Julien
Green, uno de los autores más
prolíficos de la literatura del presente siglo, falleció en
París a los 97 años de edad, según hizo público ayer su hijo
Jean-Enric. Julien Green, autor de 30 novelas, era de origen
estadounidense y residía en
Francia.
Julien Green se ha apagado en París la antevíspera de la
Asunción y ha sido enterrado en el extranjero en la más
completa intimidad, según su voluntad». Así se conoció ayer la
muerte del escritor Julien Green, anunciada por su hijo
Jean-Eric en un lacónico comunicado.
El pasado mes de mayo, las librerías se llenaron de obras
suyas o sobre él: cuatro libros entre los que se encontraban
el octavo volumen de sus Obras completas en la Pléiade. El
autor de Mont-Cinère, se había convertido en el primer
escritor que accedía en vida al panteón editorial de la
Biblioteca de la Pléiade.
Julien Green era un escritor americano nacido en París en
1900. América era para el escritor un factor determinante,
primordial, lleno de recuerdos íntimos, sombras animadas de un
pasado familiar con el que él jamás rompió, incluso si él
vivía en París y escribía desde hacía 80 años en francés, en
Francia dudaban a la hora de asumirlos como uno de sus grandes
escritores contemporáneos.
Era el último de los ocho hijos que tuvieron sus padres,
unos americanos sudistas afincados en París. Es en sus
primeros años de vida, cuando siente sus primeras emociones de
la sensualidad, vividas con gran intensidad hasta la muerte de
su madre en 1914 y su participación, con sólo 17 años como
conductor de ambulancias en la Primera Guerra Mundial. Hasta
los 19 años no conocerá la tierra de sus padres. En la
Universidad de Virginia, donde estudia, inicia su diario, y
recupera la tradición y la historia de sus progenitores que
impregnará toda su vida. Julien Green hablaba de su conversión
al catolicismo como de un deslumbramiento, deslumbramiento que
no le impide más adelante escribir su panfleto Contra los
católicos de Francia en el que se asombra de la insipidez del
cristianismo de cada día en el país que le vio nacer.
Considerado a veces como escritor católico, como lo son
François Mauriac o George Bernanos, él siempre se rebeló
contra esta definición afirmando que él era «católico y
escritor, pero no un escritor católico».
El pecado
Ya en el periodo de entreguerras, Green desarrolla en sus
obras todos los temas que llenaron su pensamiento: la
presencia del pecado y la culpabilidad ya en la infancia, que
le llevaron a escribir «nada puro sale de nuestras manos», o
el conflicto entre el amor puro y la tentación carnal, el
cuerpo y el alma, la lucha entre el Bien y el Mal, las
paradojas de la crueldad y la compasión, la inocencia y la
perversidad, el dolor y el consuelo.
El mismo aseguraba en 1981: «Siempre he intentado escribir
un libro que me satisfaciese completamente. Y con esto quiero
decir que jamás he logrado escribir el libro que yo soñé. He
escrito otra cosa. Y esa otra cosa, muy a menudo, me sigue
pareciendo misteriosa. No se asemeja a la idea que yo me formo
de mí mismo; yo no escribía los libros que yo quería sino su
reflejo. El reflejo es la luz del libro no escrito».
Variedad y contradicción
Green era miembro de la Academia Francesa, pero no le
gustaba que figurase tal título en sus libros. Sus obras, en
80 años de escritura, y traducidas al japonés y el polaco,
abarcan desde novelas sumergidas en ambientes sombríos
escritas en los años 30, hasta textos dramáticos para el
teatro, u otros escritos como la última parte de su trilogía
romanesca e histórica sobre la América del Sur, «Dixie»,
publicada en 1995, sin olvidar incluso la publicación de sus
fotografías, un arte que practicó desde 1920 y, cómo no, el
diario más extenso que jamás un escritor haya podido elaborar,
testigo de todo un siglo y en el que trabajó hasta sus últimos
días. Una obra llena de diversidades y contradicciones, en la
que plasma su propia autobiografía: su nacimiento en París; la
gran pasión que sentía por su madre a la que perdió cuando
sólo contaba 14 años; su encuentro y conversión al catolicismo
siendo ya adolescente; la partida hacia América a los 19 años,
finalizada la Primer Guerra Mundial, sus primeros pasos en la
escritura...