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Ellos
son incorporados en la vida de los sujetos homosexuales como REFERENTES
DISCURSIVOS para comprender, leer y hablar de los (sus) comportamientos y
experiencias de homoerotismo masculino: el decir y ser dicho
Son
dos nombres que envuelven las visiones semióticas y morales que legitiman
las relaciones de género y las prácticas eróticas: homosexual
y gay
El
término homosexual debe verse como un
punto referencial tanto para los hombres hetero y homosexuales, para
consolidar sus imágenes de género, como un fundamento que les permite
preguntarse por su identidad sexual y para validar o impugnarla como un
hecho positivo o negativo dentro de su narración de vida. Para ellos es
una categoría discursiva que expone sus deseos y experiencias, como actos
que contradicen y cuestionan los valores sociales de la masculinidad;
la palabra homosexual es percibida como
una sexualidad que está más cerca a la naturaleza de la mujer y al
concepto de feminidad: " mujer que habita un cuerpo de
hombre".
Es
a partir de esta nominalización que la figura del homosexual
se estigmatizó y se rechazó, por que se vio en dicho identidad, una
actitud y un comportamiento que no se ajustaba a las características
esenciales que definen el ser y hacer desde una condición masculina.
La
expresión Gay fue señalada en nuestro siglo, como una fase
progresiva de los discursos occidentales acerca del DHM y se exhibió como
un nombre que rompe e invalida a la primera. Se afirma que con la
incorporación del término gay se produjeron los elementos culturales
para la aceptación social o legitimación moral de los comportamientos y
prácticas de homosexualidad: nuevos espacios y tiempos para ser exhibido,
significado y hablado..
El
bien o nuevo referente para discurrir sobre el homoerotismo, es una figura
que reivindica el campo semiótico de la masculinidad en oposición al
universo semántico de la feminidad, con el que se había relacionado una
identidad homosexual. Desde la
perspectiva de la cultura gay, las identidades y encuentros entre sujetos
hombres son válidas en tanto no se halle en contradicción con la imagen
social de la masculinidad y afirmen: somos homosexuales pero seguimos
siendo hombres; accedí a una experiencia sin negociar mi virilidad.
Maricali:
"La
homosexualidad es como una tendencia de gustarle los hombres y todo el
cuento, pero que no se aceptan mucho, en cambio ya el Gay es la persona
que vive como homosexual, se acepta
como tal y tiene su vida así..."
"
Al fin cuando ya me acepté, ya me parecía que yo podría ser un homosexual
y todo el cuento y seguir siendo hombre, un macho ".l
Las
anteriores reflexiones sólo son básicas para entender los contextos
sociales e interlocutivos (discotecas, calles y a noche), que hacen viable
la interacción y facilitan la construcción de una identidad homosexual.
Para
el caso de los jóvenes (Rapicali), ellas no pueden
observarse como un bien para valorar
los actos de ellos. En los jóvenes la idea de bien con relación al DHM,
es desarrollada desde la imagen dual que la sociedad produce y reproduce
del homosexual: la loca (que es
rechazado por sus rasgos femeninos) y el man bien (legitimado por
su aspecto masculino) .
Los
muchachos clasifican sus actos, sus experiencias y su hablar del DHM a
partir de la figura binaria y maniquea que tienen de los sujetos
homosexuales: figura dual que influye en sus comportamientos y en las
apreciaciones subjetivas:
"..un
homosexual incita a robarlo y a
tratarlo como una loca porque lo es.";
"...en
el parche hay un contraejemplo de un amigo que es homosexual
y que nadie lo ve como una loca ni piensan en él para querer robarlo,
todo el mundo lo ve como persona.., pero porque no es hostigoso ni
oportunista."
Es
necesario comprender cómo para ellos la clasificación entre homosexuales
de aspecto masculino y femenino, es también un factor para minimizar la
contradicción que les genera sus experiencias homosexuales.
La
figura de los travestis o de un hombre demasiado "femenino" (por
la asociación con las mujeres ellos legitiman un rol activo), es uno de
los factores que usan para explicar o justificar para sí mismos o ante
sus amigos, el haber accedido a prácticas homoeróticas.
Sucede
lo contrario con el homosexual de
apariencia masculina; la percepción que tienen de éste, les recuerda un
deber ser como sujetos masculinos, ella los conduce a cuestionarse por
cuál es verdaderamente su objeto de deseo y por el rol corporal que
tendrá en dicho encuentro.
"...parcharse
a un man es darle besos así, como a una hembra.."
"...un
homosexual bonito es alguien que está
cerca de una mujer físicamente y por lo tanto se le pueden admirar unas
nalgotas o unas tetotas; es un hombre pero está cerca de una mujer que es
lo que a uno le gusta... Puede haber manes... siendo pintas como hombres
también son homosexuales; a mi me quedaría más difícil tener una
relación con un man de esos..."
"...claro
que esas locas eran muy bellas, yo soy muy hombre, pero muy hombre pero
maricas como esos..."
La
dualidad que establecen al interior de la imagen del homosexual
se traslapa y converge necesariamente, con la polaridad discursiva que
implica un rol sexual y unas posturas corporales: activo o pasivo. La
figura de los hombres homosexuales, loca o man bien, es relacionada
con prácticas pasivas es y por lo tanto, es la que les sirve y utilizan
para confirmarse como sujetos masculinos.
Es
necesario que resaltemos que el DHM es un referente imprescindible para
los sujetos que integran los dos frentes de investigación, al momento de
explicar a los otros y explicarse para sí, su identificación o sus
vivencias homoeróticas
Maricali:
"me
di cuenta yo de que, de que todos los cinco años en que me la pasé tratando
de negar que yo era gay, tratando de hacer cosas, me di cuenta que yo me
estaba fregando la vida.., me había atascado en esa parte y no iba salir
de ahí."
Rapicali:
"...es
que a mí desde sardino siempre me ha gustado así el parche, de que las
niñas y los amigos míos, así sean de la misma edad."
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