Nuestra
terminología actual: una fórmula conciliatoria por
satisfactoria
No obstante, permanece como un hecho de la vida que nuestra sociedad no
enfoca el tema de una manera lógica y sistemática. La manera antigua de pensar
también está arraigada profundamente. En la práctica real, las personas todavía
son llamadas heterosexuales ("rectos, normales, correctos") u homosexuales ("gays"), y, hasta el
presente, pocos de ellos parecen objetarlo. En verdad, para lograr la
comunicación muchos profesionales también siguen usando estos términos, aunque
cada uno de ellos puede definirlos un poco diferente.
Por lo tanto, si no queremos cortarnos de la discusión general, tenemos que
adoptar alguna especie de fórmula conciliatoria. Después de todo, impreciso como
puede ser, el uso común también tiene sus ventajas. Por ejemplo, a menudo ayuda
a simplificar ciertas discusiones y a enunciar problemas sociales urgentes. En
otras palabras, mientras su carácter arbitrario se comprenda claramente, la
terminología tradicional puede ser utilizada, muy bien, para algunos fines
útiles.
Es en este sentido se podrían hacer las siguientes sugerencias:
| - El término heterosexual puede ser usado para describir a
alguien que tiene preferencia erótica clara por parejas del otro sexo
(categorías 0-2 en la escala de clasificación de Kinsey).
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| - El término homosexual puede ser usado para describir a
alguien que tiene preferencia erótica clara por parejas del mismo sexo
(categorías 4-6 en la escala de clasificación de Kinsey).
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| - El término bisexual (o
ambisexual) puede ser usado para
describir a alguien que es atraído eróticamente por parejas de ambos sexos
(categorías 1-5 en la escala de clasificación de Kinsey).
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Se observará que la tercera de estas definiciones se superpone en parte con
cada una de las otras dos. Es decir, la clasificación "bisexual" incluye a
algunos "heterosexuales" (los de las categorías 1 y 2) así como algunos
"homosexuales" (los de las categorías 4 y 5). Esta incongruencia es inevitable a
menos que uno quiera llamar bisexual sólo a aquellas personas cuyo interés
erótico está dividido por igual entre ambos sexos (categoría 3). Sin embargo,
tal uso nunca ha sido aceptado ampliamente. Por consiguiente tenemos que vivir
con el hecho de que ciertas personas pueden ser denominadas "heterosexuales" (u
"homosexuales") en un contexto, y como "bisexuales" en otro.
Ya que hemos vinculado nuestros términos a la escala de clasificación de
Kinsey, también tenemos que señalar una vez más que esta escala no se basa en la
cantidad de actividad sexual, sino en la relación proporcional
entre las experiencias heterosexuales y homosexuales. Esto significa, por
ejemplo, que individuos que tienen la misma cantidad de experiencia homosexual
pueden ser asignados a diferentes categorías. Por lo tanto, una persona que ha
tenido 10 experiencias homosexuales y sólo 5 experiencias heterosexuales será
considerada homosexual, mientras que otra persona que también ha tenido 10
experiencias homosexuales pero 50 experiencias heterosexuales será considerada
heterosexual (según el contexto, ambos pueden, desde luego, ser llamados
bisexuales).
Finalmente, tiene que comprenderse que el término "experiencia" como se usa
aquí se refiere no sólo a los actos evidentes, sino también a las respuestas
psicológicas que no conducen a ningún contacto físico directo. En otras
palabras, un hombre cuya actividad sexual evidente es enteramente heterosexual
no obstante puede ser llamado homosexual si psicológicamente responde mucho más
a menudo ante los hombres que ante las mujeres. Para la misma razón, el término
"homosexual" también puede ser usado para alguien que no se ocupa de ninguna
actividad sexual evidente en absoluto (en los libros anteriores estos últimos
casos a veces son descritos como ejemplos de "homosexualidad latente" [del latín
latere: oculto]. Lamentablemente, esta expresión curiosa siempre cubre
mucho más que sólo los deseos insatisfechos u ocultos. También se refirió a las
tendencias homosexuales subconscientes, no reconocidas y no comprendidas. Sin
embargo, ya que tales tendencias existen prácticamente en cada ser humano, el
término "homosexual latente" no tiene más sentido que términos como "fumador
latente", "gastrónomo latente" o "insomne latente"
Naturalmente, todas estas explicaciones y calificaciones también tienen que
ser recordadas cuando se habla de la "homosexualidad" como orientación sexual.
En realidad, el mismo hecho de que son necesarias sólo confirma lo que hemos
señalado antes: la orientación sexual de hombres y mujeres no es mejor
comprendida en términos absolutos sino en términos relativos, al igual que su
sexo biológico y sus funciones sexuales. En resumen, ya hemos aprendido de la
observación del desarrollo sexual humano que la masculinidad y la feminidad, la
heterosexualidad y la homosexualidad son cuestiones de grado.
Hay, sin embargo, otro punto importante que ahora tiene que ser considerado:
en nuestra cultura particular, la palabra "homosexual" no es precisamente un
término técnico neutral y siempre hay más involucrados en su uso que la mera
lógica. No importa cuán cautelosamente se aplique, evoca una cierta imagen y
desencadena respuestas sociales muy definitivas. En la práctica real, las
personas son llamadas homosexuales no por alguna razón estadística abstracta,
sino porque parecen tener cabida en un concepto general de lo que los
homosexuales aparentan y de cómo se comportan. Con mucha frecuencia este
concepto es completamente irrealista. Por ejemplo, hay una creencia generalizada
hoy de que la homosexualidad es causada por la adopción de un papel de género
inapropiado. Sencillamente se asume que los homosexuales masculinos tienden a
actuar como las mujeres y que los homosexuales femeninos tratan de imitar a los
hombres. La suposición falsa luego conduce a la conclusión equivocada: los
padres que impiden a sus hijos convertirse en "maricas" y a sus hijas
convertirse en "marimachos" impiden de ese manera que se conviertan en
homosexuales.
Curiosamente, estudios históricos y transculturales han revelado que esta
noción específica surge sólo en ciertas sociedades y no en otras. En algunas
ciudades de la antigua Grecia, por ejemplo, la homosexualidad masculina se
asoció no con debilidad y afeminación, sino con virilidad, valentía y heroísmo.
En realidad, de la más famosa de todas las tropas militares de élite griegas,
el "batallón sagrado" de Tebas, que fue finalmente derrotada por
Filipo de Macedonia,
se dijo que había constado enteramente de amantes masculinos.
Este ejemplo indica que el estereotipo social del "homosexual" puede variar
considerablemente de un momento y lugar a otro. También demuestra una vez más
que no existe algo así como un homosexual "característico" y que no tiene ningún
sentido hablar de una "personalidad homosexual". El mismo hecho de que
diferentes culturas puedan desarrollar conceptos diferentes e incluso
contradictorios de homosexualidad indica que ésta no es una condición objetiva
con "síntomas" diferentes, inmutables e inequívocos. Los homosexuales no son
definidos por ninguna cualidad intrínseca a ellos, sino por la imagen que la
gente tiene de ellos.
Esta es también la razón por la qué Kinsey no tuvo ninguna alternativa sino
tratar el tema de una manera netamente descriptiva. Se vio obligado a comprender
que un gran número de personas pueden ocuparse y se ocupan de las relaciones
homosexuales y que sólo una fracción de ellas alguna vez es considerada
homosexual. Kinsey comprendió que la decisión sobre quién será así considerado
sólo puede ser arbitraria y depende enteramente de las convenciones sociales.
Naturalmente, estas convenciones también determinan si la homosexualidad
significa la debilidad o la fuerza, el pecado o la rectitud, la herejía o la
ortodoxia, la salud o la enfermedad mental. En resumen, la homosexualidad como
tal no es ni una condición moral ni una condición legal ni una condición médica,
sino un estado conferido. Es una categoría social o etiqueta que se aplica a
ciertas personas en ciertas situaciones. Ser homosexual significa desempeñar el
papel homosexual como este es comprendido en una sociedad específica.
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