, paradójica o misteriosa.
Mencioné a cinco rasgos
distintivos; en realidad, como se ha visto, pueden reducirse a tres: la exclusividad, que es amor a una sola
persona; la atracción , que es la fatalidad
libremente asumida; la persona, que es alma y
cuerpo. 
El amor está compuesto de contrarios pero que no pueden separarse
y que viven sin cesar en lucha y reunión con ellos mismos y con los otros.
Estos contrarios, como si fuesen los planetas del extraño sistema solar de
las pasiones, giran en torno a un sol único. este sol también es doble: la
pareja.
Continua transmutación de cada elemento: la libertad escoge
servidumbre, la fatalidad se transforma en elección voluntaria, el alma es
cuerpo y el cuerpo es alma. Amamos a un ser mortal como si fuese inmortal.
Lope lo dijo mejor: a lo que es temporal llamamos eterno.
Sí, somos
mortales, somos hijos del tiempo y nadie se salva de la muerte. No sólo
sabemos que vamos a morir sino que la persona que amamos también morirá.
Somos juguetes del tiempo y sus accidentes: la enfermedad y la vejez, que
desfiguran al cuerpo y extravían al alma. Pero el amor es una de las
respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte.
Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que
transformamos a veces en paraíso y otras en infierno. De ambas maneras el
tiempo se distiende y deja de ser una
medida.