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De "homosexual" a "gay"
Hoy sabemos que la suposición básica detrás de las dos categorías mutuamente
excluyentes "heterosexual" y "homosexual" es falsa. Las preferencias eróticas
del mismo sexo y del otro sexo son cuestiones de grado, y no son mutuamente
excluyentes. Los "homosexuales" no sufren de una condición intrínseca, sino que
desempeñan un papel social particular. No todas las sociedades reconocen tal
papel, e incluso en nuestra sociedad el comportamiento entre miembros del mismo
sexo no está restringido a los "homosexuales". En otras palabras, la vida real
es también una variación de estas divisiones simplistas. Hay innumerables
gradaciones entre los extremos, y muchas personas son atraídas por ambos sexos.
Los que se distinguen como "homosexuales" pueden tener poco en común además de
esta etiqueta. Por lo tanto, la "homosexualidad" no es una característica
objetiva de ciertas personas, sino que es un estado desviado que es conferido a
estas por otros. Por definición, esta clase de desviación es posible sólo en las
culturas que perciben el comportamiento entre miembros del mismo sexo como
problemático. Lamentablemente, seguimos viviendo en tal cultura, y por lo tanto
la etiqueta victoriana obsoleta todavía sigue existiendo entre nosotros.
En realidad, en tiempos victorianos, el término "homosexual" todavía compitió
por atención con varios otros y no fue de ninguna manera tan popular como lo es
hoy. Incluso los precursores del "activismo homosexual" principalmente preferían
hablar del "tercer sexo" o "intermedio sexual", especialmente en Alemania e
Inglaterra. Tanto el alemán Magnus Hirschfeld como el inglés Edward Carpenter, por ejemplo,
usaron esta clase de terminología al exigir los "derechos gay". Más o menos al
mismo tiempo, e impulsados por el juicio de Oscar Wilde, Hirschfeld y Carpenter
escribieron la defensa del contacto entre miembros del mismo sexo. En el mundo
de habla inglesa, el reformador social y sexual bien educado Carpenter tuvo una
repercusión sorprendentemente positiva. Había visitado al poeta estadounidense
Walt Whitman dos veces y compartido sus ideales democráticos. También conoció
bastante bien al pionero sexológico Havelock Ellis y al erudito clásico John
Addington Symonds, quién había escrito otra defensa de la tolerancia sexual.
Carpenter también conoció al novelista E. M. Forster, quién, aunque
indirectamente, inmortalizó la feliz vida amorosa de Carpenter en su novela
(entonces inédita) "Maurice". Carpenter de edad madura en verdad se había
retirado con un amante de clase trabajadora a una granja, donde vivió con él
felizmente por el resto de su larga vida. Así, ya sea por designio o no,
Carpenter se convirtió en un modelo a imitar para muchos hombres "homosexuales".
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Un Precursor inglés de la "Liberación Gay" El
reformador social y sexual Edward Carpenter
(1844-1929) fue uno de
los primeros autores ingleses en exigir el reconocimiento social de las
relaciones entre miembros del mismo sexo. Tan pronto como en 1896, dirigió
este entonces ya controvertido tema polémico en su libro "Love's Coming of
Age". Su colección de ensayos "The Intermediate Sex" (1908), mostrada a la
izquierda, es influenciada obviamente por los escritos de sexólogos
alemanes. El retrato a la derecha muestra a Carpenter a la edad de
43. |
La palabra mitad griega y mitad latina "homosexual", fue inventada en 1869
por el autor húngaro-austríaco K. M. Kertbeny. Tomó unos pocos decenios antes de
que se volviera ampliamente popular, pero finalmente entró en todos los idiomas
modernos. Por un tiempo muy largo, sin embargo, tuvo connotaciones muy
negativas. Hoy algunos autores tratan de darle un nuevo significado o de usarla
de una manera menos perjudicial, pero los malentendidos persisten. En vista de
este hecho, libertarianistas no profesionales que desean la aprobación social
para el comportamiento entre miembros del mismo sexo ahora a menudo prefieren
hablar de la "gente gay" y de "la condición de gay". Sin embargo, esto es un
mejoramiento bastante dudoso. La palabra "gay" es, desde luego, más vieja que la
palabra "homosexual", ya que remonta de la Edad Media cuando no significó nada
más que "alegre" o "colorido". No obstante, a partir del siglo XVII, también
denotó la moral floja, y en el siglo XIX se refirió aún más a una prostituta
femenina (una "mujer gay"). En Estados Unidos, la palabra tuvo todavía otra
connotación peculiar. Como Bertrand Russell reporta en su Autobiografía
(Años 1872-1914), los cuáqueros de finales del siglo XIX en Filadelfia llamaron
"gay" a cualquier costumbre religiosa "sin sentido" practicada por no cuáqueros.
Esto incluía todas las fórmulas fijas. Por lo tanto, para ellos el Padrenuestro
y los Diez Mandamientos fueron "gays". No fue hasta nuestro propio siglo que la
palabra también se convirtió en sinónimo de "homosexual", pero al principio este
uso estaba restringido a la subcultura "homosexual". Su aceptación mayor data
sólo del último decenio. Sin embargo, corto y sencillo como puede ser, el
término todavía traza una linea divisoria artificial entre dos campos sexuales:
"gay" y no gay (ahora generalmente llamado "recto"). Así, continuan las viejas
presiones hacia la polarización
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