En 1855, Whitman publicó la
primera de las innumerables ediciones de Hojas de hierba, un libro
de poemas cuya principal novedad era un tipo de versificación no usado
hasta entonces, y que se alejaba radicalmente del que el poeta había
utilizado en los poemas sentimentales que escribió en la década
anterior. Puesto que en esta obra alababa el cuerpo humano y glorificaba
los gozos de los sentidos, se vio obligado a sufragar él mismo los gastos
de su publicación, y a colaborar en las tareas de impr enta. Su nombre no
aparecía en la portada de esta edición, pero sí un retrato suyo en
camiseta, con los brazos en jarras y el sombrero ladeado, en actitud
desafiante. En un largo prefacio, el autor saludaba el advenimiento de una
nueva literatura democrática -acorde con el pueblo-, sencilla e
irreductible, escrita por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y
heroico, que conduciría a los lectores a través de la poesía con la
fuerza de su magnética personalidad. Whitman pasó el resto de su vida
intentando aproximarse a ese modelo de poeta. La edición de 1855 de Hojas
de hierba contenía 12 poemas sin título, escritos en versos largos y
cadenciosos que se asemejan a los de la Biblia del rey Jacobo. El más
largo y de mayor calidad de ellos, que más tarde recibió el título de -Canto
a mí mismo- (este largo poema ha sido publicado muchas veces como
libro autónomo y el poeta español León Felipe lo tradujo en 1941),
consistía en la visión de un 'Yo' simbólico presa de una sensualidad
que le hace amar a todas las gentes que se va encontrando en un imaginario
vuelo desde el Atlántico hasta el Pacífico. Ninguno de los poemas de
esta primera edición alcanza la intensidad de éste, a excepción de -Los
dormidos-, otro vuelo visionario en el que queda simbolizada la vida,
la muerte y el nuevo nacimiento.
Animado por una carta
personal de felicitación que le envió el ensayista y poeta Ralph Waldo
Emerson, Whitman se apresuró a preparar una nueva edición de Hojas de
hierba (1856), que contenía numerosas revisiones y añadidos, y que
fue la primera de una serie de reediciones retocadas que el poeta iría
realizando a lo largo de su vida. El poema más significativo de esta
edición de 1856 es -En el transbordador de Brooklyn-, en el cual
el autor reúne a todos sus lectores del pasado y el futuro a bordo de un
transbordador marítimo. En la tercera edición del libro (1860), se
empiezan a encontrar poemas más alegóricos. Así, en -La cuna que se
mece sin fin-, un poema cuya musicalidad está tomada de la ópera
italiana, de la que el autor era un devoto conocedor, un pájaro (la voz
de la naturaleza) revela a un niño (el futuro poeta) el significado de la
muerte. En esta edición aparecieron dos nuevos ciclos de poemas, -Hijos
de Adán- y -Calamus-, que afrontan de lleno los temas de la
amistad y la sexualidad, hasta el punto de que se especula con la
posibilidad de que -Calamus- estuviera inspirado en una relación
homosexual del autor. Redobles de tambor (1865, añadida a la edición
de 1867 de Hojas de hierba) refleja la preocupación del poeta por las
consecuencias de la Guerra Civil estadounidense, y su esperanza de una rápida
reconciliación entre Norte y Sur de los recién creados Estados Unidos. Secuela
(1866) a Redobles de tambor contiene -Cuando las lilas florecían en la
puerta del patio-, una gran elegía al asesinado presidente Abraham
Lincoln, así como su poema más conocido, -¡Oh, capitán, mi
capitán!-.
Otra obra suya, Paso hacia la India (1871) se basaba en una visión
mística de la unión de Oriente y Occidente, paralela a la del alma con
Dios, simbolizadas por los modernos medios de comunicación y transporte.
En 1881 quedó, por fin, satisfecho con sus poemas, pero no dejó de
publicar nuevas ediciones de Hojas de hierba hasta la versión final de
1892. Póstumamente, en 1897, apareció un nuevo ciclo de poemas, -Ecos
de la vejez-, que entró a formar parte de la versión definitiva de
Hojas de hierba, editada en 1965 por Harold W. Blodgett y Sculley Bradley
y traducida al español por el escritor argentino Jorge Luis Borges, en
1972.
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