DESEO HOMOSEXUAL MASCULINO Y LENGUAJE MORAL


Ensayo de ALEXANDER SALAZAR ESQUIVEL

 

 

Conclusiones  

Las palabras son términos valorativos que funcionan como ejes nucleares de la identidad existencial y de la vida cotidiana de todo sujeto, que la totalidad del individuo humano se compromete con su palabra y se constituye a través de ella . Con referencia a ella y bajo su sombra las personas logran leer e incorporar cada uno de sus sucesos, las circunstancias que lo rodearon y las actitudes asumidas; a través de ellas van enlazando y pegando su historia personalmente social.

Ellas constituyen las características del bien como las de su transformación en una idea-valor, en guía y referente, que está omnipresente en todo instante o momento que se requiere de una respuesta o, un ubicarse ante las situaciones que la vida y el destino le pone enfrente o que él mismo va a su encuentro.

Reflexionar las entrevistas desde las propuestas teóricas que se mencionaron, nos conllevó de manera prioritaria, a un minucioso y detenido análisis de las formas proposicionales que se utilizan y seleccionan las identidades y prácticas homoeróticas masculinas para contar y rememorar valorativamente los hechos acaecidos y vividos. Los análisis de estas narrativas nos permitieron detallar discursivamente  sus experiencias límites con relación al DHM, como el horizonte de su vida que los lleva a un punto crítico de prueba: punto que constriñe el presente , que niega o viola por unos instantes los parámetros morales fundamentados a partir del bien; ellos se desvanecen sin perder su sustancia y contenido durante la acción, para luego resurgir en un segundo momento, es decir, como un pasado y un futuro proyectado sobre el actual espacio moral.

En este ir y venir reflexivos se observó y registró cómo los hombres homosexuales y heterosexuales están por fuera o al margen por sus interlocuciones con dicho erotismo; se ven compelidos a cuestionar la imagen valorativa de su deseo, de su propia identidad de género y sus prácticas sexuales .

Aunque esta interlocución no niegue que dicho deseo se perciba como una esencia que define sus identidades de género, podemos suponer que sí existen encuentros eróticos entre individuos heterosexuales, que en determinado momento pueden acceder a una experiencia o encuentro homoerótico negociando una postura corporal pasiva, sin que ello tenga hondas repercusiones morales en su condición masculina

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