1957  -  1996

 

UN HOMBRE DE FE

por Roberto González (Pastor del Centro Cristiano de la Comunidad GLTTB / Argentina)

 

Recordar a Carlos Jáuregui es difícil sin caer en lugares comunes. En Carlos, se conjugaban el amigo, el militante y la persona de fe.

 

Conocí a Carlos en Marzo de 1988, por medio de otro querido amigo, Eduardo Antonetti. Una de las cosas que me impresionaron en ese primer encuentro fue su gentileza, su buen humor y el gran entusiasmo. Desde entonces llevamos una linda y franca amistad.

 

Como en cualquier relación amistosa no faltaron las diferencias; sin embargo, ambos sabíamos que teníamos un enemigo común: la discriminación y la homofobia. De manera que ese tema, que procura separar y dividir a las personas, a nosotros nos unía más.

 

Al principio de los ' 90 la iglesia Católica argentina, en la persona de Monseñor Antonio Quarracino comenzó a atacar y amenazar a las personas glttb. No me avergüenza decirlo: Después de mucho tiempo volví a tener miedo, pero Carlos estaba allí dándome la fuerza militante de su presencia solidaria para enfrentar a las instituciones y a la sociedad. Denunciábamos a la iglesia y reclamábamos nuestros derechos.

 

Carlos siempre apoyó nuestro trabajo, siempre nos acompañó en el reclamo por nuestros Derechos Religiosos, varias veces participó de las misas que celebrábamos.  Por aquellos años, nos manejábamos con el teléfono de manera que donde existía un acto discriminatorio, sin importar la hora y el lugar, salíamos con Carlos junto a otras(os) queridas(os) militantes a denunciar los atropellos que sufría nuestra gente.

 

He tenido el privilegio y la responsabilidad de conversar con Carlos cuestiones privadas, obviamente confidenciales. Pero puedo asegurar que Carlos fue una persona de fe. No es necesario reafirmarlo: Todas las personas saben que tenía ideales muy claros, creía en el derecho y la justicia, en la inclusividad y el pluralismo y como toda persona de fe, en la esperanza.

 

Debo confesar que cada Marcha del Orgullo GLTTB extraño su voz áspera gritando: "¡Respeto, respeto, los gays y las lesbianas por las calles argentinas!" -debo aclarar que bien pasaron los años, fue agregando las palabras: travestís, transexuales y bisexuales.

 

Debo decir también que siento una gran nostalgia por aquel tiempo compartido con Carlos, porque es irrepetible. Pero tengo la certidumbre que Carlos está del otro lado del Arco Iris animándonos para seguir luchando por la libertad y la vida.  

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO