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María Estuardo,
que sería madre de nuestro personaje, era bisnieta de Enrique VII de
Inglaterra y tenía derecho al trono de Inglaterra que ocupaba Isabel I. Ambas
lo sabían y por esa razón existía entre ellas una enorme apatía.
Para beneficio de la dinastía Estuardo, estuvo dispuesta a casarse con Felipe
II, futuro rey de España, pero la aparición del apuesto Lord Darnley la hizo
cambiar de opinión y terminó contrayendo nuevas nupcias. La ceremonia
matrimonial se realizó en el palacio de Holyrood, en Edimburgo.
Sensual y
apasionada, María Estuardo le profesó un amor tan inmenso a Darnley, que le
obsequió el título de rey. Pero él, ambicioso, se unió a una conspiración
que lo llevaría a ganar superioridad sobre ella. Hasta entonces, ella se dio
cuenta de su verdadera personalidad y lo repudió pese a estar embarazada.
Entonces, María
dirigió la mirada de su amor hacia el conde Bothwell, ladrón y raptor de niñas
y mujeres, mejor conocido por su valentía y brutalidad.
El hijo de María
Estuardo nació en 1566, y años más tarde llegaría a ser Jacobo VI de
Escocia y Jacobo I de Inglaterra.
Al poco tiempo,
su esposo Darnley, enfermó de viruela negra. Ella lo llevó a una tranquila
casita apartada donde cierta noche se produjo una horrible explosión. Darnley
murió y los escoceses tuvieron la certeza de que Bothwell lo había matado
para acceder al trono.
Proclamado rey
de escocia con tan solo un año de edad, Jacobo VI unió a esta las coronas de
Irlanda e Inglaterra en 1603, al morir Isabel I sin descendencia, tomando el nombre de
Jacobo I de Inglaterra. Hombre
bondadoso e inteligente, su único interés fue siempre mantener la paz en
medio de las tensiones religiosa, lo que le valió el sobrenombre de "Rex
Pacificux". Su sangre francesa y sus primeros años de reinado en
Escocia hicieron difícil el acercamiento entre el monarca y sus súbditos
ingleses, pero su afabilidad y generosidad, de la que muchos se aprovecharon,
le ayudaron a llevar un reinado próspero y estable. Por
su formación llegó a ser un humanista con grandes dotes como intelectual,
aunque un enviado francés le definía así en su juventud: "No le gusta
ni la música ni el baile ni el galanteo; habla como viste y juega como un
campesino, y no muestra mejor disposición en compañía de una mujer. Su
entretenimiento favorito es la caza y puede pasarse horas a lomos de un caballo...
Es muy creído de si mismo e irrita a sus súbditos con sus
inclinaciones tan indiscretas como violentas" Jacobo
siempre se sintió atraído por los de su mismo sexo, quizás para llenar el
hueco que dejo la prematura muerte de su padre, Darnley, que por otro lado
siempre prefirió la compañía de sus ayudas de cámara o de sus mozos de
cuadra a la de la propia reina, e incluso tenía la costumbre de dormir con
ellos, tal vez por lo húmedas y frías que debían estar las camas en
aquellas latitudes. Cuando
Jacobo tenia 13 años, llegó a Escocia su primo Esmé Stuart, señor de
Aubigny, procedente de Francia. Jacobo
quedó prendado de inmediato de Esmé, por quien llegó a sentir verdadera
pasión, y lo convirtió en el primero de sus favoritos. Joven
refinado y culto, Esmé llevó al austero entorno del rey el colorido, la
gracia, la alegría y la frivolidad de Francia. Pero por encima de todo, como
dice uno de sus biógrafos, le llevó el amor. De
naturaleza profundamente afectuosa, el rey gustó durante toda su vida de la
intimidad amorosa que mantenía con sus compañeros. Ahora tenía a su lado a alguien
al que podía amar exclusivamente. Jacobo
encumbró a Esmé al mas alto puesto de la corte y éste trató de realzar la
autoridad real ante los nobles. Pero Jacobo fue hecho prisionero y obligado a
desterrar a su primo. Muy a su pesar, y aun cuando ofreció alejarle de
cualquier cargo público para poder conservarle a su lado, Jacobo se vio
obligado a exilar a Esmé, después de tres años de unión, bajo amenaza de
que sus días terminarían antes de tiempo, tal y como había sucedido con otros
antepasados suyos. Esta amarga apariencia le marcaría para toda su vida,
privada y pública. Aprendidas
las reglas del juego político, pronto contrajo matrimonio y tuvo
descendencia, con lo que aseguró la corona inglesa y se ganó a los nobles escoceses.
No obstante, la reina tuvo su propia vivienda, para que el rey pudiera
disfrutar de sus amigos íntimos, a los que, en cierta ocasión, dejo claro
que era la única mujer con la que se había acostado. Una
vez que subió al trono de Inglaterra, no tardó en apasionarse por el que
sería su segundo favorito, James Hay, como lo testimonia Sir Anthony Weldon:
"En cuanto el rey llegó a Londres se observó el ascenso vertiginoso de
su favorito, y era en nuestros cielos el primer meteoro de dicha naturaleza.
Apenas hubo puesto el rey los ojos en él, todos los cortesanos se pusieron a
adorarlo". Durante
mucho tiempo, Hay recibió del rey los mas altos honores, con sus rendimientos
económicos correspondientes y Jacobo pudo ser feliz a su lado mientras le
amó. Pero
en 1607, otro meteoro apareció en la corte del Rey Jacobo, gracias a un
fortuito accidente durante un torneo, El nombre de este nuevo joven era Robert
Carr. La inteligencia y la generosidad de Jacobo hicieron casar a Hay con una
rica heredera inglesa, de tal forma que aseguró el porvenir de éste, que
pudo permanecer en la corte. Pero el corazón de Jacobo era ya de Carr, joven
escocés educado en Francia, galante y bien parecido.
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| Retrato
de Jacobo I, pintado alrededor de 1615 |
Completamente
arrebatado por el joven, Jacobo dejó las riendas del estado en manos de
Salisbury, y se dedicó a Carr en cuerpo y alma, hasta el punto de que
se retiró con él a las frondosidades de Newmarket y Royston, donde Weldon
dice que "podía gozar de su favorito con mayor tranquilidad". También
Carr conoció la generosidad del rey con títulos bien remunerados, llegando a
hacer de él el primer escocés que ocupara un escaño en la Cámara de los
Lores. Pero el ambicioso Carr quiso asegurar su posición mediante una boda políticamente
ventajosa para él. El rey no se opuso, incluso le dio su bendición y el
condado de Somerset. Jacobo
volvía a estar solo y necesitado de afecto, pero poco tardó el corazón del
rey en inflamarse de nuevo, ahora por un ingles, George Villiers, que sería
el ultimo de sus favoritos y quizás el que mas hondo caló en el monarca.
Este quiso nombrarle su ayuda de cámara, honor reservado también a los
anteriores favoritos, pero Carr no lo supo llevar con tanta dignidad como Harr
y se negó a dejar el cargo, sin entender que él no pensaba arruinar su
carrera. Ante
esa negativa, Jacobo se vio obligado a escribir "Me he visto abrumado hoy
sin razón alguna por vuestras cartas desesperadas; seguiréis por el buen
camino si me escucháis y de esta suerte no me heriréis jamás a mi, ni a vos
tampoco.. El cielo y la tierra son testigos de que si cumplís la mitad de vuestro
deber para conmigo gozareis cerca de mi del mismo lugar que ocupasteis antaño.
Simplemente brindando a mi persona el amor y a vuestro señor el respeto que
Dios y los hombres imploran de vos". Villiers
fue nombrado copero mayor y tuvo el honor de servir al rey en público, perno pasó
mucho tiempo antes de que Carr cayera en desgracia, dando paso al nuevo amado
del rey.
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| Boceto
que Rubens realizó para una cuadro de Villiers, datado alrededor de
1634 |
El
favorito recibió en poco tiempo los títulos de vizconde, conde de Buckingham
y marques, y por si hubiera alguna duda, el rey sentenció ante el Consejo
regio: "No soy ni Dios ni un ángel, sino un hombre igual a los demás y
que confiesa amar por encima de todo a aquellos que han hallado un lugar en su
corazón. Podéis estar seguros de que amo al conde de Bukingham mas que a cualquier
otro... Jesucristo tenia a su Juan y yo tengo a mi Steenie "
(Jacobo llamaba Steenie a Villiers por su parecido con la representación de
San Stephen que había en la Capilla real) En
1620 Jacobo decidió que había llegado el momento de casar a Steenie para que
tuviese su propia familia y no se alterase la vida de la corte. Para ello se
eligió a la mas prometedora de las doncellas del reino, la hija del conde de
Rutland, a la que el rey quiso como a una hija, y a los descendientes de ese
matrimonio como sui fuesen de su propia sangre. De
esta forma el rey se vio en poco tiempo rodeado del clan Villiers - madre,
hermana, esposa - lo que sorprendió en la corte, tal y como refleja Weldon:
"El rey Jacobo, que antaño odiaba a las mujeres, las tiene ahora
agarradas a sus faldones, aso como a toda su parentela... Sorprendente
mudanza esta experimentada por un rey que otrora no podía soportar la
presencia de la reina ni de sus hijos. Cosas de la edad. Así,
Jacobo VI terminó sus días junto a su amado Villiers y disfrutando de su
familia, feliz al fin tras una vida entregada a la búsqueda del efecto de los
hombres que le rodearon y para los que sólo tubo bondades.
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