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EVOCACIONES
AUTOBIOGRÁFICAS
"Tenía 16 años cuando me enamore de Matías. Al poco
tiempo de conocerlo, lo que sentía por él se me hizo muy claro: lo deseaba
sexualmente, lo quería en forma plena, lo quería todo; me encantaba. Me
gustaba su forma de ser, de actuar, de hablar; lo admiraba. Ese mismo día
empezó para mí un gran conflicto.
...Mi
vida amorosa, hasta entonces, se había limitado a ciertas fantasías
eróticas y a salir alguna que otra vez con chicas... todo eso muy mezclado, nada
claro. Sin embargo, lo vivía con la más absoluta normalidad.
Para mí, la
crisis realmente comenzó cuando me di cuenta de que me había enamorado de
un varón. Ese espíritu racional que siempre me caracterizó hizo que,
inmediatamente, buscara la solución a mi problema en los libros: leía todo
cuanto encontraba sobre el tema. ¡Qué locura la de ir a un libro en lugar
de profundizar en mis propios sentimientos!
Sin embargo, cuando habían
pasado tres o cuatro meses, todo ganaba claridad: mi relación con Matías
avanzaba y, con ella, la felicidad. Estaba en pareja, estaba enamorado. la
crisis había sido intensa pero breve. Entonces, sólo lo comenté con un par
de amigos, los más cercanos; no lo hablé ni con mis padres ni con mi
hermano Roberto.
Cuando inicié mi relación de pareja, ya empezaba a
escucharse en la sociedad un discurso que hablaba de la homosexualidad
desde otro lugar, distinto de la enfermedad o del pecado.
...En el caso de la Argentina fue muy diferente la
experiencia de un gay o una lesbiana en los años 60 que en 1970. En los
'70, por ejemplo, fueron fundamentales las primeras apariciones de la
palabra "homosexual" en los diarios, ya que, hasta entonces, el espacio de
la homosexualidad era casi absolutamente marginal y uno tenía que
descubrirlo por iniciativa individual. Muy probablemente, si en el momento
en que yo me enamoré no se hubiera dado este gran paso, mi reacción
hubiera sido completamente distinta. Reconocía a quienes me condenaban, a
quienes me consideraban un enfermo o un pecador, un inmoral.
Pero, por
otro lado, sabía que había gente que decía que la mía era una
variante sexual más, una opción como cualquiera. Aunque, en un primer
momento esto me alivió, tiempo más tarde pensé: "Estos que me cuestionan y
que me critican, indudablemente, son una basura, ¿pero acaso necesito del
permiso de los otros? Si este es mi deseo, es mi vida... ¿a quién
voy a pedir autorización para vivirla como quiero? ¿que voy a hacer?
¿Ocultarme, esconderme? ".
...Después,
con el tiempo, descubrí a mucha gente que, desgraciadamente, no puede
enfrentar la idea de su propia homosexualidad: Se esconde, se casa y cuida
las apariencias; sin embargo, yo sabía que no quería eso para mí. Después
de todo, sentía que estaba enamorado y que eso era lo mejor que podía
pasarme en la vida, así que fui y hablé directamente con Matías. A partir de entonces, comenzamos una
relación que duró cuatro años. Lo que yo no sabía es que esa era la
primera dificultad que me había tocado enfrentar por ser homosexual; con
el tiempo vendrían otras tantas que yo ni me imaginaba.
...Si bien tuve la suerte de no padecer represión
policial, es verdad que los homosexuales fueron, son y serán reprimidos; y
esa era una realidad que les tocaba vivir, entre otros, a mis mejores
amigos.
...Existe cierta legislación que
maneja la Policía Federal por la cual una persona gay puede ser
arbitrariamente detenida en cualquier sitio, y esto, indudablemente,
facilita el camino a los excesos. Es más, efectivamente, en los últimos
meses ha habido un rebrote de la represión como no había sucedido en
muchos años, tanto en la Capital como en el interior: detenciones en la
vía pública, allanamientos de bares y disco.
...En "Gays por los Derechos Civiles" nunca dejamos
de recibir denuncias por discriminación laboral, por Sida; sin embargo, en
los últimos tres meses, el tema policial ha pasado a ocupar un primer
plano.
...Cuando comencé a salir
con Matías, yo estaba cursando mis estudios en el Colegio Arzobispal de la
Plata, el mismo en el que había estudiado también toda la primaria. Mi
experiencia en ese colegio fue muy extraña; muy diferente según las
épocas. Cuando hice la escuela primaria, por ejemplo, a pesar de
pertenecer al arzobispado de La Plata, todo el plantel y el personal
docente era laico, con la cual mi colegio tenía fama de ser muy
progresista, era el colegio modelo donde los intelectuales mandaban a sus
hijos. Para nada tenía las características típicas de un colegio
religioso.
...Pero, con el tiempo,
lamentablemente, se fue transformando y el secundario fue, verdaderamente,
siniestro. No particularmente para mi que era gay, sino para cualquiera.
Entonces, empezó a haber una participación más directa del arzobispado y
todo desmejoró. Concretamente, respecto de mi sexualidad comencé a sentir
una disociación muy grande entre lo que escuchaba en el colegio y lo que
yo realmente pensaba y sentía. En realidad, creo que eso mismo le debió
pasar a cualquier adolescente gay que haya vivido con la mayor naturalidad
aquello que todos señalaban como distinto, que mostraban como
anormal.
De todas maneras, yo tenía la suerte de estar acompañado de un
contexto social donde empezaban a escucharse diferentes opiniones acerca
de la homosexualidad Corría el año '73 y ya circulaba en la sociedad un
discurso opositor a las teorías mayoritarias; existía un Frente de
Liberación Homosexual (FLH), por ejemplo. ...Me acuerdo de que
ya a los 16 0 17 años había leído algunas notas periodísticas donde
psicólogos y médicos daban una visión distinta de la homosexualidad. Sin
embargo, las nuevas corrientes no eran las dominantes y yo conservaba esa
sensación de esquizofrenia que vive cualquier adolescente gay o lesbiana,
aquí o en cualquier país del mundo. Hasta poder acceder a escuchar ese
discurso que lo identifica, uno se siente el único caso. Hoy, seguramente,
debe ser muy distinto porque el tema de la homosexualidad tiene otro
espacio en los medios y en la sociedad, lo cual favorece un sinceramiento
desde los primeros momentos que no siempre se produce.
...En mi caso, no tuve problema en compartir mi
intimidad con los amigos más cercanos. Lo que sucede es que la
adolescencia suele ser el momento de crisis para cualquiera que posea una
sexualidad diferente. El momento más difícil, el de mayor soledad, en el
que la pregunta es: "¿Tengo o no que decirlo.?". Y, finalmente, uno
descubre que no hay obligación de hacerlo, que si uno lo dice es por una
cuestión de comodidad para compartir algo más con la gente que uno
quiere.
...Así fue como yo no
sentí necesidad de conversar con mi padre sino Hasta que cumplí 23 años.
El era un perfecto liberal, a punto tal de haberme acunado con la
Marsellesa cuando todavía era un bebé; sin embargo, a pesar de su
liberalismo, tenia sus prejuicios, recuerdo haberlo escuchado más de una
vez con la palabra maricón en la boca... Aun así, un buen día decidí
hablar con él.
...Papá tenía un estudio
jurídico en Buenos Aires, ciudad donde yo me había instalado hacía ya un
tiempo. Mamá había fallecido y, para que no se quedara solo en La Plata y
pudiera trabajar más tiempo aquí, le ofrecí vivir unos días a la semana
conmigo. Entonces me pareció que es casi una cuestión de derecho decirle
que, teniendo en cuenta que yo era bastante grandecito, si íbamos a vivir
juntos era necesario que, conociera mi vida en todos sus aspectos. Yo no
pensaba ceder, ni mentir, ni engañar, ni pasar por la situación incómoda
de no poder dormir en mi casa con quien yo quisiera. No me parecía justo.
¿Cuál fue su reacción en ese momento? No fue la mejor noticia que pude
darle, claro; pero tampoco fue la peor. Aceptó la idea todo lo que puede
hacerlo cualquier persona de su edad, de su formación, de su nivel
cultural. Con papá siempre habíamos mantenido una relación muy estrecha,
mucho más que con mi madre.
...Hoy mismo
descubrí, en mis gustos, sus lecturas... Mi viejo tenía una biblioteca
inmensa y cuando era chico me hizo leer muchísimo. Leer fue la primera
pasión que descubrí en mi vida. Durante los primeros años leí cosas como
Lo Ilíada, La Odisea, Ivanhoe. Mamá era una mujer muy bella y guardaba
cierta distancia conmigo, no así con mi hermano Roberto. Este juego de
mayores y menores proximidades tenía que ver, exclusivamente, con una
cuestión de personalidades afines.
Yo, por ejemplo, desde la adolescencia
fui mucho más rebelde que Roberto. A los 14 años, con la intención de
acostumbrar a mis padres cuando salía, les decía que volvía más o menos
tarde y me iba a dormir a la casa de un compañero sin avisar. La primera
vez la consecuencia fue una pateadura; la segunda, un grito y la
tercera... ya se habían acostumbrado. La inmensa mayoría de las cosas que
he hecho en mi vida tienen que ver con la educación que recibí de mi
padre. El me enseño que el valor mas importante de la vida es la
libertad. La nuestra fue una relación con mucho diálogo hasta el día de su
muerte.
...El tiempo que sucedía al
fallecimiento de mi madre fue un período de grandes conversaciones.
Entonces, volvía la democracia y mi padre y yo teníamos tema permanente.
En aquella época él odiaba a los radicales mientras yo tenía una pequeña
simpatía por el alfonsinismo, lo cual convertía nuestras conversaciones en
pelas mortales.
...A mama nunca le llegue
a hablar de mi homosexualidad. Quedó como un aspecto de su hijo que ella
no conoció, igual que lo que le puede pasar a tantos otros chicos. Pude
habérselo dicho, claro; pero no se dio. Frente a la muerte de sus propios
padres, uno suele pensar en las cosas que nunca llegó a decirles. A mi
padre me hubiera gustado decirle, por ejemplo, que hoy me arrepiento de
muchas de las elecciones que hice por rebeldía: Entre otras, no seguir la
carrera de abogado. Por puro instinto de rebeldía preferí estudiar
Historia. Sin embargo, a lo largo de mi vida, la mayor parte de las cosas
que hice tuvieron que ver más con el Derecho que con la historia con lo
cual pude descubrir cuánto me gustaba el Derecho.
...Terminé la escuela en el '75 e inmediatamente me
puse a estudiar la carrera de Historia en la Universidad de La Plata. Me
recibí en el año '78, decidido a especializarme en Historia Medieval. Para
seguir mis estudios conseguí una beca y me fui a estudiar a Francia. Ese
fue un momento muy importante en mi vida porque en ese país pude ver, por
primera vez, el movimiento gay en pleno funcionamiento. En el '81, fui a
mi primera marcha gay. Había sido organizada por el movimiento para cerrar
una campaña que proponía no votar a los candidatos que acostumbraban a
discriminar. A esa marcha asistieron unas diez mil personas y yo presencié
todo eso absolutamente maravillado: Especialmente por ese contraste
con lo que yo estaba acostumbrado a vivir en plena dictadura argentina. El
recuerdo de esos días resulta imborrable para mí; ese fue el motor que
decidió mi posterior militancia en el movimiento gay porque, a partir de
ese momento, yo empecé a pensar que en la Argentina había que hacer
algo.
...Ahí, en Francia, yo era testigo de
como era posible vivir en una sociedad libre. La vida cotidiana de un gay,
en Francia, era muy distinta de la de Buenos Aires. Aun antes del Proceso,
el hecho de ser homosexuales nos conducía casi inevitablemente a una vida
mucho más cerrada. Habían empezado a aparecer sobre todo en el Norte y
Oeste de la ciudad- bares o discotecas especiales para homosexuales pero,
con la dictadura, el crecimiento de la comunidad se vio interrumpida En
Francia la sensación era tan diferente... se vivía con la impresión de
poder respirar.
...Aquí, uno salía a dar
una vuelta y, de repente, miraba a alguien y enseguida empezaba a sentir
miedo, miedo de que aquel fuera policía, de que alguien estuviera
mirando... Eso no pasaba en Europa. Recuerdo que, en aquellos años '80, un
día yo entré en el bar gay de moda. Estaba con un profesor, también
homosexual con el cual había ido a tomar una cerveza a la salida del
curso. En ese momento, se abrió la puerta y entraron dos uniformados. Yo,
que no conocía los uniformes franceses, dije: "¡ Uy, no... Esto es una
razzia! ". Entonces mi acompañante me explicó: "No te confundas; no estas
en tu país, estos son bomberos y vienen acá porque ellos también son gays
". Fue increíble para mí empezar a descubrir cómo era posible organizarse
como comunidad, ver esa marcha y ver que, detrás del movimiento, existía
todo un movimiento político claro, concreto, que luchaba por
reivindicaciones muy precisas, fue realmente un
deslumbramiento.
...Terminé mis estudios y
viajé por Europa durante casi un año hasta que llegué a Nueva York. Allí
oí, por primera vez, comentarios acerca de una nueva enfermedad que
atacaba a homosexuales -lo que más tarde sería el Sida-. Entonces se
denominaba el cáncer gay o la peste rosa. Volví a la Argentina en el '82.
Rápidamente me inserté en el mercado laboral empleándome como profesor en
el profesorado de La Plata y en la Universidad del Salvador, en Buenos
Aires.
...Por esos años. mi hermano ya
estaba viviendo en la Capital y yo me fui a vivir a un departamento
contiguo al suyo. Durante un largo tiempo, los tres años que nos separaban
se habían transformado en un abismo pero, ahora, de repente la diferencia
volvía a achicarse hasta desaparecer y nuestras relaciones volvían a
estrecharse. Mientras estuve afuera, Roberto y yo habíamos intercambiado
correspondencia en la cual nos insinuábamos algunas cosas acerca de
nuestra sexualidad, pero nunca nos habíamos confesado nada abiertamente.
De regreso a mi país, un día Llegó a mi casa una tarjeta postal. Al
levantarla comprobé que el remitente era uno de mis amigos. Empecé a leer
y vi. que, en vez de decir "Querido Carlos" la tarjeta decía "Querido
Roberto". Yo hacía mucho que no veía a esta persona quien, evidentemente,
se había hecho amigo de mi hermano mientras yo había estado afuera. Me
pareció tan gracioso que, ese mismo día, me reuní con Roberto para hablar
del tema. En una conversación interminable nos contamos amoríos y
aventuras y, de ahí en más, empezamos una relación de gran
intensidad.
...El '83 fue el año del
regreso a la democracia. Nuevamente comenzó a formarse lo que había sido
el FLH, que esta vez se llamó Coordinadora de Grupos Gays. Yo no participé
de este movimiento, pero estaba al tanto de todo lo que pasaba. Cuando
asumió Alfonsín, se generó la idea de la democracia como panacea, la
democracia que iba a curar todos los males. Entonces fue mucha la gente
que dejo de militar durante esos meses de verano democrático del '83 al
'84. ...Pero en marzo del '84 hubo un
baldazo de agua fría para la comunidad gay. En esa época se habían
reabierto muchos bares y discos "diferentes" en la Capital. En uno de esos
lugares masivos, cayo la policía: se llevaron detenidos a los dueños,
clausuraron el local y éstos fueron amenazados hasta que tuvieron que
dejar el país. Esto provocó una reacción entre toda la gente que ya había
abandonado la militancia. Se Clamó a una asamblea abierta, en
Contramano la disco pionera-. Esa fue la asamblea fundacional de la
CHA, Comunidad Homosexual Argentina, la primera organización
homosexual que se creó en el país.
...En esa
primera asamblea poco se decidió: todo fue un caos. Se redactó un texto de
presentación de la organización y se abrió un listado personas que podían
actuar públicamente para la entidad. Nos anotamos 14 personas que
constituimos el alma de la CHA. Empezamos a trabajar; redactamos estatutos
y designamos una comisión directiva para la cual me propusieron como
presidente. Entonces comienzo la etapa más institucional de la CHA.
Tuvimos que aprenderlo todo, como si fuéramos chicos del jardín de
infantes; yo no sabía ni como se pedía una entrevista en la Cámara de
Diputados, no sabía cómo se redactaba un texto para una solicitada. No
teníamos experiencia, producto de la ruptura que se había gestado con el
gobierno militar.
...Ya tenía 25 años cuando
apareció la epidemia de Sida. A principios del '85, con la muerte de Rock
Hudson, estalló el tema en la prensa y, como la información hablaba de una
enfermedad que atacaba a homosexuales, todos vinieron a consultamos a
nosotros. Como movimiento, esto nos dio una visibilidad muy grande. Lo que
no sé es si eso fue o no productivo, ya que el mensaje que transmitieron
los médicos en esa época estuvo terriblemente distorsionado. Al principio
creímos la teoría que el Sida sólo afectaba a los homosexuales, pero en el
fondo siempre estaba la duda... ¿Qué tenemos nosotros para que nos pase
esto? Había algo raro en todas esas teorías y, por supuesto, había mucho
miedo. Estábamos realmente preocupados ante el avance de la epidemia. En
aquella época no teníamos una respuesta política para dar: Si nos
preguntaban, decíamos que no teníamos miedo, pero eso no era verdad, el
miedo estaba generalizado. Por suerte, hoy ya no es así.
...En el año '88 empecé a
vivir en pareja con una persona que, al poco tiempo de estar conmigo, se
entera de que está infectada. Murió ese mismo año y, poco tiempo después,
tuve que ser testigo de la muerte de mi hermano Roberto. Demasiada muerte
a mi alrededor, es verdad. Hubo toda una generación de militantes que
desapareció. Sin embargo, creo que toda esa experiencia me ha enseñado
mucho: me volvió más solidario, más afectivo. ...En el programa de Mariano Grondona, una vez le
preguntaron a mi hermano si no le tenía miedo a la muerte el contestó: "¿Y usted, doctor, no
le tiene miedo a la muerte?". Tenía razón... Nadie nos ha vendido la vida
y la salud. Expuestos a la muerte estamos todos.
... Por eso yo no tuve ningún problema en convivir
con una persona infectada. Podía estar con él normalmente y hacer el amor
sin que eso me obligara a vivir con el fantasma de la muerte delante de
mí. Yo amaba a Pablo y valía la pena estar con él. Después de todo, con
cuidarme como yo sabía que tenía que hacerlo, era suficiente. Hoy no le
tengo miedo al Sida. Hay muchas otras enfermedades que me atemorizan mas
porque sé que tengo un arma para enfrentar al Sida, que es la prevención.
En cambio, no se cómo luchar contra otras enfermedades que son las que me
preocupan más. Además, creo que el Sida es un arma política
estratégicamente utilizada por quienes buscan discriminar por sus propios
objetivos. Por suerte, en la comunidad homosexual está generalizada la
idea de la prevención; no sólo se sabe qué hacer sino que también se hace,
cosa que no sucede entre los heterosexuales.
...A medida que fue
pasando el tiempo, al ir observando mi vida y la de mis amigos, me fui
dando cuenta de un hecho: que una persona, sea o no gay, debería ser un
dato sin importancia. ¿Qué heterosexual va por la vida contando sus
intimidades sexuales? ¿A quién le importan?
Si el hecho de ser
homosexual afecta a quienes lo son es a causa de la falta de derechos, de
la discriminación y la marginación a la que somos expuestos
injustamente.
De todas las discriminaciones, la que a mí me ha tocado
padecer en forma particular es el desamparo legal.
...Cuando Pablo y yo
decidimos ir a vivir juntos, nos instalamos en el departamento que él
tenía desde antes de conocerme. Después de un largo tiempo de una
convivencia que nos hizo muy felices a los dos, como dije, mi pareja
murió. ¿Qué pasó conmigo entonces? Tuve que dejar ese departamento ante el
reclamo de los padres de Pablo con los cuales -valga la aclaración- yo me
llevaba muy, pero muy bien. Yo sentía que ese lugar me correspondía y, de
hecho, si hubiésemos estado casados legalmente me hubiera correspondido.
Pero en esa situación, yo me encontraba en la más absoluta desprotección
legal. No tenía casa donde vivir y tampoco tenía una legislación que me
protegiera. Esto, que a uno le parecen detalles (miserables o sórdidos) y
en los que ni se le ocurre pensar cuando está feliz, enamorado, viviendo
con su pareja, suele convertirse en un problema muy serio más adelante. Yo
había amado a Pablo y sentí que ese departamento era de la pareja, era
nuestro. Por eso ahora pongo todas mis energías en trabajar en "Gays por
los Derechos Civiles" con un grupo de personas que están dispuestas a
dedicar parte de su tiempo a defender los derechos de una minoría. Ellos y
yo creemos que la causa vale la pena: todavía hay mucho por
hacer.
Carlos
Jáuregui
PD.
Esta nota de evocaciones autobiográficas fue redactada por Carlos
Jauregui poco antes de su muerte.
Apuntes
extraídos de la página http://www.cha.org.ar/html/institucional/jauregui/jnota.htm
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