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Los
homosexuales en la Alemania nazi
Decenas de millares de homosexuales fueron deportados por los
nazis. La organización de esta deportación no fue sistemática y, al contrario
que los judíos y los gitanos, la mayoría de los homosexuales no eran
exterminados a su llegada al campo. En Francia decenas de homosexuales fueron
arrestados, sobre todo en el este del país, en Alsacia y Moselle que eran
entonces provincias alemanas.
Los arrestos pudieron ser efectuados gracias a los
ficheros que había realizado la policía francesa antes del inicio de la guerra.
El origen de esta deportación está en relación con el racismo: la homosexualidad
era un delito porque impedía la reproducción de la pretendida “raza
germánica”. Y desde luego miles de gays fueron masacrados en los campos de concentración.
No está
demás recordar que aun en la actualidad son muchos los
colectivos y aun los ciudadanos que se autoconsideran
"civilizados" en sus fuero mas interno
suscribirían la esencia de lamentables párrafos extraídos
de discursos de Hitler. En muchos países siguen existiendo émulos
de la camarilla nazi disfrazados de muy diferentes pieles.
Discursos
sobre la homosexualidad:
Del
discurso pronunciado el 18 de febrero de 1937.
"Si admito que hay de uno a dos millones
de homosexuales eso significa que un 7 u 8% de los hombres son homosexuales. Y
si la situación no cambia, significa que nuestro pueblo será infectado por esta
enfermedad contagiosa.
A largo plazo, ningún pueblo podría resistir a tal
perturbación de su vida y su equilibrio sexual... Un pueblo de raza noble que
tiene muy pocos niños posee un billete para el más allá: no tendrá ninguna
importancia dentro de cincuenta o cien años, y dentro de doscientos o quinientos
años estará muerto.
La homosexualidad hace encallar todo rendimiento, destruye
todo sistema basado en el rendimiento. Y a esto se añade el hecho de que un
homosexual es un hombre radicalmente enfermo en el plano psíquico. Es débil y se
muestra flojo en todos los casos decisivos...
Nosotros debemos comprender que si
este vicio continua expandiéndose en Alemania sin que lo combatamos, será el
final de Alemania, el fin del mundo germánico."
"Hay que abatir esta peste mediante la
muerte"
2.
Testimonio de Pierre Seel acerca del campo
de concentración de Schirmeck.
Pierre Seel
era apenas un muchacho cuando los nazis ocuparon Francia y le
ordenaron reportarse inmediatamente en la comisaría de su pueblito,
Mulhouse. Tristemente para él, la policía lo había consignado en su
lista de ciudadanos homosexuales. Camino a su ignoto destino, Seel
oró por la vida de su «amado Jo» y la de su familia. Él aún no lo
sabía, pero en la comisaría lo esperaban inenarrables torturas y,
después de ello, cuatro años de infierno y una camisa de presidio
cosida con un triángulo de color
rosa.
«En los campos, los homosexuales eran
sometidos a las mismas privaciones, brutalidades, trabajos forzados,
experimentos médicos... pero además llevaban un triángulo rosa por lo que eran
sometidos a vejaciones aun más graves. Algunos fueron dejados a los perros de
las S.S. para que los devorasen antes que a los otros
deportados.
En cuanto a mí, después de
décadas de silencio, me he preparado mentalmente para hablar, para
acusar, antes que para mantenerme indiferente»
Los colores de la
muerte
Amarillo para los judíos, verde para los malhechores
comunes, negro para los católicos y antisociales, rosa para los
homosexuales. Los nazis clasificaban a sus víctimas de exterminio
con coloridos distintivos triangulares que reflejaban los «delitos
cometidos». En el caso de los homosexuales, estos delitos se
llevaban cosidos de manera ostensible en el lado izquierdo de la
camisa y en la pierna derecha del pantalón. Ello significaba -relata
un sobreviviente- que los gays eran sometidos a una disciplina
destinada sólo a los condenados más bajos de la sociedad.
«Los homosexuales eran agrupados en comandos de
liquidación y colocados bajo un triple campo de disciplina. Esto
significaba menos comida, más trabajo y supervisión estricta. Si un
prisionero con un triángulo rosado se ponía enfermo, esto
acrecentaba su perdición. La admisión a la clínica estaba
prohibida».
Como en cualquier prisión contemporánea, la
presencia de los triángulos rosados en la población cautiva
provocaba la misma reacción: los gays eran brutalmente asaltados y
abusados sexualmente. Un escalofriante atisbo de todo ello fue lo
que sufrió Pierre Seel cuando fue encarado con los temibles SS (las
fuerzas de choque del partido nazi) en la comisaría de Mulhouse.
[...]
¿Holocausto gay?
La suerte de los homosexuales en los
campos de concentración nazis constituye un polémico capítulo de la
historia, reivindicado recientemente por unos, pero minimizado por
otros. El mismo Pierre Seel sólo se animó a salir a la palestra
cuando en 1982 el obispo de Estrasburgo profirió un alevoso sermón
en contra de «los enfermos gays». Aguijoneado por esta clamorosa
injusticia, Seel se armó de valor y decidió contar su historia. Su
esposa y sus hijos lo apoyaron.
Han sido muy pocos los homosexuales que, como él,
han tenido el ánimo de relatar sus desgracias. Como arguye James
Steakley (“El Cuerpo Político”): «los pocos homosexuales que se las
ingeniaron para sobrevivir, tendieron a esconder el hecho,
mayormente porque la homosexualidad continuaba siendo un crimen en
la Alemania Occidental de la post-guerra».
En su relación escrita, Seel llega a preguntarse:
«¿Por qué ellos aún están callados? Es verdad que estábamos entre
los más jóvenes del campo, y que bastante tiempo ha pasado, pero
sospecho que mucha gente prefiere mantener silencio para siempre,
por miedo a despertar terribles recuerdos». [...]
La muerte del amante
Si bien el número exacto de
homosexuales que sufrieron en los campos de concentración nazis «es
desconocido y probablemente nunca se sepa» (James Steakley), sí es
posible calcular el grado de sufrimiento que los encarcelados
debieron de soportar. El caso particular de Pierre Seel y de su
amado Jo sirve de angustiante recordatorio de lo que la intolerancia
puede llegar a engendrar.
El escalofriante relato pertenece, nuevamente, al
mismo Seel:
«Un día, los megáfonos nos ordenaron reportarnos
inmediatamente al recuento matutino. Entonces, el comandante
apareció con su staff en pleno. Yo asumí que iba a intimidarnos
nuevamente con su ciega fe en el Reich, junto con una lista de
órdenes, insultos y amenazas, emulando las tristemente célebres
efusiones de su amo, Adolf Hitler. Pero la prueba verdadera era
peor: una ejecución.
Dos SS trajeron a un joven al centro de la plaza.
Horrorizado, reconocí a Jo, mi amado, quien tenía sólo 18 años de
edad. Yo no lo había localizado antes en el campo. ¿Había arribado
antes o después de mí? No nos habíamos visto el uno al otro durante
los días previos a mi captura por la Gestapo. Ahora me helaba de
terror. Yo había orado para que pudiera escapar de sus listas, sus
redadas, sus humillaciones. Y allí estaba, ante mis indefensos ojos,
los cuales se llenaban de lágrimas.
Inmediatamente, los megáfonos empezaron a emitir
melodías clásicas mientras las SS lo desnudaban y embutían en su
cabeza un balde de estaño [...]
La sobrevivencia del
nazismo
¿Existe alguna explicación para tamaña
crueldad?
Difícil de decir, ya que esta misma crueldad era
una patología nazi aplicada indiscriminadamente en contra de judíos,
gitanos, minusválidos, comunistas y gays (es decir, contra todos los
«seres inferiores» y los enemigos de la raza aria). Pero si la
crueldad no tenía explicación, sí había una para la decisión
política de condenar a la homosexualidad.
El sinuoso Himmler,
mandamás de las aterradoras SS, resume el discurso nazi de una
manera simple y sagaz.
«Una nación con muchos niños puede
ganar supremacía y control sobre el mundo. Una raza pura con pocos
niños, ya tiene un pie en la tumba; en cincuenta o cien años no será
de ninguna significancia; en doscientos años estará extinta. Es
esencial entender que si permitimos que esta infección (la
homosexualidad) continúe en Alemania sin ser hábiles para
combatirla, será el fin de Alemania y del mundo alemán».
En palabras de
Hitler, el resultado inmediato de
este "vicio" era "que la pasión innatural podía convertirse
raudamente en la dominadora de las relaciones públicas si se
permitía que se expandiera libremente".
Tremenda e irónica afirmación, desde el mismo
momento en que el propio Hitler era consciente de que había sido
llevado al poder por un conspicuo y poderoso gay: Ernst Rohm,
fundador de las tristemente célebres "camisas pardas", las fuerzas
de choque del nazismo.
Precisamente, para develar este triste capítulo de
la historia y demostrar al mundo que sí había sucedido, Seel dejó de
lado sus inhibiciones y la vergüenza inicial que lo había obligado a
esconderse, casarse y tener hijos. "En febrero 9 de 1989 - relata - fui
entrevistado por la televisión. El telecast fue precedido por varios
artículos en la prensa francesa. Ver reproducida mi imagen pública
en una escala masiva era algo aterrador, pero me sometí a la
prueba". Después de todo, ¿qué podía ser peor que volver a ser un
triángulo rosado?
Seel nos confía: "Cuando me vence la rabia tomo mi
sombrero y abrigo, y camino desafiante por las calles. Me figuro a
mí mismo errando a través de cementerios que no existen, los
silentes lugares de aquellos muertos que agitan la conciencia de la
vida. Entonces siento que grito: ¿¡Cuándo tendré éxito en hacer
comprender la existencia de la deportación masiva de homosexuales
operada por los nazis!?". [...]
¿Homosexualismo militante
nazi?
Los que minimizan el holocausto gay suelen
argüir que la hecatombe homosexual es un invento de algunos grupos
gays. Por un lado afirman muchos de los acusados de homosexualismo
eran sólo enemigos políticos acusados falsamente; por otro lado,
agregan, es contradictorio mostrar a los nazis como asesinos de gays
cuando ellos mismos eran homosexuales en potencia. Como muestra de
ello citan las infinitas violaciones cometidas por las SS en contra
de los presos masculinos que portaban el triángulo rosado (y aún de
los que no lo portaban).
En realidad, muchos jerarcas nazis eran
homosexuales o bisexuales muy conocidos, como Rudolph Hess (hombre
de confianza de Hitler), Hans Frank (ministro de Justicia) o el ya
citado Ernst Rohm (vistoso por reclutar homosexuales para su staff
de camisas pardas); más aún, Hitler tuvo muchos problemas para
desarraigar de las Juventudes Hitlerianas el mote de Juventud Homo
que le había otorgado la opinión pública. Sin embargo, todo ello no
deslegitima la actitud política y dogmática adoptada por el nazismo
en contra de la población homosexual... aunque ésta se cebara
únicamente sobre los gays políticamente incorrectos o los indefensos
individuos particulares, carentes de cualquier apoyo del
partido.
El Parágrafo 175, aplicado con rigor luego de la
Noche de los Cuchillos Largos, no dejaba lugar a dudas: no sólo las
relaciones sexuales, incluso un beso, un abrazo ¡y aun fantasías
homosexuales! eran castigadas drásticamente [...]
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