|
Julien Green, escritor norteamericano de lengua francesa, autor del Diario
más extenso de la literatura y de novelas ejemplares como Moira (1950) y
Leviatán (1929), murió el 13 de agosto en Paris a los 97 años de
edad.
Nació en París el 6 de
septiembre de 1900, de padres norteamericanos establecidos en la capital
francesa desde 1893, y fue el menor de ocho hijos.
En 1971, Green, nacido en el seno de una
notable familia del sur de Estados Unidos, se convirtió en el primer extranjero
elegido a la Academia Francesa, a la cual renunció en 1996. 
Su vida y obra
fueron hechas de contrastes y contradicciones. Como Samuel Beckett, fue un
angloparlante que prefirió escribir en francés. Como Graham Greene, fue un
protestante que muy joven se convirtió al catolicismo. Como su amigo Marcel
Jouhandeau, fue un homosexual atormentado por las exigencias de la carne. Como
Chateaubriand y Proust, fue un memorialista profundo y prolífico. Y como su
adorado Pascal fue poseedor de una fe pura, serena y contemplativa.
Julien Green se educó en el Lycée
Janson, de Sailly. De niño era sensitivo, solitario, desarraigado. Sus ocupaciones
predilectas eran la lectura y el dibujo. Le interesaba más la literatura
francesa que la inglesa, al punto de que su madre tenía que ofrecerle una
recompensa por cada libro en inglés que leía. Gracias a ella, se
compenetró de la lectura de Dickens y de Jane Austen, pero lo atraían,
sobre todo, las historias de fantasmas y de lo sobrenatural.
Al estallar
la Primera Guerra, Julien Green, que tenía diecisiete años, prestó sus
servicios en un convoy de ambulancias y en esta forma fue enviado a Verdun
y al frente italiano antes de ingresar, en 1918, a la artillería francesa.
Después del
armisticio, en 1919, por invitación de un tío suyo, visitó por vez primera los
Estados Unidos, a donde regresó después con frecuencia para dictar clases
y conferencias, principalmente durante toda la Segunda Guerra Mundial. En
aquella primera ocasión, permaneció tres años estudiando literatura
norteamericana, latín y griego, en la Universidad de Virginia, en
Charlottesville, donde ocupó la habitación que había pertenecido a Edgar Alían
Poe. En 1922 regresó a París con la intención de estudiar dibujo y pintura
y por algunos meses abordó ambas cosas en La Grande Chaumiere, al mismo
tiempo que se entregaba a la música. Pronto se convenció, sin embargo, de
que su vocación auténtica era la literatura. Inició entonces una serie de
estudios sobre algunas figuras de la literatura inglesa, entre ellas
Charlotte Bronte y William Blake, publicados en un volumen titulado
"Suite Anglaise". Por aquella época escribió, también con el
pseudónimo de Théophile Delaporte, un "Panfleto contra los Católicos de
Francia".
Su primera novela fue "Le Voyageur sur la
Terre" (Viajero sobre la Tierra), publicada en la Nouvelle Revue
Française (1924). Con ella Julien Green inició sus estudios sobre la sicología
de lo anormal y la serie de sus personajes alucinados,
visionarios y trágicamente solitarios, típicos de toda su obra. La siguió
"Les Clefs sur la Morte" (Las Llaves de la Muerte, 1925), que trata
de un niño quien, al descubrir que su madre ha recogido a un aventurero,
se siente obsedido por la idea de matarlo.
En 1926 apareció "Mont-Cinére", novela
editada en inglés con el título de "Avance House" (Casa de
Avaricia) y cuyo título original evoca un dominio de Virginia. La
propietaria, Kate Fletcher, es una viuda dominada por una irrefrenada
avaricia y pasión de poder que hace desdichadas a su propia madre y a su
hija, convertida esta última, a los quince años, en una neurótica. Para
librarse de su madre, la muchacha propone al jardinero que se case con
ella, pero, apenas se ve en el papel de marido, éste siente despertarse en
él instintos de propiedad. Al darse cuenta de ello, la muchacha le pone
fuego a la mansión.
"Mont-Cinére" recuerda a las novelas de
Emily Bronte por la violencia de los sentimientos y el paroxismo de
soledad en que viven sus protagonistas. Con su obra siguiente,
"Adrienne Mesurat", que tiene por escenario una provincia francesa,
quedó definitivamente establecida, en 1910, la posición de Julien Green en
las letras francesas. La heroína es una muchacha de dieciocho años, sana,
fuerte y bella, que vive rodeada de monstruos, junto a un padre tiránico
(cuya existencia está reducida a un paseo cotidiano hasta la estación del
pueblo, siempre a una misma hora y que realiza como si se tratara de un
rito que no admite la menor trasgresión) y Germaine, una hermana
tuberculosa y siempre irritada, que envidia a Adrienne su juventud, su
belleza y su salud. Como sucede habitualmente con los personajes de Green,
no hay entre ellos ninguna comunicación. Todos viven replegados,
solitarios, espiándose mutuamente. En la rutina de aquella existencia
triste y apática, Adnenne ve pasar un día al Doctor Maurecourt, por el
cual concibe una pasión irracional. Arrastrada por ella, comienza a
merodear, después de comida, la casa del médico. Aquellos paseos llegan a
ser su única razón de vivir, hasta que su hermana los descubre y denuncia
al viejo Mesurat, quien convierte a Adrienne en una prisionera. Pero ella
ha descubierto que desde la ventana de su hermana puede espiar al doctor.
Por esta razón, cuando Germaine, después de tener, a su vez, una escena
violenta con el padre, decide huir, Adrienne la secunda con la esperanza
de tener para sí sola aquella habitación. Al descubrir la fuga de su hija,
Mesurat se enfrenta, iracundo, con Adrienne. En un arranque de histerismo,
ella se abalanza s6bre él, lo empuja por la escalera y le ocasiona la
muerte. A partir de aquel instante, en lugar de la liberación
c1ue ella esperaba, se convierte en víctima de su vecina, la
equívoca Madame Legras, que ha adivinado la causa del accidente y comienza
a ejercer un chantaje sobre Adrienne. Esfumada su última esperanza de que
Maurecourt corresponda a su pasión, Adrienne se escapa a vagar por el
sendero que conduce a un pueblo vecino, donde la encuentran, perdida la
razón, balbuceando incoherencias, olvidada de su nombre y de su
pasado.
En esta novela, como en casi todas las de
Julien Green, el ambiente adquiere las proporciones de un protagonista que
se instala en la obra, al margen de los personajes o, mejor dicho, los
envuelve hasta el punto de eclipsarlos. Nadie ha descrito mejor que él la
angustia asfixiante de lo cotidiano. "Hay algo de terrible en esas
existencias de provincia en las que nada parece cambiar", dice Green;
"donde todo conserva siempre el mismo aspecto cualesquiera que sean las
modificaciones profundas del alma. Nada se percibe fuera de la angustia,
de la esperanza y del amor,¡ el corazón late misteriosamente hasta la
muerte sin que se haya osado una vez coger los geranios el viernes en vez
del sábado o da vuelta al pueblo a las once de la mañana en vez de a las
cinco de la tarde".
"Adrienne Mesurat" fue traducida al
inglés con el titulo de "The Closed Garden" (El Jardín
Enclaustrado) y un prólogo de André Maurois, quien introdujo a Julien
Green como "el mejor novelista de su generación". La obra obtuvo el Premio
Bookman de 1928. La novela siguiente de Green fue "Léviathan" que
mereció el premio Harper como la mejor de 1929. Como "Adrienne
Mesurat", ésta tiene también por escenario una provincia francesa de
antes de la primera guerra europea. Su titulo corresponde a un monstruo
bíblico que simboliza la existencia maldita que llevan los seres cuyo
destino es desigual a su alma. Los personajes de "Léviathan" son
Monsieur Guéret, quien, después de ser expulsado de París por dificultades
financieras, va a habitar a Lorges, como preceptor del hijo de Madame
Grosgeorge, una burguesa novelesca y cruel que odia a su marido y el
ambiente en que vive y que se enamora de Guéret creyéndolo anárquico y
criminal. Pero Guéret se enamora a su vez de Angela, una prostituta de
provincia con vocación de mística que frecuenta la iglesia atormentada por
un morboso deseo dé expiación. Después de violarla, Guéret, creyéndose
perseguido, asesina a un viejo que acertaba a pasar por el
lugar.
A "Léviathan" siguieron "L'Autre
Sommeil" (El Otro Sueño, 1931), "Epaves" (1932), "Le
Visionnaire" (El Visionario, 1934), una de las novelas más importantes
de Julien Green. El héroe es Manuel, un muchacho tuberculoso recogido por
una tía suya, Madame Plasse, quien amó en su juventud al hombre que le
arrebató su hermana, y que siente por el muchacho una mezcla de ternura y
de odio. Para evadirse de la realidad que lo rodea, Manuel se sumerge en
un mundo de sueños. Pero las visiones que evoca no son menos horribles que
las de su propia vida que desea olvidar. A la muerte de Manuel, la
narración es proseguida por una muchacha que amaba al soñador y que relata
sus últimas crisis. En un Diario que Manuel lleva, describe el mundo
imaginario en que vivía, en un castillo vecino al que jamás penetró y en
el cual se veía a si mismo como víctima de una mujer cruel y orgullosa. La
atmósfera de pesadilla de esta novela se acentúa en "Minuit" (Medianoche,
1938), cuya acción se desarrolla en Fontfroide, una vieja casa arruinada,
a punto de desmoronarse y desprovista incluso de electricidad. Allí llega
Elisabeth, una huérfana cuya madre se suicido por Edmé, el neurasténico
propietario de la mansión que tiene algo de asilo de locos y de casa
maldita. Entre los habitantes de Fontíroide están también Bernard, un
ciego, y Monsieur Agnel, un idólatra que ha hecho de Admé un semi-diós.
Elisabeth es acosada por Serge, el criado, que la convierte en su amante
por fuerza y que una noche mata a Agnel confundiéndolo con Edmé. Los
personajes y la atmósfera de esta novela recuerdan a ratos a los de
Dickens y a los cuentos fantásticos de Hoffmann.
Su inclinación, cada día más acentuada hacia
una especie de" misticismo oriental y a la teoría de la trasmigración (que
él expresa en la siguiente frase: "Nuestras vidas sólo pueden ser
explicadas si tienen relación con las que las preceden y con las que las
siguen, como las palabras de una larga frase cuyo significado total es
conocido únicamente de Dios"), llevó a Julien Green a escribir una extraña
novela titulada "Varouna", traducida al inglés como "Then Shall
Dust Return" (Y al polvo volverá), compuesta de tres narraciones cuya
acción se dispersa en un período de mil años y que están ligadas entre sí
por eslabones simbólicos. "He querido contar en este libro la historia de
una cadena qué pasa de mano en mano, a través de los siglos, desempeñando
un papel particular en la vida de los hombres y mujeres a quienes ella
toca en suerte... La cadena en cuestión no cae jamás sino entre las manos
de ciertas personas y si esto se parece a un juego ¿ qué destino humano no
se asemeja a veces a un juego complejo y trágico cuyas reglas
ignoramos?".
El primer episodio gira en torno a
Hoël, un
niño galés, quien encuentra la cadena en la plaza, se hace a la mar y
llega a Suecia, donde lleva una extraña existencia. El segundo se
desarrolla en Arras, en el siglo dieciséis, y el tercero, en esta misma
ciudad, a comienzos del siglo veinte, y en él los poderes del infierno
están representados por una familia provinciana, cuya vida resuelve el
milenio de frustraciones que comenzó con Hoël. Más que una novela;
"Varouna" tiene la resonancia de un poema sombrío " ardiente,
hábilmente construido y dominado por el sentimiento de una fatalidad religiosa.
Similar a "Varouna" en su contenido
místico y en la experiencia humana que abarca, es "Si J'etais
Vous..." (Si Yo fuera Usted...., 1947) en que Green realizó
novelescamente un problema que lo asedió desde la infancia: por qué un ser
humano es lo que es y no otra cosa. "No es que yo tenga la pretensión de
proponer una respuesta al enigma de la identidad humana", dice en el
prefacio. "Creo, en efecto, que si cada uno de nosotros está aprisionado
en su personalidad, es porque la sabiduría de Dios así lo ha querido, pero
nada cuesta soñar en lo que pudo haber sido. ¿ Quién de entre nosotros, no
se ha dicho alguna vez: "Si yo fuese él.. -o si yo fuese Ud.... ?". El
novelista, que es a la vez todos los personajes de todos sus libros, se
transforma a veces, con gran esfuerzo, en quien le place. Yo he querido
imaginar la historia de un hombre al cual este poder le hubiera sido
otorgado, no en el plan literario, sino en la vida llamada
real".
Su héroe es Fabien Especel, un muchacho de
veintitrés años, enfermizo, débil de carácter y dominado por su madre,
pero ávido de vivir y de gozar de todos los placeres de la vida. Un
encuentra con un extraño y misterioso personaje, le proporciona la
oportunidad de transformar su identidad y de poder elegir la que su
fantasía o deseo le dicten. "Una de las causas principales del tedio es la
estrechez de nuestro destino", dice a Fabien este último. "No despertamos
cada mañana los mismos, y en vano los soñadores de la antigüedad han
sostenido que jamás la misma persona pasa do veces por la misma puerta. La
verdad es que cada hombre está condenado a vivir en el mismo cuerpo, a ver
por los mismos ojos, a comprender y a meditar, hasta la muerte, con el
mismo cerebro. El ingenioso suplicio de la identidad crea un infierno. Ser
eternamente el mismo, es insoportable para los espíritus afinados por la
reflexión. Salir de sí, convertirse en otro ¿ no es acaso uno de los
sueños más inteligentes que el hombre lleva consigo?". Y agrega: "Esta
noche, por un favor insigne, vais a recibir el don de cambiar vuestra
personalidad por la que elijáis. Toda la experiencia humana, extendida a
vuestro rededor os es ofrecida. De un lado a otro, según el capricho de
vuestra curiosidad, viajaréis como el viajero que se detiene en una ciudad
el tiempo necesario para agotar los placeres o satisfacer su ansia de
saber. No conoceréis del sufrimiento sino lo que queráis aprender y
disfrutaréis de todas las dichas posibles. La humanidad se convertirá en
una boca por la que saciaréis vuestra hambre: sus d&1os, su cuerpo, su
corazón servirán a la dilatación enorme de vuestros apetitos. Fabien, os
doy el mundo".
Mediante el efecto de algunas sílabas mágicas,
Fabien inicia su extraño experimento. En primer término elige a la persona
dé su patrón, Monsieur Poujars. Y así su alma penetra en aquel físico,
voluminoso de hombre rico y satisfecho, pero sometido a dolencias las
cuales le hacen, casi inmediatamente, desear "cambiar de domicilio", antes
de correr el riesgo de ser dominado por la pesadez de aquel cuerpo y de no
poder escapar un día a aquella tumba viva. Fabien pasa de este modo,
sucesivamente, a través de las identidades de Paul Esménard, un gigantón
de cerebro estrecho que no tiene "control" de su fuerza y cuyas manos de
estrangulador lo llevan a cometer un crimen; del místico Emmanuel Fruges
prematuramente envejecido por el estudio y las vigilias, cuyo corazón
anhela todos los esplendores de la vida, pero cuyo físico, poco atrayente,
le impide gozar de ellos, y, por último, del hermoso Camille, ¡nacido para
seducir a las mujeres, cuya blandura de carácter lo ha llevado a contraer
un matrimonio desastroso, y es dominado por una mujer a la que no ama y
que a su vez no lo ama pero le guarda para sí como quien guarda un objeto
de arte. Después de estas experiencias, el alma de Fabien, fatigada y
desencantada, sólo aspira a recobrar su propio cuerpo. Si Camille con su
juventud y su bello rostro no es feliz, ¿quién podía serlo? El pobre
desheredado de Emmanuel Fruges, tentado por lo que en Camille había visto,
había caído en la trampa, creyendo que bastaba ser apuesto y bien vestido
para ser dichoso. Pero Camille no lo era.
Y antes de fundirse por siempre en la
personalidad de este último y no poder salir jamás de ella, el alma de
Fabien, cuyo nombre ha persistido como una ley obscura a través de las
identidades por las que ha pasado, consigue llegar hasta su cuerpo
moribundo, que, desde la noche del Miércoles de Ceniza, en que inicio su
experiencia y por espacio de tres días, había caído en un sueño que no era
ni de la vida ni de la muerte.
La conclusión que se desprende es que cada cual
posee el alma que le corresponde y que, por mediocres que sean nuestras
existencias, "estamos bien, no como somos, sino allí donde somos, es
decir, en el cuerpo y con el alma que nos han sido dadas". Los hombres, no
obstante, tratarán siempre de evadirse. Pero sólo los poetas escapan a su
Yo transformándolo, y los místicos, olvidando que el Yo existe. "Si yo
quisiera resumir con una sola palabra el tema de este libro", concluye
Green, "yo diría quizás que es la angustia, la doble angustia de no poder
escapar ni a su destino particular, ni a la dura necesidad de la muerte, y
de encontrarse solo en un universo incomprensible".
Cuando Julien Green cumplió treinta y ocho
años, publicó la primera parte de su "Journal", que abarcó los años
1928-34 y que, a semejanza de Gide, prosiguió en
volúmenes posteriores. A semejanza de Gide y como antes lo hicieron
Tolstoi y Stendhal, Julien Green ha llevado un "Diario", impelido por un
"incomprensible deseo de inmovilizar el pasado". La obsesión del tiempo
que se le ,escurre entre los dedos es una de las notas dominantes de sus
páginas. "El pensamiento de que nuestro tiempo, nuestra vida, caen en la
nada a medida que transcurren las horas, me es tan doloroso .. Cuando
pienso en toda la parte de mi vida que ya ha desaparecido para siempre de
mi memoria, tiemblo como si se tratase de una muerte parcial de mi
ser...
El "Diario" de Julien Green es un testimonio de
su descontento y de su angustia frente a la época turbulenta en que le ha
tocado, vivir, a la vez que contiene reflexiones sobre la pintura y la
música ("la música se ha mezclado a toda mi vida al punto de .que me
seria difícil concebir: a la una sin la otra"), sobre su inclinación
mística, que lo llevó a aprender el hebreo para leer la Biblia en el
original ("Cada vez que abro la Biblia, encuentro en ella una alusión
directa a mi vida a mis problemas y las formas reticulares que toma en mi
la debilidad ), y, por último, sobre los lugares visitados y
personajes que frecuentó. "Escribo en una vieja biblioteca donde me gusta
pensar que Edgar Poe venia a leer y a soñar a veces, dice en la
Universidad de Virginia, en Charlottesville. "Hace quince años, trabajaba
en esta misma mesa. Trataba de olvidar París y pensaba en él sin cesar, en
vez de, ,aprovechar toda la felicidad que se me ofrecía
Salvador Dalí, Malraux,
Coc teau, Gertrude
Stein desfilan por sus páginas, pero sobre todo André Gide que
influyó profundamente en él. "Gide y Malraux almuerzan conmigo", como en
uno de los capítulos. "No sé cómo, la conversación gira en torno al
erotismo. Malraux aborda, el tema de una manera brillante y sostiene que
el erotismo no aparece verdaderamente en toda su fuerza, sino en los
países donde existe la noción del pecado. Gide y yo no decimos gran cosa,
pero escuchamos con interés... Poco más tarde, Gide, a quien Malraux le ha
pedido una definición de1 Cristianismo, se resiste a darla. Pero Malraux
insiste, —sin embargo, Ud,. ha esbozado el asunto en su "Montagne".
"¡Oh,
responde Gide, yo he esbozado, yo lo esbozo todo!".
Y en otra parte: "Gide me dijo que hasta aquí
mi situación era excepcional gracias al elemento irreal que se encuentra
en mis libros. "Pero, agregó, un día será preciso que abandone Ud. Esta
posición y tome un partido. Piense en los grandes conflictos políticos que
van a dividir al país. Los choques entre la derecha y la izquierda son
casi inevitables. Entonces, no podrá Ud. Acantonarse en la literatura. Se
verá obligado a elegir". "¿Elegir?" dije yo. ¿ Elegir entre el Comunismo y
el Fascismo? ¿ Y si no me siento atraído ni hacia el uno ni hacia el otro,
¿ qué quiere que, haga?". Gide mueve la cabeza: "Será necesario elegir",
repite con firmeza. ( ¡Y decir que es el autor de "Nourritures
Terrestres" el que así me habla!)".
Sin embargo, no siempre le fue posible obtener
la liberación que persiguió al comenzar su Diario. "No he logrado poner
todo lo que realmente cuenta para mí", confiesa. "Bien pocas de mis
dificultades interiores se transparentaban sin debate, entre lo que es
verdadero y quiere gobernarme y lo que es ilusorio y me fascina. Estoy en
este mundo como un hipnotizado que intenta volver al estado de vigilia y a
la plena conciencia; he cedido al prestigio de una mera ilusión y, al
presente, despertarme es difícil y penoso
El sueño ocupa un lugar predominante en sus
obras, en las que traspasa con frecuencia la zona limítrofe que se
extiende entre cl sueño y el estado de vigilia. Sin embargo, abomina de la
influencia de Freud y de los
psiquiatras que intentan ocupar "el lugar del confesor en un mundo ateo".
Green piensa en el mundo como un gran sueño en el que lo irreal tiene
mayor importancia que lo real. De aquí la atmósfera de pesadilla, de selva
tropical en que el aire no circula, del mundo por él descrito y que
recuerda al de William Faulkner, un
mundo en el que, como ocurre en las obras ce este último, el crimen, las
violaciones y la locura son incidentes habituales y sus personajes
inevitablemente mórbidos, histéricos y solitarios, pero concebidos con una
rara fuerza imaginativa que les da verosimilitud.
A Julien Green podría aplicarse para definirlo,
el título de una de sus propias obras: "Voyageur sur Terre". Eso es
lo que él representa, en la literatura: un viajero sobre esta tierra en
que lo natural para los demás le es a él extraño y en que lo extraño
constituye su mundo natural, un mundo situado, como dice André Russeaux,
"entre el cielo y la tierra".
Julien Green representa el caso excepcional de
un escritor de mentalidad y sensibilidad francesas, con hondas raíces en
el Nuevo Mundo por su ascendencia norteamericana. Nació en Paris donde fue
bautizado como Julien Green el 6 de septiembre de 1900. Su padre, Edward
Monn Green, era un industrial proveniente de Warrenton y radicado en París
como representante de una firma comercial norteamericana, y su madre,
Marie Adelaide Hartridge, era originaria de Savannah, Georgia. Julien
tiene una hermana, Anne Green, nacida en los Estados Unidos seis meses
antes que sus padres se embarcaran para Europa y que, novelista también,
presenta un curioso contraste con su hermano. Mientras él escribe sus
novelas en francés (con excepción de "Memories of happy days"
(Recuerdos de días felices, 42) ella lo hace en inglés. Los libros de él
son sombríos, extraños, irreales; los de ella, brillantes, optimistas, con
una vena de humanismo. A pesar de haber aprendido el inglés en mi
infancia" escribió Julien Green en su "Diario", "y de no haber dejado
jamás de hablarlo después, no puedo escribir en este idioma sin sentirme
como con un ropaje que no ha sido hecho a mi medida".
* * * * * |