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ANTI-CLÍMAX
Entro en La Habana a un bar que le llaman El Pastores
Me acompañan dos amigos. El mar crece a lo lejos
La noche pone su dedo sobre el puerto:
En esto un árbol yacía entre mis párpados
me soné la nariz y apareció un bosque
"carta blanca con ginger" abrimos las tres bocas
me abro la cabeza y un puñal pequeño me atraviesa
Por la mañana tengo el primer vómito de sangre
de aquel bosque arranqué lágrimas que tuve
mucho tiempo sobre el pecho estaba desnudo y me
miraba otra piel y un diente pequeño nacía de mi frente
tuve un miedo terrible a no ser ya yo mismo
Por la mañana mi madre me echa en cara todos mis defectos
sólo es que tengo miedo de ser descubierto y castigado
de por vida me desmayo escupes
sobre mis labios en silencio sobre el resto de mis días
hasta que te arrancas caes sobre mí que voy a morir en ti
ahora
me doy cuenta que se trata de un día de septiembre
finalmente me arranco los ojos y pongo tu nombre entre las
cuencas vacías
Por la tarde tengo el segundo vómito de sangre
A esto se llama morir por amor a lo Margarita Gautier
si me tomo una cerveza estoy completamente seguro
de que voy a ver a Dios golpeo sobre la barra
te busco en
una pareja baila porque sé que te he perdido entre tantos
mis dos amigos se matan a arañazos
Una piedra suena sobre el bosque una piedra y otros me
buscan como yo a ti te amo desde mi pecho crece un buitre
te amo dolor mío te amo todo empieza a morir
te amo amanece
Mi madre hace la historia de todos los que han muerto en mi
[familia
Por la noche tengo el último vómito de sangre como en aquella
historia que recuerdo
no sin algo de susto y vértigo a la vez
Mi madre habla constantemente de los ojos azules de mi tío
te cuento aquella historia de mi padre irrumpo a llorar
salvajemente una curiosa me mira tú me aprietas las manos
descubres que me quieres o me tienes lástima
estoy asustado de tanta mentira, pero me he salido con la mía
y ya me perteneces
vivos afuera suenan la lluvia y el viento
Mi madre copia estas palabra mientras vienen a buscarme.
DUAL
Si
aunque fuera en realidad la vida de otro
la
que tú buscaste, sin saber y al cabo;
de
tantos desafueros; cuestiones olvidadas;
te
dieras a la tarea idiota de reconstruir la tuya.
¿Cuáles
serían las armas? Los
imbéciles paradigmas
de
una reconstrucción vencida, golpeada y sucia,
como
si te recogieras en papeles de un parque:
basura
tirada al borde de la acera, estiércol, restos.
Saliste
a pensarlo hoy: ¿Tinieblas para la noche o ácida
mañana
de resaca? ¿Estás vencido? ¿Cuándo lo está cada hombre?
¿En
qué momento de su historia él se convence de
que
no puede? Se ha hecho
al fin de sus ansias o la espera:
el
triunfo o la derrota ―nunca
se sabe―;
y
que su vida aun a sabiendas de todo o de todos.
Aun
del amor, de los convencimientos, de su trayectoria,
histeria,
desesperación, la calma. El
fin se impone, se remite a
un
“no ha pasado nada simplemente es que uno muere
que
no puede estarse quieto que uno sufre como
cualquier
otro y el que padece y está al lado no lo sabe:
como
tampoco sabremos nosotros realmente qué es lo que ocurre
qué
es lo que nos mata y seguimos como él sigue”.
Entonces
en qué ha quedado la inconformidad, los tumbos,
la
frente contra el pavimento, la intolerancia, cuando apenas
puedes
levantarte y decir que esta lucha tú la creaste
desde
la piedra inicial de tus deseos;
y
que el hombre que has sido es el que eres,
el
que nació afiebrado, el que estiró sus piernas,
corrió
en pedazo y no ha hallado;
la
realidad de su engaño o el acierto.
Alcohol,
calles extrañas, burdeles y saliva avinagrada,
sábanas
manchadas de oscuras camas compartidas sin prejuicios,
cuerpos
agitados, y un olor demente que te atrapa
han
sido por ti todo tu refugio.
¿Ahora
qué aguardas? ¡Está
bien que amaras!
Es
o fue lo justo. Con
locura o sin pasión da lo mismo.
¿Qué
quieres? Está bueno
ya, déjate de eso. Sosiégate.
No
habrá una tregua mientras vivas.
El hombre se ha vuelto su
enemigo
y, si acaso, sólo una voz perdida encontrarás si es
lo
que queda. Sírvete
por el resto de tus actos.
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