La importancia de ser genial
Centenario luctuoso de Oscar Wilde

por  Héctor Zagal

¿El crítico es un artista? Si Oscar Wilde no convenció con su respuesta, nadie puede defenderse contra la bofetada de Clea.
Christopher Domínguez Michael, Servidumbre y grandeza de la vida literaria


El 30 de noviembre, a las 13:50 horas, murió en París Oscar Wilde, pobre y manchado por un escándalo parecido al que conduj
o a la muerte a García Lorca. Pocos acompañaron al dublinés durante su penosa agonía. Wilde, el excéntrico, el agudo ingenio mimado por la alta sociedad londinense, falleció en el Hotel d'Alsace. Lejos quedaban los tiempos de gloria. Cuando visitó Estados Unidos le preguntó un funcionario de aduana: "¿Que trae consigo?", a lo que respondió: "Sólo mi genio". El Marqués de Queensberry había recluido por dos años en la cárcel al amante de lord Alfred Douglas, hijo del aristócrata. La homosexualidad existía en la sociedad victoriana, otro asunto es que se aceptara. La hipocresía reinaba en la capital del imperio británico. Colaban mosquitos y pasaban camellos. Mataron indios, africanos y chinos, pero eso sí, Wilde a la cárcel.

Flaco favor han hecho a Wilde --en mi opinión-- quienes lo presentan como un reprimido libidinoso (sea lo que esto signifique). Aducen la pieza de teatro Salomé (1894) y, por supuesto, El retrato de Dorian Gray, obra donde se dan la mano el Fausto de Goethe y el Satiricón de Petronio.

Más audacia. Ni siquiera De profundis (publicado en 1905) ni La bálada de la cárcel de Reading (1898) expresan plenamente la genialidad de su autor. De profundis: Epistola in carcele et vinculis, la larga carta dirigida a su ex amante y detractor, exhibe el "chancro sentimental" --expresión de José Asunción Silva-- causado por la traición de Lord Alfred. La amargura rezuma de las letras de Wilde: "Quizá he sido elegido para enseñarte algo más maravilloso: el significado y la belleza del dolor".

Ahora me suicido: Oscar Wilde fue un anarquista. No como Baudelaire, enfant terrible, espantajo de la Belle Époque, sino como un Voltaire consentido por las futuras víctimas de la guillotina. Wilde no criticó a los puritanos desde fuera. Se mofó de ellos en su cara. Ingleses y americanos le aplaudieron. La importancia de llamarse Ernesto es la ridiculización de las formas: Hace unos meses escuché en el club a dos hombres de negocios. No habían cerrado un trato con un tercero por el automóvil en que éste había llegado. Quien maneja un sedán no es un tipo de fiar…

Incluso en El retrato de Dorian Gray es mordaz. En la sociedad civilizada, "…las maneras tienen más importancia que la moral (…) Ni aún las virtudes cardinales pueden compensar unas entrées semifrías" (cap. XI).

En este sentido, la tesis de Wilde, "El arte por el arte", admite dos lecturas. Es una sátira del romanticismo tardío, o bien, una vacuna contra la hipocresía victoriana. Para prevenir algunas enfermedades se utilizan virus que provocan la enfermedad atenuada. L'art pour l'art inmuniza contra la sociedad de las formalidades. "Una verdad, en arte, es aquella cuyo opuesto es igualmente cierto", sentencia Wilde. Se afrenta la politesse, porque descubre la trivialidad de las formas. Las buenas maneras no obedecen al principio de no contradicción. Nuestra tentación es convertirlas en "sacramentos" inmóviles. Wilde captó el carácter efímero de la civilidad.

Un mazazo de Wilde: "Lo que es bello constituye un gozo en toda estación y una posesión en toda la eternidad". Respondo: la obra de arte, fruta de estación, es deliciosa fuera de época. Wilde cierra El arte y el artesano: "Felicitaos si habéis hecho algo singular y extravagante, rompiendo la monotonía de un siglo correcto". La excentricidad (genialidad, no vulgaridad) es subversión del establishment. Wilde alcanzó la cumbre cuando los aristócratas y los burgueses pagaban por escucharlo. Escapar a la uniformidad dejando de utilizar desodorante provoca mal olor, no la revolución. Oscar Wilde se adelantó al urinario de Marcel Duchamp. Orinar al público in y orillarlo a pagar es una revolución en toda regla.


HECTOR ZAGAL: Ensayista. Autor de Introducción a la gran literatura a través del arte del bien comer (Publicaciones Cruz, 2000) y Ética para adolescentes posmodernos (1999). Comentarios: hzagal@yahoo.com

 

 

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