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Una mitad de los críticos de Jabès
afirman su condición de inclasificable mientras que la otra pretende
adherirle todo tipo de calificativos que difieren, por supuesto,
diametralmente entre sí. Lo cierto es que se ha llegado a hablar de Edmond
Jabès en términos de misterio literario. Un breve esbozo da cuenta de
algunas paradojas biográficas que estarán también presentes en su
obra.
Nacido en El Cairo en 1912 en el seno de una familia
judía (asentada en Egipto durante varias generaciones), que optó por
razones proteccionales por la ciudadanía italiana pero... educando a sus
hijos en colegios franceses católicos, en un país musulmán africano con
historia colonial inglesa.
Los partidarios de Mussolini intentan deportarlo por su
militancia antifascista, pues regía el régimen de capitulaciones en virtud
del cual todo ciudadano extranjero estaba sometido a la jurisdicción de su
país. Luego, los británicos lo detienen por suponerlo -en tanto italiano-
enemigo, pero por su actividad entre los partidarios antifascistas de
Umberto Calosso es protegido. Finalmente, en tanto judío, es evacuado a
Palestina ante el avance de Rommel. Luego escribirá esta frase que expresa
su compromiso político: "El temor a mentir honra al escritor porque está
llamado a testimoniar y a construir sobre su testimonio".
Para Jabès "el viento de la libertad sopla tan fuerte
como el de la locura".
Hay en su juventud literaria, estrechas aproximaciones a
la llamada primera generación surrealista de El Cairo pero Jabès confiesa
su profunda incapacidad para integrarme a un grupo a menos que sea
empujado por la necesidad de la acción directa. Advertimos en sus
textos eróticos la sombra del Eros como fuerza subversiva tan caro al
espíritu surrealista.
Establece una estrecha amistad con Max Jacob (El me
ayudó a ser yo mismo. Es decir, diferente) y de la mano de sus
primeras lecturas: Joyce, Kafka, Rimbaud, Verlaine, Baudelaire y Mallarmé,
le transmite su obsesión por el libro absoluto en el que encontrarían
fundamento todos los libros de que pudiéramos ser capaces. No es más, en
verdad, que un vasto rumor ininteligible, puesto que no es formulable,
aunque al menos parezca poderlo ser.
Jornadas de soledad en el Sahara. El desierto fue para
mi el lugar privilegiado de mi despersonalización. Activista en el
Grupo de amistades francesas que deseaba mantener viva la presencia
cultural francesa interrumpida por la guerra, pero... saludando por su
progresismo al nacionalismo nasserista que combatió al Estado Judío y
precipitó su exilio. Dirá: La pretensión de Israel de asumir todo el
judaismo es utópica, como la es la del judaísmo mundial de anexionarse a
Israel.
Ateo aunque... singularmente vinculado a la cultura
judía: su crianza en un hogar tradicionalista sefardita (un apellido que
nombra a dos sinagogas cairotas), sus lecturas de la Biblia, del Talmud y
de Maimónides, su memoria del Holocausto: "Cuando la estrella amarilla
centelleaba en el cielo de los malditos, escribe, ellos llevaban el cielo
sobre su pecho". Blanchot infiere esta enseñanza de Jabès: "No puedes
liberarte de recordar aunque lo guardes en el olvido. Mas allá del
recuerdo hay aún memoria". Y sin embargo...Repugnancia visceral a todo
enraizamiento, confiesa .
Cuando Jabès se radica en París, luego de la Guerra del
Sinaí, debe dejar atrás, además de una invalorable biblioteca, su
partición entre dos oficios: el de corredor de valores (que le fuera
delegado por su padre) y el de poeta y editor. Me he sentido mas cerca
de la cultura francesa en El Cairo. Mi desarraigo ha sido total. No
obstante su condición pública de "norafricano francófono" ya es un
escritor (Lettres de Max Jacob à Edmond Jabès <1945> y
Chansons pour le repas de l'Ogre <1947>) que cuenta con el
reconocimiento de nombres consagrados como Gide, Soupault, Michaux,
Caillois, Grenier y Gabriel Bounoure, su crítico y amigo.
Pero es con la publicación en 1959 de Je bâtis ma
demeure, poèmes 1943-1957, que Jabès trasciende en la metrópolis:
"Estos textos parecen dar vuelta, definitivamente, una página de mi vida".
Son los años en que Aguirre y Casabellas publican en Buenos Aires a los
poetas franceses.
En 1962 Derrida lee su manuscrito de Le Livre de
Questions mostrándome que siendo mis contradicciones la sustancia
misma de mis libros, no debería tentarme de evitarlas. El Libro de
las Preguntas (2)se
convierte así en el inicio de una prolífica serie de textos que lo
consolidarán como escritor y le valdrán premios literarios, órdenes de
honor, jornadas y coloquios dedicado al análisis de su obra, suplementos
literarios especiales, traducciones y viajes por el mundo. El último de
ellos a España a fines de octubre de 1990 con motivo de la presentación de
El libro de las preguntas, pues fallece en Paris dos meses más
tarde, el 2 de enero. Desde siempre la pregunta en Jabès estará ligada a
la libertad.
Muchos de sus críticos han abordado la obra de Jabès como
un desarreglado componente heterogéneo, fragmentado y fragmentario,
lacunar y contradictorio de géneros en loca fuga, en el que estarían
presentes el ensayo, la poesía, el relato, el comentario rabínico, la
especulación cabalística, el aforismo, el palindrome (3), la
autobiografía, el diálogo filosófico, la melitsá (4), lo
exegético y lo dramático, etc. Mis libros devienen ilegible si se busca
en ellos una certeza.
La retórica de
Jabès, dicen, es rica en el arte de los
quiasmos (5), la
repetición, el oxímoron (6), las
paradojas y las metáforas y sirven para instalar la subversión en el
corazón de una obra que no permite hablar de constantes, ante la presencia
de tanto estallido y ruptura. Tan solo de un devenir extraño de todo lo
conocido.
Dicho por
Jabès: "La contradicción que alimenta la
interrogación no desemboca sobre la nada sino sobre un indecible que nos
hará falta, que será necesario poner en palabras. Hay un sentido de las
palabras que conduce a otro sentido, el cual conduce a un tercero que nos
hace entrever que estamos aún en el umbral de la palabra. Agotar todos los
sentidos de la palabra, tal es la tarea del escritor. En el Todo está la
disgregación del Todo, como en el ser está la fatal pulverización del
ser". Y en otro lugar escribirá: "La contradicción es el deseo de oponer
la muerte a la vida en lo que es. Pretendemos ser los iguales del
instante".
Cuando se intenta caracterizar el género de los
Livres de Jabès (7) se insiste
en su pertenencia a la misma tradición aforística de Kafka, Cioran y
Nietzche, etc. Breves copulaciones con el Verbo, dice G.Auclair.
Los lectores psicoanalistas advierten en El libro de
las preguntas el lugar de la pérdida y de la disolución de toda forma
de garantía y de certeza; el derrumbe de todas las cadenas discursivas, de
las narrativas. Lógicas que hacen sutura, una perpetua interrogación, el
desplazamiento de todo límite en un movimiento incesante. Tal vez porque
para Jabès la infancia "es una colonia de palabras que los años se ensañan
en dispersar". De manera que todo testimonio, toda relación, no son
sino aventura a través de lo real y lo imaginario, a través de la vida y
del sueño de la vida, de una pluma lanzada en la propia persecución. También
dice: "La palabra anula la distancia, atormenta el lugar. ¿Somos
nosotros quienes la formulamos o es ella la que nos modela? Las palabras
son ventanas, puertas entreabiertas en el espacio; las adivino por la
presión de nuestras manos sobre ellas, por las huellas que
dejan".
Se descubren convergencias entre el Héloïse et
Abélard de Etienne Gilson y el idilio trágico, poema de la
supervivencia, de Sarah y Yukel. Pero hay quienes invitan a la
incredulidad: Jabès no cuenta nada, se afirma. El no utiliza la escritura
como un novelista, la pone en obra, explorando el sistema de la lengua con
objeto de producir transformaciones sintácticas y semánticas rumbo al
límite de la lexicalidad.
¿Cómo abordar la obra de
Jabès?. Desde una perspectiva benjaminiana, Pierre Missac se pregunta si se debe pagar el caro precio de
ponerse en el lugar del saber del otro (Einfühlung), o si acaso es
necesario considerar la obra independientemente de aquel que la creado.
Jabès prefiere las situaciones en las márgenes -responde-, hechas
itinerarios de meandros, de vueltas y contravueltas anudadas en lo
arbitrario. Una vez en posesión de tu nombre, el alfabeto te pertenece;
pero, pronto, serás el esclavo de tus riquezas.(...) El escritor se borra
ante la obra y la obra es deudora del lector. Márgenes que son muros.
Puertas que son entradas en apariencia.
Recurrir a la multiplicidad será, pues, el recurso
jabèsiano para borrar los binarismos. Fórmulas que no se revelan jamás
pues se metamorfosean y multiplican con sus deslizamientos, sus contrastes
y sus rupturas. Desfile intermediario entre el errar y el vagar sin saber
ni cuando ni hasta cuando, pues, es acaso en las márgenes del último
libro, que se elabora el imposible libro futuro. Un no lugar que tiene por
virtud ofrecer la "mezcla exacta de lucidez y de aura".
Para François Laruelle existe un
libro-jabès: el libro
como plan de inmanencia donde no importa que significante representa un
significado para otro significante y no importa que texto escrito
representa la crítica de otra obra. El quiasmo o la reversibilidad del
libro tiene por ley el corte y la continuación, esto que llamamos
estar-en-medio-de. La verdadera singularidad del libro. No el libro
estadístico sino aquel que está mas allá de sus propiedades de objeto
escrito, fabricado, leído, etc.
Algunos conceptos de Deleuze y Guattari parecen
pertinentes para una lectura de Jabès: variabilidad de la lengua,
cromatismo, tartamudeo del lenguaje y no de la palabra, nomadismo, devenir
minoritario, devenir-judío. El presente, para ti, es este paso
demasiado rápido para ser captado.(...) Y ayer no era y mañana, ya no
eres.
Para Jabès "todo devenir se funda sobre una incógnita
tal que una vez conocida, re-deviene, en seguida, misterio inicial. El
futuro no será sino ignorancia de un pasado a descubrir. Esta ignorancia
es el verdadero saber rastreando en la noche, entre las estrellas, sus
caminos reales. Solo resta alcanzar esta noche". "La identidad es quizás
un engaño. Somos aquello que devenimos". Y en otra parte:
"El hombre lleva sobre sí el tiempo. Nosotros jugamos
contra él. El tiempo es devenir, la llamarada reiniciada de un segundo".
Henri Raczymow brinda ciertas claves para des-etiquetar a
Jabès, advirtiendo del peligro de pasar a considerar lo inclasificable
como esotérico , misterioso o herméticamente "mallarmeano". Poner en falta
a Jabès, desestimar la radical singularidad de su obra abierta es
atribuirle paternidades ilegítimas. Así, Jabès sería un poeta,
"orientalista" o surrealista o post surrealista, "casi como" Apollinaire,
Mallarmé o René Char. El consabido juego de la negación de las
diferencias. O un metafísico (metafísico de la nada, dijo Claude Mauriac),
dado que el uso del aforismo (llamarlos fragmentos sería mas apropiado)
están en la tradición de la filosofía y la moral. Sin embargo los
archipiélagos jabèsianos poseen una estructura de orden dialógico, discontinuo, contradictorio que no conduce a ninguna verdad "filosófica"
sino a la incertidumbre. Crees en la razón como si la razón fuera
razonable.
Hay una idea de verdad en el aforismo que es
lapidario, afirmativo, perentorio; desdeña el quizás pues tiene una
pretensión de decir la verdad. Filosofía de la incertidumbre,
entonces se dirá, pero esto ¿no es acaso contradictorio pues implica la
renuncia al discurso filosófico?
Para Massimo
Cacciari, Jabès lee a Levinas y reformula
las preguntas de aquel de un modo tal que deconstruye totalmente su
discurso: El rostro del Otro en Levinas es concebido como trascendencia
positiva, mientras que para Jabès es al mismo tiempo absoluto y
relativo.
Las lecturas estrictamente espiritualistas de Jabès caen
en el exceso de considerarlo un místico. Es que hay en Jabès una ausencia
de visión cosmológica, su obra "no dice nada", sino plantear cuestiones,
aunque lo diga en un lenguaje aparentemente sagrado, hierático u oracular.
No hay verdades. Yo no creo en la respuesta. Ella no satisface pues cada
vez que una nueva pregunta aparece la respuesta se pierde. Algunos
críticos han pretendido circunscribir el aspecto pretendidamente sagrado
de su obra como inscripta en la "pura" tradición judaica. "Un renovador de
la teología judía después de Auschwitz", se ha dicho. -Dame un ejemplo
del humor de Dios / -El hombre/ -Dame un ejemplo del humor del hombre/
-Dios. Por el contrario, también se le acusa de utilizar la cultura
judía para otros fines. De no tener nada que ver con la "auténtica"
tradición judía sin que se defina en que reside esta "autenticidad".
Para mí, escribir es una aventura que yo asumo solo, dijo Jabès,
descartando toda inserción en tradición alguna. Starobinski, Derrida y
otros convergen para decir que la dimensión judía de su la obra es
problemática. El judío es la metáfora de la diferencia, de la existencia
imposible.
Jabès no es el lugar de las respuestas sino de la
multiplicación de preguntas lancinantes. La exterritorialidad de la
no-respuesta. No-lugar de la ausencia de centro, desmultiplicación,
segmentación y errancia como metáfora del exilio. Aún antes del antelibro
y mas allá de las fronteras del traslibro.
Nos adentraremos ahora en un texto
fundamental.
El Libro de las preguntas está compuesto de siete
capítulos: I. El libro de las preguntas, II. El libro de Yukel, III. El regreso al libro,
IV. Yael, V. Elya, VI. Aely y VI. El, o el último
libro.
Nos detendremos brevemente en algunos temas que aborda y
que remiten a contenidos de un ensayo más que de una novela. En otros
fragmentos se advertirá una erótica jabesiana:
"Ellos desgarran sus faros sobre el erotismo de la
palabra y era el erotismo del silencio que deslumbra"
("El minuto mas erótico es gredoso minuto de silencio",
apuntó Yukel.
"La voluptuosidad, pero estas son los flecos de esperma
de las láminas de sudor, dice en otro tiempo Yaël. Inolvidables noches. Tú
escribes con tu esperma sobre las bellas páginas húmedas de mi cuerpo
brillante" Y todo se sucede como en un sueño: "La voluptuosidad, es la cal
que unifica la piedra".
Nunca quizás como en Jabès se halle aquella combinación
de manifestación y veladura que Georges Bataille describe respecto del
paradójico acuerdo del erotismo con la muerte: "En efecto, -dice Bataille
(8)- uno y otro
se ocultan: se ocultan en el mismo instante en que se
revelan...":
"-Estás celosa. te mueres de amor.
-Mato todo lo que toco.
(9)
Y mas adelante: "Los más voluptuosos
son los más vulnerables."
Y luego:
"(¿Qué diferencia hay entre el amor y la muerte? Un
cambio de vocales entre las dos y, en la segunda, una consonante
añadida.
He cambiado para siempre mi más bella
vocal.
He recibido además la cruel consonante.) (10)
Cierta vez oí
a Rabí Ben Asaí que
sostenía que el Cantar de los Cantares (11) ensuciaba las manos, Rabí Akiba contestó: "¡Qué error! Toda
la Escritura es santa pero el Cantar de los Cantares es santísimo. Es que
se le atribuye el vínculo que posee el amor terrestre, amor de Israel, con
Dios. Se lo evoca para Pesaj, ésa pascua que es fiesta de la libertad y de
la primavera. Pues bien, la de jabès es una erótica con resonancias del
Cantar de los Cantares:
"Escúlpeme con tus palabras. Soy bella porque soy el
verbo que me magnifica a través de tu boca.", dirá Jabès. Y en el
Cantar de los cantares: "Tus labios como un hilo de grana, Y tu
habla hermosa."
En Jabès, la palabra como verbo revelador de Dios al
Pueblo de Israel se pluraliza, se convierte en palabras profanas,
"puertas entreabiertas en el espacio". Jabès va a afirmar un humanismo de
"la supremacía del verbo sobre el hombre, del verbo sobre el
verbo."
Recordemos las correlaciones entre cuerpo y naturaleza
del Poema de los poemas atribuido a Salomón:
"A yegua de los carros de Faraón te he comparado amiga
mía.
Mi amado es para mi un manojito de mirra que reposa entre
mis pechos.
He aquí que eres bella: tus ojos de
paloma.
Como el lirio entre las espinas así es mi amiga entre las
doncellas. Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado
entre los mancebos. Mi amado es semejante al gamo o al
cabrito.
Tus ojos entre tus guedejas como de paloma. Tus cabellos
como manada de cabras. Tu cuello como la torre de David edificada para
muestra. Tus dos pechos como dos cabritos mellizos de gama que son
apacentados entre azucenas. Y tus pechos serán ahora como racimos de vid.
Como panal de miel destilan tus labios oh esposa. Tu vientre como montón
de trigo. "Etc. Recordemos que en el Cantar de los Cantares hay
intercalación de la primera persona femenina y
masculina.
Y las comparaciones en
Jabès:
"Sara: Comparas mis brazos a jóvenes cascadas, mi nuca a
un nido de pájaros atemorizados y soy el agua expulsada de la montaña y el
arrullo del aire cautivo en su corazón. Sus ojos se abren a tu mirada; mis
senos se endurecen a tu contacto. Ven amado mío. Regula tu paso al mío.
Somos nuestro camino.
Yukel: Nos desplazamos en nosotros mismos como la luna en
el oro de su piel fina, como la corriente en la risa del río. Mezclados,
somos nuestro universo. Nunca pensé que nuestros cuerpos pudiesen ser tan
vastos, tan profundos. Aparentemente, son dos amantes: tú y yo. Se les
puede ver, se les puede hablar. No ocupan mucho sitio. Por la mañana dan
sombra. Entrad en ellos, son unos gigantes que los dioses se disputan.
Fuera de sí mismo, el ser se adelgaza, mengua. Somos enormes, Sara. Camino
junto a ti.
Pero hay en Jabés también manifestaciones eróticas entre
el hombre y el Cosmos. En El libro de las preguntas la noche es
mujer y universo femenino, desnuda y vestida de astros, "tan tenue que
podía estrecharla en sus brazos". "La aurora, en Oriente, tiene la
tibieza de la mejilla de una moza y el color de los avisos patéticos de
sus ojos". Se trata de una inversión de los términos de la poesía bíblica.
En aquella los amantes son comparados con elementos de la naturaleza.
Ahora es la naturaleza la que es comparada con elementos de los amados. A
esto llamo el panerotismo de Jabès.
Pero para acentuar el desconcierto en El diálogo de
las dos rosas el sujeto del enunciado -subvertido- es oscilante (las
flores, la escritura, los amantes), las flores compiten entre sí por el
amor de los amantes, ellas son el mal, el amor, la muerte y a su vez el
cuerpo de los amados:
-Tu cuerpo está ebrio de caricias, tus pétalos están
húmedos de besos esperados. Pero yo soy fuerte. Soy tozuda. Me divierte
hacerte esperar.
Cuerpo que se confunde con la escritura:
"Sara: Escribo: somos los signos reunidos de nuestras
manos, los sonidos pronunciados de nuestros labios y de pronto, una coma
se me parece como la imagen de un suspiro; un punto y aparte como una
frontera. Pasamos de una frase a otra, de un párrafo a otro sin darnos
cuenta del número de kilómetros que acabamos de
recorrer."
Y borradura de su propia escritura:
"El mundo es ilegible sobre la piel".
Jabés define a El libro primero como
"novela que a través de diferentes diálogos y meditaciones atribuidos
a rabinos imaginarios, es el relato de un amor destruido por los hombres y
por las palabras. Tiene la dimensión del libro y la amarga obstinación de
una pregunta errante" y luego simplemente como relato:
"Mis libros están hechos para ser leídos y para ser
contados después; por eso los llamo relatos.
("Estamos unidos por todos los vocablos cuyo deseo somos"
Reb Veil).
Lo cierto es que la escritura de Jabès es
inenarrable, irrelatable oralmente y seguramente Jabès juega -a sabiendas-
con esta imposibilidad, muy a pesar de lo que afirma. Contrariamente, unas
páginas antes, ya había afirmado un esbozo de teoría de la lectura:
"Si una frase, un verso, sobreviven a la obra, no es el autor quien les ha
dado ese destino particular a expensas de otros, es el
lector.
"Ahí está la mentira. El escritor se borra ante la obra y
la obra es deudora del lector."
También hay esbozos de una teoría de la escritura: "Sólo
la escritura mantiene la mirada del escritor en la superficie". Escribir
es un acto de perdición, un viaje trágico "a cuyo término ya no se será el
mismo; al pie de la página recorrida."
En las páginas 61 hace referencia a la muerte de su
hermana y en las páginas 58 y 59 a sus experiencias en el desierto lo que
configura algunos de los componentes del libro como
autobiográficos.
En la página 85 aparece un personaje, Nathan
Seichell,
que es protagonista de un breve relato que tiene parentescos literarios
tanto con los relatos jasídicos como con el realismos fantástico de García
Márquez.
Ahora bien, en la página 53 aparecen elementos
argumentales "clásicos": dos personajes Yukel Serafi y Sara, un ámbito
geográfico, París, pero pronto esto se disuelve como hilachas de babas del
diablo y deberemos aguardar a la página 118 para reencontrarnos con los
protagonistas, pero de un modo tan breve que toda esperanza de confort
para el lector se diluye.
Por supuesto la historia continúa, adentrarnos mas en
ella supondría alejarnos del carácter introductorio de éste ensayo, de
este homenaje por un autor que justifica la pena, la turbación, la
incomodidad, la zozobra y el desconcierto en que nos
sumerge.
*******
Arlette salió a la cocina para preparar un pastel que
debía meter en el horno. Estuvo ausente unos diez o quince minutos. Al
volver a la sala, Edmond Jabès estaba muerto donde lo había dejado, en la
butaca del fondo frente a la puerta, al lado de la figura de madera hecha
por Piera Rossi, sefardita y prima de Arlette.
Estaba leyendo, al morir, el último poema de un cuaderno
de Michel Leiris titulado Fissures (Fourbis, 1990). El cuaderno, de
cubiertas rojas, había caído de su mano, abierto en la página del texto
final. Lectura última: Pautado,
/ fijado, /cercado,
/nada es ya nada /cuando ya nada está en suspenso.
El poeta Leiris, a quien yo había conocido en La Habana en 1968,
murió a fines del verano de 1990, algunos meses antes de Edmond Jabès.
Entretanto, el último deseo de éste fue venir a España, tal vez en busca
de su más distante origen. Viajó en octubre de 1990: Sevilla, Granada,
Córdoba, Madrid. ¡Córdoba: la sinagoga!
Poco antes de morir en 1991, Jabès contó a Arlette que
había soñado con un día luminoso de París, en el que se iba a pasear al
jardín de Luxemburgo y se encontraba allí con Leiris, que lo abrazaba
alegre, sonriente, y exclamaba: "¿Quién iba a decir que nos volveríamos a
ver tan pronto?" (José Ángel Valente
)
Notas
(1) Ediciones
Orbis,1983,traducción de
Armando Lázaro Ros.
(2) tomos I y II,
Ed.Siruela, Madrid,1990
(3) Dícese de una palabra, de una
expresión, de un verso que puede leerse también de derecha a izquierda
conservando un sentido. Cuando este sentido no cambia se trata de un
oalíndromo: Dábale arroz a la zorra el abad. En caso contrario el
anacíclico se convierte en una variedad de anagrama: amor y roma.
(4) Una prosa hebrea de elocuencia,
cadenciada, recortada en fórmulas cortas, que utiliza versos
entremezclados con las frases y que tiene por efecto oscurecer el
contenido.
(5) disposición en cruz -de tipo
AB-BA
de los elementos que constituyen dos sintagmas consecutivos: Cuando pitos,
flautas/ cuando flautas, pitos (Góngora). La misma disposición puede
encontrarse tambien en el nivel fonemático. Quiasmo vocálico: Vivo ledo
con amor/ amigos, tOdA sAzón (Villasandino); quiasmo consonántico: Las que
se callan y se llevan dentro/ son las verDaDeRas (M.Machado).
(6) Surge de la aproximación de dos
palabras cuyos significados son -o parecen ser-incompatibles por el hecho
de ser real o aparentemente contrarios. Lo mas frecuente es que se
produzca por el encuentro de un nombre con un adjetivo: Esta oscura
claridad (Corneille) o de un verbo con un adverbio: Apresurarse lentamente
(La Fontaine). Pero también se da cuando dos adjetivos completan un
nombre: Este hermosos rostro feo (Daudet) o dos adverbios un verbo:
Lentamente volvía a la carrera. En todos estos casos una complementariedad
sintáctica es negada por una relación sémica de exclusión mas o menos
antonímica: Y la espuela magulla los roncos estribos (Hugo). No hay que
confundir el oxímoron con la antilogía (término de lógica que señala una
contradicción en los argumentos) o con la antinomia (término de derecho o
de teología que designa una contradicción en las leyes o en los
principios). Hay que distinguir entre el oxímoron -que tiende a decir que
A es no A-, la paradoja -que dice que A no es A -y la antítesis que dice
que A no es no A-.
(7) Le Livre des Questions
(I.Le Livre
des Questions,II. Le Livre de Yukel,III. Le Retour au Livre,IV.
Yaël,V.Elya,VI.Aely,VII. (el ou le dernier livre); Le Livre des
Ressemblances (I.Le Livre des Ressemblances,II. Le Soupçon Le Désert,III.
L'Ineffaçable L'Inaperçu; Le Livre des Limites (I.Le Petit Livre de la
subversion hors de soupçon,II. Le Livre du Dialogue,III. Le Parcours,IV.
Le Livre du Partage; Un étranger avec, sous le bras, un livre de petit
format; Ça suit son cours; Dans la double dépendance du dit; La Mémoire et
la main; Récit.
(8) Breve historia del erotismo.
(9) El diálogo de las dos rosas
(10) Se refiere a amour /
morte.
(11) versión de Casiodoro de Reina
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