Protagonizada por un jovencísimo Emile Hirsch -un
actor que ha saltado a la fama por sus papeles en
“Hacia rutas salvajes” o “Milk”-“The Mudge boy” es
una pequeña pero fascinante rareza salida de las
filas del cine independiente estadounidense.

Un
adolescente y su padre deben enfrentarse a la súbita
muerte de la madre.
El pequeño e introvertido Duncan
ayuda a su padre en la granja, traba relación con
algunos de los muchachos del lugar y no puede
deshacerse del fantasma mental de su madre lo que se
ejemplifica en esos vestidos suyos que se pone para
recordarla.
Acompañado siempre de una bicicleta y de
una o varias gallinas de la granja en la que vive,
Duncan se encontrará con Ray, un joven machista y
violento, por el que se siente fascinado y que
abusará de él en una secuencia cargada de morbo y
violencia.
El filme de Burke, donde también trabaja
el siempre espléndido Richard Jenkins (The visitor),
es una historia sobre el despertar vital y sexual en
un entorno claustrofóbico y exento de horizontes, a
pesar de la belleza del paisaje.
La presencia
ominosa de esa pandilla de muchachos marca la
diferencia del joven Duncan con esos chicos que solo
saben divertirse bebiendo, montando en camioneta y
cortejando a las chicas de forma grosera y
desconsiderada.

La cuidada fotografía de Vanja
Cernjul da los adecuados tonos lánguidos y otoñales
a un relato de apariencia plácida, pero de
derroteros desgarrados, apoyada en poderosos motivos
visuales que nos dicen que algo más está sucediendo
en el interior de los personajes.
Podemos destacar
momentos como aquel en que Duncan se introduce la
cabeza de las gallinas en la boca para apaciguarlas,
el único beso entre el protagonista y el violento
Ray y las secuencias en las que el padre de Duncan
trata de deshacerse de los recuerdos de su esposa,
vaciando armarios y cajones y afrontado una extraña
soledad en el interior de la Norteamérica profunda.
Un filme pequeño pero hermoso, a la vez triste y
tierno, perturbador y sin demasiadas concesiones.