DESEO HOMOSEXUAL MASCULINO Y LENGUAJE MORAL


Ensayo de ALEXANDER SALAZAR ESQUIVEL

 

Una introducción desde la circularidad del tiempo

 

Del Deseo Homosexual Masculino se puede decir, que es un erotismo que se ha manifestado, filogénetica y ontogéneticamente, bajo distintas imágenes, en todos los tiempos de la historia del hombre y así mismo, en la mayoría de civilizaciones que han existido. Desde el instante en que la sexualidad fue aprehendida, regulada y transformada en erotismo, es decir, cuando se establecieron los elementos que conforman y determinan el ordenamiento social (espacial y temporal) de las prácticas amorosas y eróticas de los miembros de una sociedad, el encuentro entre personas del mismo género fue transfigurado en signo cultural de interdicción.

El DHM pasó a designar, por oposición al erotismo que se validó, una identidad y una práctica transgresora, para que fuera utilizada como referente y refuerzo de legitimación de la norma heterosexual y a su vez, de mundo patriarcal.

Es necesario tener presente que este deseo ha sido observado y reflexionado desde dos perspectivas diferentes pero complementarias: 

Deseo Similar y Deseo Diverso

Es un deseo similar, si es visto en el aspecto diacrónico, por cuanto es en el desarrollo histórico que podemos comprender que éste ha sido (re)presentado social y discursivamente, como una identidad y una práctica que culturalmente , ha traspasado los límites legítimos del erotismo y al mismo tiempo, ha transgredido los contornos morales de la sociedad occidental. En tanto deseo reglamentado ( especificación y elección del objeto de deseo) adquiere diversos caracteres como una realidad objetiva y subjetiva que existió y existe en todas las culturas.

Es un deseo diverso, fenomenológica y sincrónicamente, porque se percibe y desarrolla bajo distintas figuras, según los actores, contextos socio-culturales, épocas y situaciones interlocutivas que denotan y connotan, las formas culturales de hablar y de vivir de cada una de las personas, que tuvieron o mantienen, alguna relación con dicho erotismo. El homoerotismo asume un aspecto vivencial que lo configura como una experiencia interior y como un fenómeno social que sirve de base y referente, para cada uno de los individuos que se piensan, narran su vida y reflexionan axiológicamente, el papel de sus vivencias amorosas y eróticas con personas del mismo género.

La primera perspectiva que refiere a dicho erotismo como igual, es decisiva para efectuar una genealogía del DHM y de esta manera, presentar los diferentes contextos históricos y culturales; mejor aún, esbozar las relaciones afectivas y eróticas entre sujetos masculinos, como una serie articulada de elementos, objetivos y subjetivos, que producen y dan un significado cultural a este deseo en las diferentes épocas y en las historias individuales.

También a mi modo de ver, el DHM puede ser detallado y discutido bajo dos aspectos: como identidad y práctica.

Ambas tienen su sustento moral en el interdicto de la homosexualidad; prohibición que rodea al erotismo de valores, normas, exigencias, consejos y reglas que le estipulan socialmente un espacio y un tiempo. Según sea la particularidad de cada caso, el DHM es la fuente a la que acuden a los sujetos para extraer, ontológica y axiológicamente, un marco para analizar y juzgar cada una de sus experiencias homoeróticas.

El anterior punto se puede resaltar observando como desde la antigüedad hasta nuestros días, como lo manifestó Michel Foucault, no sólo el homoerotismo masculino sino también el erotismo en general, han sido discutidos y socializadas alrededor de dos categorías que determinan y conforman el mundo social y las relaciones de género: lo activo y lo pasivo

Más que posiciones o movimientos erótico-corporales para pensar la intimidad entre sujetos de igual género, son dos categorías del orden diacrónico y sincrónico que se han utilizado para expresar y reproducir los valores que reglamentan y diferencian los espacios, funciones y límites de la masculinidad y feminidad.

Para quienes sostienen y aseveran que los recientes cambios culturales: visibilización de los homosexuales y de las mujeres, pueden entenderse como los factores decisivos que invalidan la norma que ha regido para el erotismo y para dicha polarización; por ende, que dejan sin fundamento los parámetros sociales que rigen las prácticas eróticas y de género y que fueron los elementos decisivos para que esta polaridad adquiriera un carácter trivial al momento de efectuar una diferenciación al interior de las actividades sexuales; en resumidas cuentas, para ellos, dicha distinción ya no es importante para establecer una separación entre el mundo social de los hombres y las mujeres, no posee ninguna validez a la hora de clasificar y valorar a las personas.

La tesis que deseo exponer en la presente ponencia, pretende refutar dichos argumentos y demostrar que aún hoy, son imprescindibles para considerar las prácticas homosexuales. El reconocer la vigencia de esta dualidad es clave para entender nuestra propuesta; ella nos lleva a resaltar el DHM en calidad de interdicto que sirve de parámetro social  para reflexionar y valorar el erotismo ya sea, como una identidad o una práctica.

[...] pero esta trasgresión sigue implacablemente sometida a un régimen del sentido estricto: la homosexualidad, práctica transgresiva, reproduce inmediatamente en su seno (por una especie de refuerzo defensivo, de reflejo atemorizado) el paradigma más puro que imaginarse puede, el de lo activo y lo pasivo, el poseedor y el poseído.

Lo activo y lo pasivo son los arquetipos morales a partir de los cuales se valoran o se menosprecian los amores masculinos e igualmente, las relaciones de género entre hombres y mujeres o, entre los mismos sujetos masculinos.

Como diría Foucault, ellas determinan el valor que tiene el erotismo en la vida social.

Se trata del principio de isomorfismo entre relación sexual y relación social. Por tal hay que entender que la relación sexual -siempre pensada a partir del acto-modelo de la penetración y de una polaridad que opone actividad y pasividad- es percibida como del mismo tipo que la relación entre superior e inferior, el que domina y el que es dominado, el que somete y el que es sometido.... Las prácticas del placer se reflexionan a través de las mismas categorías que el campo de las rivalidades y de las jerarquías sociales... (Foucault, 1986: 198)

Para poder continuar con nuestra reflexión es indispensable que aceptemos los argumentos que sustentan cómo  estas dos categorías, siguen vigentes y son importantes para clasificar valorativamente, los comportamientos sexuales entre dos hombres dentro de una experiencia homoerótica.

Es por esta razón, que nuestra ponencia rechaza los análisis que se refieren en términos positivos, al recorrido histórico y social del DHM.

Ella cuestiona a quienes no se detienen y no se percatan de la continuidad de una actitud corporal y discursiva que es negativa con respecto al erotismo entre hombres y lo rechaza simbólicamente, como el otro deseo ; discurso que lo niega como un deseo más, como la otra posibilidad que tienen los seres humanos para conocer y desplegar libremente su erotismo.

Nuestra reflexión caracteriza al DHM como una instancia normativa que ha estado y sigue presente en la vida social del hombre gracias a la permanencia del lenguaje; lenguaje que siempre ha estado yuxtapuesto a los procesos culturales pero que mantiene frente a ellos, un ritmo propio y diferente.

Ahora bien, aunque se pueda percibir la puesta en escena de este erotismo, el ingreso de los hombres gay a espacios y tiempos que le eran vetados y a pesar de que su figura comercial haya incrementado el número de experiencias homoeróticas en hombres heterosexuales, no puede afirmarse que estos sucesos minimizaron o eliminaron la prohibición que pesa sobre la homosexualidad.

Por el contrario, hay que observarlas como puntos móviles al interior de una cultura, que solamente estipulan y redefinen las nuevas fronteras para su aceptación como también, los límites normativos para su transgresión. En resumidas cuentas, es necesario recalcar que el interdicto de la homosexualidad no se desvanece, sólo se ha reelaborado los espacios y tiempos para su manifestación cultural.

 

 

 

ENTRADA ENSAYO PAGINA SIGUIENTE

 

ISLA TERNURA LA PLAYA PARA PENSAR