DESEO HOMOSEXUAL MASCULINO Y LENGUAJE MORAL


Ensayo de ALEXANDER SALAZAR ESQUIVEL

 

 

Cavilaciones nocturnas acerca de las relaciones entre lenguaje, cultura y sociedad

Llegar a una respuesta más completa y compleja de las intersecciones y disyunciones entre lenguaje, sociedad y cultura nos lleva inevitablemente, a distinguir al primero y el último, como procesos que están en constante interacción, que no tienen ni mantienen un mismo ritmo dentro de la historia cultural de la humanidad. 

Existen varios autores que coinciden y afirman que los cambios son más dinámicos y más veloces en la complejidad de la cultura, que al interior de los acontecimientos del lenguaje: las formas del lenguaje puede pensarse que reflejan más exactamente las de un remoto periodo pasado, que las del presente de la cultura en sí

Establecer las relaciones que subyacen entre el lenguaje y el campo moral en relación con el DHM nos introduce en el eje central de nuestra ponencia. Por lo pronto nos detendremos en las disertaciones que se enuncian y se anuncian en la actualidad, a raíz del "visibilizar" y "legitimar" el DHM: su relación con un discurso sincrónico ( dimensión de la cultura) y con los discursos diacrónicos ( dimensión del lenguaje)

Para invalidar o relativizar los argumentos que legitiman el pensamiento moderno, es prioritario basarnos en Levi -Strauss, para quien el lenguaje es una vasija que guarda la memoria cultural de la historia del ser humano e igualmente, quien nos describe por qué ciertos fenómenos de la realidad social persisten e insisten en tanto entidades semióticas que organizan y delimitan la existencia social.

Según lo expuesto , es acertado proyectar las culturas y las sociedades como organizaciones que están en constante movimiento y pasan por una serie de acontecimientos que traslucen una cosmovisión (semiotización del universo), una forma de apropiarse y situarse de los individuos respecto a los hechos existenciales y sociales; pero desacierta un autor cuando hace referencia y establece las instituciones sociales como fenómenos que desaparecen de forma general del escenario cultural.

Concebir el mundo cultural bajo esta última mirada, es fijarlo ingenuamente en el orden sincrónico y no en la complejidad de un devenir transcultural, que es posible, sólo gracias a las funciones cognoscitiva, comunicativa y expresiva del lenguaje, valdría afirmar, al ser semiótico que nutre y cultiva la sabiduría humana, "el lenguaje como eje semiótico de la sociedad se opaca pero no llega a desvanecerse".

El lenguaje, por tener una función semiótica y por jugar un papel determinante en las distintas interacciones comunicativas, es mediación histórica y social de las relaciones de diversos sujetos; por lo tanto, éste no es lógico ni consensual: el juega con sus propias sombras (Fabri); es una máquina y un crisol del tiempo (Levi-Strauss), el universo semiótico donde se elaboran, se traslapan y se funden sincréticamente las palabras, impidiendo así, la desaparición de los significados. Por el contrario, los oculta y los vela en recientes palabras y sus múltiples sentidos.

Por consiguiente, hay que dejar atrás los modelos analíticos que resaltan una visión referencial y poner  en marcha un conocimiento fenomenológico del lenguaje. El lenguaje es una complejidad sempiterna que trasciende el tiempo, pero que actúa dentro de lo temporal. Los cambios culturales no logren hacerle perder o trastocar su memoria simbólica, por el contrario, es actualizada en los cambios sociales.

Precisamente es avanzando hacia una concepción semiótica del lenguaje, como podremos llegar a unas respuestas plausibles acerca de la modernidad y la producción de discursos sobre el DHM y su convergencia con el lenguaje moral de su interdicción.

Deseamos reiterar que nuestro análisis se dirigió a captar los núcleos temáticos de los textos denominados entrevistas. En primer lugar, se observó en las respuestas los elementos básicos y contrastantes, que nacen del juego con las palabras, que conforman el conjunto de posibilidades que él tiene para explicar narrativamente su existencia. En segundo lugar, a través de su hacer con las palabras se puede delinear la realidad social y moral en un individuo.

Es por ello que Taylor nos recuerda que la subjetividad moral de una persona y por añadidura, el valor de sus acontecimientos, están expresados y se pueden develar en el hablar de toda persona. Para este autor manifestarse verbalmente desde el lenguaje, es un hecho que implica a todo interlocutor, el tener que reconocerse al interior de su enunciación y por ende, a ubicarse dentro del espacio moral de su proposición ,

[...] ciertamente nuestras opiniones, nuestras apreciaciones y nuestras tablas de valores , forman parte de las palancas más poderosas en la máquina de nuestras acciones,(Nietzche)

Las frases o palabras, modismos o jerga son los elementos centrales para la conformación de un enunciado que es al mismo tiempo, el medio por el cual, los individuos logran establecer una coherencia narrativa a los acontecimientos sus vidas. Los enunciados que estructuran el decir de una persona deben ser analizados, desde su contenido real y fenomenológico, como los fundamentos discursivos desde donde ella explica y valora los hechos de su vida.

Estas premisas teóricas constituyeron los ejes desde donde se analizaron las entrevistas, partiendo de lo que Deleuze denomina: condiciones de verdad , y que según él, están presentes en cualquier enunciado.

Las respuestas se estudiaron en calidad de esquemas temáticos que nos revelan en las proposiciones un hacer moral o en otros términos, que señalan los parámetros sintácticos, semánticos y semióticos que tuvo presentes, eligiendo y descartando, al momento de contar sus experiencias.

La siguiente parte del ensayo tiene por finalidad, esbozar temáticamente los dos frentes de investigación acerca del DHM :

 

 

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