Los científicos de la Universidad californiana
de Berkley han asociado los niveles de andrógenos, a los que se expone el feto
en el útero materno, con la orientación sexual del hijo.
Estamos en la era de la
genética, a punto de descifrar el genoma humano, y, como no, la orientación
sexual, heterosexual u homosexual, se ve sometida a las explicaciones y
especulaciones que sobre ella construyen los genetistas. No consideramos que la
comunidad científica actual, por lo general, desarrolle sus explicaciones o
teorías con el firme propósito de despreciar o discriminar el resultado de las
mismas, pero si creemos que el uso o, mejor dicho, el mal uso de estas teorías
pueden dar lugar a agravios o estigmas que dificultan o entorpecen la tarea
social y política de la integración desde la diferencia y de la erradicación de
la discriminación.
Si hablamos de la homosexualidad, no cabe duda que la ciencia ha ido variando
su enfoque, y es evidente también que la sociedad aborda la homosexualidad de
manera muy distinta gracias al impulso dado por las ideologías progresistas.
Hace un siglo la comunidad científica consideraba la homosexualidad como una
enfermedad cataloga, la moral social dominante como una perversa desviación y
las leyes como una conducta criminal castigada con severas penas de cárcel. En
esa difícil coyuntura se abordó por la izquierda, en determinados países, el
cambio del tratamiento de la homosexualidad como una exigencia ideológica.
Así, en la Alemania de 1897, fue la izquierda parlamentaria, concretamente
determinados dirigentes de la Social Democracia, los que directamente asumieron
la defensa de la dignidad homosexual, utilizando para ello la ideología.
En su
lucha por la abolición del castigo penal a los homosexuales, promovieron
campañas y redactaron manifiestos consiguiendo el apoyo de nombres ilustres del
mundo de la política, la ciencia y la cultura. personajes como Einstein, Thomas
Mann, Bernstein, Tolstoi, Rilke, Grosz, Zweig o el propio Ministro de Finanzas
de la época, Hilferding, firmaron, junto a seis mil personas más, la petición
del líder socialista August Bebel en defensa de la homosexualidad y en contra de
su definición como delito en el Código Penal alemán.
En los debates
parlamentarios que se sucedieron en el Reichstag, se oyeron argumentos que, aún
hoy, llaman la atención por su contundencia y convicción. Particularmente
brillante y avanzada fue la exposición realizada por el diputado socialista
Bernstein, que, con su razón, consiguió transmitir al debate la carga e
importancia ideológica que tiene. En esos mismos años y en el Reino Unido,
Edward Carpenter, laborista, escritor prolífico y crítico demoledor de la moral
social y religiosa de la época, llegó a afirmar que el movimiento homosexual
estaba destinado a formar la avanzadilla de un gran movimiento de transformación
social.
En este momento, un siglo después, donde ya parecen superados algunos de los
postulados más reaccionarios en contra de la homosexualidad, se trata de
explicar el origen o la causa de la misma, aunque ello resulte indiferente de
cara a la dignidad humana, a la libertad y a la igualdad.
La homosexualidad es
una manifestación de la libertad sexual, y de la izquierda es de quien esperamos
las ideas y el impulso necesario para que se produzca un cambio, aún mayor, en
la mentalidad social. Y este proceso de transformación debe transmitir los
valores necesarios para construir una sociedad abierta, heterogénea y respetuosa
con las diferencias que la integran.
Todos afirman la libertad y defienden la
libertad sexual, pero algunos siguen manteniendo escrúpulos ante alguna de sus
manifestaciones. Para avanzar en los cambios culturales y para progresar en las
convenciones sociales, no se puede adoptar una actitud calmosa, ni protegerse en
explicaciones científicas para abordarlas como si de una tara se tratase.
Hace un siglo, en un contexto muy adverso, la izquierda abordó con gallardía
la defensa de los derechos de los homosexuales. Hoy estos derechos son
reconocidos y reclamados por distintos sectores.
Sin embargo, cuando se les
demanda apoyo político para culminar la lucha por la igualdad de derechos para
lesbianas, gays y transexuales, no se implican lo suficiente y se muestran
perezosos para promover iniciativas capaces de vencer los prejuicios y las
prevenciones que aún existen contra la homosexualidad.
Lo importante, pues, no
es tanto descifrar la causa o explicación de la orientación sexual, sino la
voluntad de tratar igual a sus distintas manifestaciones.