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Los
sujetos masculinos se ven obligados a mantener un diálogo con este deseo,
legitimado discursivamente como prohibido y anómico, como un medio para
definir, examinar y juzgar su ser y hacer socio-erótico. Ellos son
conscientes que para llevar a buen término sus objetivos o sea, para
hablar consigo mismo acerca del valor de sus sentimientos y vivencias
homoeróticas, deben acudir a las imágenes culturales y enunciativas que
constituyen y recrean al DHM como un tabú y a los enunciados que lo
nominan como un interdicto que ha sido útil para organizar las prácticas
y los decires válidos de la sociedad con respecto al erotismo.
Esta
afirmación se puede corroborar al observar cómo para los jóvenes el DHM,
no es únicamente una herramienta moral para juzgar la validez o invalidez
de sus experiencias eróticas sino que ante todo, es un fundamento moral
para confrontar, fortalecer y actualizar sus imaginarios de sujetos
masculinos.
En
las respuestas de los hombres homosexuales, que integran el grupo que
hemos denominado Maricali, se puede advertir como ellas están
enunciadas desde una relación paradigmática que categoriza al erotismo y
al género: masculino / femenino; heterosexualidad / homosexualidad.
Mientras que para los sujetos de Rapicali estas se hallan
sustentadas por la clasificación de las posturas corporales en el
transcurso de sus experiencias eróticas e interlocutivas con un
hombre homosexual: activo / pasivo;
poseedor / poseído.
Por
consiguiente en las respuestas de estas personas, con identidades o
prácticas homosexuales, se puede percibir la influencia de un lenguaje
dicotómico, que les permite asignar y reflexionar moralmente su encuentro
con el DHM. Se puede afirmar que las dualidades que integran las
proposiciones de los dos grupos, son equivalentes por cuanto ellas
convergen en los mismos aspectos, para discurrir sobre el género y el
erotismo.
Para
el primer grupo, el juego verbal y cinésico con estos pares binarios, son
un modo para hallar una justificación a sus gustos eróticos y afectivos;
al mismo tiempo, son centrales para equipararlos con las imágenes,
públicas y privadas, que se tienen de los géneros.
Para
el segundo grupo, la dualidad discursiva y corporal surge como una
pregunta en su hacer masculino y que por sus reiterativos encuentros
eróticos con un hombre homosexual, se
transforma en una contradicción que los conduce a definir los atributos
lo que verdaderamente los hace ser hombres heterosexuales; a dar cuenta de
qué los acerca a un hacer femenino y a un comportamiento homosexual.
Maricali:
"...
primero descarté la posibilidad, aunque de niño jugara a travestirme, no
me identifiqué como mujer, yo voy a ser homosexual,
pero voy a seguir siendo hombre..."
"...a
verme como un ser sexuado, hombre masculino, que yo nunca lo había
pensado, siempre me había pensado como un ser sexuado femenino.."
Rapicali:
"...yo
no entendía muy bien que clase de personajes eran los homosexuales, no me
imaginaba que se acostaban con otro hombre sino que los veía como
personas delicadas, como las mujeres..."
"...en
la cárcel la gente se clasifica entre cachorros y maricas... en un
ambiente donde no hay mujeres lo más lógico era que un marica tomara ese
papel."
"...a
lo bien, uno es marica cuando lo tiene adentro, ¿no crees? O sea cuando
está empatado..."
Los
fragmentos de las entrevistas nos revelan cómo para todos ellos, su ser y
hacer, ya sea en términos de una identidad o práctica, están en
contradicción con las imágenes sociales del género y del erotismo; por
lo cual ellos mismos, las juzgan inmediatamente, desde el deber ser de
estas dos realidades. La inquietud que expresan con respecto a su
interactuar con el DHM los conduce a delimitar fenomenológicamente, una
moral situacional con el fin de relativizar y minimizar las consecuencias
de sus actos; que legitimará o invalidará su hacer homoerótico.
Efectuar
el análisis de identidades y prácticas homoeróticas masculinas, desde
la perspectiva que relaciona acción con pasión, es describirlas a partir
de los diversos procesos que componen una existencia: serie de pasiones
internas y de acciones externas, es decir, como recorridos que
especifican las transformaciones coyunturales, a nivel pasional y moral,
de cada uno de ellos.
"lo
pasional no puede tomarse desde lo léxico, sino como una reconstrucción
conceptual a partir de las modalidades. (Fabri, 226)
Maricali:
"...ya
te das cuenta en que rollo estás metido. Te das cuenta que tu preferencia
sexual son las personas de tu mismo sexo, ni lo ves como algo malo, como
algo diferente, lo ves muy simple, como un hombre se enamora de una mujer,
un hombre se puede enamorar de otro hombre.."
"...cuando
se percibió diferente a los demás hombres, comenzó a convertir el
rechazo que sentía en valor para no lastimarse."
"...ser
homosexual es tener atracción por el
mismo sexo, pero ser homo no implica sólo esa parte sexual... ser homosexual
es para hombres, yo creo que es para hombres por el manejar una doble
personalidad, el manejar una doble vida..."
Rapicali:
"...ya
en el mundo de la droga vos sabes que no falta el pirobo que se le atraviese a uno y lo bien, vamos, breve."
"...
bueno muchachos, esto es entre nosotros, nosotros somos hombres
o
sea que nada de nada pa' nadie, lo hicimos porque necesitábamos
plata
para soplar.."
"...
tengo un amigo que siempre salía para las vueltas con maricas... yo
iba
más que todo a ver que me traía de allá...nunca me ha nacido estar
con
otro hombre, siempre ha sido bajo las drogas y con el ánimo de
conseguir
más."
Cuando
se habla de la categoría o nivel de la expresión, se quiere dar a
entender una relación de la acción(Fabri), del acontecimiento
y sus formas proposicionales (Deleuze) que trascienden las tres
relaciones que están presentes en toda proposición: designación,
manifestación y significación.
Para
el primer autor tal acción, como un hecho objetivo y subjetivo, requiere
del uso de categorías que representan los cambios y la jerarquización de
la estructura de acción y de percepción formando así, una unidad
cohesiva y coherente en el funcionamiento del componente lingüístico y
del complejo del lenguaje.
Para
el segundo el ir más allá, nos ubica en el plano del Sentido de
la proposición, el cual mantiene dos maneras complementarias de ser: interioridad
de la existencia y exterioridad de los acontecimientos
.
Maricali:
"...ya
era el momento que yo hablara con alguien, que yo dijera, lo contara
sino me iba a enloquecer."
"...no
tener vergüenza de decirlo, no tenerlo a flor de piel o gritarlo
a
los cuatros vientos, siempre hay que mantener esa imagen de hombre,
con las situaciones más que con las actitudes y amaneramientos."
Rapicali:
"...yo
soy muy hombre, pero muy hombre, pero maricas como esos..."
"...me
dejé tocar el culo, pero de ahí no he pasado y eso que me hice
respetar."
Ambos
autores coinciden que la expresión o lo expresado en la
proposición, nos debe remitir a una estructura que preexiste en el
lenguaje y es anterior al acontecimiento, como una "verdad"
única que nos revela al ser y al acontecimiento como un todo esencial.
Se
puede afirmar que los núcleos narrativos de ambos frentes de
investigación, están determinados por la preexistencia de un saber moral
con relación al DHM y el género.
Este
conocimiento los coacciona a un actuar reflexivo y requiere de ellos el
estar, siempre y permanentemente, atentos a lo que dicen, al modo como
expresan los sucesos de sus vidas, a lo que incluyen o excluyen durante su
interlocución; de manera especial, analizar las palabras que fueron seleccionadas para relatar sus experiencias, ya sea para sí
mismos o para los otros.
La
anterior situación nos condujo a captar el hablar de ellos, como un rango
de pasos, cuyo resultado final era una proposición, que existe a través
del componente léxical y semántico, que devela su un pensar y actuar
moral. El léxico debe ser comprendido metafóricamente, como un juego de
carácter pendular que ofrece, a manera de ensayo, una gama de palabras
que son útiles para relativizar, justificar e interpretar los
acontecimientos homosexuales; al momento de impugnar o validar su acción,
actuación o decisión y posteriormente, para estructurar un discurso
retrospectivo de los sucesos.
Con
la selección final de las palabras él aplica un juicio bajo los aspectos
de bien y mal, positivo o negativo, a determinados acontecimientos y
pensamientos con el fin de explicar su historia
de vida.
Bajo
este aspecto es que adquiere preeminencia la sentencia de Nietzsche:
No hay fenómenos morales, no hay más que interpretaciones
morales. Interpretación que viene dada por el lenguaje y se realiza
dentro de su perímetros.
Rapicali:
"...hay
un sardino travesti muy lindo y ha logrado confundirme... un homosexual
bonito es alguien que está cerca de una mujer físicamente...
es un hombre pero está cerca de una mujer que es lo que a uno le gusta...
Puede haber manes que siendo pintas como hombres son homosexuales. A mí
me quedaría más difícil tener una relación con un man de esos que con
un travesti."
"...hasta
un día me tocó cogerle la polla a un man de esos porque me llevó a
ciudad jardín, pero nada más, pero a como la cogí me pillé que tenía
un machete y ahí mismo le cogí ese machete y le dije: quibo marica, me
pasas toda la plata."
"...hubo
un tiempo en que todo el parche salía pa' las vueltas con las locas y
sobretodo por plata... en realidad eso es una disculpa para lo que uno
está haciendo en ese momento, pero eso es engañarse."
Por
consiguiente se puede advertir como los fragmentos discursivos
(respuestas) que integran sus relatos son el reflejo de una
interpretación moral, tanto para aquellos que se reconocen como hombres
con una identidad homosexual, como de
aquellos que solamente mantienen encuentros homoeróticos masculinos.
En
los dos temas se pueden esbozar unas ciertas maneras de establecer y
legitimar su relación con el DHM, desde los términos es factible
explicar como para sí mismos y para los otros, se asume una perspectiva
moral.
Concluyamos
entonces, que el DHM es el referente que tienen Maricali y Rapicali no
sólo para comprenderse como sujetos eróticos transgresores sino, de
manera central, como sujetos de género masculino; para delimitar qué tan
cerca o lejos, qué se negocia o se prescinde social y moral, en los
momentos que deben denominarse como homosexuales o al momento, afirmativo
o negativo, de decidirse por un encuentro homoerótico con un sujeto homosexual.
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