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La creencia de que una persona debe ser uno u el otro (o algo
“confundido” en la mitad) ha sido normalizado a tal punto que ahora
de cada uno de nosotros se espera que hagamos la decisión. En algún
punto de nuestras vidas se nos demandará declarar públicamente de
que lado nos movemos. Salir del closet es como entrar a una jaula
que busca asegurar la orientación homosexual de la persona por el
resto de su vida.
Como un rechazo del conservadurismo
percibido en las organizaciones homosexuales previas a la década de
los sesenta, la liberación homosexual sugirió que “salir del closet”
era un paso necesario hacia el alivio de la opresión. Así, se
convirtió en una importante herramienta política. Anunciarse
públicamente como un homosexual permitía la unidad con otros
individuos que se sentían similarmente oprimidos.
Esto ayudó a
mostrar a la cultura homofóbica dominante que los homosexuales
existían, y que existían en masa. Esto estimuló la visibilidad y le
dio a la nueva causa radical gay una voz pública válida y firme.
La
liberación del closet era considerado un prerrequisito para la
remoción exitosa de las restricciones impuestas por la
heterosexualidad compulsiva sobre la sexualidad homosexual. “Salir
del closet” fue promovido como un rechazo necesario de una
heterosexualidad reforzada; y ahora es celebrada como un acto de
resistencia a esa historia de represión.
Dada su propia
lógica sobre el “closet” – un lugar del que el homosexual precisa
salir – la liberación homosexual reconoce cualquier negativa a
permitir a las personas ser activamente gays como opresión de la
cultura heterosexual dominante.
Despliega “la salida del closet”
para significar un rito de pasaje de la heterosexualidad compulsiva
a una identidad gay legítima. Pero mientras que desea que el
homosexual salga de su armario, también su existencia depende de
eso.
Sin la existencia del closet, no podría haber una construcción
de liberación. Sin liberación, no habría reconocimiento del periodo
de heterosexualidad compulsiva como prueba de la posición
marginalizada de la homosexualidad dentro de la cultura. Sin el
reconocimiento de esta posición marginalizada, no habría a quien
culpar por la opresión de la sexualidad humana.
El closet, por lo
tanto, construye al homosexual como inocente. Permite que el
homosexual culpe al modelo heterosexual dominante de la opresión de
la sexualidad, mientras que niega que la identidad homosexual
masculina también pueda ocupar un rol opresivo similar.
El
cambio de enfoque de una liberación sexual completa hacia un
movimiento que ahora lucha exclusivamente por los derechos gays ha
reforzado aun más al closet como un esencial espacio de opresión.
La
visibilidad pública fuera del closet permite al movimiento gay
construir una comunidad que puede ser usada para atacar las leyes
discriminatorias al interior de la esfera política. Para extender su
propuesta de equidad, el movimiento debe insistir que todos los
homosexuales se conforman a una definición pública visible de “gay.”
Necesita de unidad étnica, y debe por lo tanto animar al homosexual
a encontrar el valor de vestir esta “gaycidad” con orgullo.
Debe
insistir que todos los homosexuales verdaderos están de acuerdo en
remover el velo de secreto que arguyen previene de la exploración de
la verdadera homosexualidad. La participación en marchas y el
modelaje de logos gays de diseñador son por lo tanto aplaudidos como
signos de liberación.
La insistencia del movimiento gay en
promover la sexualidad como innata sugiere que, en la sexualidad
anterior a la homosexualidad, el hombre que tiene una atracción
sexual a los hombres es reprimido, silenciado y controlado.
“Desclosetarse” es, por lo tanto, promovido como una parte normal de
la narrativa de lo que significa ser homosexual.
Se espera que todos
y cada uno de los hombres gays tendrán una historia de cuando,
donde, y como realizaron la decisión de rechazar la heterosexualidad
forzada. Sin reconocimiento de una fecha exacta y un lugar de
nacimiento del individuo homosexual, no puede haber una
reconstrucción personal del momento previo al acceso al estilo de
vida gay como un periodo de opresión.
En la cultura más
amplia, “desclosetarse” es ahora visto como un acto necesario para
todos. Se espera de los maestros que son observados por sus
estudiantes con suspicacia. Se espera de un nuevo empleado cuando se
presenta por primera vez en su nuevo lugar de trabajo. Se espera
siempre que se conocen nuevos amigos. La idea del closet sugiere a
la cultura que todos son potencialmente heterosexuales u
homosexuales; y por lo tanto, de acuerdo a estos, todos deben ser
examinados.
De cualquier manera, ¿ser “honesto” sobre la propia
sexualidad es dar una respuesta a una pregunta restrictiva?
Responder a “¿eres buga o eres gay?” Nos posiciona dentro de una de
las dos aceptables jaulas cerradas, y de este modo reafirma la
creencia de la cultura en el binario esencial homo-hetero.
Los significados negativos que están asignados
al closet homosexual sugieren que un hombre que disfruta el contacto
sexual con otros hombres no puede ser “verdadero” para el mismo a
menos de que le sea posible hablar sobre sus sentimientos sexuales
con orgullo.
Este abordaje alienta la discriminación crítica y el
desprecio hacia aquellos que a través de sus creencias políticas,
sus agallas, o su miedo, no desean adoptar una identidad gay.
Sugerir que el silencio del closet sólo puede significar opresión es
una táctica empleada para asegurar que nuestra sexualidad son
discutidas abiertamente, y por lo tanto pueden ser puestas
adecuadamente bajo vigilancia y control.
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NOTA: Agradecemos a Dean
Durber, así como al traductor del presente trabajo, su autorización
y permiso para incluirlo en ISLA TERNURA.
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