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“¿Has intentado no ser un
mutante?”, pregunta una madre desconsolada en una escena
de X-Men 2, haciendo clara una analogía que ya aparecía en
la primera película de la serie.
La
platea ríe, tal vez sin percibir que, si disfruta y vive
con los heroicos mutantes en la oscuridad de la sala,
acostumbra tener, en la vida real, una actitud mucho menos
tolerante para con los "diferentes" De
cualquier manera, además de buenos momentos de
entretenimiento, las películas de "mutantes",
pueden llevar para quien se predisponga a esa búsqueda, a
interesantes reflexiones sobre la DIFERENCIA y la manera
como nos relacionamos con ella. No,
no es posible dejar de ser mutante, como no es posible dejar
de ser gay, negro o judío. No es posible dejar de ser lo
que se es, no importa si por determinación genética, elección
o cultura.
Lo
que asusta a aquellos que quieren eliminar o aislar a los
mutantes (o a los gays, negros o judíos..) es justamente
esa constatación de diferencia, en todo lo que ella tiene
de maravilloso y terrible. La diferencia sorprende y
confunde, pues revela, bajo la aparente semejanza de las
cosas, el infinito borbotar de la vida, produciendo mezclas
inesperadas. Y si la diferencia habita al otro, tan semejante
a mi, puede también habitarme.
El
deseo de aislar viene de ese temor. Definir rigurosamente
quien es diferente y quien no lo es. Nace ahí una lógica
de identidad que asocia iguales a aliados, diferentes a enemigos.
El otro nos amenaza, por tanto debemos combatirlo. En primer
lugar, creando criterios rígidos (científicos) para saber
quien es quien.
Desde el punto de
vista de los "mutantes", los efectos de esa
actitud pueden ser devastadores, cuando no simplemente
mortales. Pero, aun cuando no llegue tan lejos, como con
aislamiento en campos de concentración, la simiente de la segregación
que viene embutida en la lógica de la identidad corroe la
cotidianeidad de los que, diariamente sienten la diferencia
en sus cuerpos y en sus mentes.
En otra escena de X.Men 2, el mutante Nocturno
pregunta a Mystica el porqué ella, que tiene el
poder de disfrazarse en quien desea, hace cuestión el
mantener su extraña apariencia azulada. "Porque yo
debería poder mostrarme como soy" contesta la mutante,
denunciando los armarios donde aprendemos a escondernos para
parecer normales.
Lo que la saga de los X- Men
nos sugiere y enseña es que hay muchos mas misterios entre el
cielo y la tierra de lo que supone la convencional oposición
entre el bien y el mal. Está solo se afirma cuando nos
adherimos al sistema de identidades que excluye lo diferente.
Ahora, parecen decirnos los mutantes, somos todos diferentes,
singulares, exquisitos, divinos, humanos.
Tenemos
todos que aprender a lidiar con nuestras limitaciones y con
nuestros poderes especiales. Tenemos todos que aprender a
aceptarnos y a aceptar a los otros, en lo que tiene de
único, personal e intransferible. Y transformar la
diferencia que nos excluye, disminuye y avergüenza en
motivo de celebración y orgullo.
Paulo Lima
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