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Matthew
Shepard (1976 - 1998)
La
homofobia no es extraña a ningún país. Crímenes
contra gays los hay en todas partes y todos son
injustos y brutales. Especialmente en Estados
Unidos, en algunos estados, esa homofobia se
manifiesta de manera especialmente violenta. No
son extraños los asesinatos cometidos contra
personas cuyo único delito era ser gays, lesbianas
o transexuales.
En los países donde la
homosexualidad está penada, la homofobia es la del
Estado que encarcela y mata a los gays por el
hecho de serlo. Sin embargo, en los EE.UU. la
situación es la de un país en algunos de cuyos
estados la homosexualidad está prohibida. Los gays
están protegidos por la constitución pero, al
mismo tiempo, están desarmados frente a la
incultura, a los prejuicios, frente a un estado
que no hace nada por combatir los prejuicios y la
intolerancia de muchos de sus ciudadanos. Allí,
los crímenes por homofobia no son infrecuentes.
Sin embargo, a pesar de eso, la muerte de Matthew
Shepard levantó una ola de indignación sin
precedentes en todo el país. El crimen de Matthew
Shepard conmocionó a los EE.UU. y a todo el mundo,
y eso a pesar de que, aparentemente, era un crimen
homófobo más. Las circunstancias que rodearon todo
el caso lo hicieron especial. El espanto generado
por el crimen de Matthew Shepard hizo que todo el
mundo (no sólo los EE.UU.) se tomara los "crímenes
por odio" en serio; que resultara imposible
ignorar que la homofobia puede llegar al asesinato
más cruel.
Matthew
Shepard era un estudiante gay, de aspecto aniñado
y frágil, que estudiaba Ciencias Políticas en la
universidad de Wyoming, sita en la ciudad de
Laramie. En la noche del 6 de octubre de 1998 o
quizá en la madrugada del día 7 fue engañado
cuando se encontraba en un bar de la ciudad por
dos hombres que se hicieron pasar por gays. Le
subieron a un camión y le llevaron hasta un lugar
desierto fuera de la ciudad; allí le ataron a la
verja de un vallado y le torturaron y golpearon
durante horas salvajemente. Después le abandonaron
allí atado con unas temperaturas bajo cero.
Un
ciclista pasó por allí a las 6 y media de la
mañana, casi dieciocho horas después del ataque y
al principio le tomó por un espantapájaros.
Matthew estaba inconsciente y sufría hipotermia.
Su cara estaba llena de sangre, excepto allí donde
el reguero producido por las lágrimas la había
limpiado. Cuando le llevaron al hospital tenía
tantas heridas que los doctores ni siquiera
pudieron operarle. Murió cinco días después sin
recuperar la conciencia en el hospital de Laramie. Su familia estaba a su lado, su hermano
le cogía la mano.
Mientras Matthew moría, algunos
estudiantes de la universidad hicieron un muñeco y
lo colgaron de la misma verja con un cartel
colgando en el que se leía "soy gay", y frases
insultantes y groseras en su espalda; eran gente
normal, no criminales y se suponía que aquello era
una broma.
La brutalidad del crimen, la crueldad
de los asesinos, el hecho de que Matthew fuese
gay, movilizaron a la comunidad gay-lesbiana de EE.UU.
como ninguno de los crímenes anteriores lo
había hecho. Los medios de comunicación le
dedicaron al asunto una cobertura máxima. Todo el
país clamaba por un castigo ejemplar a los
culpables.
Además este
crimen provocó una enorme controversia política
porque sirvió para que la mayoría de la gente
apoyara que la homofobia debía incluirse entre los
llamados "crímenes por odio". Un crimen por odio
es generalmente definido como un crimen en el que
el delito está motivado, en todo o en parte, por
el odio, los prejuicios o las falsas asunciones
acerca de la raza, el sexo, la edad, el género, la
discapacidad o la orientación sexual de la
víctima. Cuando se produce un crimen por
cualquiera de esas razones se aplica una agravante
al propio delito cometido.
En
EE.UU. todas esos
aspectos de la personalidad humana están
especialmente protegidos por esa legislación,
excepto la orientación sexual, que sólo lo está en
algunos estados. La mayoría, por contra, no lo
incluye entre los aspectos personales que la ley protege. El crimen contra Matt Shepard puso de
manifiesto que la homofobia es un factor que puede
conducir al crimen y que por tanto, la orientación
sexual debe estar especialmente
protegida.
Después de la
muerte de Shepard, el país se dividió en dos. Se
le dedicaron funerales en muchas ciudades, honores
estatales en otras. Matthew Shepard de convirtió
en un símbolo que unió al movimiento gay-lesbiano
como pocas cosas lo habían hecho en los últimos
años.
Su muerte sirvió también para unir a los
conservadores, que cerraron filas negándose a
introducir la homofobia entre los aspectos
personales que la ley protege. Todavía hoy se
vota, estado por estado, una legislación de
"crímenes por odio" que incluya la orientación
sexual en su definición.
La familia de
Matthew,
especialmente su madre, Judy, se ha convertido en
uno de los máximos defensores de los derechos de
gays y lesbianas. Organizaron una fundación que
lleva el nombre de su hijo y dan charlas y
conferencias por todo EE.UU. en favor de los
derechos para la comunidad gay.
El juicio contra
los asesinos de Shepard, Aaron McKinney y Henderson, también resultó polémico y sentó un
precedente legal muy importante en cuanto a la
defensa que podía hacerse en este tipo de crímenes
y la que no. Después del crimen fueron detenidos
cuatro individuos: dos acusados de asesinato y los
otros dos por complicidad. El gran asunto del
juicio era decidir si los acusados habían matado a
Matthew por ser gay o si esto no tenía nada que
ver. El hecho de que los acusados se hicieran
pasar por gays era una prueba de que la homofobia
tenía mucho que ver en el asunto.
Los acusados
dijeron al principio que ignoraban que Matthew
fuese gay. Uno de los acusados, Henderson, confesó
enseguida y se libró de la pena de muerte acusando
a su compañero. Sobre McKinney pesaba entonces la
condena a muerte. Alegó como atenuante "pánico
gay". Según esta estrategia de sus abogados,
Matthew intentó ligar con él y él, que había sido
abusado de pequeño por un vecino, sintió esta
clase de pánico y esa fue la razón de que le
matara. Si el juez hubiese aceptado esta línea de
defensa, hubiera servido de atenuante en muchos
juicios de este tipo, pero no lo hizo.
Otro aspecto del
caso que levantó mucho interés por parte de los
medios de comunicación es el hecho de que los
padres de Matthew aceptaran que a McKinney le
fuera conmutada la pena de muerte por la de cadena
perpetua. En EE.UU. la familia de la víctima tiene
que estar de acuerdo en que a un acusado le sea
conmutada esta pena. Además, en ese país las
familias de las víctimas suelen son los
principales partidarios de que a los condenados se
les aplique la pena capital y suelen también
asistir a las ejecuciones. El "ojo por ojo" es
allí ley. El hecho de que los padres de una
persona tan horrorosamente asesinada aceptaran
perdonar la condena a muerte levantó una ola de
sorpresa. Según se supo luego fue Judy, la madre
de Matthew, la que presionó a su marido, que era
partidario de la pena capital.
Matthew Shepard
es, desde el día de su muerte, un símbolo para
gays y lesbianas de todo el mundo. Una de las
personas que más atención mediática recibió (no
hay más que ver las páginas de Internet que le
están dedicadas). Este mismo año, la cadena de
televisión MTV ha emitido la película "Anatomía de
un crimen por odio" basada en su vida. En esta
película se ha evitado mostrar a Matthew como a un
mártir, pero sí se le presenta como una víctima de
la intolerancia y los prejuicios.
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