Un hombre soltero

por Eduardo Nabal Aragón

   

"Un mundo al atardecer"        

 

Un hombre soltero, el debut en el largometraje del diseñador Tom Ford, es una elegante  y sofisticada adaptación de la novela más triste de Christopher Isherwood,  más conocido por ser el autor del relato en que se basa la famosa Cabaret (Bob Fosse, 1972).

Apoyada en  una fantástica interpretación de Colin Firth -nominado al Oscar-,  la película de Ford nos cuenta, con altas dosis de talento audiovisual, la historia de George, un maduro profesor universitario británico que trata que recuperarse de la trágica pérdida de su compañero sentimental, Jim (Mathew Goode). El filme se acerca de modos muy diferentes al actor, a su rostro, a su cuerpo, a sus deseos, a su tristeza, su coraje y su cobardía  y logra, con una puesta en escena llena de pequeños aciertos, el retrato de un hombre que trata de ocultar su dolor en la Norteamérica de los  años sesenta.

Sus únicos compañeros en esa larga jornada “antiheróica” van a ser su antigua amiga Charlie (Julianne Moore, perfecta para el papel de mujer neurótica), un joven alumno (Nicholas Hoult)- extrañamente atraído por la personalidad del profesor- y los recuerdos intermitentes de los momentos vividos con  su antiguo amante (Mathew Goode). La interpretación de Firth –premiado con la Copa Volpi en el último festival de  Venecia- es la gran baza que juega Ford para dar un soporte psicológico sólido y perturbador  a un filme que tiene algo de “ejercicio de estilo” por la importancia dada a los pequeños  detalles pictóricos  de su puesta  en imágenes.

Así Ford da entidad visual a recursos tomados de la literatura como el “monólogo interior” o las imágenes mentales prolongadas para describir el violento choque entre el abatido  mundo interior de George y las situaciones cotidianas  a las que les cuesta hacer frente. La presencia física de Firth –oscilando entre el aspecto de galán y la de hombre a las puertas  de un mundo otoñal- es decisiva para el despegue de un filme construido desde una subjetividad obsesiva. Uno de los momentos claves del filme es su largo y vehemente discurso ante un alumnado que observa atónito como ese  profesor de modales perfectos  está a punto de quitarse la máscara.

  Un hombre soltero puede parecer una película algo  artificial -arropada  por una elaborada fotografía en blanco y negro y color  de Eduard Grau, elegantes escenarios  y una partitura sinfónica de Abel Korzeniowski-, pero, gracias a los matices que el actor protagonista da a su personaje y a la sólida realización,  el filme se sostiene como una propuesta arriesgada y, a ratos, arrebatadora. Ambientada en Los Ángeles durante la llamada “crisis de los misiles”, con evidentes guiños al cine realizado en la misma  época en que transcurre la trama, el trabajo de Ford consigue trasmitirnos el dolor íntimo  de un hombre incapaz de encarar el futuro.

Algo discursiva en sus diálogos, tentada por la estética de “videoclip” y la sofisticación, A single man  triunfa  como fábula sobre el amor y el duelo, la cobardía y el coraje, como un filme que reivindica el derecho a la diferencia y  a la libertad, pero fracasa en su retrato de una sociedad hipócrita y asfixiante  allí donde triunfaban trabajos de sabor igualmente “retro” como la suntuosa Lejos del cielo (Far from Heaven, 2002) de Todd Haynes, protagonizada también por Julianne Moore e inspirada en el universo plástico de Douglas Sirk. Otro filme que lanza una mirada moderna e irónica  a los códigos del melodrama clásico, a los roles sociosexuales, a los tapujos  y a los usos y costumbres  de la burguesía de   la época que retrata. 

 Nos encontramos, pues,  ante una ·”obra de cámara”, rodada con un montaje agresivo   que acerca su filme a las filas del llamado “new queer cinema”[1] y ante un recital interpretativo filmado  con inusitada vitalidad por un realizador novel que demuestra una cautelosa atención a la ambientación y a los  pequeños motivos de la puesta en escena. En resumen, una mirada rutilante y corrosiva a un mundo gris, mediocre y materialista  y a un personaje atormentado que habita  más cerca de “los muertos” que de “los vivos”. Un hombre soltero, debido a su transcurso algo abrupto, su lapidaria conclusión y cierta ampulosidad y autosuficiencia,  puede llegar o no al espectador, pero no podemos negar una impresionante fuerza plástica, un sobrado oficio, unas actuaciones intensas  y más de un momento de una humanidad cautivadora.


 

[1] La expresión New Queer Cinema fue utilizada por primera vez por la periodista B. Rudy Rich en un artículo publicado en 1992 en la revista Sight & Sound. Es un movimiento cinematográfico nacido dentro del cine independiente de EE. UU. a principios de los años 90. Los directores de este movimiento se caracterizaron por su aproximación a la cultura queer y su cine pretendía ser un revulsivo frente a las películas que buscaban dar imágenes edulcoradas de la homosexualidad y el lesbianismo. 

 

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Entrada a FILMOGRAFÍA                                                                                Datos técnicos de la película

ISLA TERNURA RINCONES PLAYA

 

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