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Tras
la tibia acogida de “Hermanas” la realizadora argentina
Julia Solomonoff
cambia de registro y se adentra en una peculiar fábula de
ambiente rural sobre la niñez, la adolescencia, el choque
entre naturaleza y cultura y el descubrimiento de la
sexualidad. “El último verano de la boyita”, un filme de
raíces autobiográficas, nos cuenta la historia de la amistad
íntima entre Jorgelina (Guadalupe Alonso), la hija de un
médico, y Mario (Nicolas Treise), un muchacho intersexual
que trabaja en esa finca flotante donde la familia pasa sus
veranos.
Alejándose del
tenebrismo y también de la estilización formal que
caracterizan a los trabajos de Lucía Puenzo, “El último
verano…” es un filme de una naturalidad encomiable que huye
de cualquier atisbo de morbo para, en clave de relato
minimalista, contarnos el choque entre dos seres que, de
modo diferente, escapan a lo que se espera de ellos por
parte de sus respectivos ambientes familiares y
comunitarios.

La realizadora
se apoya en el encanto y la frescura de la niña protagonista
y nos muestra –con gran atención a los detalles y con el
uso de primerísimos planos- su descubrimiento de la
naturaleza, los cuerpos, los afectos y las verdades a
medias.
Tal
vez podamos echar en cara al trabajo de Solomonoff un exceso
de metáforas visuales, pero la fisicidad que logra extraer
de los pobladores de ese lugar, a la vez salvaje e idílico,
consigue eludir cualquier atisbo de cursilería. Los mejores
momentos del filme son aquellos en que parece que Jorgelina
y Mario van a entenderse y, en ese universo algo primitivo
en el que habitan, nos obsequian con algunos toques de
comedia en una historia que tiene algo de “western
crepuscular” y algo de drama sobre la pérdida de la
inocencia.
“El último verano…”
es una película pequeña pero poderosa en su puesta en
imágenes y llena de ironía y luminosidad, aunque el
trasfondo vuelve a ser amargo ya que la realizadora
denuncia, sin alzar mucho la voz, la violencia que los
dispositivos médicos y los patrones culturales caducos
ejercen sobre los cuerpos sexuados y las mentalidades que
empiezan a conformarse.
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