzado a despertar el interés también en Estados Unidos, aunque antes también fue muy bien recibido en países europeos como España o en México. 

Sus películas rompen muchos esquemas respecto a la actitud que se tiene en su país hacia los homosexuales. No es el primero porque antes existieron otros directores israelíes que también se pronunciaron contra las limitantes de una vida rigurosa desde el punto de vista religioso y de gran riesgo por la situación de su entorno cotidiano. 

Su más reciente creación es “La burbuja”, que presentó en la edición del pasado septiembre en el encuentro fílmico canadiense. El título es una alegoría de esa especie de capelo bajo el cual viven muchos de los jóvenes que tratan de sobrevivir en un ambiente mundano que se da en un barrio de Tel Aviv, donde se reproducen actitudes y modos de vida que recuerdan ilusoriamente la vida bohemia de París o de Nueva York.

Los personajes de la película de Fox no están exentos de vivir la espada de Damocles sobre sus cabezas, porque en cualquier momento la violencia de los choques entre Israel y Palestina les puede llegar y destruirlos, incluso hasta ese trozo civilizado donde pueden llevar un estilo de vida que los acerca a esos otros jóvenes de las ciudades occidentales. 

El director tiene a tres personajes, una pareja gay, y una mujer que entiende cualquier forma de expresión sexual y que les da su amistad. 

Conviven bajo un mismo techo y parecen tener una postura de entendimiento hacia todo lo que ocurre a su alrededor. 

Por un incidente en un retén militar, uno de ellos conoce a un muchacho palestino que da muestras de humanismo al ayudar a una mujer parturienta en el lugar; entre los jóvenes se produce una conexión que los hace llegar a una intimidad que terminará por alterar o revolucionar la que el israelí lleva con sus compañeros de vivienda. El otro muchacho gay participa de esa relación y hasta la mujer ve con simpatía al visitante palestino que es su enemigo natural aunque en primera instancia no lo acepte. Sin embargo la realidad de lo que ocurre con el conflicto entre los dos países terminará por despertar al cuarteto de una forma dramática, como suele ocurrir en las películas de Eytan Fox.

Son dos temas presentes en el cine de este joven director nacido en Nueva York y educado en Israel: primero la forma en que allí se ve y se juzga a los homosexuales y segundo, la crítica situación que lleva a vivir a todos sus habitantes en un estado permanente de alerta de guerra. 

En “Yossi and Jagger”, el director puso las cartas sobre la mesa de una forma muy radical al recrear la historia de una relación amorosa de dos soldados en el ejército israelí, y a partir de entonces se le conoce como un cineasta que está pidiendo al espectador de sus cintas que repiensen un poco su actitud hacia la expresión de los homosexuales y que pide también a sus paisanos que traten de olvidarse de actitudes añejas del pasado porque como entidad social tienen que cambiar para sobrevivir.

Los críticos en Israel le han dicho a Eytan Fox que debería “lavar la ropa sucia en casa”, no sólo por esa segunda película en su carrera (la primera “El espejo de la sirena” no la conocemos), sino también por la siguiente, “Caminando sobre el agua”, donde cuenta la historia de un agente del servicio de seguridad de Israel, con el nieto de un sobreviviente nazi. 

Aunque entre ellos no hay una relación sexual, su amistad es un acercamiento que se produce precisamente por sus contradicciones. La película obtuvo un éxito formidable pues se ha estrenado en 33 países 

El cineasta ha declarado que está convencido de que en Israel hay mucha gente que ha corregido su conducta respecto a los temas que aborda en sus películas, que para sorpresa de muchos han tenido éxito de taquilla, lo cual le permite al director seguir adelante con su proyecto de hacer un tipo de cine de gran calidad, porque sabe contar historias y una sensibilidad para dirigir a sus actores sin importar su origen y formación. 

Uno de ellos, Lior Azhkenazi, popular figura de la televisión, se ha proclamado defensor del cine de Eytan Fox, sobre todo porque le gustó trabajar a sus órdenes en “Caminando sobre el agua”.

 

Entrada a FILMOGRAFÍA 

ISLA TERNURA RINCONES PLAYA

 

NOTA: Si  conoces alguna película o artículo sobre cine que pueda considerarse relacionada al tema gay (NO PORNOGRÁFICA) puedes enviarnos el titulo o los datos que de ella tengas para incluirla en este apartado. Otros navegantes amigos te lo agradecerán pues puede resultarle de utilidad esta información.