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La escala de clasificación de Kinsey
En sus dos estudios monumentales sobre el comportamiento sexual humano,
Alfred C. Kinsey y sus asociados usaron un método muy práctico para aclarar el
asunto. Crearon una escala de clasificación de siete puntos (con categorías que
variaban de 0 a 6) que midió la relación proporcional entre el comportamiento
heterosexual y homosexual en la población total. En un extremo de esta escala
(en categoría 0), colocaron aquellos cuyas experiencias son exclusivamente
heterosexuales, y al otro extremo (en categoría 6) colocaron aquellos cuyas
experiencias son exclusivamente homosexuales. Entre estos dos extremos están los
que tienen experiencias tanto heterosexuales como homosexuales en diversos
grados (categorías 1 - 5). Por lo tanto, la distribución exacta es la siguiente:
0. Comportamiento exclusivamente heterosexual. 1. En gran parte
heterosexual, pero con comportamiento homosexual incidental. 2. En gran parte
heterosexual, pero con comportamiento homosexual más que incidental. 3.
Cantidad igual de comportamiento heterosexual y homosexual. 4. En gran parte
homosexual, pero con comportamiento heterosexual más que incidental. 5. En
gran parte homosexual, pero con comportamiento heterosexual incidental. 6.
Comportamiento exclusivamente homosexual.
Fig. 3 Escala Kinsey
No hay, desde luego, nada nuevo o revolucionario acerca de estas categorías
como tales. Siempre se ha sabido que hay personas que incurren sólo en
relaciones heterosexuales, y que hay otros que incurren sólo en relaciones
homosexuales. También es bien sabido que algunos individuos tienen relaciones
con miembros de ambos sexos. Por lo tanto, teóricamente, la escala de
clasificación de Kinsey podría muy bien haber sido desarrollada cientos o
incluso miles de años antes.
En realidad, mucho tiempo antes de Kinsey la idea
básica debe habérsele ocurrido a muchos otros. Sin embargo, al menos en nuestra
cultura judeo-cristiana esta idea nunca encontró aceptación debido a una
suposición general no cuestionada: sencillamente se asumió que el porcentaje de
personas con historias exclusivamente heterosexuales fue tan grande y el
porcentaje de todas las otras tan pequeño que cualquier escala habría sido
desproporcionada y sin esperanza. En otras palabras, antes de que Kinsey
emprendiera su vasta encuesta estadística, se creyó que los actos homosexuales
eran tan raros que no representaban nada más que excepciones "antinaturales" y
caprichosas.
Kinsey mostró que este criterio tradicional fue muy equivocado. Por ejemplo,
sus estadísticas revelaron que, cuando alcanzaron la edad madura, cerca del 50%
de todos los hombres (y del 20% de todas las mujeres) tuvieron algún tipo de
experiencia erótica evidente con miembros de su propio sexo. Esto representó uno
de cada dos hombres y una de cada cinco mujeres en el país.
De hecho, el 37% de
todos los hombres (y el 13% de todas las mujeres) tuvieron al menos una
experiencia homosexual hasta el punto del orgasmo entre la adolescencia y la
vejez. Esto se aplicó a casi dos de cada cinco hombres y a más de una de cada
ocho mujeres. Finalmente, según los resultados de Kinsey, el 4% de todos los
hombres (y cerca del 2% de todas las mujeres) fueron exclusivamente homosexuales
en su comportamiento a lo largo de sus vidas.
Cuando estas estadísticas fueron publicadas por primera vez, causaron mucha
consternación pública. Muchas personas se rehusaron sencillamente a aceptar el
gran número de actos homosexuales reportados. De hecho, incluso ahora diversos
expertos siguen desafiando las cifras como infladas y no representativas, aunque
los datos de Kinsey posteriormente fueron "limpiados" y reanalizados,
produciendo básicamente los mismos resultados.
Incluso, estudios más recientes
realizados a principios de los años noventa en Europa y en los Estados Unidos
han encontrado porcentajes mucho menores de personas con experiencias
homosexuales (en los Estados Unidos, por ejemplo, sólo 6% de los hombres
informaron sentirse sexualmente atraídos por hombres, y sólo 5% informaron haber
tenido relaciones sexuales con hombres desde que cumplieron los dieciocho. En
Gran Bretaña y Francia las cifras fueron de igual manera bajas).
Sin embargo,
esta nueva investigación de ninguna manera ha resuelto la pregunta, de por qué
ésta, también ha fallado con otros investigadores en diversos terrenos
metodológicos. Entretanto, probablemente se puede asumir que, mientras las
cifras de Kinsey quizá hayan sido demasiado altas por diversas razones, las
cifras más nuevas son probablemente demasiado bajas por razones completamente
diferentes.
En cualquier caso, el punto principal de Kinsey, el cual continua
siéndolo, no era el tamaño numérico exacto de las diversas categorías en su
escala, sino la escala misma, la cual mostraba una gama amplia de
comportamientos entre los exclusivamente heterosexual y homosexual. Kinsey
también encontró que, en el curso de sus vidas, algunas personas deambulan a lo
largo y ancho de la escala, sembrando así la duda sobre los estereotipos
populares de los "homosexuales" y los "heterosexuales".
El choque mayor para el público, por consiguiente, fue la conclusión que
Kinsey sacó de sus descubrimientos. Antes de Kinsey, había sido usual pensar en
los "heterosexuales" y los "homosexuales" como dos grupos diferentes de
personas. De hecho, los "homosexuales" a veces fueron denominados "contrasexuales", "invertidos sexuales", "hermafroditas
psicosexuales", e
incluso "el tercer sexo".
Se creyó que estaban aquejados de una condición
especial llamada la "homosexualidad", y que esta condición los puso claramente
aparte del resto de la humanidad (una persona que tenía relaciones sexuales
tanto con hombres como con mujeres fue considerada como un "homosexual" que de
cualquier forma fingía no serlo).
Ahora todos estos estereotipos se
desintegraron simplemente frente a las pruebas. Las estadísticas demostraron que
la "heterosexualidad" y la "homosexualidad" no son entidades específicas,
separadas e irreconciliables, sino más cuestiones de grado. En las propias
palabras de Kinsey, es errado distinguir entre
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"dos poblaciones discretas, la heterosexual y la homosexual. El
mundo no está dividido en ovejas y cabras. No todas las cosas son negras
ni todas las cosas son blancas... la naturaleza trata rara vez categorías
discretas. Sólo la mente humana inventa categorías e intenta forzar los
hechos dentro de casillas separadas. El mundo viviente es un proceso
continuo en todos y cada uno de sus aspectos. Mientras más pronto
aprendamos lo concerniente al comportamiento sexual humano, más pronto
alcanzaremos una comprensión sólida de las realidades del
sexo". |
Kinsey también especificó las implicaciones lógicas de su nuevo enfoque:
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"Promovería el pensamiento más claro en estos asuntos si las
personas no fueran caracterizadas como heterosexuales u homosexuales, sino
como individuos que han tenido cierta cantidad de experiencia heterosexual
y cierta cantidad de experiencia homosexual. En vez de usar estos términos
como substantivos que representan personas, o incluso como adjetivos para
describir a las mismas, pueden mejor ser usados para describir la
naturaleza de las relaciones sexuales evidentes, o de los estímulos ante
los que un individuo responde eróticamente". |
El punto está bien tomado, porque gran parte del "problema homosexual" es de
hecho causado por el pensamiento sucio y el idioma confundido de los que hablan
de ello. Para dar sólo un ejemplo, en las Fuerzas Armadas, en la prisión y en
los hospitales psiquiátricos, las personas pueden ser etiquetadas de homosexual,
cuando se descubre que han tenido una única experiencia homosexual. Nunca ocurre
a los que aplican esta etiqueta que, por la misma lógica, cada persona con una
única experiencia heterosexual tenga que ser llamada heterosexual.
Lamentablemente, esto es no sólo un asunto de semántica. Hay vidas humanas
reales involucradas. En muchos estados de los Estados Unidos, un hombre puede ir
a prisión, perder su trabajo o licencia profesional y ser registrado
oficialmente como un "psicópata sexual" con base en un contacto homosexual
aislado y nunca repetido.
Adolescentes que son atrapados en un acto de
experimentación homosexual pueden ser llamados "maricones" por sus amigos y
familias y por lo tanto son empujados al papel de inadaptados sexuales y
sociales. Como resultado, pueden ser privados de cualquier perspectiva de
desarrollar su potencial heterosexual. Un "hombre de familia" felizmente casado
que, en un momento de sentimentalismos alcohólicos, se encuentra en una
situación comprometedora con otro hombre quizá sea marcado como "uno de esos"
por su comunidad, y su matrimonio puede llegar a ser destruido.
Aparte de ser socialmente destructiva, tal rotulación es también lógicamente
indefendible. Como ya señalamos, nunca se aplica al contrario (es decir, una
única experiencia heterosexual nunca se considera suficiente para calificar a
alguien como "heterosexual"). Es más, este uso tendencioso derrota su propia
finalidad al aumentar innecesariamente el número de "homosexuales" y por lo
tanto revelar la "homosexualidad" como una "condición" muy común.
Por otro lado, no ayuda a restringir el término "homosexual" a aquellos pocos
individuos que responden sexualmente en exclusiva ante su propio sexo (categoría 6 en la
escala de clasificación de Kinsey). En este caso, la lógica exigiría que el
término "heterosexual" se aplicara sólo a los que responden exclusivamente al
otro sexo (categoría 0 en la escala de Kinsey). Esto no haría ninguna asignación
para el gran número de personas que responden ante ambos sexos (categorías 1-5
en la escala de Kinsey).
Finalmente, tenemos que darnos cuenta de que incluso en el mismo individuo la
relación proporcional homosexual-heterosexual puede desplazarse con el tiempo.
Hay hombres y mujeres cuyo comportamiento es exclusivamente heterosexual durante
una época de sus vidas y exclusivamente homosexual en otra época. Algunos
incurren en ambos tipos de comportamiento pero con grados variables de
intensidad. Otros empiezan con un interés erótico igual en ambos sexos y sólo
desarrollan gradualmente una preferencia clara en una u otra dirección. Sin
embargo, esta preferencia no siempre tiene porque ser permanente. En resumen, la
posición de una persona en la escala de clasificación de Kinsey puede cambiar
varias veces con el transcurso de los años.
Por consiguiente, si es errado dividir a la población total en
"heterosexuales" y "homosexuales", es igualmente errado llamar "heterosexual" u
"homosexual" a cualquier individuo específico.
Del mismo modo, es imposible
determinar cuántas personas son "heterosexuales" u "homosexuales". Sólo posible
determinar cuántas personas pertenecen, en un momento dado, a cada una de las
categorías en una escala de clasificación homosexual-heterosexual. Preguntas
como "¿cuántos homosexuales hay?" o "¿soy un homosexual?" no tienen una
respuesta científicamente significativa.
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