DESEO HOMOSEXUAL MASCULINO Y LENGUAJE MORAL


Ensayo de ALEXANDER SALAZAR ESQUIVEL

 

"Modalizaciones del DHM a través del lenguaje moral"  

Los sujetos masculinos se ven obligados a mantener un diálogo con este deseo, legitimado discursivamente como prohibido y anómico, como un medio para definir, examinar y juzgar su ser y hacer socio-erótico. Ellos son conscientes que para llevar a buen término sus objetivos o sea, para hablar consigo mismo acerca del valor de sus sentimientos y vivencias homoeróticas, deben acudir a las imágenes culturales y enunciativas que constituyen y recrean al DHM como un tabú y a los enunciados que lo nominan como un interdicto que ha sido útil para organizar las prácticas y los decires válidos de la sociedad con respecto al erotismo.

Esta afirmación se puede corroborar al observar cómo para los jóvenes el DHM, no es únicamente una herramienta moral para juzgar la validez o invalidez de sus experiencias eróticas sino que ante todo, es un fundamento moral para confrontar, fortalecer y actualizar sus imaginarios de sujetos masculinos.

En las respuestas de los hombres homosexuales, que integran el grupo que hemos denominado Maricali, se puede advertir como ellas están enunciadas desde una relación paradigmática que categoriza al erotismo y al género: masculino / femenino; heterosexualidad / homosexualidad. Mientras que para los sujetos de Rapicali estas se hallan sustentadas por la clasificación de las posturas corporales en el  transcurso de sus experiencias eróticas e interlocutivas con un hombre homosexual: activo / pasivo; poseedor / poseído.

Por consiguiente en las respuestas de estas personas, con identidades o prácticas homosexuales, se puede percibir la influencia de un lenguaje dicotómico, que les permite asignar y reflexionar moralmente su encuentro con el DHM. Se puede afirmar que las dualidades que integran las proposiciones de los dos grupos, son equivalentes por cuanto ellas convergen en los mismos aspectos, para discurrir sobre el género y el erotismo.

Para el primer grupo, el juego verbal y cinésico con estos pares binarios, son un modo para hallar una justificación a sus gustos eróticos y afectivos; al mismo tiempo, son centrales para equipararlos con las imágenes, públicas y privadas, que se tienen de los géneros.

Para el segundo grupo, la dualidad discursiva y corporal surge como una pregunta en su hacer masculino y que por sus reiterativos encuentros eróticos con un hombre homosexual, se transforma en una contradicción que los conduce a definir los atributos lo que verdaderamente los hace ser hombres heterosexuales; a dar cuenta de qué los acerca a un hacer femenino y a un comportamiento homosexual.

Maricali: "... primero descarté la posibilidad, aunque de niño jugara a travestirme, no me identifiqué como mujer, yo voy a ser homosexual, pero voy a seguir siendo hombre..."

"...a verme como un ser sexuado, hombre masculino, que yo nunca lo había pensado, siempre me había pensado como un ser sexuado femenino.."

Rapicali: "...yo no entendía muy bien que clase de personajes eran los homosexuales, no me imaginaba que se acostaban con otro hombre sino que los veía como personas delicadas, como las mujeres..."

"...en la cárcel la gente se clasifica entre cachorros y maricas... en un ambiente donde no hay mujeres lo más lógico era que un marica tomara ese papel."

"...a lo bien, uno es marica cuando lo tiene adentro, ¿no crees? O sea cuando está empatado..."

Los fragmentos de las entrevistas nos revelan cómo para todos ellos, su ser y hacer, ya sea en términos de una identidad o práctica, están en contradicción con las imágenes sociales del género y del erotismo; por lo cual ellos mismos, las juzgan inmediatamente, desde el deber ser de estas dos realidades. La inquietud que expresan con respecto a su interactuar con el DHM los conduce a delimitar fenomenológicamente, una moral situacional con el fin de relativizar y minimizar las consecuencias de sus actos; que legitimará o invalidará su hacer homoerótico.

Efectuar el análisis de identidades y prácticas homoeróticas masculinas, desde la perspectiva que relaciona acción con pasión, es describirlas a partir de los diversos procesos que componen una existencia: serie de pasiones internas y de acciones externas, es decir, como recorridos que especifican las transformaciones coyunturales, a nivel pasional y moral, de cada uno de ellos.

"lo pasional no puede tomarse desde lo léxico, sino como una reconstrucción conceptual a partir de las modalidades. (Fabri, 226)

Maricali: "...ya te das cuenta en que rollo estás metido. Te das cuenta que tu preferencia sexual son las personas de tu mismo sexo, ni lo ves como algo malo, como algo diferente, lo ves muy simple, como un hombre se enamora de una mujer, un hombre se puede enamorar de otro hombre.."

"...cuando se percibió diferente a los demás hombres, comenzó a convertir el rechazo que sentía en valor para no lastimarse."

"...ser homosexual es tener atracción por el mismo sexo, pero ser homo no implica sólo esa parte sexual... ser homosexual es para hombres, yo creo que es para hombres por el manejar una doble personalidad, el manejar una doble vida..."

Rapicali: "...ya en el mundo de la droga vos sabes que no falta el pirobo que se le atraviese a uno y lo bien, vamos, breve."

"... bueno muchachos, esto es entre nosotros, nosotros somos hombres o sea que nada de nada pa' nadie, lo hicimos porque necesitábamos plata para soplar.."

"... tengo un amigo que siempre salía para las vueltas con maricas... yo iba más que todo a ver que me traía de allá...nunca me ha nacido estar con otro hombre, siempre ha sido bajo las drogas y con el ánimo de conseguir más."

Cuando se habla de la categoría o nivel de la expresión, se quiere dar a entender una relación de la acción(Fabri), del acontecimiento y sus formas proposicionales (Deleuze) que trascienden las tres relaciones que están presentes en toda proposición: designación, manifestación y significación.

Para el primer autor tal acción, como un hecho objetivo y subjetivo, requiere del uso de categorías que representan los cambios y la jerarquización de la estructura de acción y de percepción formando así, una unidad cohesiva y coherente en el funcionamiento del componente lingüístico y del complejo del lenguaje.

Para el segundo el ir más allá, nos ubica en el plano del Sentido de la proposición, el cual mantiene dos maneras complementarias de ser: interioridad de la existencia y exterioridad de los acontecimientos .

Maricali: "...ya era el momento que yo hablara con alguien, que yo dijera, lo contara sino me iba a enloquecer."

"...no tener vergüenza de decirlo, no tenerlo a flor de piel o gritarlo a los cuatros vientos, siempre hay que mantener esa imagen de hombre, con las situaciones más que con las actitudes y amaneramientos."

Rapicali: "...yo soy muy hombre, pero muy hombre, pero maricas como esos..."

"...me dejé tocar el culo, pero de ahí no he pasado y eso que me hice respetar."

Ambos autores coinciden que la expresión o lo expresado en la proposición, nos debe remitir a una estructura que preexiste en el lenguaje y es anterior al acontecimiento, como una "verdad" única que nos revela al ser y al acontecimiento como un todo esencial.

Se puede afirmar que los núcleos narrativos de ambos frentes de investigación, están determinados por la preexistencia de un saber moral con relación al DHM y el género.

Este conocimiento los coacciona a un actuar reflexivo y requiere de ellos el estar, siempre y permanentemente, atentos a lo que dicen, al modo como expresan los sucesos de sus vidas, a lo que incluyen o excluyen durante su interlocución; de manera especial, analizar las palabras que fueron  seleccionadas para relatar sus experiencias, ya sea para sí mismos o para los otros.

La anterior situación nos condujo a captar el hablar de ellos, como un rango de pasos, cuyo resultado final era una proposición, que existe a través del componente léxical y semántico, que devela su un pensar y actuar moral. El léxico debe ser comprendido metafóricamente, como un juego de carácter pendular que ofrece, a manera de ensayo, una gama de palabras que son útiles para relativizar, justificar e interpretar los acontecimientos homosexuales; al momento de impugnar o validar su acción, actuación o decisión y posteriormente, para estructurar un discurso retrospectivo de los sucesos.

Con la selección final de las palabras él aplica un juicio bajo los aspectos de bien y mal, positivo o negativo, a determinados acontecimientos y pensamientos con el fin de explicar su historia de vida.

Bajo este aspecto es que adquiere preeminencia la sentencia de Nietzsche:  No hay fenómenos morales, no hay más que interpretaciones morales. Interpretación que viene dada por el lenguaje y se realiza dentro de su perímetros.

Rapicali: "...hay un sardino travesti muy lindo y ha logrado confundirme... un homosexual bonito es alguien que está cerca de una mujer físicamente... es un hombre pero está cerca de una mujer que es lo que a uno le gusta... Puede haber manes que siendo pintas como hombres son homosexuales. A mí me quedaría más difícil tener una relación con un man de esos que con un travesti."

"...hasta un día me tocó cogerle la polla a un man de esos porque me llevó a ciudad jardín, pero nada más, pero a como la cogí me pillé que tenía un machete y ahí mismo le cogí ese machete y le dije: quibo marica, me pasas toda la plata."

"...hubo un tiempo en que todo el parche salía pa' las vueltas con las locas y sobretodo por plata... en realidad eso es una disculpa para lo que uno está haciendo en ese momento, pero eso es engañarse."

Por consiguiente se puede advertir como los fragmentos discursivos (respuestas) que integran sus relatos son el reflejo de una interpretación moral, tanto para aquellos que se reconocen como hombres con una identidad homosexual, como de aquellos que solamente mantienen encuentros homoeróticos masculinos.

En los dos temas se pueden esbozar unas ciertas maneras de establecer y legitimar su relación con el DHM, desde los términos es factible explicar como para sí mismos y para los otros, se asume una perspectiva moral.

Concluyamos entonces, que el DHM es el referente que tienen Maricali y Rapicali no sólo para comprenderse como sujetos eróticos transgresores sino, de manera central, como sujetos de género masculino; para delimitar qué tan cerca o lejos, qué se negocia o se prescinde social y moral, en los momentos que deben denominarse como homosexuales o al momento, afirmativo o negativo, de decidirse por un encuentro homoerótico con un sujeto homosexual.

 

 

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