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CUANDO LEÍ EL LIBRO
Cuando leí el libro, la célebre biografía, ¿Es esto,
me dije, lo que el autor llama la vida de un hombre? ¿Alguien, una vez
muerto yo, escribirá así mí vida? (Como si algún hombre conociera en
realidad algo de mi vida: yo mismo pienso ahora con frecuencia que nada
o muy poco sé de mi verdadera vida; apenas atisbos, algunos indicios
débiles difusos e indirectos que persigo para poder exponer
aquí.).
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¡OH CAPITÁN,
MI CAPITÁN...!
¡Oh Capitán, mi Capitán!
Nuestro espantoso viaje ha terminado,
el navío ha salvado todos los escollos,
hemos ganado el anhelado premio,
Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el
pueblo entero acude gozoso y te aclama,
Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y audaz,
Mas ¡oh corazón, mi corazón, mi corazón!
No ves las rojas gotas sangrantes que caen lentamente allí,
en el puente, donde mi capitán
yace extendido y muerto.
¡Oh capitán!
¡Mi capitán! Levántate para escuchar las campanas. Levántate. Es por ti
que izan las banderas. Es por ti que suenan los clarines. Son para ti
estos ramilletes y esas guirnaldas engalanadas. Es por ti que en las
playas hormiguean las multitudes, es hacia ti que se alzan tus
clamores, que se vuelven sus almas y rostros anhelantes.
¡Ven Capitán!
¡Querido padre! ¡Deja pasar mi brazo bajo tu cabeza! Debe ser, sin
duda, un sueño que yazgas sobre el puente. Extendido, helado,
muerto. Mi capitán no contesta, sus labios siguen pálidos e
inmóviles; mi padre no siente el calor de mi brazo, no tiene
pulso ni voluntad; la nave, sana y salva, ha arrojado el ancla;
su travesía ha concluido. ¡La vencedora nave entra en el puerto, de
vuelta de su espantoso viaje!
¡Exultad, oh playas, y sonad, oh campanas!
Mas yo con pasos fúnebres,
recorro la cubierta donde mi Capitán
yace extendido, helado,
muerto.
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COMO
ADÁN AL AMANECER
Como Adán al amanecer,
Salgo del bosque fortalecido por el descanso nocturno,
Miradme cuando paso, escuchad mi voz, acercaos,
Tocadme, poned la palma de vuestra mano
sobre mi cuerpo cuando paso,
No tengáis miedo de mi cuerpo.
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MIRA EL MAR
INFINITO
Mira el mar infinito.
Sobre su pecho sale a navegar un navío
que despliega sus velas, incluidas las de gavia.
Su pendón ondea en lo alto
mientras aumenta
su velocidad de manera majestuosa.
Debajo, las olas rivalizan,
rodean al barco, apiñándose,
con brillantes movimientos circulares y espuma.
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YO TRANQUILO,
SERENAMENTE PLANTADO...
Yo tranquilo, serenamente
plantado ante la Naturaleza,
amo de todo o señor de todo, sereno en medio de las cosas irracionales.
Imbuido como ellas, pasivo, receptivo, y también silencioso como ellas,
Conocedor de que mi ocupación, mi pobreza, mi notoriedad
y de que mis debilidades son menos importantes de cuanto creía,
hacia el mar mexicano, en el Manhattan o en el Tennessee, o lejos en el
norte o tierra adentro,
Hombre de río u hombre de montes o de granjas de estos estados, ribereño
del mar o de los lagos de Canadá,
Yo, dondequiera que viva mi vida, quiero hacer frente a las contingencias
Y encarar la noche, las tormentas, el hambre, el ridículo, los accidentes
y los rechazos, como lo hace el animal.
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CREO QUE
UNA BRIZNA DE HIERBA
Fragmento de "Hojas de
Hierba"
Creo que una brizna de
hierba no es inferior a la jornada de los astros
Y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena...
Y que el escuerzo es una obra maestra digna de los señalados.
Y que la zarzamora podría adornar los salones del paraíso.
Y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas
las máquinas.
Y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha, supera todas las estatuas.
Y que un raton es milagro suficiente. como hacer dudar a seis millones de
infieles
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los
poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti,
Ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, borra el freno de tu garganta
(...)
Creo que podría retornar y
vivir con los animales, ellos son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largo rato.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad de un cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace
milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo así lo acepto.
(...)
No pregunto quién eres,
eso carece de importancia para mí.
No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco.
(...)
Descubro que en
mí, se incorporaron, el gneiss y el carbón, el musgo de largos
filamentos, frutas, granos y raíces. Que estoy estucado
totalmente con los cuadrúpedos y los pájaros, que hubo motivos para
lo que he dejado allá lejos y que puedo hacerlo volver atrás, y
hacia mí, cuando quiera. Es vano acelerar la vergüenza, es vano que
las plutónicas rocas, me envíen su calor al acercarme, es vano que
el mastodonte se retrase, y se oculte detrás del polvo de sus
huesos, es vano que se alejen los objetos muchas leguas y asuman
formas multitudinales, es vano que el océano esculpa calaveras y se
oculten en ellas los monstruos marinos, es vano que el aguilucho use
de morada el cielo, es vano que la serpiente se deslice entre lianas
y troncos, es vano que el reno huya refugiándose en lo recóndito del
bosque, es vano que las morsas se dirijan al norte al
Labrador. Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido en la
fisura del peñasco.
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COMO ESTÁN
PROVISTOS DE LO NECESARIO
Cómo están provistos de
lo necesario sobre la tierra, manifestándose a intervalos,
Cuán queridos y terribles son para la tierra,
Cómo se avezan a sí mismos y a los demás; qué paradójico parece su
tiempo,
Cómo la gente repara en ellos sin conocerles,
Cómo hay algo de inexorable y permanente en el destino de ellos,
Cómo cada época escoge mal sus objetos de adulación y recompensa,
Y cómo el mismo precio inexorable ha de pagarse aun por la misma compra.
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YO SOY AQUEL
A QUIEN ATORMENTA...
Yo soy aquel a quien
atormenta el deseo amoroso,
¿No gravita la Tierra? ¿no atrae la materia,
Atormentada a la materia?
Así mi cuerpo atrae a los cuerpos de todos aquellos
A quienes encuentro o conozco.
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QUIEN CONTIENE
A LA DIVERSIDAD...
(Cosmos)
Quién contiene a la
diversidad y es la Naturaleza
Quién es la amplitud de la tierra y la rudeza y sexualidad de la tierra
Y la gran caridad de la tierra, y también el equilibrio
Quién no ha dirigido en vano su mirada por las ventanas de los ojos
O cuyo cerebro no ha dado en vano audiencia a sus mensajeros
Quién contiene a los creyentes y a los incrédulos
Quién es el amante más majestuoso
Quién, hombre o mujer, posee debidamente su trinidad de realismo
De espiritualidad y de lo estético o intelectual
Quién después de haber considerado su cuerpo
Encuentra que todos sus órganos y sus partes son buenos
Quién, hombre o mujer, con la teoría de la tierra y de su cuerpo
Comprende por sutiles analogías todas las otras teorías
La teoría de una ciudad, de un poema
Y de la vasta política de los Estados
Quién cree no sólo en nuestro globo con su sol y su luna
Sino en los otros globos con sus soles y sus lunas
Quién hombre o mujer, al construir su casa
No para un día sino para la eternidad
Ve a las razas, épocas, efemérides, generaciones.
El pasado, el futuro, morar allí, como el espacio
Indisolublemente juntos.
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¡OH YO,
VIDA...!
¡Oh yo, vida! todas estas
cuestiones me asaltan,
Del desfile interminable de los desleales,
De ciudades llenas de necios,
De mí mismo, que me reprocho siempre ( pues,
¿Quién es más necio que yo, ni más desleal?).
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
Despreciables, de la lucha siempre renovada,
De los malos resultados de todo, de las multitudes
Afanosas y sórdidas que me rodean,
De los años vacíos e inútiles de los demás,
Yo entrelazado con los demás,
La pregunta ¡Oh, mi yo! la triste pregunta triste que
Vuelve: ¿qué hay de bueno en todo esto?
Respuesta:
Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama y que, quizás,
tú contribuyes a él con un verso.
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MIENTRAS
RECORRO PLAYAS QUE NO CONOZCO...
Mientras recorro las playas
que no conozco
Mientras escucho la endecha
Las voces de los hombres y mujeres náufragos
Mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian
Mientras el océano, tan misterioso,
Se aproxima a mí cada vez más
Yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca,
Un puñado de arena y hojas muertas
Y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.
¡Oh! desconcertado, frustrado, humillado hasta el polvo,
Oprimido por el peso de mi mismo
Pues me he atrevido a abrir la boca
Sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos ecos oigo
Jamás he sospechado qué o quién soy
A no ser que, ante todos mis arrogantes poemas
Mi yo real esté de pie, impasible, ileso, no revelado
Señero, apartado, escarneciéndome con señas y reverencias burlonamente
amables
Con carcajadas irónicas a cada una de las palabras que he escrito
Indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena en que asiento mis
pies.
Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más pequeño
Y qué ningún hombre puede comprenderlo.
La naturaleza está aquí a la vista del mar
Aprovechándose de mí para golpearme y para herirme
Porqué me he atrevido a abrir la boca para cantar.
(...)
Bajad, aguas del océano de
la vida,
Ya volveréis en la pleamar,
No ceses en tus gemidos, vieja madre cruel
Llora sin término por tus hijos abandonados
Pero no temas no me niegues
No susurres con voz tan ronca y colérica contra mí
Cuando te toco o me aparto de ti.
Os amo tiernamente a ti y a todos
Hago provisión para mí y para esta sombra que nos mira
Y nos sigue a mí y a lo que me pertenece.
Yo y lo mío, hileras de hierba, pequeños cadáveres,
Espuma blanca como la nieve, burbujas.
Ved cómo de mis labios muertos mana el fango al fin
Ved cómo los colores del prisma relucen y se agitan
Manojos de paja, arenas, fragmentos
Puestos a flote por muchos humores contradictorios
Por la tempestad, la calma, las tinieblas
Las olas embravecidas, pensativos, un hálito, una lágrima salobre
Una salpicadura de agua o fango
Arrojados igualmente desde las fermentaciones insondables del abismo
Uno o dos capullos marchitos, desgarrados igualmente
Flotando sobre las olas a la deriva
Igualmente para nosotros aquella endecha sollozante de la Naturaleza
Nos acompaña el clangor de las trompetas e las nubes
Nosotros, caprichosos, traídos aquí no sabemos de dónde
Tendidos ante ti, tú allí arriba, caminas o te sientas
Quienquiera que seas, también nosotros yacemos náufragos a tus pies.
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UNA HORA
DE ALEGRÍA Y DE LOCURA...
¡Una hora de alegría y de locura!
¡Oh furiosa alegría! ¡Oh furiosa alegría! ¡Oh, no me
retengáis! Corazón de las tempestades, ¿qué es lo que late en
ti para desencadenarse en mi ser de esta suerte? ¿Qué son mis clamores
en medio de los relámpagos y de los vendavales? ¡Ah! ¡Beber el delirio
místico más que hombre alguno! ¡Congojas tiernas y
salvajes! (Os las dejo en herencia, hijos míos, os narro por
muchos motivos. ¡Oh esposo y esposa!) ¡Oh, abandonarse a vos,
quienquiera que seáis! ¡Abandonaros a mí, con desprecio del
mundo! ¡Oh , la vuelta al paraíso! ¡Oh, atraeros hacia mí, imprimir
en vuestra boca virgen los labios de un hombre resuelto! ¡Oh, el
enigma, el triple nudo, el estanque negro y profundo, todo lo que
se desanuda y se ilumina! ¡Oh, abalanzarse en busca de espacio y de
aire! ¡Libertarse de los lazos y de las convenciones anteriores, yo de
los míos, vos de los vuestros! ¡Hallar una despreocupación nueva,
inimaginada, capaz de poner a prueba la mayor fortaleza! ¡Desenmordarse
la boca! Tener el sentimiento – hoy o cualquier otro día - de que
me basto a mi mismo, tal como soy. Sentir algo no sentido aún! ¡En
espasmo, en angustia, en éxtasis! ¡Escapar íntegramente de las anclas y
de los garfios ajenos! ¡Bogar libremente! ¡Amar libremente!
¡Abalanzarse temerario y amenazador! ¡Buscar la destrucción,
insultándola, invitándola! ¡Subir, cernerse en el mediodía del amor,
como en una revelación! ¡Volar con el alma ebria! ¡Perderse, si es
necesario! ¡Alimentar el resto de mi vida con una sola hora de plenitud
y de libertad! ¡Con una breve hora de locura y de
felicidad!
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EL
HALCON MOTEADO CALA SOBRE MI
El halcón moteado cala sobre
mí, y me acusa lamentándose por mi charla y mi pereza.
Yo
también soy indomable, yo también soy intraducible. Sobre los techos
del mundo, resuena mi bárbaro graznido.
El último celaje del
día, se detiene a esperar por mí, lanzo mi figura, tras las
otras, reposando verdaderamente en cualquier sombra silvestre. Me
insta engatusándome hacia la bruma, y hacia la oscuridad.
Me
alejo como el aire, sacudo mi bucle blanco en el sol
fugitivo. Vierto mi carne en remolinos, y la dejo arrastrar por la
mueca del encaje. Me entrego, a mí mismo, al barro, para brotar en
la hierba que amo.
Si me necesitas, búscame en la suela de tus
botas.
Apenas sabrás quien soy, y lo que quiero decir. No
obstante soy tu buena salud, y filtraré con filamentos tu
sangre.
No desfallezcas si no me encuentras pronto. Si no estoy
en un lugar, búscame en otro. En algún lugar te estaré
esperando.
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PRINCIPIANTES
Cómo están provistos de lo necesario sobre la tierra
(manifestándose a intervalos), cuan queridos y terribles son para la
tierra, cómo se avezan a sí mismos y a los demás; qué paradojal parece
su tiempo, cómo la gente repara en ellos sin conocerles, cómo hay
algo de inexorable y permanente en el destino de ellos, cómo cada época
escoge mal sus objetos de adulación y recompensa, y cómo el mismo
precio inexorable ha de pagarse aun por la misma gran
compra.
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