Hormonas e ideología

 por Luisa ESTÉVEZ &  Pedro ZEROLO

 

Los científicos de la Universidad californiana de Berkley han asociado los niveles de andrógenos, a los que se expone el feto en el útero materno, con la orientación sexual del hijo.

 Estamos en la era de la genética, a punto de descifrar el genoma humano, y, como no, la orientación sexual, heterosexual u homosexual, se ve sometida a las explicaciones y especulaciones que sobre ella construyen los genetistas. No consideramos que la comunidad científica actual, por lo general, desarrolle sus explicaciones o teorías con el firme propósito de despreciar o discriminar el resultado de las mismas, pero si creemos que el uso o, mejor dicho, el mal uso de estas teorías pueden dar lugar a agravios o estigmas que dificultan o entorpecen la tarea social y política de la integración desde la diferencia y de la erradicación de la discriminación.

Si hablamos de la homosexualidad, no cabe duda que la ciencia ha ido variando su enfoque, y es evidente también que la sociedad aborda la homosexualidad de manera muy distinta gracias al impulso dado por las ideologías progresistas. 

Hace un siglo la comunidad científica consideraba la homosexualidad como una enfermedad cataloga, la moral social dominante como una perversa desviación y las leyes como una conducta criminal castigada con severas penas de cárcel. En esa difícil coyuntura se abordó por la izquierda, en determinados países, el cambio del tratamiento de la homosexualidad como una exigencia ideológica.

Así, en la Alemania de 1897, fue la izquierda parlamentaria, concretamente determinados dirigentes de la Social Democracia, los que directamente asumieron la defensa de la dignidad homosexual, utilizando para ello la ideología. 

En su lucha por la abolición del castigo penal a los homosexuales, promovieron campañas y redactaron manifiestos consiguiendo el apoyo de nombres ilustres del mundo de la política, la ciencia y la cultura. personajes como Einstein, Thomas Mann, Bernstein, Tolstoi, Rilke, Grosz, Zweig o el propio Ministro de Finanzas de la época, Hilferding, firmaron, junto a seis mil personas más, la petición del líder socialista August Bebel en defensa de la homosexualidad y en contra de su definición como delito en el Código Penal alemán. 

En los debates parlamentarios que se sucedieron en el Reichstag, se oyeron argumentos que, aún hoy, llaman la atención por su contundencia y convicción. Particularmente brillante y avanzada fue la exposición realizada por el diputado socialista Bernstein, que, con su razón, consiguió transmitir al debate la carga e importancia ideológica que tiene. En esos mismos años y en el Reino Unido, Edward Carpenter, laborista, escritor prolífico y crítico demoledor de la moral social y religiosa de la época, llegó a afirmar que el movimiento homosexual estaba destinado a formar la avanzadilla de un gran movimiento de transformación social.

En este momento, un siglo después, donde ya parecen superados algunos de los postulados más reaccionarios en contra de la homosexualidad, se trata de explicar el origen o la causa de la misma, aunque ello resulte indiferente de cara a la dignidad humana, a la libertad y a la igualdad.

La homosexualidad es una manifestación de la libertad sexual, y de la izquierda es de quien esperamos las ideas y el impulso necesario para que se produzca un cambio, aún mayor, en la mentalidad social. Y este proceso de transformación debe transmitir los valores necesarios para construir una sociedad abierta, heterogénea y respetuosa con las diferencias que la integran.

 Todos afirman la libertad y defienden la libertad sexual, pero algunos siguen manteniendo escrúpulos ante alguna de sus manifestaciones. Para avanzar en los cambios culturales y para progresar en las convenciones sociales, no se puede adoptar una actitud calmosa, ni protegerse en explicaciones científicas para abordarlas como si de una tara se tratase.

Hace un siglo, en un contexto muy adverso, la izquierda abordó con gallardía la defensa de los derechos de los homosexuales. Hoy estos derechos son reconocidos y reclamados por distintos sectores. 

Sin embargo, cuando se les demanda apoyo político para culminar la lucha por la igualdad de derechos para lesbianas, gays y transexuales, no se implican lo suficiente y se muestran perezosos para promover iniciativas capaces de vencer los prejuicios y las prevenciones que aún existen contra la homosexualidad. 

Lo importante, pues, no es tanto descifrar la causa o explicación de la orientación sexual, sino la voluntad de tratar igual a sus distintas manifestaciones.

 

 

 

 

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