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"Un mundo al atardecer"
Un hombre soltero,
el debut en el largometraje del diseñador Tom Ford, es una
elegante y sofisticada adaptación de la novela más triste
de Christopher Isherwood, más conocido por ser el autor del
relato en que se basa la famosa Cabaret (Bob Fosse,
1972).

Apoyada en una
fantástica interpretación de Colin Firth -nominado al
Oscar-, la película de Ford nos cuenta, con altas dosis de
talento audiovisual, la historia de George, un maduro
profesor universitario británico que trata que recuperarse
de la trágica pérdida de su compañero sentimental, Jim (Mathew
Goode). El filme se acerca de modos muy diferentes al actor,
a su rostro, a su cuerpo, a sus deseos, a su tristeza, su
coraje y su cobardía y logra, con una puesta en escena
llena de pequeños aciertos, el retrato de un hombre que
trata de ocultar su dolor en la Norteamérica de los años
sesenta.
Sus únicos compañeros
en esa larga jornada “antiheróica” van a ser su antigua
amiga Charlie (Julianne Moore, perfecta para el papel de
mujer neurótica), un joven alumno (Nicholas
Hoult)-
extrañamente atraído por la personalidad del profesor- y los
recuerdos intermitentes de los momentos vividos con su
antiguo amante (Mathew Goode).
La interpretación de Firth
–premiado con la Copa Volpi en el último festival de
Venecia- es la gran baza que juega Ford para dar un soporte
psicológico sólido y perturbador a un filme que tiene algo
de “ejercicio de estilo” por la importancia dada a los
pequeños detalles pictóricos de su puesta en imágenes.
Así Ford da entidad
visual a recursos tomados de la literatura como el “monólogo
interior” o las imágenes mentales prolongadas para describir
el violento choque entre el abatido mundo interior de
George y las situaciones cotidianas a las que les cuesta
hacer frente. La presencia física de Firth –oscilando entre
el aspecto de galán y la de hombre a las puertas de un
mundo otoñal- es decisiva para el despegue de un filme
construido desde una subjetividad obsesiva. Uno de los
momentos claves del filme es su largo y vehemente discurso
ante un alumnado que observa atónito como ese profesor de
modales perfectos está a punto de quitarse la máscara.
Un
hombre soltero
puede parecer una película algo artificial -arropada por
una elaborada fotografía en blanco y negro y color de
Eduard Grau, elegantes escenarios y una partitura sinfónica
de Abel Korzeniowski-, pero, gracias a los matices que el
actor protagonista da a su personaje y a la sólida
realización, el filme se sostiene como una propuesta
arriesgada y, a ratos, arrebatadora. Ambientada en Los
Ángeles durante la llamada “crisis de los misiles”, con
evidentes guiños al cine realizado en la misma época en que
transcurre la trama, el trabajo de Ford consigue
trasmitirnos el dolor íntimo de un hombre incapaz de
encarar el futuro.
Algo discursiva en sus diálogos, tentada por la estética de
“videoclip” y la sofisticación, A single man
triunfa como fábula sobre el amor y el duelo, la cobardía y
el coraje, como un filme que reivindica el derecho a la
diferencia y a la libertad, pero fracasa en su retrato de
una sociedad hipócrita y asfixiante allí donde triunfaban
trabajos de sabor igualmente “retro” como la suntuosa
Lejos del cielo (Far from Heaven, 2002)
de Todd Haynes,
protagonizada también por Julianne Moore e inspirada en el
universo plástico de Douglas Sirk. Otro filme que lanza una
mirada moderna e irónica a los códigos del melodrama
clásico, a los roles sociosexuales, a los tapujos y a los
usos y costumbres de la burguesía de la época que
retrata.
Nos
encontramos, pues, ante una ·”obra de cámara”, rodada con
un montaje agresivo que acerca su filme a las filas del
llamado “new queer cinema”
y ante un recital interpretativo filmado con inusitada
vitalidad por un realizador novel que demuestra una
cautelosa atención a la ambientación y a los pequeños
motivos de la puesta en escena. En resumen, una mirada
rutilante y corrosiva a un mundo gris, mediocre y
materialista y a un personaje atormentado que habita más
cerca de “los muertos” que de “los vivos”. Un hombre
soltero, debido a su transcurso algo abrupto, su
lapidaria conclusión y cierta ampulosidad y
autosuficiencia, puede llegar o no al espectador, pero no
podemos negar una impresionante fuerza plástica, un sobrado
oficio, unas actuaciones intensas y más de un momento de
una humanidad cautivadora.
La expresión New Queer Cinema fue utilizada por
primera vez por la periodista B. Rudy Rich en un
artículo publicado en
1992
en la revista Sight & Sound. Es un movimiento
cinematográfico nacido dentro del
cine independiente
de
EE. UU.
a principios de los
años 90.
Los directores de este movimiento se caracterizaron
por su aproximación a la cultura
queer
y su cine pretendía ser un revulsivo frente a las
películas que buscaban dar imágenes edulcoradas de
la homosexualidad y el lesbianismo.
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