C.R.A.Z.Y. (LOCA)

por Eduardo Nabal Aragón 

 

 

 

Porque sueño yo no lo estoy” decía el niño protagonista de “Leolo” la hermosa, dura y aplaudida película del canadiense Jean-Claude Lauzon. “Porque rezo y sueño  yo no lo soy” (gay)  podría ser la frase que resumiera la igualmente atormentada personalidad del joven protagonista de “CRAZY”, la agradable sorpresa de otro director de Canadá, Jean- Marc Vallé. Basada libremente en la infancia y adolescencia de François Boulay,  uno de los guionistas del filme, se trata de una obra familiar, de sabor casero pero que a la vez plantea conflictos universales: la dificultad de aceptarse diferente, las relaciones entre hermanos y padres e hijos, la homofobia del entorno, la estrecha unión con su  madre (Danielle Proulx) y la tensa relación con su ególatra  padre, la huida a través de la ensoñación , el peso de una educación católica, la autodestrucción y la autoredención… 

El original -en algunos momentos, los peores y más retóricos, cercano al videoclip musical- tratamiento visual y la insólita mezcla de comedia y melodrama logran ponerlo por encima de otras historias bastante  similares sobre el “coming out” o salida del armario adolescente que nos ha ofrecido el cine reciente (“Fucking Amal”, “Get Real”…). 

El filme, en algunos momentos está cerca de otra  “rara avis”  del cine canadiense “El jardín colgante” de Tom Fitzgerald, por su inventiva visual, sus toques surrealistas y la  obsesión religiosa que caracteriza, sobre todo, a los personajes de las mujeres mayores, más abiertas y tolerantes hacia las conductas humanas, pero aferradas a creencias y cultos que rozan la superstición. 

El filme no puede clasificarse como cine gay al uso pues carece de secuencias de sexo explícito entre varones aunque el homoerotismo está presente en todo el filme, desde las obsesiones íntimas de Zach (Alex Gravel), el joven, contradictorio y hermoso protagonista de la cinta hasta sus fornidos hermanos, los sexys novios de su prima y sin olvidar  el culto a Jesucristo en la cruz y a los cantantes de rock de aspecto andrógino de los setenta, como ese David Bowie adorado e imitado por nuestro antihéroe.

Aparte de los padres de Zach cobra relevancia el personaje de su agresivo  hermano mayor Raymond (Jean-Luc Brillant), destruido por la adicción a las drogas. El filme desconcierta porque en algunos momentos parece un filme religioso, hasta católico, o cuando menos moralizante,  a pesar de la paródica y mordaz visión de la práctica de la religión que aparece en todo el filme. La ordalía personal de Zach, su empeño por ser heterosexual,  es una especie de “vía crucis” en un entorno que no lo acepta y al que él en ocasiones abraza y en otras rechaza o trata de enfrentar, con catastróficos resultados.  

El filme transcurre entre la década de los sesenta a los ochenta, bellamente retratadas y  salpicadas con música de Pink Floyd, Rolling Stone y Charles Aznavour; este último cantado en todas las fiestas navideñas o conyugales por Gervais Beaulieu (una extraordinaria caracterización de Michel Côte),  el, para mí,  insoportable padre de la numerosa familia, cuyo machismo amarga la juventud del protagonista. 

El filme se resuelve con un tibio y conciliador   optimismo y aunque nos hace reír también nos estremece por la honda dimensión psicológica con la que logra dotar a los personajes, extraordinariamente creíbles. Sin duda hoy “C.R.A.Z.Y” es, además de  un filme necesario, una imperfecta pero hermosa película que viene de una cinematografía, la canadiense, que no suele aparecer demasiado en las carteleras del cine comercial.

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Entrada a FILMOGRAFÍA 

ISLA TERNURA RINCONES PLAYA

 

NOTA: Si  conoces alguna película o artículo sobre cine que pueda considerarse relacionada al tema gay (NO PORNOGRÁFICA) puedes enviarnos el titulo o los datos que de ella tengas para incluirla en este apartado. Otros navegantes amigos te lo agradecerán pues puede resultarle de utilidad esta información.