|
"De nuestro amor la imagen cruzará los tiempos.
Del pasado, blanca, surgirá y habrá de ser
eterna, como victoria de romanos,
y en cada corazón rabia pondrá el futuro
de nuestro amor coetáneo no haber sido"
Fernando
Pessoa
(Antínoo)
|
|
"El dios no me pagaba al viviente perdido"
Marguerite Yourcenar,
(Memorias de
Adriano)
|
|
1. La verdadera historia
Antínoo fue un joven bitinio perteneciente a la corte del emperador romano
Adriano, del que llegó a convertirse en favorito y amante. En el año 130 d. C.,
cuando contaba con unos 18 años de edad, murió ahogado en el
Nilo. Las causas de
esta muerte jamás fueron esclarecidas, aunque la mayoría de los indicios apuntan
a que debió tratarse de un suicidio, posiblemente teñido con los ingredientes
míticos y mágicos de un sacrificio para alargar la vida del emperador. Al morir
Antínoo, Adriano, preso de un gran dolor, quiso perpetuar su memoria para la
posteridad, y lo hizo utilizando todos los medios de los que podía disponer: en
el año 132 fundó en su honor, sobre las ruinas de Besa (lugar en el que fue
hallado su cadáver) la ciudad de Antínoe, que se levantó en sólo cuatro años y
que se convirtió en una importante ciudad romana y bastión de la cultura
grecolatina en Egipto. También acuñó monedas con su efigie, hizo esculpir
relieves, bajorrelieves y estatuas - muchas de las cuales llevaba consigo cada
vez que cambiaba de residencia -, fundó juegos y fiestas en su nombre, construyó
templos, instituyó su propio culto y sus propios sacerdotes, e incluso puso su
nombre a una constelación de estrellas bajo la cual creyó ver la nueva forma del
joven amado.
Hacia el año 134, su culto se había extendido por todo el mundo mediterráneo
y penetrado mucho más allá de las fronteras del Imperio. Las imágenes de Antínoo
encontradas en lugares tan distantes entre sí como el Cáucaso, Gran Bretaña, la
costa norteafricana, Francia, Holanda, España y Yugoslavia así lo demuestran. Al
menos cuarenta ciudades lo veneraron, una docena tenían cultos específicos y
siete celebraban juegos regulares en su honor. Más de treinta usaron monedas con
su efigie grabada.
En su ascenso al Olimpo, el nuevo dios fue relacionado sobre todo con el dios
egipcio Osiris (que también había muerto ahogado en el Nilo, y que después
resucitó trayendo fertilidad a la tierra) y con su equivalente helénico
Dionisos, además de con Hermes (a cuyas súplicas escuchan los dioses y que tiene
el poder de rescatar a los mortales de las sombras eternas), Apolo, Mercurio,
Esculapio y Ganímedes. El culto del que se llamó Dios Amable duró al menos hasta
el siglo V, pero su memoria permanece viva hoy día, ya que ha sido considerado
por muchos críticos de arte (M. Reinach, F. de la Maza) como la última creación
ideal del arte antiguo y el último dios del mundo clásico.
Antínoo consagró el tipo ideal de belleza masculina de carácter adolescente,
que también refleja rasgos femeninos: joven lampiño, con cabellera rubia y con
bucles, largas pestañas y aire melancólico. Gracias al proceso de deificación al
que lo sometió Adriano tras su muerte (y que derivaría posteriormente en un
proceso de mitificación o mitogénesis), Antínoo ha sido desde el siglo II fuente
de inspiración de artistas, sobre todo escultores y pintores, pero también
músicos, novelistas y poetas.
Según el historiador británico Royston Lambert "fue el escándalo lo que
mantuvo despierta la memoria de Antínoo". Sin duda, la oposición de importantes
figuras capaces de determinar el canon cultural en aquella época, como los
Padres de la Iglesia, contribuyó a la pervivencia actual del mito de Antínoo.
Pero no es menos cierto que las dos fuerzas básicas que convergen en la historia
del joven bitinio con el emperador romano con el cual el Imperio comenzó una era
de paz, armonía y prosperidad, esto es, el amor y la muerte, han sido
determinantes para explicar la rápida asimilación, popularidad y notoriedad del
nuevo dios. De otra manera, no se entiende cómo fue posible su rápido ascenso al
Olimpo, a pesar de no poseer antecedentes históricos, sangre noble ni hazañas
heroicas, además de ser griego, originario de la dependiente región de Bitinia,
y no romano. Indudablemente, Adriano hizo todo lo posible para perpetuar la
memoria de Antínoo, pero lo normal hubiera sido que el culto del nuevo dios no
sobreviviera al emperador, como sin embargo sucedió.
La historia de la relación entre Adriano y Antínoo y el trágico fin de este
último posee un gran atractivo que ha venido ha reflejarse y perpetuarse en el
arte. Esta historia es más que un misterio de amor y muerte engrandecido por la
tendencia megalomaníaca de Adriano en su necesidad de mostrar al mundo su dolor.
La propia personalidad enigmática de Antínoo, su muerte aún sin explicar, la
pasión obsesiva de Adriano, harán siempre inusual esta historia.
Joseph Campbell dijo que los mitos son creaciones artísticas que vienen a
satisfacer los sentimientos religiosos y las necesidades de mucha gente de todos
los estratos sociales. Así sucedió con la historia de Antínoo, un dios que no
fue sólo una creación de la fantasía imperial o la mera fabricación de un mito,
sino también el símbolo del renacimiento de la civilización griega y de la
armonía establecida con el poder de Roma. Representó además un momento de
equilibrio entre las fuerzas de lo antiguo y lo nuevo, entre el pasado y el
futuro, la organización romana y la cultura griega, la religión clásica y las
creencias mágicas y oscuras del este.
2. Antínoo en la historia y en la literatura
En el proceso de mitificación
(mitogénesis) de Antínoo hemos podido
distinguir varias fases. La primera de ellas, la que se dio inmediatamente
después de la muerte del joven y hasta la muerte del mismo Adriano, responde a
las ansias del emperador de manifestar su dolor y elevar a Antínoo a la
categoría de dios. En estos ocho años (Adriano murió en el 138) los poetas de la
corte imperial se apresuraron a perpetuar para la posteridad el mito del nuevo
dios. Los escultores, provenientes de Grecia, Asia Menor, Italia y Egipto
principalmente, crearon tal cantidad de imágenes de Antínoo que se ha llegado a
decir que nunca en la Antigüedad se habían producido tantas esculturas de una
sola persona en tan corto periodo de tiempo (unas 2000 en tan sólo ocho años).
Esta primera fase, por tanto, es de expansión, en la que el culto del nuevo dios
fue propagado rápidamente por todo el Imperio e incluso más allá de sus
fronteras.
La segunda fase, que nace con la primera pero se prolonga mucho más allá de
ésta, es la que comienza el proceso de mitificación propiamente dicho. En este
caso, a través de la oposición y el escándalo. Sobre todo tras la muerte de
Adriano, la mayor oposición vino del cristianismo. Los Padres de la Iglesia
consideraron a Antínoo como el símbolo de la depravación sexual, y se indignaron
ante la comparación que los devotos del nuevo dios (joven, sacrificado y
resucitado, dios de Bitinia) hicieron con Cristo (también joven, sacrificado y
resucitado, dios de Nazaret). Aunque el cristianismo fue el principal
responsable del declive del culto, contribuyó también a configurar más adelante
una nueva leyenda en torno a Antínoo, destacando determinadas características y
suprimiendo otras, buscando de este modo en la historia una interpretación
moralizante. Antínoo se convertía así en el símbolo de la belleza corrompida,
considerado culpable por su pecado pero, al mismo tiempo, compadecido por su
destino; en definitiva, la imagen del joven corrompido. Las descripciones de
Atanasio del año 350, padre y doctor de la Iglesia y patriarca de Alejandría,
fueron muy famosas en su tiempo, y contribuyeron a crear una nueva imagen
estética del mito, más depurada. Paralelamente, sobre Adriano recaía el peso de
la culpa, al considerársele el corruptor y responsable directo de la muerte de
Antínoo para beneficiarse de su sacrificio. Además, Antínoo era caracterizado
como un esclavo (todos los indicios indican que no lo fue, pero aún así nada
puede asegurarse a este respecto), y por tanto sometido a los designios del
emperador, al que se acusaba también de manipular la memoria del joven para su
propio provecho, consiguiendo un equilibrio entre las culturas griega y romana
por el papel unificador del nuevo dios. La idea del sacrificio y el sufrimiento
encajaba mucho más con la moral cristiana del momento.
Esta imagen depurada se mantuvo hasta bien entrado el siglo XVIII. Pero a
partir de entonces, en una última fase, comenzó a revisarse la historia de
Adriano y Antínoo, al aparecer los primeros estudios serios y científicos sobre
la relación que mantuvieron el joven y el emperador, que además de reavivar el
escándalo, difundieron un nuevo culto estético. El difusor de esta nueva
estética fue el alemán Wincklemann, el primer historiador moderno de arte
griego, que popularizó a mediados del siglo XVIII la imagen de Antínoo como la
de un joven "melancólico". John Addington Symonds, con su obra Sketches and
Studies in Italy and Greece (1898), rompió con una tradición de biografías de
Adriano en la que todas las referencias a Antínoo eran omitidas. Se trataba del
nacimiento de una reivindicación estética de la historia de la relación entre el
emperador y el joven. Antínoo volvía a aparecer en la literatura, esta vez bajo
una luz diferente. Su figura inspiró, entre otros, a Oscar Wilde, Schiller,
Goethe, Stefan George..., y ya en el siglo XX a los autores de las dos obras que
aquí se van a analizar: Fernando Pessoa, con su poema Antínoo y Marguerite
Yourcenar, con sus Memorias de Adriano.
Al basarse en una historia real pero sobre la que aún planean algunas
incertidumbres, la interpretación de los hechos que aparece en cada obra
literaria cobra gran importancia. La caracterización de la relación que
sostuvieron los dos personajes históricos, su implicación sentimental y sexual,
la enigmática personalidad de Antínoo y la complejidad del pensamiento de
Adriano, la hipotética condición esclava o servil del joven, el oscuro motivo de
su muerte, la autenticidad del dolor de Adriano y la finalidad de la
construcción del dios son sólo algunos de los elementos ante los que los autores
tendrán que definirse, lo que dirá mucho acerca de la intencionalidad de la obra
y de su visión estética predominante.
Comparar el poema
Antínoo, escrito por Pessoa en 1915 (cuando contaba sólo
con 27 años de edad) y publicado en 1918 en Lisboa, con el tratamiento dado al
tema de Antínoo en las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, escritas
entre 1949 y 1951 (cuando la autora tenía 46-48 años), aunque iniciadas en forma
de borradores desde 1924, resulta interesante porque ponemos frente a frente dos
concepciones de la literatura y de la vida muy diferentes. El solitario poeta
portugués recluido en Lisboa, y representante al mismo tiempo de uno de los
casos de multilingüismo más curioso de la literatura moderna, frente a la
escritora francesa, altiva y orgullosa, que amaba con locura los viajes ("esa
continua conmoción de los prejuicios", como puso en boca de Adriano): dos
magníficos escritores de gran genialidad e impecable estilo.
3. Dos grandes de la literatura
Antínoo es un largo poema de 360 versos que fue publicado en Lisboa en 1918,
y que se inscribe en toda una tradición decimonónica de reivindicación estética
de algunos aspectos de la Antigüedad. Según el estudioso de Pessoa J. de Sena,
esta tradición surge en 1898 con la publicación del ya mencionado libro de John
Addington Symonds, Sketches and studies in Italy and Greece, obra que fue una de
las más importantes fuentes de la figura del favorito del emperador Adriano.
El poema es un ejemplo del peculiar multilingüismo
pessoano, ya que forma
parte de su colección de poemas ingleses. Aunque el poeta nunca pisó suelo
inglés, su estancia cuando niño en África del Sur y una clara conciencia de que
si no se conoce más que el propio idioma se es prácticamente analfabeto
(siguiendo la línea marcada por otros intelectuales, como Goethe), le hicieron
optar por la lengua inglesa para escribir algunos de sus poemas.
Los versos ingleses de Pessoa han sido a menudo minusvalorados por la
crítica. Sin embargo, tal como indican Luis A. Díez y José Luis Parga, el propio
poeta tenía una gran apego a estos poemas, ya que de los cinco libros que
publicó en vida, cuatro eran de versos ingleses. Octavio Paz ha dicho que la
influencia sajona en Pessoa fue "una constante en su vida y en su obra".
Que el poeta escribiera indistintamente en una lengua u otra (también a veces
lo hizo en francés) no es más que otra muestra de su capacidad de multiplicidad
de registros. Es difícil aceptar el origen común de sus versos ingleses, a
menudo artificiosos y arcaizantes tanto en tema como en el uso del lenguaje,
con, por ejemplo, los poemas futuristas de su heterónimo Álvaro de Campos o
sensacionistas de Alberto Caeiro. Curiosamente, el poema Antínoo se publicó en
la misma época en que fue escrito O Guardador de Rebanhos y los poemas
latinizantes de Ricardo Reis.
No resulta fácil saber cómo pudo Fernando Pessoa llegar a sentirse interesado
por la historia de Antínoo, ni cuáles son las fuentes en que basó su poema. Sin
duda, Pessoa se interesó por la cultura griega y romana, tal vez como modelos en
los que basar su proyecto de Quinto Imperio. En concreto, dedicó buena parte de
su tiempo al estudio de la filosofía griega y romana (Pitágoras, Platón,
Sócrates, Cicerón). Además, se sintió fascinado por la magia, el esoterismo y la
mitología, ingredientes que tienen gran importancia en la historia de Antínoo.
"Deseo ser un creador de mitos, que es el misterio más alto que puede obrar
alguien de la humanidad", dijo, y qué fue Adriano sino el creador del mito de
Antínoo. Por último, su formación autodidacta le llevo a la lectura de Walter
Pater y de Oscar Wilde (el primero de ellos se ha señalado con frecuencia como
influencia en la novela de Marguerite Yourcenar, el segundo trató en su obra, y
casi en su vida, el mito de Antínoo) (1). En cualquier caso, el poema Antínoo no
figura ni entre los más conocidos ni entre los más brillantes del autor (Antonio
Tabucchi considera "menudencias" su producción inglesa al compararla con "el
tesoro póstumo"). Además, el poema ha sido relativamente poco estudiado,
desconociéndose con exactitud en qué fuentes se basó Pessoa al escribirlo.
Las Memorias de Adriano han sido mucho más estudiadas que el poema
Antínoo, a
lo que se suma que Marguerite Yourcenar dejó escritos numerosos testimonios que
describen el proceso de producción de la obra, su significación e
intencionalidad (el mismo Carné de Notes que publicó más tarde junto a las
Memorias de Adriano, además de diarios, cartas, etc.). Gracias a estos
testimonios sabemos que la figura del gran emperador interesó a Marguerite
Yourcenar desde su juventud más temprana, en concreto desde 1924 (tenía 21 años)
cuando en un viaje a Roma que realizó con su padre (importante influencia en la
vida y obra de la escritora) visitó la Villa Adriana. Desde aquel momento,
desilusionada por la desacralización a que estaba siendo sometida la residencia
del otrora gran estadista e intelectual ("los olivares han sido talados para dar
lugar a una zona de estacionamiento de automóviles y a un quiosco de bebidas que
transforman la noble soledad del lugar en una especie de feria", dice en el
Carné de notes), decidió recuperar su memoria mediante la literatura.
Desde aquel año, y hasta 1929, escribió varias versiones de la historia de
Adriano, algunas dialogadas, al modo de obras dramáticas, otras utilizando un
narrador heterodiegético. Una de estas versiones se tituló precisamente
Antínoo,
y fue la que le hizo desistir de su proyecto, ya que fue rechazada por el editor
al que se la envió. No volvió a retomarlo hasta 1930, "pero no escribí más de
quince páginas; aún no estaba lo bastante madura, en aquella época, para llevar
a cabo este proyecto tan amplio" (carta a Breitbach de 1951). Tal como explica
en su Carné de notes, la única frase que subsiste de aquel escrito es la muy
famosa "je commence à apercevoir le profil de ma mort", que sitúa al personaje
Adriano en el lugar desde el que va a narrar la historia.
Pero es en enero de 1949 cuando verdaderamente retoma y culmina tan ambicioso
proyecto, a raíz de la llegada de un "baúl perdido" (otra "carambola del azar",
como a ella le gustaba decir), en el que descubre este antiguo manuscrito y que
desata esta vez una actividad compulsiva: escribe durante los viajes, en el
tren, en los restaurantes y hoteles... En 1951 se edita finalmente el libro que
ella siempre consideró, junto con Opus Nigrum, el centro y cumbre de su
producción literaria.
Parece claro que, a pesar de la exhaustiva investigación que la autora llevó
a cabo para situar a Adriano en el contexto histórico en el que vivió y de la
gran cantidad de bibliografía en la que se basó para escribir su libro,
Marguerite Yourcenar no había leído el poema de Fernando Pessoa, poeta que por
entonces era prácticamente desconocido en Francia. Esto se puede asegurar porque
no fue hasta 1960 que Yourcenar conoció la poesía de Pessoa, cuando con ocasión
de un viaje que hizo a Portugal descubrió una selección de poemas que le
parecieron "extraordinarios", tal como escribió a su amigo el escritor Jacques
Marui.
4. Implicaciones sexuales del relato
La historia de Adriano y Antínoo ha sido a menudo mal entendida, porque se ha
visto exclusivamente desde una postura etnocentrista. Como en otros muchos
casos, la cultura ha funcionado como un "dispositivo estructurador de la
información" (Lotman), que no ha tenido en cuenta el contexto histórico en el
que se desarrolló la relación. En el desarrollo de la historia de amor y en la
posterior deificación de Antínoo se ha destacado sobre todo el carácter
homosexual de esta relación. Sin embargo, es imposible calificarla en los mismos
términos en que lo sería hoy día. La homosexualidad en la civilización
grecolatina no implicaba ninguna transgresión de la normalidad, como tampoco la
pederastia. Las relaciones entre un hombre adulto de entre 25 a 45 años (erastes) y un adolescente entre 12 a 18
(eromenos) no eran una simple moda,
sino toda una institución social, sobre todo en las clases altas, tan importante
que ni las prohibiciones de los edictos cristianos del siglo IV consiguieron
erradicarla totalmente. La pederastia era sobre todo un proceso de iniciación en
la sociedad androcéntrica. Los mayores ofrecían enseñanzas de la moral,
costumbres y responsabilidades de la sociedad, a cambio de intercambio sexual en
el que los jóvenes cumplían un papel pasivo. Más adelante, estos jóvenes
tomarían a su vez un papel activo con nuevos eromenos.
Una mitología de dioses, encabezados por Zeus y Ganímedes, dotaron de
religiosidad el significado de la pederastia homosexual. El tema aparece en
esculturas y frescos, así como en la obra de poetas y filósofos. Estos últimos
consideraban el amor por un adolescente más noble e intelectual que el amor por
una mujer, considerada un ser inferior cuya única función era la procreación. Se
creó todo un culto al joven efebo, considerándose la belleza de la adolescencia
como la encarnación de cualidades divinas o de atributos de dioses.
Si bien en la antigua Grecia el amor pasional tal como hoy lo podemos
entender no tenía cabida en el matrimonio, sino que era fundamentalmente
homosexual; en Roma convivían las relaciones homosexuales con las
heterosexuales, al institucionalizarse también las figuras de la cortesana y la
concubina. La bisexualidad parecía inherente a la naturaleza de los romanos,
sobre todo en el proceso de socialización, mediante el cual el hombre joven se
introducía en la vida social a través de la relación con otro maduro, tuviera
éste o no relaciones asimismo con mujeres. Sin embargo, esta pederastia de
carácter homosexual tal como la habían entendido los griegos se restringía en
Roma principalmente a las clases altas y los círculos literarios y filosóficos.
La mayoría de los grandes poetas romanos trataron el tema del amor a un
adolescente. Virgilio, en sus Bucólicas, rezuma una melancólica pasión por
Alexis. También Homero creó versos en torno a este tipo de amor (aunque no son
comparables en intensidad con los versos amorosos que dedicó a las mujeres). En
cualquier caso, aunque muchos poetas no estuvieran refiriéndose a sus propias
experiencia eróticas, parece claro que hubo una tradición culta de artificio
literario en torno a este tema, posiblemente porque la sociedad a la que se
dirigían (alta y letrada) los demandaba.
Sólo en las biografías de dos emperadores romanos (2) no aparecen historias
de amor homosexual: Claudio y Vespasiano. Pero tampoco ninguno de los otros
parece haber tenido una orientación exclusivamente homosexual, algo que, por
otra parte, no era considerado anormal ni reprensible. Lo que sí era objeto de
escarnio era el papel pasivo en estas relaciones. Así, la historia entre Julio
César y Nicómedes IV, último rey de Bitinia, fue utilizada por los adversarios
del primero para minar su reputación, acusándolo de "no ser viril".(3) Sin
embargo, la relación homosexual en sí misma no fue criticada.
En suma, lo que aquí se quiere apuntar es que la historia de amor homosexual
entre Adriano y Antínoo no debe entenderse en los mismos términos en que se
entendería hoy día una historia semejante. Lo excepcional de esta historia es
toda su significación de amor, muerte y pervivencia de la memoria del ser amado.
Su carácter homosexual no es lo excepcional, pues constituyó una relación
erastes/eromenos más de las muchas establecidas en la época. Por tanto, las
obras literarias que se han basado en esta historia tampoco deben ser
interpretadas bajo esas claves erróneas. Tanto Fernando Pessoa como Marguerite
Yourcenar recrearon en sus textos la verdadera esencia de la relación entre el
emperador y su favorito, asumiendo la verosimilitud de la historia en su
contexto. El lector de ambas obras, en el proceso de recepción estética, debe
intentar participar en los mismos "mundos posibles" (U. Eco) que ambos autores,
para evitar distorsiones interpretativas graves. Desde este punto de vista, para
ello es esencial comprender que la historia de la relación entre Adriano y
Antínoo es fundamentalmente un historia de amor y muerte, y también de
construcción de realidades abstractas (dios, mito), en la que el elemento
homosexual es secundario, ya que es prescindible en la estructuración más
elemental del relato.
Por ello, la naturaleza sexual de Pessoa o de Marguerite Yourcenar no debe
ser tenida en cuenta como elemento interpretativo esencial de sus textos. A
veces se ha hablado de una posible homosexualidad de Pessoa (Octavio Paz dice
que queda patente en su famosa Oda Marítima y en la Salutación a Whitman bajo la
figura del heterónimo Álvaro de Campos, en cuya biografía Pessoa menciona una
historia de amor homosexual), y el lesbianismo de Marguerite Yourcenar fue
sobradamente conocido (convivió cuarenta años con la americana Grace Frick, a la
que dedicó su Carné de notes de las Memorias de Adriano). Pero posiblemente, si
ambos decidieron tratar el tema de Antínoo no fue por su relación homosexual con
Adriano, sino por la trascendencia mítica y el atractivo estético de dicha
historia, y seguramente lo hubieran hecho también aunque ellos no hubiesen
tenido sus propias experiencias homosexuales.
Esto no significa sin embargo que el elemento homosexual en la historia no
sea importante en relación con otros factores o que la sexualidad de los autores
no influya en la elaboración de los textos. Por ejemplo, es determinante el
momento en que fueron escritas ambas obras y lo que significa tratar el tema de
la homosexualidad en aquellas fechas. El poema de Fernando Pessoa, anterior en
el tiempo, se inscribe en una época en la que la homosexualidad era
sistemáticamente estigmatizada y rechazada. Con ello, Pessoa se sumaba una vez
más a una estética transgresora. Él mismo calificó a su poema Antínoo, junto con
Epitalamio, como "dois poemas inglêses meus, muito indecentes, e portanto
impublicáveis em Inglaterra". Efectivamente, en la última década del siglo XIX y
la primera del XX estaba en auge la moral victoriana que condenó a Oscar Wilde a
trabajos forzados por sus relaciones homosexuales (4). Posiblemente, tanto el
poema Antínoo como Epitalamio, que son decididamente directos en materia sexual,
influyeron en los enfrentamientos que Pessoa tuvo con la Iglesia y la moral
social predominante: la "liga de acción de los estudiantes", que perseguía lo
que ellos denominaron "literatura de Sodoma".
Según el estudioso pessoano Ángel Crespo, el poema Antínoo es "una exaltación
de la homosexualidad". Desde mi punto de vista, es más una exaltación de la
sexualidad en sí, de la fuerza arrebatadora del deseo, sea cual sea el prefijo
(homo o hetero) que se anteponga a esta sexualidad. No creo que el poema
demuestre la naturaleza sexual de Pessoa, sin duda ambigua ("no tengo dificultad
en definirme -escribió- soy un temperamento femenino con una inteligencia
masculina").
Por su parte, la obra de Marguerite Yourcenar fue interpretada perversa y
sesgadamente en los primeros momentos, tomando como elemento de juicio la propia
homosexualidad de la autora. Recién editado el libro, numerosos críticos, como
más tarde también Jacques Brenner en su Historia de la Literatura Francesa,
harán del amor del emperador por Antínoo el "centro del libro", a pesar de que
la misma Marguerite Yourcenar escribió: "en Tellus Stabilita la narración se
interrumpe durante unas cuarenta páginas para dar paso a una especie de ensayo,
testamento político y artístico del reinado, que constituye el centro de la
obra; Saeculum Aureum (capítulo en el que se narra la historia de Antínoo), por
el contrario, contiene su elemento trágico". Además, al hacer de Antínoo el
centro del libro, los críticos de la época verterán sus prejuicios sobre la
homosexualidad en la obra y en la escritora. Así, el editor André Fraigneau, que
mantuvo una extraña relación personal con ella, dijo que el interés culminante
del libro es "el encuentro con Antínoo, al ser madame Yourcenar, a pesar de su
sexo (sic), una autora que se ha interesado mucho por la homosexualidad".
Por otro lado, una batería de críticos, orquestados por Denise
Bourdet, de la
Revue de Paris, se esforzaron en clasificar el estilo de Marguerite Yourcenar
como "masculino", y hablaron de la "virilidad de su pensamiento". En las
Nouvelles Littéraires, Jeanine Delpech hablará de la "firmeza viril de su
estilo"; Aloys J. Bataillard recordará, en las columnas de La Gazette de
Lausanne, que Marguerite Yourcenar escribe unos libros "poco femeninos por la
elección de los temas". En la mayoría de los casos, estos críticos, conocedores
de la relación de la escritora con Grace Frick, tendrán una intencionalidad
morbosa, que culminará con su entrada en la Academia Real Belga de Lengua y
Literatura en 1971, al ser la única mujer en la institución. "Entonces se verán
los oscuros fondos, la voluntad de exclusión de estos comentarios asesinos
aunque pretendan ser elogiosos", escribe Josyane Savigneau en su biografía de la
escritora.
Volveremos sobre este tema más adelante, pero quede aquí reflejada, de
momento, la espinosa cuestión de la homosexualidad en la historia de Antínoo,
que ha sido a menudo un elemento de distorsión interpretativa de las obras
literarias que se han basado en su figura.
5. Pessoa, Marguerite Yourcenar, Antínoo y dioses
El poema Antínoo, que no es de los más brillantes de Pessoa, es sin embargo
una referencia indiscutible de su producción en inglés. Toda esta producción
sigue siendo considerada un enigma. Ángel Crespo se pregunta por el sentido de
publicar cuatro libros en inglés en tan sólo cuatro años, un idioma que muy
pocos portugueses eran capaces de leer en aquella época, y unos poemas que, tal
como confesaba el mismo Pessoa, por su carácter obsceno eran impublicables en
Inglaterra. A esto hay que añadir la peculiaridad del inglés en Pessoa: un
inglés arcaizante, no contemporáneo, síntesis de la lengua literaria del periodo
victoriano con fuertes rasgos de la etapa isabelina y con pretendidas
resonancias shakesperianas. No hay que olvidar que Pessoa, en sus estudios de
bachillerato en Durban (África del Sur) se interesó mucho por el periodo
isabelino de la literatura inglesa (1580-1660), y que se formó en aquellos años
decisivos leyendo sobre todo a Byron, Keats, Milton, Shakespeare, Dickens,
Macaulay, Carlyle y Poe. El mismo Pessoa reconoció que había leído antes a
Milton que a Camoens. Para Crespo, la explicación más verosímil parece ser "el
irrenunciable deseo de llegar a ser un notable poeta en inglés", afirmando que
"no lo consiguió, y éste fue tal vez el más notable y previsible de sus
fracasos". Pero lo cierto es que, por esas fechas, Pessoa ya había conquistado
la notabilidad como poeta y crítico portugués gracias a su obra ortónima y a la
de Álvaro de Campos.
El poema Antínoo es difícil de leer debido a la buscada artificiosidad del
discurso y a las rarezas y ambigüedades de su léxico. El estilo utilizado no es
quizás lo más logrado de su autor. Para Luis A. Díez y José Luis Parga, "hay
algunos altibajos y lugares comunes, aunque se mantiene en general la altura y
la inspiración". Para Ángel Crespo "es una composición perfectamente construida,
pero que se resiente de la falta de variedad de motivos y de su lento y
reiterativo desarrollo". En efecto, el poema resulta demasiado largo, y da la
impresión de que la repetición de motivos responde a una obsesión del poeta por
ellos. La repetición es un concepto clave en el poema, ya desde su misma
elaboración métrica. Para componerlo, Pessoa recurrió al yambo, un antiguo pie
de la poesía griega y latina compuesto de dos sílabas, la primera breve y la
otra larga, dotando al poema de un intenso y constante ritmo que, como después
se verá, está relacionado con el tema de la lluvia. Vemos por ejemplo, en el
primer verso de este poema, cómo se aplica el yambo y sus resultados en el
ritmo:
The-rain-out-side-was-cold-in-Ha-drian-soul
La aparición de versos cortos entre una mayoría de largos, el abundante uso
de paralelismos, la aparición de las mayúsculas en palabras como Nature, Death,
Time, Fate, Morn, Beauty, o Love, así como la rima consonante y el exceso de
cultismos, confieren al poema su tono arcaizante, esa artificiosidad elegante
que en algún momento pudiera recordar el tono y la inspiración de los textos de
Ricardo Reis, pero que al mismo tiempo es tan distante en el tema y en la misma
impronta que, inevitablemente, deja la lengua inglesa de resonancias
isabelinas.
Y sin embargo, el elemento que más resaltó Pessoa de su poema Antínoo fue su
obscenidad manifiesta. Ya hemos visto que lo calificaba, junto con Epitalamio,
de "muy indecente, y por tanto, impublicable en Inglaterra". Efectivamente, la
obscenidad en Antínoo no es una cuestión de matices ni de interpretaciones: es
clara y aparece a lo largo de todo el poema, especialmente a partir del verso
131. Otra cosa será el sentido y la intencionalidad de esta obscenidad, de la
que a continuación ofrecemos algún ejemplo, en el inglés original para así
apreciar también lo dicho con anterioridad respecto al yambo, los paralelismos,
la rima y el léxico:
Thus did the hours slide from their tangled hands
And from their mixed limbs the moment slip.
Now were his arms dead
leaves, now iron bands;
Now were his lips
cups, now the things that sip;
Now were his eyes too closed and now too
looking;
Now wee his uncontinuings frenzy
working;
Now were his arts a feather and now a
whip.(5)
Epitalamio fue escrito en la misma fecha que
Antínoo, y publicado
conjuntamente, pero el elemento obsceno es aún mucho más evidente. Este también
excesivamente largo poema describe la inquietud y las fantasías eróticas de una
novia ante su inminente boda, así como las reacciones que este mismo hecho
desata en el novio y en los lujuriosos invitados. Según Ángel Crespo, su sentido
puede ser "provocar el rechazo del sexo mediante la exposición de su pretendida
exclusiva bestialidad". Sea como fuere lo cierto es que también hay aquí una
vivencia angustiada y agónica de la propia sexualidad. Pessoa solía referirse a
estos dos poemas conjuntamente; así lo hizo por ejemplo en una carta que envió a
su amigo y biógrafo Gaspar Simôes, fechada el 18 de noviembre de 1930, y que
resulta esclarecedora para descifrar el significado de tanta pretendida
obscenidad:
"Una explicación. Antínoo y Epitalamio son los únicos poemas (o, incluso,
composiciones) que yo he escrito que son claramente lo que se puede llamar
obscenos. Hay en cada uno de nosotros, por poco que se especialice
instintivamente en la obscenidad, cierto elemento de este orden cuya cantidad,
evidentemente, varía de hombre a hombre. Como esos elementos, por pequeño que
sea el grado en el que existen, son un estorbo para algunos procesos mentales
superiores, he decidido, por dos veces, eliminarlos por el sencillo
procedimiento de expresarlos intensamente. Es en esto en lo que se funda lo que
será para usted la violencia enteramente inesperada de obscenidad que en estos
poemas se revela. No sé por qué escribí cualesquiera de ellos en inglés..."
.
¿Entonces todo se reduce a una pretendida función catártica de los poemas,
para los cuales se utilizó la lengua inglesa sin motivación consciente? J. de
Sena considera que no es la única explicación posible, y que el mismo Pessoa
parece admitirlo en el siguiente párrafo de esta carta:
"Otra explicación. Los dos poemas citados forman, con tres más, un pequeño
libro que recorre el círculo del fenómeno amoroso. Y lo recorre en un ciclo al
que podríamos llamar imperial. Así, tenemos: (1) Grecia, Antinous; (2) Roma,
Epithalamium; (3) Cristiandad, Prayer To A Woman's Body; (4)Imperio Moderno,
Pan-Eros; (5) Quinto Imperio, Anteros. El contenido de los poemas no es lo que
define a los "imperios" a los que aluden. Así, Antinous, que es griego en cuanto
al sentimiento, es romano en cuanto a la situación histórica. Epithalamium, que
es romano en cuanto al sentimiento, que es la bestialidad romana, es, en cuanto
al asunto, una sencilla boda en cualquier país cristiano; y lo mismo sucede con
los otros tres poemas, o más bien, sucede indirectamente, pues ninguno de ellos
tiene una situación precisa en el tiempo, sino sólo en el sentimiento. Cuando
digo que los dos primeros son los únicos claramente obscenos no digo mal"
Vemos entonces que Antínoo está también relacionado con el sebastianismo de
Pessoa y su proyecto de Quinto Imperio, que una cierta función catártica
referida a la necesidad de expresar una obscenidad "que puede ser un estorbo
para otros procesos mentales superiores" no excluye otras significaciones y
sentidos. Por cierto, que los tres últimos libros de los que habla el poeta o no
fueron escritos o terminados, o bien los destruyó su autor o no han aparecido
hasta ahora.
Todo este encuentro con la obscenidad latente y patente en el poema deja de
manifiesto, como ya se ha dicho, una vivencia traumática de la propia
homosexualidad. Poco se sabe de la vida de Fernando Pessoa fuera de la de sus
heterónimos, pero basta echar un vistazo a la selección de cartas recopiladas
por Antonio Tabucchi que el poeta envió a su novia Ophelia Quiroz, para darnos
cuente de que existió una constante agónica en su vida con respecto al
sentimiento amoroso. Esto se plasma evidentemente en el poema Antínoo, y en
general, tal como recuerda Ángel Crespo, en toda su obra poética en lengua
inglesa, para desaparecer como tal en el resto de su producción literaria. En
Antínoo hay una exaltación de la sexualidad desde los elementos presentes, como
ya hemos visto con algún ejemplo, hasta los elementos ausentes, que sólo
aparecen cuando el receptor activa ciertas significaciones del texto. Es el
caso, por ejemplo, de la asimilación de Antínoo con ciertos dioses, cada uno de
los cuales connota unas implicaciones concretas.
Como es bien sabido, al ser deificado Antínoo se asimiló a dioses ya
existentes, lo que contribuyó a hacerlo más popular. Sobre todo, se le asoció a
Osiris, Dionisos y Hermes. Estos tres dioses tienen en común poderes sobre el
mundo de los muertos. Hermes era el guía de las almas que Persefone había
devuelto a la luz. Osiris y Dionisos sufrieron, murieron y resucitaron, y ambos
conocieron la severidad del inframundo para rescatar a sus parientes de la
muerte. En estas historias hay un paralelismo evidente con la historia de
Antínoo. Sin embargo, ninguno de estos dioses aparece nombrado en el poema de
Pessoa. Antes bien, Antínoo aparece comparado con Apolo, Adonis y Ganímedes. Los
dos primeros son símbolos de la belleza masculina, de la apariencia, de la
forma. Ganímedes aporta además una connotación claramente sexual: fue un
príncipe troyano, también muy bello, que fue transportado al Olimpo para
sustituir a Hebe como copero de los dioses, convirtiéndose así en el favorito de
Zeus.
Curiosamente, Antínoo había sido comparado con Ganímedes realmente, pero en
vida, y con una cierta intención peyorativa. Eran los tiempos en que Adriano
estaba en plena furia megalomaníaca, hasta el punto de que se había
autoproclamado dios. Entre los años 128 y 129 hubo una atmósfera continua de
festivales, celebraciones, ceremonias, audiencias y banquetes. En tal ambiente
de prosperidad económica y cultural, Adriano se atrevió a instituir su propio
culto comparándose con Zeus, dios de dioses. Esto fue una extravagancia del
emperador, pues lo normal era que se asimilaran a dioses sólo después de haber
muerto. Aunque el culto Adriano-Zeus se celebró en Grecia y en Asia Menor, en
Roma fueron reticentes a aceptarlo, e incluso molestó en los altos círculos de
la clase política. Para desprestigiar al emperador y burlarse de él, se empezó a
comparar a Antínoo con Ganímedes. Al parecer, esta comparación hizo sufrir
bastante al joven bitinio, que se consideraba retratado como un mero utensilio
de carácter sexual. Dieciocho siglos más tarde, Pessoa recupera esa antigua
asociación que se había ido perdiendo peso a medida que el culto del nuevo dios
se extendía por el imperio. Posiblemente, Pessoa no conocía esta historia, y
asoció la figura de Antínoo a la de Ganímedes de forma espontánea, pero eso, sin
embargo, sigue indicando que la connotación sexual del personaje es importante,
algo que se refuerza además con la aparición, como ya se ha dicho, de Apolo y
Adonis.
Todo esto cobra mayor relevancia si se compara con el tratamiento dado a este
mismo tema por Marguerite Yourcenar, que fiel a la documentación histórica con
la que trabajó, asocia continuamente a Antínoo con Hermes y Osiris, dioses cuyas
leyendas se relacionan con la vida y la muerte, pero no con aspectos
sexuales.
En general, podemos decir que el aspecto sexual en la obra de Marguerite
Yourcenar es absolutamente secundario, mientras que en Pessoa es primordial e
imprescindible. La escritora no hace referencias sexuales explícitas, pero
tampoco implícitas, lo que no significa que las rehuya, sólo que les quita
importancia. De hecho, la visión del amor de Adriano, un personaje sin duda
voluptuoso y amante del placer, trasciende la carnalidad cuando se refiere a
Antínoo. Ya en el primer capítulo de las Memorias ofrece una visión del amor
que, aunque no nombra a Antínoo, está sin duda relacionada con él: "de tous nous
jeux, c'est le seul qui risque de bouleverser l'âme", y "ce jeux mysterieux que
va de l'amour d'un corps à l'amour d'une personne m'a semblé assez beau pour lui
consacrer une part de ma vie". El amor es un juego, sí, pero peligroso, porque
arriesga el alma y viaja del cuerpo a la persona, porque es "un evahissement de
la chair par l'esprit". En otra ocasión dirá que el amante es "l'amateur de
vérites".
Históricamente se ha tratado de desentrañar el tipo de relación que se
estableció entre Adriano y Antínoo, y en concreto, el elemento sexual ha sido
bastante tratado. Como ya hemos visto, en determinadas épocas se intentó obviar
todo tipo de implicación sexual en la historia, e incluso llegó a decirse que
Antínoo era hijo ilegítimo de Adriano y que, por tanto, la relación entre ambos
respondía a los patrones de la relación tradicional padre-hijo. Aunque sin duda
hubo un cierto carácter paternal (Adriano no tenía hijos) y de erastes
(pretendió inculcar enseñanzas al joven Antínoo), el amor de Adriano fue mucho
más allá de esto, según asegura el historiador Royston Lambert, y seguramente
incluyó mucho sexo y pasión.
El hecho de que tanto Pessoa como Marguerite Yourcenar acepten esta vertiente
de la relación es ya de por sí significativo. Pero las diferencias con que lo
hacen también resulta importante para delinear la visión con que cada uno de
ellos enfocó tan hermosa historia, así como el porqué y el sentido de esta
visión.
6. La causa de la muerte de Antínoo.
El misterio que envolvió la muerte de Antínoo imprimió desde el principio a
la historia un aire de leyenda que contribuyó a hacer más rápida la expansión
del mito. Joseph Campbell ha hablado con frecuencia en sus estudios sobre los
mitos del factor renovador de la incógnita, que al ofrecer múltiples
posibilidades de resolución, se adapta y malea según las necesidades de cada
grupo. El caso de Antínoo sería un buen ejemplo para ilustrar esta teoría: cada
grupo, coetáneo en la historia con otros o no, ha ofrecido su propia explicación
sobre la muerte del joven amante del emperador para así hacer suya (poseer) la
historia. Las interpretaciones fueron múltiples desde el principio, y pueden
resumirse de la siguiente manera (se sigue un esquema de Royston Lambert):
1. La muerte de Antínoo fue un accidente: nada históricamente demuestra que
no lo fuera. En la Historia Augusta , año 395, aparece recogido el hecho de esta
forma: "Perdió a su Antínoo mientras navegaban por el Nilo, y lloró por él como
una mujer". No se entra en juicios de valor ni especulaciones, lo cual no era
muy frecuente en la Historia. Sin embargo, si fue un accidente no se comprende
por qué Adriano no lo dijo claramente para acallar así todos los rumores que ya
empezaban a levantarse contra él. Tampoco se explicaría fácilmente la rápida
deificación de un joven muerto como consecuencia de un simple resbalón.
2. La muerte de Antínoo fue el resultado de una conspiración: ante esta
posibilidad se inclinaron los detractores de Sabina, la mujer de Adriano, a la
que él nunca amó, y que, supuestamente, podía sentirse celosa del joven. No
parece muy probable, porque los testimonios que dejó Sabina demuestran que
tampoco ella tuvo jamás interés en Adriano, aparte de que su relación con
Antínoo fue siempre buena. Tampoco parece razonable pensar en una conspiración
política, puesto que Antínoo no tenía este tipo de influencias sobre
Adriano.
3. Antínoo murió desangrado tras haber sido castrado: es una interpretación
de los detractores de Adriano, según los cuales el emperador sometió a su amante
a la castración para poder conservar así su belleza adolescente por más tiempo.
Antínoo murió desangrado y, para evitar que se conociese la verdad, Adriano
mandó arrojarlo al río para oficializar la muerte por ahogamiento. Tampoco es
una interpretación muy plausible: la castración ya no tenía sentido en
Antínoo,
que contaba al menos con 18 años de edad. Además, numerosos documentos
legislativos demuestran que Adriano siempre estuvo en contra de esta práctica, y
que la abolió allá donde pudo.
4. La muerte de Antínoo fue un sacrificio con el visto bueno del emperador:
el primero en sugerirlo fue el historiador romano Dio Cassio, en torno al 210.
Describe la muerte del joven en un contexto de inquietudes religiosas y mágicas.
Esta interpretación fue recogida posteriormente por muchos historiadores, y
tradicionalmente ha sido usada para desprestigiar a Adriano, asignándole una
crueldad innata y una superstición ciega. En favor de la veracidad de esta
interpretación pesan los argumentos de que, por aquellas fechas, Adriano estaba
sumamente preocupado (empezaban a manifestarse los primeros síntomas de la
enfermedad que lo mataría más tarde, a lo largo de su recorrido por Egipto
surgían discrepancias y descontentos entre el pueblo, que había esperado que el
emperador traería consigo milagros y bienestar, comenzaba la sublevación del
pueblo judío, etc.) Todas estas inquietudes le llevaron a consultar a muchos
sacerdotes y oráculos durante su travesía por el Nilo. De la personalidad de
Adriano podemos deducir que no fue particularmente religioso, aunque sí estuvo
muy interesado por los aspectos míticos y mágicos de las culturas de la época
(la iniciación en los ritos de Eleusis cobra una gran importancia en su vida,
así como en la historia de su relación con Antínoo). La creencia de que la
muerte voluntaria de una persona puede salvar la vida de otra o alejar peligros
mortales estaba muy arraigada en la mentalidad y la práctica de la Antigüedad, y
parte de una creencia en el poder regenerativo del amor libremente dado (6).
5. La muerte de Antínoo fue un sacrificio voluntario, pero no querido por
Adriano. Esta interpretación cobra fuerza a partir de las obras de los autores
victorianos, que pretendían recuperar la gloria de la figura del emperador,
sobre todo Rydberg, Dietrichson y, muy especialmente, John Addington Symonds. Ya
hemos visto la influencia que este autor pudo tener en la obra de Pessoa y que
fue una de las fuentes utilizadas por Marguerite Yourcenar para la producción de
su novela. Posiblemente, el sacrificio por el emperador (para alargar su vida,
traer la lluvia, etc.) también incluyó elementos de suicidio o escape ante las
grandes presiones a las que estaba siendo sometido el joven en los últimos
tiempos.
6. Antínoo se suicidó. "Los días de Antínoo como favorito estaban contados",
sentencia Royston Lambert. Así, los cambios en su apariencia física (visibles en
las esculturas y relieves que se le hicieron en vida) parecían marcar el fin de
su condición de eromenos. Adriano, consciente de la gravedad de su enfermedad y
de la necesidad de nombrar un sucesor para el imperio, estaba fijándose más en
su segundo favorito, Lucio (efectivamente, llegaría a nombrarlo sucesor, aunque
su temprana muerte le impidió ejercer el cargo de emperador). Además, ante el
inminente nombramiento del sucesor, Antínoo debió vivir en un clima tenso,
puesto que la figura del favorito siempre había estado ligada a influencias e
incluso a complots y asesinatos. Sin duda, Antínoo estuvo sometido a todo tipo
de presiones, chantajes, sobornos y tentaciones para influir en las decisiones
políticas de Adriano. La posibilidad del suicidio pudo aparecer a los ojos del
joven como el inicio de la libertad, dada la inmortalidad posterior que otorgaba
una muerte en el Nilo. En aquellos días se celebraba el culto a Osiris, algo que
pudo recordarle constantemente la posibilidad de una muerte similar.
Sea como fuere, el caso es que Antínoo murió y que Adriano no ofreció ninguna
explicación acerca del hecho. Todas las incógnitas quedaban abiertas, todas las
interpretaciones podían ser posibles. Y cada una, con una intencionalidad
diferente, responde al espíritu de una época. ¿Cómo se plantean la cuestión
Pessoa y Marguerite Yourcenar?
La francesa intenta ser fiel, en todo momento, a la abundante documentación
histórica de la que dispuso. En su Carné de notes, señala como fuentes de las
"oscurísimas circunstancias" de la muerte de Antínoo un libro de W. Weber, Drei
Untersuchungen zur aegyptish-griechischen Religion , así como el libro de P.
Graindor, Athènes sous Hadrien. En el primero de ellos se ofrece la explicación
del sacrificio como la más plausible, en el segundo, el autor se inclina por el
suicidio. No es la única vez que Marguerite Yourcenar se enfrentaba ante
disyuntivas semejantes, pero si bien en otros casos (origen libre o servil de
Antínoo, participación de Adriano en la guerra de Palestina, fecha de la
apoteosis de Sabina, etc.) tuvo que elegir entre las hipótesis de los
historiadores, "esforzándonos por condicionar la decisión a las buenas razones",
en este caso, dice, "hemos preferido que planeara sobre el relato una cierta
incertidumbre que, antes de comunicarse a la historia, fue sin duda la de la
vida misma". En efecto, Yourcenar se inclina por pensar que ni el mismo Adriano
supo nunca las verdaderas razones de la muerte de su amado, con lo que,
indirectamente, rechaza todas las posibilidades de sacrificio pactado entre
ambos. Adriano se ve sorprendido por la muerte de Antínoo y llora su dolor sin
entender qué es lo que realmente ha pasado. En una ocasión se refiere a aquella
tarde en el Nilo, "dont je ne saurai non plus rien, précisement parce qu'il
m'importerait d'en tout savoir. Le dernier des badauds, à Rome, a son opinion
sur ces épisodes de ma vie, mais je suis à leur sujet le moins renseigné des
hommes"(7). Y más adelante, refiriéndose a un desdichado accidente por el cual
un esclavo suyo perdió un ojo, dirá "Je n'avais pas voulu éborgner ce
misérable.
Mais je n'avais pas voulu non plus qu'un enfant qui m'aimait mourût à vingt
ans"(8).
Y sin embargo, aunque ciertamente "planea la incertidumbre" sobre este
aspecto de la historia, la escritora sí termina tomando partido ante este tema.
No se saben muy bien los detalles, ni las intenciones, pero cada vez parece más
claro a los ojos del emperador (y del lector) que fue el sacrificio voluntario
lo que llevó a la muerte a Antínoo. Y este sacrificio es tomado con escepticismo
y dolor. Marguerite Yourcenar describe las reacciones de Adriano de una manera
muy hermosa.
"Un être insulté me jetait à la face cette preuve de
dévouement; un enfant
inquiet de tout perdre avait trouvé ce moyen de m'attacher à jamais à lui. S'il
avait espéré me protéger par ce sacrifice, il avait dû se croire bien peu aimé
pour ne pas sentir que le pire des maux serait de l'avoir perdu" (9).
Dice en su Carné de notes que para ello se inspiró preferentemente en algunos
pasajes de los Padres de la Iglesia, una gran paradoja (muy hermosa
también).
El caso de Pessoa es bastante más complejo. En su poema no es que planee "una
cierta incertidumbre": es que no hay ni una sola mención a las causas de la
muerte de Antínoo. Pero una cosa sí parece clara: Adriano también se ve aquí
desbordado por esta muerte, lo que indica que no pudo participar en ella. "His
grief is like a rage, for the gods take away the life they give and spoil the
beauty they made live": los dioses arrebatan la vida y arruinan la belleza que
alentaron. Ahora bien, no se habla ni de suicidio, ni de accidente ni de
sacrificio voluntario, las tres posibilidades que en ningún momento se
excluyen.
Sólo un detalle (y somos conscientes de que esta descodificación
del texto podía no estar prevista por el propio Pessoa)podría inclinar la
balanza a favor de la interpretación del sacrificio: es la lluvia que aparece a
lo largo del poema, que amaina entre los versos 64 y 170 para reaparecer
después, otorgando una nueva visión de la muerte, menos traumática, por parte de
Adriano. La lluvia, que se describe como cold, silent y dim, es una constante
que puntea el sentimiento doloroso del emperador y que viene reflejada en el
mismo ritmo del poema mediante la utilización del yambo, como se vio
anteriormente. Pero además, la lluvia puede tener otra significación: ser
símbolo de la razón de ser de la muerte de Antínoo. La historiografía de la
época recoge que el año de la muerte del joven bitinio era el segundo de sequía
en Egipto, y, por tanto, de carestía (la fertilidad de las tierras dependía
principalmente de las crecidas del Nilo). La llegada del emperador había sido
esperada con ansiedad por el pueblo egipcio, que puso todas sus esperanzas en la
supuesta venida de las lluvias junto con el más alto poder del imperio. A medida
que fue desarrollándose el recorrido por el Nilo y la lluvia siguió sin
aparecer, comenzó a crecer un clima de hostilidad en torno a la figura de
Adriano que pudo marcar muy bien el sentido de aquella travesía angustiando al
emperador. Éste, además, sabía que la lluvia era una cuestión de vital
importancia no sólo para preservar intacta su popularidad, sino también, y sobre
todo, para evitar motines de hambrientos que podían extenderse por la totalidad
del imperio, ya que todo su territorio dependía de la importación del grano
egipcio. Adriano, que se sentía impotente ante la necesidad de lluvia, pudo
también ser consciente de su propia y débil mortalidad, de que él no era como
Zeus ni se asemejaba en nada a él. En la mitología egipcia, y así lo explica G.
Harris, se creía que la lluvia podía ser invocada mediante sacrificios humanos,
generalmente de vírgenes y jóvenes, que debían morir ahogados en el Nilo. Esta
pudo ser otra de las causas que llevaran a Antínoo a plantearse su propio
sacrificio. En el poema de Fernando Pessoa, Antínoo ha muerto y está lloviendo:
"The rain fell like a sick affright in Nature at her work in killing him" (La
lluvia caía en aciago desastre de la Naturaleza en su tarea de matarlo), se dice
en un verso. ¿Casualidad? Aunque así sea, creo que merece la pena reseñar esta
posibilidad.
7. Deificación y mitogénesis
Otro punto interesante en este análisis comparativo sería ver de qué manera
se refleja en cada obra la mitogénesis y deificación de Antínoo (construcción
arbitraria de una realidad abstracta) y su sentido. Este tema se relaciona
asimismo con el de la pervivencia del amor más allá de la muerte, y encierra
toda una concepción de la vida, la inmortalidad y la eternidad.
De nuevo, tendremos que hacer un somero resumen partiendo de los documentos
de la época sobre la historia de Antínoo, que han sido recogidos y analizados
por Royston Lambert, Henriette Levillain y Fernando de la Maza, entre otros. Si
bien los homenajes a parientes o amantes fallecidos eran relativamente comunes,
éstos siempre quedaban reducidos a la esfera privada. Adriano, sin embargo, fue
incapaz de mantener en privado su dolor, y pretendió, en cambio, perpetuar la
memoria de Antínoo para las generaciones venideras. Se ha hablado mucho de la
tendencia megalomaníaca de Adriano, y esto puede ser la explicación a la
instalación de un culto tan desorbitado. Elevando a Antínoo a la categoría de
dios demostraba su gran dolor y su amor más allá de lo humano. Pero, ¿creía
realmente Adriano que su amante conseguía así la inmortalidad y la divinidad?
¿Pensó realmente que Antínoo se convertía en un dios tras su muerte? ¿O sólo
actuó llevado por un extravagante capricho, similar al que años antes le había
hecho autoproclamarse dios?. Estas cuestiones jamás podrán resolverse.
Lo que sí parece claro es que también en este caso se desataron
interpretaciones variadas: los partidarios de Adriano creyeron en la sinceridad
de su dolor; los detractores le acusaron de utilizar la figura de Antínoo en su
provecho. Esta última posición se mantuvo a través de los siglos gracias a la
contribución de los autores cristianos, según los cuales, Adriano decidió
deificar a Antínoo fundamentalmente por razones políticas. Según esta
interpretación, la extensión del culto de Antínoo por Egipto, Grecia y Asia
Menor contribuyó a fortalecer el sentimiento de unidad y confianza en el
Imperio. Los griegos sobre todo habían estado deseando durante mucho tiempo un
símbolo: la resurrección de Antínoo se convirtió en el símbolo de la
resurrección de la civilización griega. La misma ciudad de Antínoe, construida
en el distrito central de Egipto, fue un importante asentamiento griego en
cuanto a la organización y la cultura, y al mismo tiempo se convirtió en símbolo
de la unión de los espíritus griego y egipcio bajo la figura del nuevo dios de
ambas culturas: Osiris-Antínoo. "El dios Antínoo sirvió a las necesidades
políticas de Adriano más poderosamente incluso que el joven en vida sirvió a las
amorosas", sentencia Lambert. Posiblemente hay mucho de cierto en la utilización
política del mito (los creadores de mitos, dice Campbell, en su soplo de
creación incluyen el aliento de la ideología), pero, ¿prueba este uso personal y
político del culto de Antínoo la visión de que Adriano actuó sólo como creador
de una realidad abstracta pero que, en su interior, sabía que todo era un
fraude?
Vemos que, tanto en Pessoa como en Marguerite
Yourcenar, el dolor de Adriano
ante la muerte de su amado es auténtico. En las Memorias, cuando se habla de la
construcción de Antínoe, Adriano ofrece sin duda su visión eminentemente
práctica de las cosas, pero eso no es óbice que nos permita desdeñar la
autenticidad de su dolor. Otra cuestión diferente, y muy importante, es la forma
en que el emperador entiende la construcción del mito y la perpetuación del amor
más allá de la muerte.
El poema Antínoo ofrece una particular visión de este fenómeno. Perfectamente
estructurado, casi podría decirse que plantea una función inicial, una función
media y una función final (en terminología de Bremond, aplicada aquí en sentido
muy amplio, casi coincidente con la tradicional distinción
planteamiento-nudo-desenlace), estando cada una de ellas delimitada por el
elemento de la lluvia. Entre los versos 1 a 69 (llueve), Adriano se lamenta de
la muerte de su amado, recuerda los instantes vividos con él y la gran pasión
que los unió, se rebela contra el designio de los dioses y se pregunta qué será
de él sin Antínoo y qué sentido tiene ser dueño de un gran imperio("O
Hadrian,
what will now thy cold life be? What boots it to be lord of men and might?").
Todos los tiempos futuros aparecen en formas negativas ("This human ice no way
of heat can move/ These ashes of a fire non flame can burn"), lo que refleja que
Adriano aún no ha aceptado la muerte de su amado. Además, Adriano se enfrenta a
una situación problemática a la que tendrá que buscar solución: la muerte de
Antínoo es la revelación de su propia inmortalidad ("to Hadrian's eyes, whose
sorrow was a dread": el dolor de Adriano es, sobre todo, terror).
Entre los versos 65 y 170 (la lluvia cesa), Adriano reflexiona acerca de la
muerte y del futuro. Se repiten una y otra vez las mismas ideas, imitando el
propio fluir del pensamiento ante acontecimientos inesperados y dolorosos: hay
incluso un momento de ensoñación en el que el emperador cree tener de nuevo en
sus brazos a un Antínoo vivo.
Por último, entre los versos 170 a 360 (vuelve la lluvia) cambia la
percepción de la muerte ("suddenly" es la palabra que se utiliza para describir
este cambio, que se hace coincidir con el regreso de la lluvia). Es entonces
cuando Adriano decide hacer de Antínoo un dios, construir un mito con su
historia. Pessoa simboliza este proceso de deificación en la construcción de una
estatua, "that will be/ to the continued future evidence/of my love and the
beauty and the sense/ that beauty giveth of divinity". Gracias a la erección de
esta estatua, Adriano consigue asimilar y aceptar la muerte de su amado.
Ay, what I wish thee to be thou are now
Already. Already on Olympic ground
Thou walkes and art perfect yet art
thou,
For thou needst no excess of thee to don
Perfect to be, being
perfection.(10)
En el caso de las Mémoires
d'Hadrien, Marguerite Yourcenar ofrece otra
percepción diferente de las cosas. En todo momento, Adriano es perfectamente
consciente de que la deificación de Antínoo es sólo el mal consuelo para un
acontecimiento terrible. Su acción nace de una desesperación profunda, pero no
encuentra solución posible. Estamos, por tanto, ante un Adriano más escéptico y
pragmático. El dios Antínoo es sólo un artificio que no devolverá la vida al
verdadero Antínoo.
"Si le sacrifice d'Antinoüs avait eté pesé quelque part en ma faveur dans une
balance divine, les résultats de cet affreux don de soi ne se manifestaient pas
encore; ces bienfaits n'étaient ni ceux de la vie, ni même ceux de
l'immortalité. J'osais à peine leur chercher un nom. Parfois, à des rares
intervalles, une faible lueur palpitait friodement à l'horizont de mon ciel;
elle n'embelleissait ni le monde, ni moi-même; je continuais à me sentir plus
détérioré que sauvé".(11)
"Nous en parlions de temps à
autre, mais bien qu'aucun mensonge ne fût proféré, j'avais parfois l'impression de sentir dans nos paroles une certaine
fausseté; la vérité disparaissait sous le sublime. J'étais presque aussi déçu
par Chabrias: il avait eu pour Antinoüs le dévouement aveugle d'un vieil esclave
pour un jeune maître, mais, tout occupé du culte du nouveau dieu, il semblait
presque avoir perdu tout souvenir du vivant. (...) Il me semblait par moments
être le seul homme à s'efforcer de garder les yeux ouverts"(12)
Esta diferencia en el enfoque de la deificación es
trascendental, ya que, como se ha indicado más arriba, incide en temas como la
inmortalidad, la memoria y la pervivencia del amor más allá de la muerte.
8. Antínoo como personaje
Todas estas diferencias (y similitudes) parten de la peculiar concepción que
cada autor tiene del personaje de Antínoo, de cómo cada cual lo enfoca, desde
qué punto de vista y qué funciones le atribuye. Puede ser arriesgado hacer una
afirmación categórica, pero en términos generales podría decirse (o, al menos,
sugerir) que para Pessoa, Antínoo es un personaje plano (coherente, siguiendo la
terminología de Foster) y que para Marguerite Yourcenar es un personaje redondo
(o incoherente).
En el poema de Fernando Pessoa, Antínoo es un personaje arquetípico que
mantiene todas las características propias del modelo al que representa: el
joven andrógino hermoso, objeto y sujeto del placer sensual y diestro en amores
(destreza que compara continuamente con un arte, recordando la antigua acepción
del término arte en sus orígenes griegos). Sobre todo se resalta la belleza del
joven, que se compara continuamente con la de Apolo y la de Ganímedes. La
relación con Adriano está descrita en términos unívocos y transparentes: se
trata de un amor correspondido que jamás se duda (en el poema, siempre se habla
de "our love", haciendo mutuo el sentimiento).
No estamos diciendo con esto que para Pessoa, Antínoo sea un personaje sin
complejidad ninguna, pero sí es cierto que sus características responden a las
del efebo, el eromenos melancólico y triste, con la ambigüedad propia de la
adolescencia y del despertar sexual. En este sentido, conviene resaltar el
siguiente fragmento del poema:
"Beatiful was my
love, yet melancholy.
He had that art, that makes love captive
wholly,
Of being slowly sad among lust's
rages.
Now the Nile gave him up, the eternal
Nile.
Under his wet locks Death's blue paleness wages
Now was upon our wishing with sad
smile."(13)
Al igual que Marguerite
Yourcenar, Pessoa (aunque no siempre) enfoca al
personaje de Antínoo desde la mirada de Adriano, lo que, en principio, podría
favorecer esta caracterización del personaje plano (todos, en nuestra percepción
de los demás, tendemos a asignarles cualidades fijas y a asignar un modelo o
arquetipo a la personalidad a la que nos enfrentamos). Pero en el caso de
Marguerite Yourcenar, la focalización del personaje a través del protagonista de
las Memorias no es adalid para hacer de Antínoo un personaje sin complejidades.
La misma escritora admite que Antínoo "sólo puede verse por reflejo, a través de
los recuerdos del emperador, es decir, con una minucia apasionada y algunos
errores".
Antínoo es, por tanto, un personaje que cambia a lo largo de su relación con
Adriano, un personaje sufriente y agónico, enfrentado a situaciones difíciles y
dolorosas, consciente de su propia debilidad y de la fragilidad de su categoría
de favorito(14). Es, además, un personaje cambiante: vidas sucesivas y vidas
paralelas enfrentadas entre sí en un mismo Antínoo. En su primer encuentro con
el emperador, éste lo describe como "peu lettré, ignorant de presque tout,
réfléchi, crédule". También destaca su presencia silenciosa y fiel, que en
seguida matiza:
"Sa présence était extraoirdinairement
silencieuse: il m'a suivi comme un
animal ou comme un génie familier. Il avait d'un jeune chien les capacités
infinies d'enjoument et d'indolence, la sauvagerie, la confiance. Ce beau
lévrier avide de caresses et d'ordres se coucha sur ma vie (...)cette soumission
n'était pas aveugle; ces paupières si souvent baissées dans l'acquiescement ou
dans le songe se relevaient; les yeux les plus attentifs du monde me regardait
en face; je me sentais jugé". (15)
Además, a medida que avanza el tiempo, la relación cambia porque Antínoo está
cambiando. Marguerite Yourcenar, en boca de Adriano, lo representa con las
siguientes palabras: "peu à peu, la lumière changea". Antínoo comienza a ser
enigmático al propio Adriano, que ve cómo conquista su virilidad y su mayoría de
edad no sólo mediante sus cambios físicos, sino también con la posesión de una
cierta sabiduría:
"l'écolier qui avait appris par coeur à Claudiopolis de longs fragments
d'Homère se passionait de poésie voluptueuse et savante, s'engouait de certain
passages de Platon. Mon jeune berger devenait un jeune prince. Ce n'était plus
l'enfant zélé qui se jetait de cheval, aux haltes, pour m'offrir l'eau des
sources puisée dans ses paumes: le donateur savait maintenant l'immense valeur
de ses dons".(16).
El Adriano de Pessoa no duda en ningún momento de la correspondencia de su
amor, abarca a Antínoo con la totalidad de su mirada y de su recuerdo, hasta el
punto de que es capaz de revivirlo mediante la ensoñación. El Adriano de
Marguerite Yourcenar enfoca a Antínoo con una mirada oblicua, consciente de que
el verdadero Antínoo se le escapa a través de las rendijas del recuerdo, a pesar
de que, como antes se citó, dice ser el único que se esfuerza por mantener los
ojos abiertos ("il me semblait par moments être le seul homme à s'efforcer de
garder les yeux ouverts")
9. Conclusiones
No hay conclusiones definitiva para este tema. Pessoa siempre nos sorprende,
nada más equivocado por tanto que pretender definir, en unas pocas líneas, la
intencionalidad con que fue escrito su poema Antínoo, máxime cuando se trata de
uno de los menos estudiados del autor. Poema menor entre la sorprendente
producción de un poeta universal frente a la novela más famosa y estudiada de
una de las grandes escritoras de todos los tiempos: toda conclusión definitiva
podría conducir al equívoco. Por tanto, sólo se apuntarán aquí una serie de
líneas orientativas acerca de la significación y el alcance de cada obra.
En el poema de Pessoa se refleja la fascinación de su autor por la simbología
mítica. Los personajes Adriano y Antínoo trascienden a los personajes históricos
que realmente existieron en el siglo II, y se llenan de referencias que apuntan
a un cierto modelo o arquetipo. Por eso Antínoo se caracteriza como un personaje
plano, y Adriano, aunque en menor medida, también. Son excusas que el poeta
utiliza para plasmar una serie de temas que le inquietan: desde la construcción
del mito ("deseo ser un creador de mitos, que es el misterio más alto que puede
obrar alguien de la humanidad", dijo en una ocasión), pasando por el amor y la
sexualidad, la muerte y la inmortalidad. En su poema se percibe un tono
romántico (utilizando este concepto con todas sus consecuencias), agónico,
catártico, solemne. El mismo lenguaje que utiliza y el uso del inglés isabelino
nos recuerda a las grandes elegías de la Antigüedad. Pero Pessoa, ya se dijo
antes, siempre nos sorprende. ¿Qué quiso decir realmente con Antínoo?. Tal vez
en dos de sus versos se encierre el secreto:
When love meets death we know not what to
feel.
When death foils love we know not what to know.(17)
En el caso de Marguerite Yourcenar el uso de los personajes es radicalmente
diferente. La francesa se sentía fascinada por la figura del emperador, y si
Antínoo aparece en la novela es porque realmente formó parte de la vida de
Adriano. Antínoo aparece como tema dramático, pero no es el centro del libro, ni
su historia es reflejada como la más importante en la vida de Adriano.
Marguerite Yourcenar opta por restar sustrato mítico a la tragedia de la muerte
del joven, y prefiere convertir la historia en humana, mediante el
cuestionamiento mismo de la utilidad de la deificación de Antínoo y el
escepticismo de Adriano. Marguerite Yourcenar se siente atraída por las figuras
históricas, por el Adriano que fue, por el hombre, no por el símbolo. Todo esto
lo explicó ella misma en el mismo Carné de notes que acompaña a las Memoires y
en numerosos escritos y cartas. Conviene resaltar especialmente la famosa frase
de Flaubert (famosa sobre todo gracias a Marguerite Yourcenar) que, según ella,
fue la que guió en todo momento la escritura de las Memoires d'Hadrien: "Cuando
los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento
único, desde Cicerón a Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre".
"Si decidí escribir estas Memorias de Adriano en primera persona, fue para
evitar en lo posible cualquier intermediario, inclusive yo misma. Adriano podía
hablar de su vida con más firmeza y más sutileza que yo", dirá más adelante. El
uso del narrador homodiegético es por tanto una opción para dejar más libre al
personaje, librándole de la dependencia del autor. Marguerite Yourcenar no
trata, por tanto, de atribuir sus propias significaciones a la historia del
Adriano que fue, no trata de interferir con sus opiniones... ¿Por qué entonces
no escribió una simple biografía?. También Marguerite Yourcenar nos sorprende,
no nos permite atar cabos. Como dice Henriette Levillain, a pesar de todas las
precauciones que tomó la escritora para dejar libre a su personaje (se enfurecía
ante aquellos que le decían "Adriano es usted") no pudo evitar infiltrarse en él
a través de un sutil proceso de ósmosis. A menudo, se tiene la sensación de que
Marguerite Yourcenar habla por boca de Adriano. Con esto, no hay duda, Adriano
deja de ser sólo el personaje histórico que revive gracias a la pluma de una
escritora francesa. Su memoria, al igual que en el caso de Pessoa, vuelve a ser
utilizada. Pero desde luego, con diferente fines.
Notas:
(1) Estos dos escritores fueron "auténticas bestias negras" del heterónimo
Antònio Mora (en palabras de Ángel Crespo), que los consideraba cristianos
disfrazados de paganos.
(2) Según la Historia Augusta
(Scriptores Historiae Augustae), escrita entre
el 290 y el 320, compendio de las biografías de 30 emperadores romanos.
(3) También ese pudo ser el origen del rechazo que en Roma siempre hubo a la
figura de Antínoo, según F. de la Maza. Se consideró que el joven Antínoo estaba
influyendo demasiado en la personalidad del emperador.
(4) Oscar Wilde, curiosamente, se divertía rodeándose de jóvenes hermosos o
decorándose, en ocasiones, con galas de emperador romano.
(5) "Y así de sus manos trabadas huían las horas/ y de entre sus piernas
mezcladas resbala el instante,/ ya hojas muertas eran sus brazos, ya cintas de
hierro,/ ya copas sus labios, ya aquello que liba;/ ya estaban sus ojos a todo
cerrados, ya demasiado mirando;/ ya se entregaba a su loco vaivén;/ ya una pluma
eran sus artes, ya un látigo"
(6) Eurípides, por ejemplo, cuenta la historia de Alcestis sacrificándose
para recuperar la vida de Admetus. Cuando los emperadores Augusto y Calígula
estuvieron enfermos, mucha gente ofreció su vida por ellos, e incluso se
consumaron multitud de sacrificios. Tanto Adriano como Antínoo conocían bien
estas historias, y nada impide pensar que pactaran de mutuo acuerdo alguna forma
de muerte bajo el patrón del sacrificio "del Hijo por el Padre", también
presente en el Cristianismo.
(7) "de la que tampoco sabré jamás nada, precisamente porque me importaría
tanto saberlo todo. En Roma, hasta el último charlatán tiene una opinión formada
sobre estos episodios de mis vida, mientras yo sigo siendo el menos informado de
los hombres".
(8) "No había querido dejar tuerto a aquel miserable. Pero tampoco había
querido que un niño que me amaba muriera a los veinte años".
(9) "Un ser insultado me arrojaba a la cara aquella prueba de devoción; un
niño, temeroso de perderlo todo, había hallado el medio de atarme a él para
siempre. Si había esperado protegerme mediante su sacrificio, debió pensar que
yo lo amaba muy poco para no darse cuenta de que el peor de los males era el de
perderlo".
(10) "¡Ay! lo que quise que tú fueras ya ahora lo eres tú/ por fin. Por fin
en olímpicos suelos/ caminas y eres perfecto, siendo aún tú,/ pues de ti no
necesitas llevar exceso alguno/ ni perfecto tú ser, siendo tú perfección".
(11) "Si el sacrificio de Antínoo había sido pesado a mi favor en alguna
balanza divina, los resultados de aquel horrible don de sí mismo no se
manifestaban todavía; sus beneficios no eran los de la vida, y ni siquiera los
de la inmortalidad. Apenas me atrevía a buscarles un nombre. A veces, a raros
intervalos, un débil resplandor palpitaba fríamente en el horizonte de mi cielo,
sin embellecer el mundo ni a mí mismo; seguía sintiéndome más lacerado que
salvado".
(12) "Hablábamos de él algunas veces, pero nunca jamás se dijera una mentira,
tenía a veces la impresión de que nuestras palabras se teñían de cierta
falsedad; la verdad desaparecía bajo lo sublime. También Chabrias terminó por
decepcionarme; había tenido por Antínoo la ciega abnegación de una anciano
esclavo por su joven amo, pero tanto lo ocupaba el culto del nuevo dios, que
parecía haber perdido casi por completo el recuerdo del ser viviente. (...) a
veces me parecía ser el único que se esforzaba por seguir teniendo los ojos
abiertos".
(13) "Hermoso era mi amor, aun su melancolía,/ Tenía esas mañas que a amor
del todo hacen cautivo,/ de estar un poco triste entre furias lujuriosas./ Ahora
el Nilo lo devuelve, eterno Nilo./ Bajo sus húmedos bucles la azul lividez de la
Muerte/ batalla libra ya a nuestro deseo con sonrisa triste".
(14) Tan variadas han sido las interpretaciones sobre Antínoo que se le ha
llamado "el camaleón del arte antiguo", Las disyuntivas entre inocente o
vicioso, ingenuo o coqueto, reticente o franco, realista o soñador, han planeado
siempre en el mundo del arte, haciendo en todo caso de Antínoo un personaje
bastante complicado y nada plano.
(15) "Su presencia era extraordinariamente silenciosa; me siguió en la vida
como un animal o como un genio familiar. De un cachorro tenía la infinita
capacidad para la alegría y la indolencia, así como el salvajismo y la
confianza. Aquel hermoso lebrel ávido de caricias y de órdenes se tendió sobre
mi vida. (...) Y sin embargo aquella sumisión no era ciega; los párpados, tantas
veces bajados en señal de aquiescencia o de ensueño, volvían a alzarse; los ojos
más atentos del mundo me miraban en la cara; me sentía juzgado...".
(16) "El escolar que en Claudiópolis había aprendido de memoria largos
fragmentos de Homero, se apasionaba ahora por la poesía voluptuosa y sapiente,
entusiasmándose con ciertos pasajes de Platón. Mi joven pastor se convertía en
un joven príncipe. No era ya el niño diligente que en los altos se arrojaba del
caballo para ofrecerme, en el cuenco de sus manos, el agua de la fuente; el
donante conocía ahora el inmenso valor de sus dones".
(17) "Si amor encuentra a la muerte, no sabemos qué sentir./ Si muerte
frustra a amor, no sabemos qué saber".
|