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Traducido por Laura E.
Asturias
Palos y piedras
¿Qué tiene que ver un artículo sobre homosexuales con los "hombres comunes y
corrientes"? Nick Sellars lo dice claramente: La eliminación de la
discriminación contra los homosexuales es una de las tareas más importantes para
acabar con el sexismo. Hombres que escriben para una revista como XY, que
marchan con otros hombres para acabar con el abuso sexual, que abrazan a otros
hombres en plena calle. Deben ser homosexuales, ¿no? Él comparte las tareas del
hogar, no compite en el trabajo y no acosa a las secretarias. Debe ser
homosexual, ¿no?
Esa pregunta, cuando viene de los hombres, a menudo tiene la
intención de ser peyorativa, como si fuera una amenaza o un castigo; y cuando
viene de las mujeres, ellas suponen que un hombre que no oprime a las mujeres
debe ser homosexual.
Usualmente no preguntan: simplemente se preguntan en
silencio. Lo mismo se aplica a todos los hombres que escribimos para XY, a los
que la leen y los que aparecen en ella en fotografías y caricaturas.
Observen,
por ejemplo, a los dos hombres de la foto que acompaña a este artículo. Dos
hombres, cada uno con un brazo sobre el hombro del otro, disfrutando de su mutua
compañía. Deben ser homosexuales, ¿no?
En realidad no importa si lo son, o si
sólo uno o ninguno lo es. Lo interesante es por qué necesitamos saberlo para
poder apreciar la fotografía. ¿Cuál es el significado oculto detrás de dos
hombres que se tocan? Y ¿a qué le temes tanto? ¿A los palos y las piedras?.
Hoy
en día, algunos dirán que la homofobia existe porque "no queremos contagiarnos
de SIDA". Lo siento, muchachos, respuesta incorrecta. Los heterosexuales han
estado conscientes de la presencia del SIDA desde hace más de una década, pero
el disgusto de los hombres occidentales por la homosexualidad viene de mucho
tiempo atrás.
Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, los Nazis perseguían
homosexuales tan ferozmente como lo hacían con los judíos, pero los antecedentes
de su odio por los homosexuales es mucho más antiguo. Palos y piedras. Huesos
rotos.
Herramientas de opresión.En nuestra cultura creemos que los hombres
solteros, los que no han "tenido" una mujer en las últimas seis semanas, son
"probablemente homosexuales". El no tener una novia es un signo seguro de serlo.
Otro signo es que seas más débil que tus amigos. El no tener una novia,
especialmente si aún vives con tu madre a los 25 años, es "evidencia
fehaciente". De hecho, si eres cualquier cosa que no sea un "verdadero" hombre,
esto significa que ya te toca recibir una de las buenas palizas de la opresión
que la gente homosexual teme y sufre diariamente. Palos y piedras. Herramientas
de opresión que nos afectan a todos los hombres.
Tal vez puedas recordar cómo eran las cosas. ¿Recuerdas que, cuando estabas
en el patio de la escuela, lo peor que alguien podía hacer, además de golpearte,
era llamarte "nena" o "hueco"?
Cuando eso ocurría, sabías bien que debías dejar
de hacer lo que estuvieras haciendo y empezar a hacer lo que ellos hacían; de lo
contrario, te dolería. Era la opción "menos mala" en ese momento, una cuestión
de sobrevivencia.
Fue así como aprendimos (la mayoría) a alinearnos y ser uno de
los muchachos, o a disfrazar y negar lo que realmente queríamos hacer.Si
hacíamos amistad con una niña, si teníamos una cercana amistad con un niño, si
ayudábamos a la maestra, si mostrábamos nuestros verdaderos sentimientos, si
mamá nos daba un beso al dejarnos en la puerta de la escuela, no era extraño oír
que uno de nuestros compañeros gritara "nena" o "marica".
También las niñas lo
hacían, pues también a ellas se les enseñó lo que un "verdadero" hombre debía
ser. Nuestras maestras lo pensaban. A nuestros padres les preocupaba. No se nos
permitía llorar, mostrar sentimientos, ser tiernos, solidarios o suaves. Los
homosexuales, y las formas en que son tratados por la sociedad, nos son dados
como ejemplo de lo que nos ocurrirá si no nos apegamos a la norma.
De niños, y
también ahora como hombres, no se nos permite mantener nuestra plena humanidad.
Palos y piedras. Aun los nombres e insultos lanzados al aire nos lastimaban a
cada uno, aunque no fueran dirigidos a nosotros. Cuando éramos pequeños, el ser
etiquetados como "maricas" no tenía nada que ver con nuestra preferencia sexual.
Y es lo mismo ahora que somos mayores. Veamos de nuevo la fotografía. No podemos
adivinar la orientación sexual de esos hombres. Sólo su genuina cercanía es
aparente.
Entonces, ¿qué es lo que tanto te atemoriza? Los primeros golpes de la
opresión homosexual llegan temprano y todos los sentimos. Estos golpes no tienen
nada que ver con la persona a quien escojamos amar, ni con nuestra edad o
bondad. A todos los hombres se nos mantiene separados pues la sociedad dice que
si quieres acercarte a otros hombres lo único que quieres de ellos es sexo:
seguramente eres homosexual.
La transformación de esta creencia requiere de
acción en dos cosas. En primer lugar, si aceptas que está bien ser homosexual
(especialmente si lo eres), el que te llamen "gay" o cualquier otra cosa no debe
lastimarte. Recuerda esto al proceder al segundo paso: sigue acercándote a
muchos hombres: homosexuales, heterosexuales, bisexuales, no sexuales o raras
veces sexuales.
Somos dos mil millones y medio de hombres entre los cuales
puedes escoger. Empieza con una relación hombre-hombre realmente cercana,
íntima. Notarás que "relación" no es sinónimo de "sexo". Talvez temas ser
homosexual cuando trates de hacer esto. El temor que sientes es el temor que la
sociedad nos inculca desde muy temprano en la vida. La sociedad necesita chivos
expiatorios para que siempre haya un grupo de personas por debajo de otro, para
que las jerarquías se mantengan.
Esto nos hace sentir que la opción "menos mala"
es patear o golpear a esas personas para que otros no lo hagan con nosotros.
Este temor es vacío; es perpetuado por la homofobia.
Palos y piedras que vienen
a atormentarnos desde nuestro pasado. Desafortunadamente, ese viejo temor
permanece en la mayoría de hombres y se manifiesta como miedo y odio irracional
de la homosexualidad. Y lo usan como justificación para discriminar, lastimar y
matar a decenas de miles de hombres de quienes se sospecha que podrían ser
homosexuales. Los palos y las piedras les cuesta la vida a los hombres. Y así
como nos lastimaba en la niñez que nos llamaran por alguno de esos nombres,
también nos hiere como adultos.
Estos crímenes contra los homosexuales adultos
tampoco tienen que ver con la preferencia sexual. Son los vientos fríos que
quedaron de las golpizas y el acoso de la niñez, vientos que soplan no sólo para
los que lastiman e insultan cuando buscan víctimas, sino para todos los hombres
que queremos estar cerca de otros hombres. Por eso tienes miedo. Es la única
razón por la que podrías tenerlo.
El ocultar tu humanidad y conexión con todos
los hombres y todas las mujeres ya no es la opción "menos mala". Renuncia a
ella. Rescata plenamente tu derecho a tener amistad con todas las personas,
especialmente aquellas que son diferentes a ti.
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Extractado de la revista XY: men, sex,
politics. PO Box 26, Ainslie ACT, 2602, AUSTRALIA. Título original: Sticks and stones.
(1995)
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