Midiendo la sexualidad en centímetros 
por
Ben_Affleck_Uio

 


No hace falta esperar a que la noche envuelva la ciudad con su negro manto para que despierte en los hombres el instinto sexual, la búsqueda del placer, la efímera sensación de un orgasmo. Tampoco se necesita de un lugar libre de la curiosa mirada de los demás (aunque son de preferencia de muchos). 

Los autos, moteles, departamentos de solteros y hasta ciertos baños públicos son varios de los sitios escogidos como ideales para dar por satisfecho el instinto sexual- animal que a todos nos envuelve. Sin embargo, entre nosotros se dibujan rostros horrorizados, dedos listos a ser apuntados en contra de los presuntos culpables.

Nos escandalizamos y hacemos de este tipo de eventos, la comidilla y el chisme del día. Actuamos como jueces implacables al momento de condenar a quienes se han dejado llevar por "una fiebre de huevos", "arrechera" o "hábito, deseo inaplazable" sin considerar que casi todos hemos sido victimas del mismo síndrome al menos en una ocasión. Nuestra gran mayoría, de hecho o pensamiento, hemos caído en el mismo juego y nos hemos visto como actores de esos 15 minutos de orgásmica aventura con un completo desconocido. "...El que esté libre de pecado que lance la primera piedra".

Varios son los lugares frecuentados por los atolondrados necesitados de placer fugaz. Desde un inocente tropiezo en una calle o un parque acompañado del respectivo intercambio de miradas codificadas; pasando por lugares de ligue como bares, discotecas, saunas y otros sitios gays; o inclusive los baños públicos de algún centro comercial o parque (para los más osados); y hasta llegar a servirnos de la maravillosa tecnología frecuentada por los expertos cibernautas. 

Todos estos medios muy eficaces a la hora de tener un encuentro intimo con otro hombre. Esta no es sin embargo, una conducta reprochable en tanto y en cuanto la misma sea realizada con responsabilidad y madurez en el conocimiento de los riesgos que esta aventura trae consigo.

Lamentablemente, ha sido esta misma falta de responsabilidad y madurez en nuestros actos la que nos ha llevado a ser una de las comunidades más afectadas por ETS (enfermedades de transmisión sexual) y el tan temible SIDA (síndrome de inmuno-deficiencia adquirida). 

Sea por desconocimiento, inexperiencia, imperdonable confianza en la salud de la otra persona o capricho que en algún momento nos hemos encontrado expuestos a contraer varias de estas enfermedades. En términos legales se acostumbra decir que "la falta de conocimiento no exime de culpabilidad", dicho en otras palabras y aplicándolo a nuestro caso, el no estar al tanto de medidas preventivas, no garantiza salir bien librado de el peligro que una relación sin protección representa.

La lógica reacción de todos nosotros nos dice que eso es un problema de los demás, que es un peligro que asecha a los otros y al que nunca estaremos expuestos. Mas grave aún es la completa desinformación que existe sobre el tema pues, irónicamente enfermedades como el SIDA no hace distinción de edad, raza, orientación sexual, condición social u otro tipo de clasificación muy de moda entre las personas. 

Para darnos una idea de la gravedad del problema, alrededor de 40 millones de personas en el mundo viven con VIH/sida, de esta cifra 1,5 millones se encuentran en América del Sur. En el año 2001 murieron por esta causa alrededor de 3 millones de personas y hubo 5 millones de nuevos contagios. Solamente en el Ecuador para el año 2001 se registraron 612 casos nuevos de VIH/sida.

La mayoría de casos se registran por contacto sexual, por lo que lo único que defiende al varón del VIH es que sea selectivo en sus contactos sexuales y que siempre use preservativo en una relación casual o con una persona en riesgo (una persona que a su vez no haya sido selectiva sexualmente). El uso del preservativo si bien es cierto no es cien por ciento seguro, es la alternativa más segura (fuera de la abstinencia y la selectividad sexual) conocida hasta hoy para prevenir el contagio. 

En muchos hombres hay una actitud de rechazo al condón, debido al mito de que el preservativo disminuye la sensibilidad o porque creen simplemente que no se contagiarán. Los preservativos son un elemento clave en la prevención y educación sobre el SIDA. El uso del condón y la selectividad de las parejas sexuales puede reducir significativamente el contagio y propagación del virus.

El hombre por generaciones han estado estimulados a tener cuantas relaciones sexuales les sean posibles. No se les educa para ser selectivos ni a decir "no" ante una insinuación sexual. La complejidad de la sexualidad se ve reducida por tanto a unos cuantos centímetros compartidos en una fracción de tiempo sin reparar en las graves consecuencias que la falta de conocimientos y responsabilidad pueden traer consigo. 

Somos lamentablemente los más jóvenes, quienes, impulsados por nuestro inquieto apetito sexual los mas propensos. Pues, no basta sino con una sola ocasión de contacto peligroso para haber sido contagiado. Quizá nuestra sexualidad deba ser considerada con mayor prudencia, talvez un orgasmo producto de una cana al aire no justifique una vida de sueños truncados, o incluso aprender a ser responsables con nosotros mismos y considerar el uso de la regla graduada para medir cuanto han avanzado nuestros sueños y objetivos. 

Será entonces de dejar a la almohada y a nuestra imaginación todos esos momentos de placer, en tanto y en cuanto no estemos todavía en capacidad de ser responsables de nuestra salud y la de la otra persona. Al fin y al cabo ¿cuánto puede medir?

 

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