Sara Mesa Villalba

"De nuestro amor la imagen cruzará los tiempos.

Del pasado, blanca, surgirá y habrá de ser

eterna, como victoria de romanos,

y en cada corazón rabia pondrá el futuro

de nuestro amor coetáneo no haber sido"

Fernando Pessoa (Antínoo)

"El dios no me pagaba al viviente perdido"

Marguerite Yourcenar, (Memorias de Adriano)


1. La verdadera historia

Antínoo fue un joven bitinio perteneciente a la corte del emperador romano Adriano, del que llegó a convertirse en favorito y amante. En el año 130 d. C., cuando contaba con unos 18 años de edad, murió ahogado en el Nilo. Las causas de esta muerte jamás fueron esclarecidas, aunque la mayoría de los indicios apuntan a que debió tratarse de un suicidio, posiblemente teñido con los ingredientes míticos y mágicos de un sacrificio para alargar la vida del emperador. Al morir Antínoo, Adriano, preso de un gran dolor, quiso perpetuar su memoria para la posteridad, y lo hizo utilizando todos los medios de los que podía disponer: en el año 132 fundó en su honor, sobre las ruinas de Besa (lugar en el que fue hallado su cadáver) la ciudad de Antínoe, que se levantó en sólo cuatro años y que se convirtió en una importante ciudad romana y bastión de la cultura grecolatina en Egipto. También acuñó monedas con su efigie, hizo esculpir relieves, bajorrelieves y estatuas - muchas de las cuales llevaba consigo cada vez que cambiaba de residencia -, fundó juegos y fiestas en su nombre, construyó templos, instituyó su propio culto y sus propios sacerdotes, e incluso puso su nombre a una constelación de estrellas bajo la cual creyó ver la nueva forma del joven amado.

Hacia el año 134, su culto se había extendido por todo el mundo mediterráneo y penetrado mucho más allá de las fronteras del Imperio. Las imágenes de Antínoo encontradas en lugares tan distantes entre sí como el Cáucaso, Gran Bretaña, la costa norteafricana, Francia, Holanda, España y Yugoslavia así lo demuestran. Al menos cuarenta ciudades lo veneraron, una docena tenían cultos específicos y siete celebraban juegos regulares en su honor. Más de treinta usaron monedas con su efigie grabada.

En su ascenso al Olimpo, el nuevo dios fue relacionado sobre todo con el dios egipcio Osiris (que también había muerto ahogado en el Nilo, y que después resucitó trayendo fertilidad a la tierra) y con su equivalente helénico Dionisos, además de con Hermes (a cuyas súplicas escuchan los dioses y que tiene el poder de rescatar a los mortales de las sombras eternas), Apolo, Mercurio, Esculapio y Ganímedes. El culto del que se llamó Dios Amable duró al menos hasta el siglo V, pero su memoria permanece viva hoy día, ya que ha sido considerado por muchos críticos de arte (M. Reinach, F. de la Maza) como la última creación ideal del arte antiguo y el último dios del mundo clásico.

Antínoo consagró el tipo ideal de belleza masculina de carácter adolescente, que también refleja rasgos femeninos: joven lampiño, con cabellera rubia y con bucles, largas pestañas y aire melancólico. Gracias al proceso de deificación al que lo sometió Adriano tras su muerte (y que derivaría posteriormente en un proceso de mitificación o mitogénesis), Antínoo ha sido desde el siglo II fuente de inspiración de artistas, sobre todo escultores y pintores, pero también músicos, novelistas y poetas.

Según el historiador británico Royston Lambert "fue el escándalo lo que mantuvo despierta la memoria de Antínoo". Sin duda, la oposición de importantes figuras capaces de determinar el canon cultural en aquella época, como los Padres de la Iglesia, contribuyó a la pervivencia actual del mito de Antínoo. Pero no es menos cierto que las dos fuerzas básicas que convergen en la historia del joven bitinio con el emperador romano con el cual el Imperio comenzó una era de paz, armonía y prosperidad, esto es, el amor y la muerte, han sido determinantes para explicar la rápida asimilación, popularidad y notoriedad del nuevo dios. De otra manera, no se entiende cómo fue posible su rápido ascenso al Olimpo, a pesar de no poseer antecedentes históricos, sangre noble ni hazañas heroicas, además de ser griego, originario de la dependiente región de Bitinia, y no romano. Indudablemente, Adriano hizo todo lo posible para perpetuar la memoria de Antínoo, pero lo normal hubiera sido que el culto del nuevo dios no sobreviviera al emperador, como sin embargo sucedió.

La historia de la relación entre Adriano y Antínoo y el trágico fin de este último posee un gran atractivo que ha venido ha reflejarse y perpetuarse en el arte. Esta historia es más que un misterio de amor y muerte engrandecido por la tendencia megalomaníaca de Adriano en su necesidad de mostrar al mundo su dolor. La propia personalidad enigmática de Antínoo, su muerte aún sin explicar, la pasión obsesiva de Adriano, harán siempre inusual esta historia.

Joseph Campbell dijo que los mitos son creaciones artísticas que vienen a satisfacer los sentimientos religiosos y las necesidades de mucha gente de todos los estratos sociales. Así sucedió con la historia de Antínoo, un dios que no fue sólo una creación de la fantasía imperial o la mera fabricación de un mito, sino también el símbolo del renacimiento de la civilización griega y de la armonía establecida con el poder de Roma. Representó además un momento de equilibrio entre las fuerzas de lo antiguo y lo nuevo, entre el pasado y el futuro, la organización romana y la cultura griega, la religión clásica y las creencias mágicas y oscuras del este.


2. Antínoo en la historia y en la literatura

En el proceso de mitificación (mitogénesis) de Antínoo hemos podido distinguir varias fases. La primera de ellas, la que se dio inmediatamente después de la muerte del joven y hasta la muerte del mismo Adriano, responde a las ansias del emperador de manifestar su dolor y elevar a Antínoo a la categoría de dios. En estos ocho años (Adriano murió en el 138) los poetas de la corte imperial se apresuraron a perpetuar para la posteridad el mito del nuevo dios. Los escultores, provenientes de Grecia, Asia Menor, Italia y Egipto principalmente, crearon tal cantidad de imágenes de Antínoo que se ha llegado a decir que nunca en la Antigüedad se habían producido tantas esculturas de una sola persona en tan corto periodo de tiempo (unas 2000 en tan sólo ocho años). Esta primera fase, por tanto, es de expansión, en la que el culto del nuevo dios fue propagado rápidamente por todo el Imperio e incluso más allá de sus fronteras.

La segunda fase, que nace con la primera pero se prolonga mucho más allá de ésta, es la que comienza el proceso de mitificación propiamente dicho. En este caso, a través de la oposición y el escándalo. Sobre todo tras la muerte de Adriano, la mayor oposición vino del cristianismo. Los Padres de la Iglesia consideraron a Antínoo como el símbolo de la depravación sexual, y se indignaron ante la comparación que los devotos del nuevo dios (joven, sacrificado y resucitado, dios de Bitinia) hicieron con Cristo (también joven, sacrificado y resucitado, dios de Nazaret). Aunque el cristianismo fue el principal responsable del declive del culto, contribuyó también a configurar más adelante una nueva leyenda en torno a Antínoo, destacando determinadas características y suprimiendo otras, buscando de este modo en la historia una interpretación moralizante. Antínoo se convertía así en el símbolo de la belleza corrompida, considerado culpable por su pecado pero, al mismo tiempo, compadecido por su destino; en definitiva, la imagen del joven corrompido. Las descripciones de Atanasio del año 350, padre y doctor de la Iglesia y patriarca de Alejandría, fueron muy famosas en su tiempo, y contribuyeron a crear una nueva imagen estética del mito, más depurada. Paralelamente, sobre Adriano recaía el peso de la culpa, al considerársele el corruptor y responsable directo de la muerte de Antínoo para beneficiarse de su sacrificio. Además, Antínoo era caracterizado como un esclavo (todos los indicios indican que no lo fue, pero aún así nada puede asegurarse a este respecto), y por tanto sometido a los designios del emperador, al que se acusaba también de manipular la memoria del joven para su propio provecho, consiguiendo un equilibrio entre las culturas griega y romana por el papel unificador del nuevo dios. La idea del sacrificio y el sufrimiento encajaba mucho más con la moral cristiana del momento.

Esta imagen depurada se mantuvo hasta bien entrado el siglo XVIII. Pero a partir de entonces, en una última fase, comenzó a revisarse la historia de Adriano y Antínoo, al aparecer los primeros estudios serios y científicos sobre la relación que mantuvieron el joven y el emperador, que además de reavivar el escándalo, difundieron un nuevo culto estético. El difusor de esta nueva estética fue el alemán Wincklemann, el primer historiador moderno de arte griego, que popularizó a mediados del siglo XVIII la imagen de Antínoo como la de un joven "melancólico". John Addington Symonds, con su obra Sketches and Studies in Italy and Greece (1898), rompió con una tradición de biografías de Adriano en la que todas las referencias a Antínoo eran omitidas. Se trataba del nacimiento de una reivindicación estética de la historia de la relación entre el emperador y el joven. Antínoo volvía a aparecer en la literatura, esta vez bajo una luz diferente. Su figura inspiró, entre otros, a Oscar Wilde, Schiller, Goethe, Stefan George..., y ya en el siglo XX a los autores de las dos obras que aquí se van a analizar: Fernando Pessoa, con su poema Antínoo y Marguerite Yourcenar, con sus Memorias de Adriano.

Al basarse en una historia real pero sobre la que aún planean algunas incertidumbres, la interpretación de los hechos que aparece en cada obra literaria cobra gran importancia. La caracterización de la relación que sostuvieron los dos personajes históricos, su implicación sentimental y sexual, la enigmática personalidad de Antínoo y la complejidad del pensamiento de Adriano, la hipotética condición esclava o servil del joven, el oscuro motivo de su muerte, la autenticidad del dolor de Adriano y la finalidad de la construcción del dios son sólo algunos de los elementos ante los que los autores tendrán que definirse, lo que dirá mucho acerca de la intencionalidad de la obra y de su visión estética predominante.

Comparar el poema Antínoo, escrito por Pessoa en 1915 (cuando contaba sólo con 27 años de edad) y publicado en 1918 en Lisboa, con el tratamiento dado al tema de Antínoo en las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, escritas entre 1949 y 1951 (cuando la autora tenía 46-48 años), aunque iniciadas en forma de borradores desde 1924, resulta interesante porque ponemos frente a frente dos concepciones de la literatura y de la vida muy diferentes. El solitario poeta portugués recluido en Lisboa, y representante al mismo tiempo de uno de los casos de multilingüismo más curioso de la literatura moderna, frente a la escritora francesa, altiva y orgullosa, que amaba con locura los viajes ("esa continua conmoción de los prejuicios", como puso en boca de Adriano): dos magníficos escritores de gran genialidad e impecable estilo.

 


3. Dos grandes de la literatura

Antínoo es un largo poema de 360 versos que fue publicado en Lisboa en 1918, y que se inscribe en toda una tradición decimonónica de reivindicación estética de algunos aspectos de la Antigüedad. Según el estudioso de Pessoa J. de Sena, esta tradición surge en 1898 con la publicación del ya mencionado libro de John Addington Symonds, Sketches and studies in Italy and Greece, obra que fue una de las más importantes fuentes de la figura del favorito del emperador Adriano.

El poema es un ejemplo del peculiar multilingüismo pessoano, ya que forma parte de su colección de poemas ingleses. Aunque el poeta nunca pisó suelo inglés, su estancia cuando niño en África del Sur y una clara conciencia de que si no se conoce más que el propio idioma se es prácticamente analfabeto (siguiendo la línea marcada por otros intelectuales, como Goethe), le hicieron optar por la lengua inglesa para escribir algunos de sus poemas.

Los versos ingleses de Pessoa han sido a menudo minusvalorados por la crítica. Sin embargo, tal como indican Luis A. Díez y José Luis Parga, el propio poeta tenía una gran apego a estos poemas, ya que de los cinco libros que publicó en vida, cuatro eran de versos ingleses. Octavio Paz ha dicho que la influencia sajona en Pessoa fue "una constante en su vida y en su obra".

Que el poeta escribiera indistintamente en una lengua u otra (también a veces lo hizo en francés) no es más que otra muestra de su capacidad de multiplicidad de registros. Es difícil aceptar el origen común de sus versos ingleses, a menudo artificiosos y arcaizantes tanto en tema como en el uso del lenguaje, con, por ejemplo, los poemas futuristas de su heterónimo Álvaro de Campos o sensacionistas de Alberto Caeiro. Curiosamente, el poema Antínoo se publicó en la misma época en que fue escrito O Guardador de Rebanhos y los poemas latinizantes de Ricardo Reis.

No resulta fácil saber cómo pudo Fernando Pessoa llegar a sentirse interesado por la historia de Antínoo, ni cuáles son las fuentes en que basó su poema. Sin duda, Pessoa se interesó por la cultura griega y romana, tal vez como modelos en los que basar su proyecto de Quinto Imperio. En concreto, dedicó buena parte de su tiempo al estudio de la filosofía griega y romana (Pitágoras, Platón, Sócrates, Cicerón). Además, se sintió fascinado por la magia, el esoterismo y la mitología, ingredientes que tienen gran importancia en la historia de Antínoo. "Deseo ser un creador de mitos, que es el misterio más alto que puede obrar alguien de la humanidad", dijo, y qué fue Adriano sino el creador del mito de Antínoo. Por último, su formación autodidacta le llevo a la lectura de Walter Pater y de Oscar Wilde (el primero de ellos se ha señalado con frecuencia como influencia en la novela de Marguerite Yourcenar, el segundo trató en su obra, y casi en su vida, el mito de Antínoo) (1). En cualquier caso, el poema Antínoo no figura ni entre los más conocidos ni entre los más brillantes del autor (Antonio Tabucchi considera "menudencias" su producción inglesa al compararla con "el tesoro póstumo"). Además, el poema ha sido relativamente poco estudiado, desconociéndose con exactitud en qué fuentes se basó Pessoa al escribirlo.

Las Memorias de Adriano han sido mucho más estudiadas que el poema Antínoo, a lo que se suma que Marguerite Yourcenar dejó escritos numerosos testimonios que describen el proceso de producción de la obra, su significación e intencionalidad (el mismo Carné de Notes que publicó más tarde junto a las Memorias de Adriano, además de diarios, cartas, etc.). Gracias a estos testimonios sabemos que la figura del gran emperador interesó a Marguerite Yourcenar desde su juventud más temprana, en concreto desde 1924 (tenía 21 años) cuando en un viaje a Roma que realizó con su padre (importante influencia en la vida y obra de la escritora) visitó la Villa Adriana. Desde aquel momento, desilusionada por la desacralización a que estaba siendo sometida la residencia del otrora gran estadista e intelectual ("los olivares han sido talados para dar lugar a una zona de estacionamiento de automóviles y a un quiosco de bebidas que transforman la noble soledad del lugar en una especie de feria", dice en el Carné de notes), decidió recuperar su memoria mediante la literatura.

Desde aquel año, y hasta 1929, escribió varias versiones de la historia de Adriano, algunas dialogadas, al modo de obras dramáticas, otras utilizando un narrador heterodiegético. Una de estas versiones se tituló precisamente Antínoo, y fue la que le hizo desistir de su proyecto, ya que fue rechazada por el editor al que se la envió. No volvió a retomarlo hasta 1930, "pero no escribí más de quince páginas; aún no estaba lo bastante madura, en aquella época, para llevar a cabo este proyecto tan amplio" (carta a Breitbach de 1951). Tal como explica en su Carné de notes, la única frase que subsiste de aquel escrito es la muy famosa "je commence à apercevoir le profil de ma mort", que sitúa al personaje Adriano en el lugar desde el que va a narrar la historia.

Pero es en enero de 1949 cuando verdaderamente retoma y culmina tan ambicioso proyecto, a raíz de la llegada de un "baúl perdido" (otra "carambola del azar", como a ella le gustaba decir), en el que descubre este antiguo manuscrito y que desata esta vez una actividad compulsiva: escribe durante los viajes, en el tren, en los restaurantes y hoteles... En 1951 se edita finalmente el libro que ella siempre consideró, junto con Opus Nigrum, el centro y cumbre de su producción literaria.

Parece claro que, a pesar de la exhaustiva investigación que la autora llevó a cabo para situar a Adriano en el contexto histórico en el que vivió y de la gran cantidad de bibliografía en la que se basó para escribir su libro, Marguerite Yourcenar no había leído el poema de Fernando Pessoa, poeta que por entonces era prácticamente desconocido en Francia. Esto se puede asegurar porque no fue hasta 1960 que Yourcenar conoció la poesía de Pessoa, cuando con ocasión de un viaje que hizo a Portugal descubrió una selección de poemas que le parecieron "extraordinarios", tal como escribió a su amigo el escritor Jacques Marui.


4. Implicaciones sexuales del relato

La historia de Adriano y Antínoo ha sido a menudo mal entendida, porque se ha visto exclusivamente desde una postura etnocentrista. Como en otros muchos casos, la cultura ha funcionado como un "dispositivo estructurador de la información" (Lotman), que no ha tenido en cuenta el contexto histórico en el que se desarrolló la relación. En el desarrollo de la historia de amor y en la posterior deificación de Antínoo se ha destacado sobre todo el carácter homosexual de esta relación. Sin embargo, es imposible calificarla en los mismos términos en que lo sería hoy día. La homosexualidad en la civilización grecolatina no implicaba ninguna transgresión de la normalidad, como tampoco la pederastia. Las relaciones entre un hombre adulto de entre 25 a 45 años (erastes) y un adolescente entre 12 a 18 (eromenos) no eran una simple moda, sino toda una institución social, sobre todo en las clases altas, tan importante que ni las prohibiciones de los edictos cristianos del siglo IV consiguieron erradicarla totalmente. La pederastia era sobre todo un proceso de iniciación en la sociedad androcéntrica. Los mayores ofrecían enseñanzas de la moral, costumbres y responsabilidades de la sociedad, a cambio de intercambio sexual en el que los jóvenes cumplían un papel pasivo. Más adelante, estos jóvenes tomarían a su vez un papel activo con nuevos eromenos.

Una mitología de dioses, encabezados por Zeus y Ganímedes, dotaron de religiosidad el significado de la pederastia homosexual. El tema aparece en esculturas y frescos, así como en la obra de poetas y filósofos. Estos últimos consideraban el amor por un adolescente más noble e intelectual que el amor por una mujer, considerada un ser inferior cuya única función era la procreación. Se creó todo un culto al joven efebo, considerándose la belleza de la adolescencia como la encarnación de cualidades divinas o de atributos de dioses.

Si bien en la antigua Grecia el amor pasional tal como hoy lo podemos entender no tenía cabida en el matrimonio, sino que era fundamentalmente homosexual; en Roma convivían las relaciones homosexuales con las heterosexuales, al institucionalizarse también las figuras de la cortesana y la concubina. La bisexualidad parecía inherente a la naturaleza de los romanos, sobre todo en el proceso de socialización, mediante el cual el hombre joven se introducía en la vida social a través de la relación con otro maduro, tuviera éste o no relaciones asimismo con mujeres. Sin embargo, esta pederastia de carácter homosexual tal como la habían entendido los griegos se restringía en Roma principalmente a las clases altas y los círculos literarios y filosóficos. La mayoría de los grandes poetas romanos trataron el tema del amor a un adolescente. Virgilio, en sus Bucólicas, rezuma una melancólica pasión por Alexis. También Homero creó versos en torno a este tipo de amor (aunque no son comparables en intensidad con los versos amorosos que dedicó a las mujeres). En cualquier caso, aunque muchos poetas no estuvieran refiriéndose a sus propias experiencia eróticas, parece claro que hubo una tradición culta de artificio literario en torno a este tema, posiblemente porque la sociedad a la que se dirigían (alta y letrada) los demandaba.

Sólo en las biografías de dos emperadores romanos (2) no aparecen historias de amor homosexual: Claudio y Vespasiano. Pero tampoco ninguno de los otros parece haber tenido una orientación exclusivamente homosexual, algo que, por otra parte, no era considerado anormal ni reprensible. Lo que sí era objeto de escarnio era el papel pasivo en estas relaciones. Así, la historia entre Julio César y Nicómedes IV, último rey de Bitinia, fue utilizada por los adversarios del primero para minar su reputación, acusándolo de "no ser viril".(3) Sin embargo, la relación homosexual en sí misma no fue criticada.

En suma, lo que aquí se quiere apuntar es que la historia de amor homosexual entre Adriano y Antínoo no debe entenderse en los mismos términos en que se entendería hoy día una historia semejante. Lo excepcional de esta historia es toda su significación de amor, muerte y pervivencia de la memoria del ser amado. Su carácter homosexual no es lo excepcional, pues constituyó una relación erastes/eromenos más de las muchas establecidas en la época. Por tanto, las obras literarias que se han basado en esta historia tampoco deben ser interpretadas bajo esas claves erróneas. Tanto Fernando Pessoa como Marguerite Yourcenar recrearon en sus textos la verdadera esencia de la relación entre el emperador y su favorito, asumiendo la verosimilitud de la historia en su contexto. El lector de ambas obras, en el proceso de recepción estética, debe intentar participar en los mismos "mundos posibles" (U. Eco) que ambos autores, para evitar distorsiones interpretativas graves. Desde este punto de vista, para ello es esencial comprender que la historia de la relación entre Adriano y Antínoo es fundamentalmente un historia de amor y muerte, y también de construcción de realidades abstractas (dios, mito), en la que el elemento homosexual es secundario, ya que es prescindible en la estructuración más elemental del relato.

Por ello, la naturaleza sexual de Pessoa o de Marguerite Yourcenar no debe ser tenida en cuenta como elemento interpretativo esencial de sus textos. A veces se ha hablado de una posible homosexualidad de Pessoa (Octavio Paz dice que queda patente en su famosa Oda Marítima y en la Salutación a Whitman bajo la figura del heterónimo Álvaro de Campos, en cuya biografía Pessoa menciona una historia de amor homosexual), y el lesbianismo de Marguerite Yourcenar fue sobradamente conocido (convivió cuarenta años con la americana Grace Frick, a la que dedicó su Carné de notes de las Memorias de Adriano). Pero posiblemente, si ambos decidieron tratar el tema de Antínoo no fue por su relación homosexual con Adriano, sino por la trascendencia mítica y el atractivo estético de dicha historia, y seguramente lo hubieran hecho también aunque ellos no hubiesen tenido sus propias experiencias homosexuales.

Esto no significa sin embargo que el elemento homosexual en la historia no sea importante en relación con otros factores o que la sexualidad de los autores no influya en la elaboración de los textos. Por ejemplo, es determinante el momento en que fueron escritas ambas obras y lo que significa tratar el tema de la homosexualidad en aquellas fechas. El poema de Fernando Pessoa, anterior en el tiempo, se inscribe en una época en la que la homosexualidad era sistemáticamente estigmatizada y rechazada. Con ello, Pessoa se sumaba una vez más a una estética transgresora. Él mismo calificó a su poema Antínoo, junto con Epitalamio, como "dois poemas inglêses meus, muito indecentes, e portanto impublicáveis em Inglaterra". Efectivamente, en la última década del siglo XIX y la primera del XX estaba en auge la moral victoriana que condenó a Oscar Wilde a trabajos forzados por sus relaciones homosexuales (4). Posiblemente, tanto el poema Antínoo como Epitalamio, que son decididamente directos en materia sexual, influyeron en los enfrentamientos que Pessoa tuvo con la Iglesia y la moral social predominante: la "liga de acción de los estudiantes", que perseguía lo que ellos denominaron "literatura de Sodoma".

Según el estudioso pessoano Ángel Crespo, el poema Antínoo es "una exaltación de la homosexualidad". Desde mi punto de vista, es más una exaltación de la sexualidad en sí, de la fuerza arrebatadora del deseo, sea cual sea el prefijo (homo o hetero) que se anteponga a esta sexualidad. No creo que el poema demuestre la naturaleza sexual de Pessoa, sin duda ambigua ("no tengo dificultad en definirme -escribió- soy un temperamento femenino con una inteligencia masculina").

Por su parte, la obra de Marguerite Yourcenar fue interpretada perversa y sesgadamente en los primeros momentos, tomando como elemento de juicio la propia homosexualidad de la autora. Recién editado el libro, numerosos críticos, como más tarde también Jacques Brenner en su Historia de la Literatura Francesa, harán del amor del emperador por Antínoo el "centro del libro", a pesar de que la misma Marguerite Yourcenar escribió: "en Tellus Stabilita la narración se interrumpe durante unas cuarenta páginas para dar paso a una especie de ensayo, testamento político y artístico del reinado, que constituye el centro de la obra; Saeculum Aureum (capítulo en el que se narra la historia de Antínoo), por el contrario, contiene su elemento trágico". Además, al hacer de Antínoo el centro del libro, los críticos de la época verterán sus prejuicios sobre la homosexualidad en la obra y en la escritora. Así, el editor André Fraigneau, que mantuvo una extraña relación personal con ella, dijo que el interés culminante del libro es "el encuentro con Antínoo, al ser madame Yourcenar, a pesar de su sexo (sic), una autora que se ha interesado mucho por la homosexualidad".

Por otro lado, una batería de críticos, orquestados por Denise Bourdet, de la Revue de Paris, se esforzaron en clasificar el estilo de Marguerite Yourcenar como "masculino", y hablaron de la "virilidad de su pensamiento". En las Nouvelles Littéraires, Jeanine Delpech hablará de la "firmeza viril de su estilo"; Aloys J. Bataillard recordará, en las columnas de La Gazette de Lausanne, que Marguerite Yourcenar escribe unos libros "poco femeninos por la elección de los temas". En la mayoría de los casos, estos críticos, conocedores de la relación de la escritora con Grace Frick, tendrán una intencionalidad morbosa, que culminará con su entrada en la Academia Real Belga de Lengua y Literatura en 1971, al ser la única mujer en la institución. "Entonces se verán los oscuros fondos, la voluntad de exclusión de estos comentarios asesinos aunque pretendan ser elogiosos", escribe Josyane Savigneau en su biografía de la escritora.

Volveremos sobre este tema más adelante, pero quede aquí reflejada, de momento, la espinosa cuestión de la homosexualidad en la historia de Antínoo, que ha sido a menudo un elemento de distorsión interpretativa de las obras literarias que se han basado en su figura.


5. Pessoa, Marguerite Yourcenar, Antínoo y dioses

El poema Antínoo, que no es de los más brillantes de Pessoa, es sin embargo una referencia indiscutible de su producción en inglés. Toda esta producción sigue siendo considerada un enigma. Ángel Crespo se pregunta por el sentido de publicar cuatro libros en inglés en tan sólo cuatro años, un idioma que muy pocos portugueses eran capaces de leer en aquella época, y unos poemas que, tal como confesaba el mismo Pessoa, por su carácter obsceno eran impublicables en Inglaterra. A esto hay que añadir la peculiaridad del inglés en Pessoa: un inglés arcaizante, no contemporáneo, síntesis de la lengua literaria del periodo victoriano con fuertes rasgos de la etapa isabelina y con pretendidas resonancias shakesperianas. No hay que olvidar que Pessoa, en sus estudios de bachillerato en Durban (África del Sur) se interesó mucho por el periodo isabelino de la literatura inglesa (1580-1660), y que se formó en aquellos años decisivos leyendo sobre todo a Byron, Keats, Milton, Shakespeare, Dickens, Macaulay, Carlyle y Poe. El mismo Pessoa reconoció que había leído antes a Milton que a Camoens. Para Crespo, la explicación más verosímil parece ser "el irrenunciable deseo de llegar a ser un notable poeta en inglés", afirmando que "no lo consiguió, y éste fue tal vez el más notable y previsible de sus fracasos". Pero lo cierto es que, por esas fechas, Pessoa ya había conquistado la notabilidad como poeta y crítico portugués gracias a su obra ortónima y a la de Álvaro de Campos.

El poema Antínoo es difícil de leer debido a la buscada artificiosidad del discurso y a las rarezas y ambigüedades de su léxico. El estilo utilizado no es quizás lo más logrado de su autor. Para Luis A. Díez y José Luis Parga, "hay algunos altibajos y lugares comunes, aunque se mantiene en general la altura y la inspiración". Para Ángel Crespo "es una composición perfectamente construida, pero que se resiente de la falta de variedad de motivos y de su lento y reiterativo desarrollo". En efecto, el poema resulta demasiado largo, y da la impresión de que la repetición de motivos responde a una obsesión del poeta por ellos. La repetición es un concepto clave en el poema, ya desde su misma elaboración métrica. Para componerlo, Pessoa recurrió al yambo, un antiguo pie de la poesía griega y latina compuesto de dos sílabas, la primera breve y la otra larga, dotando al poema de un intenso y constante ritmo que, como después se verá, está relacionado con el tema de la lluvia. Vemos por ejemplo, en el primer verso de este poema, cómo se aplica el yambo y sus resultados en el ritmo:

The-rain-out-side-was-cold-in-Ha-drian-soul

La aparición de versos cortos entre una mayoría de largos, el abundante uso de paralelismos, la aparición de las mayúsculas en palabras como Nature, Death, Time, Fate, Morn, Beauty, o Love, así como la rima consonante y el exceso de cultismos, confieren al poema su tono arcaizante, esa artificiosidad elegante que en algún momento pudiera recordar el tono y la inspiración de los textos de Ricardo Reis, pero que al mismo tiempo es tan distante en el tema y en la misma impronta que, inevitablemente, deja la lengua inglesa de resonancias isabelinas.

 

Y sin embargo, el elemento que más resaltó Pessoa de su poema Antínoo fue su obscenidad manifiesta. Ya hemos visto que lo calificaba, junto con Epitalamio, de "muy indecente, y por tanto, impublicable en Inglaterra". Efectivamente, la obscenidad en Antínoo no es una cuestión de matices ni de interpretaciones: es clara y aparece a lo largo de todo el poema, especialmente a partir del verso 131. Otra cosa será el sentido y la intencionalidad de esta obscenidad, de la que a continuación ofrecemos algún ejemplo, en el inglés original para así apreciar también lo dicho con anterioridad respecto al yambo, los paralelismos, la rima y el léxico:

 

Thus did the hours slide from their tangled hands

And from their mixed limbs the moment slip.

Now were his arms dead leaves, now iron bands;

Now were his lips cups, now the things that sip;

Now were his eyes too closed and now too looking;

Now wee his uncontinuings frenzy working;

Now were his arts a feather and now a whip.(5)

Epitalamio fue escrito en la misma fecha que Antínoo, y publicado conjuntamente, pero el elemento obsceno es aún mucho más evidente. Este también excesivamente largo poema describe la inquietud y las fantasías eróticas de una novia ante su inminente boda, así como las reacciones que este mismo hecho desata en el novio y en los lujuriosos invitados. Según Ángel Crespo, su sentido puede ser "provocar el rechazo del sexo mediante la exposición de su pretendida exclusiva bestialidad". Sea como fuere lo cierto es que también hay aquí una vivencia angustiada y agónica de la propia sexualidad. Pessoa solía referirse a estos dos poemas conjuntamente; así lo hizo por ejemplo en una carta que envió a su amigo y biógrafo Gaspar Simôes, fechada el 18 de noviembre de 1930, y que resulta esclarecedora para descifrar el significado de tanta pretendida obscenidad:

"Una explicación. Antínoo y Epitalamio son los únicos poemas (o, incluso, composiciones) que yo he escrito que son claramente lo que se puede llamar obscenos. Hay en cada uno de nosotros, por poco que se especialice instintivamente en la obscenidad, cierto elemento de este orden cuya cantidad, evidentemente, varía de hombre a hombre. Como esos elementos, por pequeño que sea el grado en el que existen, son un estorbo para algunos procesos mentales superiores, he decidido, por dos veces, eliminarlos por el sencillo procedimiento de expresarlos intensamente. Es en esto en lo que se funda lo que será para usted la violencia enteramente inesperada de obscenidad que en estos poemas se revela. No sé por qué escribí cualesquiera de ellos en inglés..." .

¿Entonces todo se reduce a una pretendida función catártica de los poemas, para los cuales se utilizó la lengua inglesa sin motivación consciente? J. de Sena considera que no es la única explicación posible, y que el mismo Pessoa parece admitirlo en el siguiente párrafo de esta carta:

"Otra explicación. Los dos poemas citados forman, con tres más, un pequeño libro que recorre el círculo del fenómeno amoroso. Y lo recorre en un ciclo al que podríamos llamar imperial. Así, tenemos: (1) Grecia, Antinous; (2) Roma, Epithalamium; (3) Cristiandad, Prayer To A Woman's Body; (4)Imperio Moderno, Pan-Eros; (5) Quinto Imperio, Anteros. El contenido de los poemas no es lo que define a los "imperios" a los que aluden. Así, Antinous, que es griego en cuanto al sentimiento, es romano en cuanto a la situación histórica. Epithalamium, que es romano en cuanto al sentimiento, que es la bestialidad romana, es, en cuanto al asunto, una sencilla boda en cualquier país cristiano; y lo mismo sucede con los otros tres poemas, o más bien, sucede indirectamente, pues ninguno de ellos tiene una situación precisa en el tiempo, sino sólo en el sentimiento. Cuando digo que los dos primeros son los únicos claramente obscenos no digo mal"

Vemos entonces que Antínoo está también relacionado con el sebastianismo de Pessoa y su proyecto de Quinto Imperio, que una cierta función catártica referida a la necesidad de expresar una obscenidad "que puede ser un estorbo para otros procesos mentales superiores" no excluye otras significaciones y sentidos. Por cierto, que los tres últimos libros de los que habla el poeta o no fueron escritos o terminados, o bien los destruyó su autor o no han aparecido hasta ahora.

Todo este encuentro con la obscenidad latente y patente en el poema deja de manifiesto, como ya se ha dicho, una vivencia traumática de la propia homosexualidad. Poco se sabe de la vida de Fernando Pessoa fuera de la de sus heterónimos, pero basta echar un vistazo a la selección de cartas recopiladas por Antonio Tabucchi que el poeta envió a su novia Ophelia Quiroz, para darnos cuente de que existió una constante agónica en su vida con respecto al sentimiento amoroso. Esto se plasma evidentemente en el poema Antínoo, y en general, tal como recuerda Ángel Crespo, en toda su obra poética en lengua inglesa, para desaparecer como tal en el resto de su producción literaria. En Antínoo hay una exaltación de la sexualidad desde los elementos presentes, como ya hemos visto con algún ejemplo, hasta los elementos ausentes, que sólo aparecen cuando el receptor activa ciertas significaciones del texto. Es el caso, por ejemplo, de la asimilación de Antínoo con ciertos dioses, cada uno de los cuales connota unas implicaciones concretas.

Como es bien sabido, al ser deificado Antínoo se asimiló a dioses ya existentes, lo que contribuyó a hacerlo más popular. Sobre todo, se le asoció a Osiris, Dionisos y Hermes. Estos tres dioses tienen en común poderes sobre el mundo de los muertos. Hermes era el guía de las almas que Persefone había devuelto a la luz. Osiris y Dionisos sufrieron, murieron y resucitaron, y ambos conocieron la severidad del inframundo para rescatar a sus parientes de la muerte. En estas historias hay un paralelismo evidente con la historia de Antínoo. Sin embargo, ninguno de estos dioses aparece nombrado en el poema de Pessoa. Antes bien, Antínoo aparece comparado con Apolo, Adonis y Ganímedes. Los dos primeros son símbolos de la belleza masculina, de la apariencia, de la forma. Ganímedes aporta además una connotación claramente sexual: fue un príncipe troyano, también muy bello, que fue transportado al Olimpo para sustituir a Hebe como copero de los dioses, convirtiéndose así en el favorito de Zeus.

Curiosamente, Antínoo había sido comparado con Ganímedes realmente, pero en vida, y con una cierta intención peyorativa. Eran los tiempos en que Adriano estaba en plena furia megalomaníaca, hasta el punto de que se había autoproclamado dios. Entre los años 128 y 129 hubo una atmósfera continua de festivales, celebraciones, ceremonias, audiencias y banquetes. En tal ambiente de prosperidad económica y cultural, Adriano se atrevió a instituir su propio culto comparándose con Zeus, dios de dioses. Esto fue una extravagancia del emperador, pues lo normal era que se asimilaran a dioses sólo después de haber muerto. Aunque el culto Adriano-Zeus se celebró en Grecia y en Asia Menor, en Roma fueron reticentes a aceptarlo, e incluso molestó en los altos círculos de la clase política. Para desprestigiar al emperador y burlarse de él, se empezó a comparar a Antínoo con Ganímedes. Al parecer, esta comparación hizo sufrir bastante al joven bitinio, que se consideraba retratado como un mero utensilio de carácter sexual. Dieciocho siglos más tarde, Pessoa recupera esa antigua asociación que se había ido perdiendo peso a medida que el culto del nuevo dios se extendía por el imperio. Posiblemente, Pessoa no conocía esta historia, y asoció la figura de Antínoo a la de Ganímedes de forma espontánea, pero eso, sin embargo, sigue indicando que la connotación sexual del personaje es importante, algo que se refuerza además con la aparición, como ya se ha dicho, de Apolo y Adonis.

Todo esto cobra mayor relevancia si se compara con el tratamiento dado a este mismo tema por Marguerite Yourcenar, que fiel a la documentación histórica con la que trabajó, asocia continuamente a Antínoo con Hermes y Osiris, dioses cuyas leyendas se relacionan con la vida y la muerte, pero no con aspectos sexuales.

En general, podemos decir que el aspecto sexual en la obra de Marguerite Yourcenar es absolutamente secundario, mientras que en Pessoa es primordial e imprescindible. La escritora no hace referencias sexuales explícitas, pero tampoco implícitas, lo que no significa que las rehuya, sólo que les quita importancia. De hecho, la visión del amor de Adriano, un personaje sin duda voluptuoso y amante del placer, trasciende la carnalidad cuando se refiere a Antínoo. Ya en el primer capítulo de las Memorias ofrece una visión del amor que, aunque no nombra a Antínoo, está sin duda relacionada con él: "de tous nous jeux, c'est le seul qui risque de bouleverser l'âme", y "ce jeux mysterieux que va de l'amour d'un corps à l'amour d'une personne m'a semblé assez beau pour lui consacrer une part de ma vie". El amor es un juego, sí, pero peligroso, porque arriesga el alma y viaja del cuerpo a la persona, porque es "un evahissement de la chair par l'esprit". En otra ocasión dirá que el amante es "l'amateur de vérites".

Históricamente se ha tratado de desentrañar el tipo de relación que se estableció entre Adriano y Antínoo, y en concreto, el elemento sexual ha sido bastante tratado. Como ya hemos visto, en determinadas épocas se intentó obviar todo tipo de implicación sexual en la historia, e incluso llegó a decirse que Antínoo era hijo ilegítimo de Adriano y que, por tanto, la relación entre ambos respondía a los patrones de la relación tradicional padre-hijo. Aunque sin duda hubo un cierto carácter paternal (Adriano no tenía hijos) y de erastes (pretendió inculcar enseñanzas al joven Antínoo), el amor de Adriano fue mucho más allá de esto, según asegura el historiador Royston Lambert, y seguramente incluyó mucho sexo y pasión.

El hecho de que tanto Pessoa como Marguerite Yourcenar acepten esta vertiente de la relación es ya de por sí significativo. Pero las diferencias con que lo hacen también resulta importante para delinear la visión con que cada uno de ellos enfocó tan hermosa historia, así como el porqué y el sentido de esta visión.


6. La causa de la muerte de Antínoo.

El misterio que envolvió la muerte de Antínoo imprimió desde el principio a la historia un aire de leyenda que contribuyó a hacer más rápida la expansión del mito. Joseph Campbell ha hablado con frecuencia en sus estudios sobre los mitos del factor renovador de la incógnita, que al ofrecer múltiples posibilidades de resolución, se adapta y malea según las necesidades de cada grupo. El caso de Antínoo sería un buen ejemplo para ilustrar esta teoría: cada grupo, coetáneo en la historia con otros o no, ha ofrecido su propia explicación sobre la muerte del joven amante del emperador para así hacer suya (poseer) la historia. Las interpretaciones fueron múltiples desde el principio, y pueden resumirse de la siguiente manera (se sigue un esquema de Royston Lambert):

1. La muerte de Antínoo fue un accidente: nada históricamente demuestra que no lo fuera. En la Historia Augusta , año 395, aparece recogido el hecho de esta forma: "Perdió a su Antínoo mientras navegaban por el Nilo, y lloró por él como una mujer". No se entra en juicios de valor ni especulaciones, lo cual no era muy frecuente en la Historia. Sin embargo, si fue un accidente no se comprende por qué Adriano no lo dijo claramente para acallar así todos los rumores que ya empezaban a levantarse contra él. Tampoco se explicaría fácilmente la rápida deificación de un joven muerto como consecuencia de un simple resbalón.

2. La muerte de Antínoo fue el resultado de una conspiración: ante esta posibilidad se inclinaron los detractores de Sabina, la mujer de Adriano, a la que él nunca amó, y que, supuestamente, podía sentirse celosa del joven. No parece muy probable, porque los testimonios que dejó Sabina demuestran que tampoco ella tuvo jamás interés en Adriano, aparte de que su relación con Antínoo fue siempre buena. Tampoco parece razonable pensar en una conspiración política, puesto que Antínoo no tenía este tipo de influencias sobre Adriano.

3. Antínoo murió desangrado tras haber sido castrado: es una interpretación de los detractores de Adriano, según los cuales el emperador sometió a su amante a la castración para poder conservar así su belleza adolescente por más tiempo. Antínoo murió desangrado y, para evitar que se conociese la verdad, Adriano mandó arrojarlo al río para oficializar la muerte por ahogamiento. Tampoco es una interpretación muy plausible: la castración ya no tenía sentido en Antínoo, que contaba al menos con 18 años de edad. Además, numerosos documentos legislativos demuestran que Adriano siempre estuvo en contra de esta práctica, y que la abolió allá donde pudo.

4. La muerte de Antínoo fue un sacrificio con el visto bueno del emperador: el primero en sugerirlo fue el historiador romano Dio Cassio, en torno al 210. Describe la muerte del joven en un contexto de inquietudes religiosas y mágicas. Esta interpretación fue recogida posteriormente por muchos historiadores, y tradicionalmente ha sido usada para desprestigiar a Adriano, asignándole una crueldad innata y una superstición ciega. En favor de la veracidad de esta interpretación pesan los argumentos de que, por aquellas fechas, Adriano estaba sumamente preocupado (empezaban a manifestarse los primeros síntomas de la enfermedad que lo mataría más tarde, a lo largo de su recorrido por Egipto surgían discrepancias y descontentos entre el pueblo, que había esperado que el emperador traería consigo milagros y bienestar, comenzaba la sublevación del pueblo judío, etc.) Todas estas inquietudes le llevaron a consultar a muchos sacerdotes y oráculos durante su travesía por el Nilo. De la personalidad de Adriano podemos deducir que no fue particularmente religioso, aunque sí estuvo muy interesado por los aspectos míticos y mágicos de las culturas de la época (la iniciación en los ritos de Eleusis cobra una gran importancia en su vida, así como en la historia de su relación con Antínoo). La creencia de que la muerte voluntaria de una persona puede salvar la vida de otra o alejar peligros mortales estaba muy arraigada en la mentalidad y la práctica de la Antigüedad, y parte de una creencia en el poder regenerativo del amor libremente dado (6).

5. La muerte de Antínoo fue un sacrificio voluntario, pero no querido por Adriano. Esta interpretación cobra fuerza a partir de las obras de los autores victorianos, que pretendían recuperar la gloria de la figura del emperador, sobre todo Rydberg, Dietrichson y, muy especialmente, John Addington Symonds. Ya hemos visto la influencia que este autor pudo tener en la obra de Pessoa y que fue una de las fuentes utilizadas por Marguerite Yourcenar para la producción de su novela. Posiblemente, el sacrificio por el emperador (para alargar su vida, traer la lluvia, etc.) también incluyó elementos de suicidio o escape ante las grandes presiones a las que estaba siendo sometido el joven en los últimos tiempos.

6. Antínoo se suicidó. "Los días de Antínoo como favorito estaban contados", sentencia Royston Lambert. Así, los cambios en su apariencia física (visibles en las esculturas y relieves que se le hicieron en vida) parecían marcar el fin de su condición de eromenos. Adriano, consciente de la gravedad de su enfermedad y de la necesidad de nombrar un sucesor para el imperio, estaba fijándose más en su segundo favorito, Lucio (efectivamente, llegaría a nombrarlo sucesor, aunque su temprana muerte le impidió ejercer el cargo de emperador). Además, ante el inminente nombramiento del sucesor, Antínoo debió vivir en un clima tenso, puesto que la figura del favorito siempre había estado ligada a influencias e incluso a complots y asesinatos. Sin duda, Antínoo estuvo sometido a todo tipo de presiones, chantajes, sobornos y tentaciones para influir en las decisiones políticas de Adriano. La posibilidad del suicidio pudo aparecer a los ojos del joven como el inicio de la libertad, dada la inmortalidad posterior que otorgaba una muerte en el Nilo. En aquellos días se celebraba el culto a Osiris, algo que pudo recordarle constantemente la posibilidad de una muerte similar.

Sea como fuere, el caso es que Antínoo murió y que Adriano no ofreció ninguna explicación acerca del hecho. Todas las incógnitas quedaban abiertas, todas las interpretaciones podían ser posibles. Y cada una, con una intencionalidad diferente, responde al espíritu de una época. ¿Cómo se plantean la cuestión Pessoa y Marguerite Yourcenar?

La francesa intenta ser fiel, en todo momento, a la abundante documentación histórica de la que dispuso. En su Carné de notes, señala como fuentes de las "oscurísimas circunstancias" de la muerte de Antínoo un libro de W. Weber, Drei Untersuchungen zur aegyptish-griechischen Religion , así como el libro de P. Graindor, Athènes sous Hadrien. En el primero de ellos se ofrece la explicación del sacrificio como la más plausible, en el segundo, el autor se inclina por el suicidio. No es la única vez que Marguerite Yourcenar se enfrentaba ante disyuntivas semejantes, pero si bien en otros casos (origen libre o servil de Antínoo, participación de Adriano en la guerra de Palestina, fecha de la apoteosis de Sabina, etc.) tuvo que elegir entre las hipótesis de los historiadores, "esforzándonos por condicionar la decisión a las buenas razones", en este caso, dice, "hemos preferido que planeara sobre el relato una cierta incertidumbre que, antes de comunicarse a la historia, fue sin duda la de la vida misma". En efecto, Yourcenar se inclina por pensar que ni el mismo Adriano supo nunca las verdaderas razones de la muerte de su amado, con lo que, indirectamente, rechaza todas las posibilidades de sacrificio pactado entre ambos. Adriano se ve sorprendido por la muerte de Antínoo y llora su dolor sin entender qué es lo que realmente ha pasado. En una ocasión se refiere a aquella tarde en el Nilo, "dont je ne saurai non plus rien, précisement parce qu'il m'importerait d'en tout savoir. Le dernier des badauds, à Rome, a son opinion sur ces épisodes de ma vie, mais je suis à leur sujet le moins renseigné des hommes"(7). Y más adelante, refiriéndose a un desdichado accidente por el cual un esclavo suyo perdió un ojo, dirá "Je n'avais pas voulu éborgner ce misérable. Mais je n'avais pas voulu non plus qu'un enfant qui m'aimait mourût à vingt ans"(8).

Y sin embargo, aunque ciertamente "planea la incertidumbre" sobre este aspecto de la historia, la escritora sí termina tomando partido ante este tema. No se saben muy bien los detalles, ni las intenciones, pero cada vez parece más claro a los ojos del emperador (y del lector) que fue el sacrificio voluntario lo que llevó a la muerte a Antínoo. Y este sacrificio es tomado con escepticismo y dolor. Marguerite Yourcenar describe las reacciones de Adriano de una manera muy hermosa.

"Un être insulté me jetait à la face cette preuve de dévouement; un enfant inquiet de tout perdre avait trouvé ce moyen de m'attacher à jamais à lui. S'il avait espéré me protéger par ce sacrifice, il avait dû se croire bien peu aimé pour ne pas sentir que le pire des maux serait de l'avoir perdu" (9).

Dice en su Carné de notes que para ello se inspiró preferentemente en algunos pasajes de los Padres de la Iglesia, una gran paradoja (muy hermosa también).

El caso de Pessoa es bastante más complejo. En su poema no es que planee "una cierta incertidumbre": es que no hay ni una sola mención a las causas de la muerte de Antínoo. Pero una cosa sí parece clara: Adriano también se ve aquí desbordado por esta muerte, lo que indica que no pudo participar en ella. "His grief is like a rage, for the gods take away the life they give and spoil the beauty they made live": los dioses arrebatan la vida y arruinan la belleza que alentaron. Ahora bien, no se habla ni de suicidio, ni de accidente ni de sacrificio voluntario, las tres posibilidades que en ningún momento se excluyen.

Sólo un detalle (y somos conscientes de que esta descodificación del texto podía no estar prevista por el propio Pessoa)podría inclinar la balanza a favor de la interpretación del sacrificio: es la lluvia que aparece a lo largo del poema, que amaina entre los versos 64 y 170 para reaparecer después, otorgando una nueva visión de la muerte, menos traumática, por parte de Adriano. La lluvia, que se describe como cold, silent y dim, es una constante que puntea el sentimiento doloroso del emperador y que viene reflejada en el mismo ritmo del poema mediante la utilización del yambo, como se vio anteriormente. Pero además, la lluvia puede tener otra significación: ser símbolo de la razón de ser de la muerte de Antínoo. La historiografía de la época recoge que el año de la muerte del joven bitinio era el segundo de sequía en Egipto, y, por tanto, de carestía (la fertilidad de las tierras dependía principalmente de las crecidas del Nilo). La llegada del emperador había sido esperada con ansiedad por el pueblo egipcio, que puso todas sus esperanzas en la supuesta venida de las lluvias junto con el más alto poder del imperio. A medida que fue desarrollándose el recorrido por el Nilo y la lluvia siguió sin aparecer, comenzó a crecer un clima de hostilidad en torno a la figura de Adriano que pudo marcar muy bien el sentido de aquella travesía angustiando al emperador. Éste, además, sabía que la lluvia era una cuestión de vital importancia no sólo para preservar intacta su popularidad, sino también, y sobre todo, para evitar motines de hambrientos que podían extenderse por la totalidad del imperio, ya que todo su territorio dependía de la importación del grano egipcio. Adriano, que se sentía impotente ante la necesidad de lluvia, pudo también ser consciente de su propia y débil mortalidad, de que él no era como Zeus ni se asemejaba en nada a él. En la mitología egipcia, y así lo explica G. Harris, se creía que la lluvia podía ser invocada mediante sacrificios humanos, generalmente de vírgenes y jóvenes, que debían morir ahogados en el Nilo. Esta pudo ser otra de las causas que llevaran a Antínoo a plantearse su propio sacrificio. En el poema de Fernando Pessoa, Antínoo ha muerto y está lloviendo: "The rain fell like a sick affright in Nature at her work in killing him" (La lluvia caía en aciago desastre de la Naturaleza en su tarea de matarlo), se dice en un verso. ¿Casualidad? Aunque así sea, creo que merece la pena reseñar esta posibilidad.


7. Deificación y mitogénesis

Otro punto interesante en este análisis comparativo sería ver de qué manera se refleja en cada obra la mitogénesis y deificación de Antínoo (construcción arbitraria de una realidad abstracta) y su sentido. Este tema se relaciona asimismo con el de la pervivencia del amor más allá de la muerte, y encierra toda una concepción de la vida, la inmortalidad y la eternidad.

De nuevo, tendremos que hacer un somero resumen partiendo de los documentos de la época sobre la historia de Antínoo, que han sido recogidos y analizados por Royston Lambert, Henriette Levillain y Fernando de la Maza, entre otros. Si bien los homenajes a parientes o amantes fallecidos eran relativamente comunes, éstos siempre quedaban reducidos a la esfera privada. Adriano, sin embargo, fue incapaz de mantener en privado su dolor, y pretendió, en cambio, perpetuar la memoria de Antínoo para las generaciones venideras. Se ha hablado mucho de la tendencia megalomaníaca de Adriano, y esto puede ser la explicación a la instalación de un culto tan desorbitado. Elevando a Antínoo a la categoría de dios demostraba su gran dolor y su amor más allá de lo humano. Pero, ¿creía realmente Adriano que su amante conseguía así la inmortalidad y la divinidad? ¿Pensó realmente que Antínoo se convertía en un dios tras su muerte? ¿O sólo actuó llevado por un extravagante capricho, similar al que años antes le había hecho autoproclamarse dios?. Estas cuestiones jamás podrán resolverse.

Lo que sí parece claro es que también en este caso se desataron interpretaciones variadas: los partidarios de Adriano creyeron en la sinceridad de su dolor; los detractores le acusaron de utilizar la figura de Antínoo en su provecho. Esta última posición se mantuvo a través de los siglos gracias a la contribución de los autores cristianos, según los cuales, Adriano decidió deificar a Antínoo fundamentalmente por razones políticas. Según esta interpretación, la extensión del culto de Antínoo por Egipto, Grecia y Asia Menor contribuyó a fortalecer el sentimiento de unidad y confianza en el Imperio. Los griegos sobre todo habían estado deseando durante mucho tiempo un símbolo: la resurrección de Antínoo se convirtió en el símbolo de la resurrección de la civilización griega. La misma ciudad de Antínoe, construida en el distrito central de Egipto, fue un importante asentamiento griego en cuanto a la organización y la cultura, y al mismo tiempo se convirtió en símbolo de la unión de los espíritus griego y egipcio bajo la figura del nuevo dios de ambas culturas: Osiris-Antínoo. "El dios Antínoo sirvió a las necesidades políticas de Adriano más poderosamente incluso que el joven en vida sirvió a las amorosas", sentencia Lambert. Posiblemente hay mucho de cierto en la utilización política del mito (los creadores de mitos, dice Campbell, en su soplo de creación incluyen el aliento de la ideología), pero, ¿prueba este uso personal y político del culto de Antínoo la visión de que Adriano actuó sólo como creador de una realidad abstracta pero que, en su interior, sabía que todo era un fraude?

Vemos que, tanto en Pessoa como en Marguerite Yourcenar, el dolor de Adriano ante la muerte de su amado es auténtico. En las Memorias, cuando se habla de la construcción de Antínoe, Adriano ofrece sin duda su visión eminentemente práctica de las cosas, pero eso no es óbice que nos permita desdeñar la autenticidad de su dolor. Otra cuestión diferente, y muy importante, es la forma en que el emperador entiende la construcción del mito y la perpetuación del amor más allá de la muerte.

El poema Antínoo ofrece una particular visión de este fenómeno. Perfectamente estructurado, casi podría decirse que plantea una función inicial, una función media y una función final (en terminología de Bremond, aplicada aquí en sentido muy amplio, casi coincidente con la tradicional distinción planteamiento-nudo-desenlace), estando cada una de ellas delimitada por el elemento de la lluvia. Entre los versos 1 a 69 (llueve), Adriano se lamenta de la muerte de su amado, recuerda los instantes vividos con él y la gran pasión que los unió, se rebela contra el designio de los dioses y se pregunta qué será de él sin Antínoo y qué sentido tiene ser dueño de un gran imperio("O Hadrian, what will now thy cold life be? What boots it to be lord of men and might?"). Todos los tiempos futuros aparecen en formas negativas ("This human ice no way of heat can move/ These ashes of a fire non flame can burn"), lo que refleja que Adriano aún no ha aceptado la muerte de su amado. Además, Adriano se enfrenta a una situación problemática a la que tendrá que buscar solución: la muerte de Antínoo es la revelación de su propia inmortalidad ("to Hadrian's eyes, whose sorrow was a dread": el dolor de Adriano es, sobre todo, terror).

Entre los versos 65 y 170 (la lluvia cesa), Adriano reflexiona acerca de la muerte y del futuro. Se repiten una y otra vez las mismas ideas, imitando el propio fluir del pensamiento ante acontecimientos inesperados y dolorosos: hay incluso un momento de ensoñación en el que el emperador cree tener de nuevo en sus brazos a un Antínoo vivo.

Por último, entre los versos 170 a 360 (vuelve la lluvia) cambia la percepción de la muerte ("suddenly" es la palabra que se utiliza para describir este cambio, que se hace coincidir con el regreso de la lluvia). Es entonces cuando Adriano decide hacer de Antínoo un dios, construir un mito con su historia. Pessoa simboliza este proceso de deificación en la construcción de una estatua, "that will be/ to the continued future evidence/of my love and the beauty and the sense/ that beauty giveth of divinity". Gracias a la erección de esta estatua, Adriano consigue asimilar y aceptar la muerte de su amado.

 

Ay, what I wish thee to be thou are now

Already. Already on Olympic ground

Thou walkes and art perfect yet art thou,

For thou needst no excess of thee to don

Perfect to be, being perfection.(10)

En el caso de las Mémoires d'Hadrien, Marguerite Yourcenar ofrece otra percepción diferente de las cosas. En todo momento, Adriano es perfectamente consciente de que la deificación de Antínoo es sólo el mal consuelo para un acontecimiento terrible. Su acción nace de una desesperación profunda, pero no encuentra solución posible. Estamos, por tanto, ante un Adriano más escéptico y pragmático. El dios Antínoo es sólo un artificio que no devolverá la vida al verdadero Antínoo.

"Si le sacrifice d'Antinoüs avait eté pesé quelque part en ma faveur dans une balance divine, les résultats de cet affreux don de soi ne se manifestaient pas encore; ces bienfaits n'étaient ni ceux de la vie, ni même ceux de l'immortalité. J'osais à peine leur chercher un nom. Parfois, à des rares intervalles, une faible lueur palpitait friodement à l'horizont de mon ciel; elle n'embelleissait ni le monde, ni moi-même; je continuais à me sentir plus détérioré que sauvé".(11)

"Nous en parlions de temps à autre, mais bien qu'aucun mensonge ne fût proféré, j'avais parfois l'impression de sentir dans nos paroles une certaine fausseté; la vérité disparaissait sous le sublime. J'étais presque aussi déçu par Chabrias: il avait eu pour Antinoüs le dévouement aveugle d'un vieil esclave pour un jeune maître, mais, tout occupé du culte du nouveau dieu, il semblait presque avoir perdu tout souvenir du vivant. (...) Il me semblait par moments être le seul homme à s'efforcer de garder les yeux ouverts"(12)

Esta diferencia en el enfoque de la deificación es trascendental, ya que, como se ha indicado más arriba, incide en temas como la inmortalidad, la memoria y la pervivencia del amor más allá de la muerte.


8. Antínoo como personaje

Todas estas diferencias (y similitudes) parten de la peculiar concepción que cada autor tiene del personaje de Antínoo, de cómo cada cual lo enfoca, desde qué punto de vista y qué funciones le atribuye. Puede ser arriesgado hacer una afirmación categórica, pero en términos generales podría decirse (o, al menos, sugerir) que para Pessoa, Antínoo es un personaje plano (coherente, siguiendo la terminología de Foster) y que para Marguerite Yourcenar es un personaje redondo (o incoherente).

En el poema de Fernando Pessoa, Antínoo es un personaje arquetípico que mantiene todas las características propias del modelo al que representa: el joven andrógino hermoso, objeto y sujeto del placer sensual y diestro en amores (destreza que compara continuamente con un arte, recordando la antigua acepción del término arte en sus orígenes griegos). Sobre todo se resalta la belleza del joven, que se compara continuamente con la de Apolo y la de Ganímedes. La relación con Adriano está descrita en términos unívocos y transparentes: se trata de un amor correspondido que jamás se duda (en el poema, siempre se habla de "our love", haciendo mutuo el sentimiento).

No estamos diciendo con esto que para Pessoa, Antínoo sea un personaje sin complejidad ninguna, pero sí es cierto que sus características responden a las del efebo, el eromenos melancólico y triste, con la ambigüedad propia de la adolescencia y del despertar sexual. En este sentido, conviene resaltar el siguiente fragmento del poema:

"Beatiful was my love, yet melancholy.

He had that art, that makes love captive wholly,

Of being slowly sad among lust's rages.

Now the Nile gave him up, the eternal Nile.

Under his wet locks Death's blue paleness wages

Now was upon our wishing with sad smile."(13)

Al igual que Marguerite Yourcenar, Pessoa (aunque no siempre) enfoca al personaje de Antínoo desde la mirada de Adriano, lo que, en principio, podría favorecer esta caracterización del personaje plano (todos, en nuestra percepción de los demás, tendemos a asignarles cualidades fijas y a asignar un modelo o arquetipo a la personalidad a la que nos enfrentamos). Pero en el caso de Marguerite Yourcenar, la focalización del personaje a través del protagonista de las Memorias no es adalid para hacer de Antínoo un personaje sin complejidades. La misma escritora admite que Antínoo "sólo puede verse por reflejo, a través de los recuerdos del emperador, es decir, con una minucia apasionada y algunos errores".

Antínoo es, por tanto, un personaje que cambia a lo largo de su relación con Adriano, un personaje sufriente y agónico, enfrentado a situaciones difíciles y dolorosas, consciente de su propia debilidad y de la fragilidad de su categoría de favorito(14). Es, además, un personaje cambiante: vidas sucesivas y vidas paralelas enfrentadas entre sí en un mismo Antínoo. En su primer encuentro con el emperador, éste lo describe como "peu lettré, ignorant de presque tout, réfléchi, crédule". También destaca su presencia silenciosa y fiel, que en seguida matiza:

"Sa présence était extraoirdinairement silencieuse: il m'a suivi comme un animal ou comme un génie familier. Il avait d'un jeune chien les capacités infinies d'enjoument et d'indolence, la sauvagerie, la confiance. Ce beau lévrier avide de caresses et d'ordres se coucha sur ma vie (...)cette soumission n'était pas aveugle; ces paupières si souvent baissées dans l'acquiescement ou dans le songe se relevaient; les yeux les plus attentifs du monde me regardait en face; je me sentais jugé". (15)

Además, a medida que avanza el tiempo, la relación cambia porque Antínoo está cambiando. Marguerite Yourcenar, en boca de Adriano, lo representa con las siguientes palabras: "peu à peu, la lumière changea". Antínoo comienza a ser enigmático al propio Adriano, que ve cómo conquista su virilidad y su mayoría de edad no sólo mediante sus cambios físicos, sino también con la posesión de una cierta sabiduría:

"l'écolier qui avait appris par coeur à Claudiopolis de longs fragments d'Homère se passionait de poésie voluptueuse et savante, s'engouait de certain passages de Platon. Mon jeune berger devenait un jeune prince. Ce n'était plus l'enfant zélé qui se jetait de cheval, aux haltes, pour m'offrir l'eau des sources puisée dans ses paumes: le donateur savait maintenant l'immense valeur de ses dons".(16).

El Adriano de Pessoa no duda en ningún momento de la correspondencia de su amor, abarca a Antínoo con la totalidad de su mirada y de su recuerdo, hasta el punto de que es capaz de revivirlo mediante la ensoñación. El Adriano de Marguerite Yourcenar enfoca a Antínoo con una mirada oblicua, consciente de que el verdadero Antínoo se le escapa a través de las rendijas del recuerdo, a pesar de que, como antes se citó, dice ser el único que se esfuerza por mantener los ojos abiertos ("il me semblait par moments être le seul homme à s'efforcer de garder les yeux ouverts")

 


9. Conclusiones

No hay conclusiones definitiva para este tema. Pessoa siempre nos sorprende, nada más equivocado por tanto que pretender definir, en unas pocas líneas, la intencionalidad con que fue escrito su poema Antínoo, máxime cuando se trata de uno de los menos estudiados del autor. Poema menor entre la sorprendente producción de un poeta universal frente a la novela más famosa y estudiada de una de las grandes escritoras de todos los tiempos: toda conclusión definitiva podría conducir al equívoco. Por tanto, sólo se apuntarán aquí una serie de líneas orientativas acerca de la significación y el alcance de cada obra.

En el poema de Pessoa se refleja la fascinación de su autor por la simbología mítica. Los personajes Adriano y Antínoo trascienden a los personajes históricos que realmente existieron en el siglo II, y se llenan de referencias que apuntan a un cierto modelo o arquetipo. Por eso Antínoo se caracteriza como un personaje plano, y Adriano, aunque en menor medida, también. Son excusas que el poeta utiliza para plasmar una serie de temas que le inquietan: desde la construcción del mito ("deseo ser un creador de mitos, que es el misterio más alto que puede obrar alguien de la humanidad", dijo en una ocasión), pasando por el amor y la sexualidad, la muerte y la inmortalidad. En su poema se percibe un tono romántico (utilizando este concepto con todas sus consecuencias), agónico, catártico, solemne. El mismo lenguaje que utiliza y el uso del inglés isabelino nos recuerda a las grandes elegías de la Antigüedad. Pero Pessoa, ya se dijo antes, siempre nos sorprende. ¿Qué quiso decir realmente con Antínoo?. Tal vez en dos de sus versos se encierre el secreto:

When love meets death we know not what to feel.

When death foils love we know not what to know.(17)

 

En el caso de Marguerite Yourcenar el uso de los personajes es radicalmente diferente. La francesa se sentía fascinada por la figura del emperador, y si Antínoo aparece en la novela es porque realmente formó parte de la vida de Adriano. Antínoo aparece como tema dramático, pero no es el centro del libro, ni su historia es reflejada como la más importante en la vida de Adriano. Marguerite Yourcenar opta por restar sustrato mítico a la tragedia de la muerte del joven, y prefiere convertir la historia en humana, mediante el cuestionamiento mismo de la utilidad de la deificación de Antínoo y el escepticismo de Adriano. Marguerite Yourcenar se siente atraída por las figuras históricas, por el Adriano que fue, por el hombre, no por el símbolo. Todo esto lo explicó ella misma en el mismo Carné de notes que acompaña a las Memoires y en numerosos escritos y cartas. Conviene resaltar especialmente la famosa frase de Flaubert (famosa sobre todo gracias a Marguerite Yourcenar) que, según ella, fue la que guió en todo momento la escritura de las Memoires d'Hadrien: "Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón a Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre".

"Si decidí escribir estas Memorias de Adriano en primera persona, fue para evitar en lo posible cualquier intermediario, inclusive yo misma. Adriano podía hablar de su vida con más firmeza y más sutileza que yo", dirá más adelante. El uso del narrador homodiegético es por tanto una opción para dejar más libre al personaje, librándole de la dependencia del autor. Marguerite Yourcenar no trata, por tanto, de atribuir sus propias significaciones a la historia del Adriano que fue, no trata de interferir con sus opiniones... ¿Por qué entonces no escribió una simple biografía?. También Marguerite Yourcenar nos sorprende, no nos permite atar cabos. Como dice Henriette Levillain, a pesar de todas las precauciones que tomó la escritora para dejar libre a su personaje (se enfurecía ante aquellos que le decían "Adriano es usted") no pudo evitar infiltrarse en él a través de un sutil proceso de ósmosis. A menudo, se tiene la sensación de que Marguerite Yourcenar habla por boca de Adriano. Con esto, no hay duda, Adriano deja de ser sólo el personaje histórico que revive gracias a la pluma de una escritora francesa. Su memoria, al igual que en el caso de Pessoa, vuelve a ser utilizada. Pero desde luego, con diferente fines.


Notas:

(1) Estos dos escritores fueron "auténticas bestias negras" del heterónimo Antònio Mora (en palabras de Ángel Crespo), que los consideraba cristianos disfrazados de paganos.

(2) Según la Historia Augusta (Scriptores Historiae Augustae), escrita entre el 290 y el 320, compendio de las biografías de 30 emperadores romanos.

(3) También ese pudo ser el origen del rechazo que en Roma siempre hubo a la figura de Antínoo, según F. de la Maza. Se consideró que el joven Antínoo estaba influyendo demasiado en la personalidad del emperador.

(4) Oscar Wilde, curiosamente, se divertía rodeándose de jóvenes hermosos o decorándose, en ocasiones, con galas de emperador romano.

(5) "Y así de sus manos trabadas huían las horas/ y de entre sus piernas mezcladas resbala el instante,/ ya hojas muertas eran sus brazos, ya cintas de hierro,/ ya copas sus labios, ya aquello que liba;/ ya estaban sus ojos a todo cerrados, ya demasiado mirando;/ ya se entregaba a su loco vaivén;/ ya una pluma eran sus artes, ya un látigo"

(6) Eurípides, por ejemplo, cuenta la historia de Alcestis sacrificándose para recuperar la vida de Admetus. Cuando los emperadores Augusto y Calígula estuvieron enfermos, mucha gente ofreció su vida por ellos, e incluso se consumaron multitud de sacrificios. Tanto Adriano como Antínoo conocían bien estas historias, y nada impide pensar que pactaran de mutuo acuerdo alguna forma de muerte bajo el patrón del sacrificio "del Hijo por el Padre", también presente en el Cristianismo.

(7) "de la que tampoco sabré jamás nada, precisamente porque me importaría tanto saberlo todo. En Roma, hasta el último charlatán tiene una opinión formada sobre estos episodios de mis vida, mientras yo sigo siendo el menos informado de los hombres".

(8) "No había querido dejar tuerto a aquel miserable. Pero tampoco había querido que un niño que me amaba muriera a los veinte años".

(9) "Un ser insultado me arrojaba a la cara aquella prueba de devoción; un niño, temeroso de perderlo todo, había hallado el medio de atarme a él para siempre. Si había esperado protegerme mediante su sacrificio, debió pensar que yo lo amaba muy poco para no darse cuenta de que el peor de los males era el de perderlo".

(10) "¡Ay! lo que quise que tú fueras ya ahora lo eres tú/ por fin. Por fin en olímpicos suelos/ caminas y eres perfecto, siendo aún tú,/ pues de ti no necesitas llevar exceso alguno/ ni perfecto tú ser, siendo tú perfección".

(11) "Si el sacrificio de Antínoo había sido pesado a mi favor en alguna balanza divina, los resultados de aquel horrible don de sí mismo no se manifestaban todavía; sus beneficios no eran los de la vida, y ni siquiera los de la inmortalidad. Apenas me atrevía a buscarles un nombre. A veces, a raros intervalos, un débil resplandor palpitaba fríamente en el horizonte de mi cielo, sin embellecer el mundo ni a mí mismo; seguía sintiéndome más lacerado que salvado".

(12) "Hablábamos de él algunas veces, pero nunca jamás se dijera una mentira, tenía a veces la impresión de que nuestras palabras se teñían de cierta falsedad; la verdad desaparecía bajo lo sublime. También Chabrias terminó por decepcionarme; había tenido por Antínoo la ciega abnegación de una anciano esclavo por su joven amo, pero tanto lo ocupaba el culto del nuevo dios, que parecía haber perdido casi por completo el recuerdo del ser viviente. (...) a veces me parecía ser el único que se esforzaba por seguir teniendo los ojos abiertos".

(13) "Hermoso era mi amor, aun su melancolía,/ Tenía esas mañas que a amor del todo hacen cautivo,/ de estar un poco triste entre furias lujuriosas./ Ahora el Nilo lo devuelve, eterno Nilo./ Bajo sus húmedos bucles la azul lividez de la Muerte/ batalla libra ya a nuestro deseo con sonrisa triste".

(14) Tan variadas han sido las interpretaciones sobre Antínoo que se le ha llamado "el camaleón del arte antiguo", Las disyuntivas entre inocente o vicioso, ingenuo o coqueto, reticente o franco, realista o soñador, han planeado siempre en el mundo del arte, haciendo en todo caso de Antínoo un personaje bastante complicado y nada plano.

(15) "Su presencia era extraordinariamente silenciosa; me siguió en la vida como un animal o como un genio familiar. De un cachorro tenía la infinita capacidad para la alegría y la indolencia, así como el salvajismo y la confianza. Aquel hermoso lebrel ávido de caricias y de órdenes se tendió sobre mi vida. (...) Y sin embargo aquella sumisión no era ciega; los párpados, tantas veces bajados en señal de aquiescencia o de ensueño, volvían a alzarse; los ojos más atentos del mundo me miraban en la cara; me sentía juzgado...".

(16) "El escolar que en Claudiópolis había aprendido de memoria largos fragmentos de Homero, se apasionaba ahora por la poesía voluptuosa y sapiente, entusiasmándose con ciertos pasajes de Platón. Mi joven pastor se convertía en un joven príncipe. No era ya el niño diligente que en los altos se arrojaba del caballo para ofrecerme, en el cuenco de sus manos, el agua de la fuente; el donante conocía ahora el inmenso valor de sus dones".

(17) "Si amor encuentra a la muerte, no sabemos qué sentir./ Si muerte frustra a amor, no sabemos qué saber".

 


 

Bibliografía

 

Campbell, Joseph: Los mitos: su impacto en el mundo actual. Seix Barral. Barcelona, 1991.

Crespo, Ángel: La vida plural de Fernando Pessoa. Seix Barral. Barcelona, 1988.

Harris, Geraldine: Dioses y faraones de la mitología egipcia. Ediciones Anaya. Madrid, 1986.

Lambert, Royston: Beloved and God: the story of Hadrian and Antinous. Weidenfeld and Nicolson. London. 1984.

Levillain, Henriette: Comentaires aux Memoires d'Hadrian. Foliothèque. Paris, 1981.

Maza, F. de la: Antínoo. el último dios del mundo clásico. Universidad Autónoma de Mexico, 1990.

Savigneau, Josyane: Marguerite Yourcenar. La invención de una vida. Alfaguara. Madrid, 1990.

Tabucchi, Antonio: Un baúl lleno de gente. Huerga Fierro Editores. Madrid, 1997.

 

Se han manejado las siguientes ediciones de los textos analizados:

 

Pessoa, Fernando: Antínoo y otros poemas ingleses. Ediciones Endimión. Colección Letras Portuguesas. Madrid, 1995. Prólogo de Luis a. Diez y José Luis Parga. Edición trilingue.

Yourcenar, Marguerite: Memoires d'Hadrien. Foliothèque. Paris, 1987.

Yourcenar, Marguerite: Memorias de Adriano. Salvat Editores. Barcelona, 1994. Traducción de Julio Cortázar.

 


 

Nota

Este trabajo está incompleto. En realidad, debería haber sido un estudio acerca de la aparición en la literatura de la historia de Antínoo a lo largo de los siglos. Esa perspectiva sería fascinante: permitiría recoger a muchos de los grandes de las letras y hacer un interesante análisis comparatista. Y desde ese punto de vista, ¿por qué no ampliar más la concepción del comparatismo e incluir también en el estudio otras interpretaciones no literarias de la misma historia?. Pues, en efecto, Antínoo aparece en numerosas esculturas, en cuadros, incluso ha inspirado la creación de una danza. ¿Y por qué no incluir también otros estudios de representaciones artísticas de historias de amor entre jóvenes y adultos?. Juventud, belleza, amor y muerte, inmortalidad, temporalidad... serían temas a analizar en este estudio.

Por eso este trabajo se queda muy pequeño e incompleto. Se ha intentado sin embargo, conectar las dos grandes obras analizadas con otros autores y otros momentos, así como con la versión que ofrecen los historiadores. Se ha intentado también trabajar con los textos originales, cosa que en el caso de Pessoa era imprescindible para captar la esencia de su poema. La obra de Marguerite Yourcenar también se ha estudiado en su versión original francesa, a pesar de la inmejorable traducción que hay de ella de Julio Cortázar, de la que se ofrecen algunos fragmentos. Por lo demás, seguramente muchas incorrecciones e imprecisiones, pero también, creo, alguna reflexión útil.

 

 

 

 

ISLA TERNURA LA PLAYA PARA PENSAR