1566 - 1625

 

APUNTES  BIOGRÁFICOS

 

 

María Estuardo, que sería madre de nuestro personaje,  era bisnieta de Enrique VII de Inglaterra y tenía derecho al trono de Inglaterra que ocupaba Isabel I. Ambas lo sabían y por esa razón existía entre ellas una enorme apatía.


Para beneficio de la dinastía Estuardo, estuvo dispuesta a casarse con Felipe II, futuro rey de España, pero la aparición del apuesto Lord Darnley la hizo cambiar de opinión y terminó contrayendo nuevas nupcias. La ceremonia matrimonial se realizó en el palacio de Holyrood, en Edimburgo.

Sensual y apasionada, María Estuardo le profesó un amor tan inmenso a Darnley, que le obsequió el título de rey. Pero él, ambicioso, se unió a una conspiración que lo llevaría a ganar superioridad sobre ella. Hasta entonces, ella se dio cuenta de su verdadera personalidad y lo repudió pese a estar embarazada.

Entonces, María dirigió la mirada de su amor hacia el conde Bothwell, ladrón y raptor de niñas y mujeres, mejor conocido por su valentía y brutalidad.

El hijo de María Estuardo nació en 1566, y años más tarde llegaría a ser Jacobo VI de Escocia y Jacobo I de Inglaterra.

Al poco tiempo, su esposo Darnley, enfermó de viruela negra. Ella lo llevó a una tranquila casita apartada donde cierta noche se produjo una horrible explosión. Darnley murió y los escoceses tuvieron la certeza de que Bothwell lo había matado para acceder al trono.

Proclamado rey de escocia con tan solo un año de edad, Jacobo VI unió a esta las coronas de Irlanda e Inglaterra en 1603, al morir Isabel I sin descendencia, tomando el nombre de Jacobo I de Inglaterra.

Hombre bondadoso e inteligente, su único interés fue siempre mantener la paz en medio de las tensiones religiosa, lo que le valió el sobrenombre de "Rex Pacificux".  Su sangre francesa y sus primeros años de reinado en Escocia hicieron difícil el acercamiento entre el monarca y sus súbditos ingleses, pero su afabilidad y generosidad, de la que muchos se aprovecharon, le ayudaron a llevar un reinado próspero y estable.

Por su formación llegó a ser un humanista con grandes dotes como intelectual, aunque un enviado francés le definía así en su juventud: "No le gusta ni la música ni el baile ni el galanteo; habla como viste y juega como un campesino, y no muestra mejor disposición en compañía de una mujer. Su entretenimiento favorito es la caza y puede pasarse horas a lomos de un caballo... Es muy creído de si mismo  e irrita a sus súbditos con sus inclinaciones tan indiscretas como violentas"

Jacobo siempre se sintió atraído por los de su mismo sexo, quizás para llenar el hueco que dejo la prematura muerte de su padre, Darnley, que por otro lado siempre prefirió la compañía de sus ayudas de cámara o de sus mozos de cuadra a la de la propia reina, e incluso tenía la costumbre de dormir con ellos, tal vez por lo húmedas y frías que debían estar las camas en aquellas latitudes.

Cuando Jacobo tenia 13 años, llegó a Escocia su primo Esmé Stuart, señor de Aubigny, procedente de Francia.

Jacobo quedó prendado de inmediato de Esmé, por quien llegó a sentir verdadera pasión, y lo convirtió en el primero de sus favoritos.

Joven refinado y culto, Esmé llevó al austero entorno del rey el colorido, la gracia, la alegría y la frivolidad de Francia. Pero por encima de todo, como dice uno de sus biógrafos, le llevó el amor.

De naturaleza profundamente afectuosa, el rey gustó durante toda su vida de la intimidad amorosa que mantenía con sus compañeros. Ahora tenía a su lado a alguien al que podía amar exclusivamente.

Jacobo encumbró a Esmé al mas alto puesto de la corte y éste trató de realzar la autoridad real ante los nobles. Pero Jacobo fue hecho prisionero y obligado a desterrar a su primo. Muy a su pesar, y aun cuando ofreció alejarle de cualquier cargo público para poder conservarle a su lado, Jacobo se vio obligado a exilar a Esmé, después de tres años de unión, bajo amenaza de que sus días terminarían antes de tiempo, tal y como había sucedido con otros antepasados suyos. Esta amarga apariencia le marcaría para toda su vida, privada y pública.

Aprendidas las reglas del juego político, pronto contrajo matrimonio y tuvo descendencia, con lo que aseguró la corona inglesa y se ganó a los nobles escoceses. No obstante, la reina tuvo su propia vivienda, para que el rey pudiera disfrutar de sus amigos íntimos, a los que, en cierta ocasión, dejo claro que era la única mujer con la que se había acostado.

Una vez que subió al trono de Inglaterra, no tardó en apasionarse por el que sería su segundo favorito, James Hay, como lo testimonia Sir Anthony Weldon: "En cuanto el rey llegó a Londres se observó el ascenso vertiginoso de su favorito, y era en nuestros cielos el primer meteoro de dicha naturaleza. Apenas hubo puesto el rey los ojos en él, todos los cortesanos se pusieron a adorarlo".

Durante mucho tiempo, Hay recibió del rey los mas altos honores, con sus rendimientos económicos correspondientes y Jacobo pudo ser feliz a su lado mientras le amó. 

Pero en 1607, otro meteoro apareció en la corte del Rey Jacobo, gracias a un fortuito accidente durante un torneo, El nombre de este nuevo joven era Robert Carr. La inteligencia y la generosidad de Jacobo hicieron casar a Hay con una rica heredera inglesa, de tal forma que aseguró el porvenir de éste, que pudo permanecer en la corte. Pero el corazón de Jacobo era ya de Carr, joven escocés educado en Francia, galante y bien parecido.

Retrato de Jacobo I, pintado alrededor de 1615

Completamente arrebatado por el joven, Jacobo dejó las riendas del estado en manos de Salisbury, y se dedicó  a Carr en cuerpo y alma, hasta el punto de que se retiró con él a las frondosidades de Newmarket y Royston, donde Weldon dice que "podía gozar de su favorito con mayor tranquilidad".

También Carr conoció la generosidad del rey con títulos bien remunerados, llegando a hacer de él el primer escocés que ocupara un escaño en la Cámara de los Lores. Pero el ambicioso Carr quiso asegurar su posición mediante una boda políticamente ventajosa para él. El rey no se opuso, incluso le dio su bendición y el condado de Somerset.

Jacobo volvía a estar solo y necesitado de afecto, pero poco tardó el corazón del rey en inflamarse de nuevo, ahora por un ingles, George Villiers, que sería el ultimo de sus favoritos y quizás el que mas hondo caló en el monarca. Este quiso nombrarle su ayuda de cámara, honor reservado también a los anteriores favoritos, pero Carr no lo supo llevar con tanta dignidad como Harr y se negó a dejar el cargo, sin entender que él no pensaba arruinar su carrera. 

Ante esa negativa, Jacobo se vio obligado a escribir "Me he visto abrumado hoy sin razón alguna por vuestras cartas desesperadas; seguiréis por el buen camino si me escucháis y de esta suerte no me heriréis jamás a mi, ni a vos tampoco.. El cielo y la tierra son testigos de que si cumplís la mitad de vuestro deber para conmigo gozareis cerca de mi del mismo lugar que ocupasteis antaño. Simplemente brindando a mi persona el amor y a vuestro señor el respeto que Dios y los hombres imploran de vos".

Villiers fue nombrado copero mayor y tuvo el honor de servir al rey en público, perno pasó mucho tiempo antes de que Carr cayera en desgracia, dando paso al nuevo amado del rey.
Boceto que Rubens realizó para una cuadro de Villiers, datado alrededor de 1634

El favorito recibió en poco tiempo los títulos de vizconde, conde de Buckingham y marques, y por si hubiera alguna duda, el rey sentenció ante el Consejo regio: "No soy ni Dios ni un ángel, sino un hombre igual a los demás y que confiesa amar por encima de todo a aquellos que han hallado un lugar en su corazón. Podéis estar seguros de que amo al conde de Bukingham mas que a cualquier otro... Jesucristo tenia a su Juan y yo tengo a mi Steenie "  (Jacobo llamaba Steenie a Villiers por su parecido con la representación de San Stephen que había en la Capilla real)

En 1620 Jacobo decidió que había llegado el momento de casar a Steenie para que tuviese su propia familia y no se alterase la vida de la corte. Para ello se eligió a la mas prometedora de las doncellas del reino, la hija del conde de Rutland, a la que el rey quiso como a una hija, y a los descendientes de ese matrimonio como sui fuesen de su propia sangre.

De esta forma el rey se vio en poco tiempo rodeado del clan Villiers - madre, hermana, esposa - lo que sorprendió en la corte, tal y como refleja Weldon: "El rey Jacobo, que antaño odiaba a las mujeres, las tiene ahora agarradas a sus faldones, aso como a toda su parentela... 

Sorprendente mudanza esta experimentada por un rey que otrora no podía soportar la presencia de la reina ni de sus hijos. Cosas de la edad.

Así, Jacobo VI terminó sus días junto a su amado Villiers y disfrutando de su familia, feliz al fin tras una vida entregada a la búsqueda del efecto de los hombres que le rodearon y para los que sólo tubo bondades.

* * * * * *

  

 

 

Texto resumido de "Historia de amor entre hombres que hicieron Historia", de Antonio Sánchez. Edit. Cirene 1993

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO