1900  -  1998

 

 

Algunos comentarios de Julien Green, para conocerlo mejor


"Cuando me halle frente a Dios, sabré exactamente quién soy", dijo en cierta ocasión el novelista. 

Durante toda su vida, Julien Green estaba enredado en la lucha con el "pecado". Su madre le dio una educación rigurosamente puritana. Cuando descubrió su homosexualidad, Green, convertido al catolicismo a la edad de 16 años, se hundió en una profunda desesperación y cayó en oscuros precipicios: "Estoy corroído por vanos deseos (...). Le gano la partida a lo violento, que está en el fondo de mi carácter, escribiendo mis libros".

La "cruz de la sexualidad": así definía Green, un escritor entre dos culturas, su vida de deseos insatisfechos, reflejada en los personajes y héroes de sus novelas. La pasión, el sufrimiento, el pecado, la desesperación, la impiedad, la fe, el amor y el cuerpo son los temas predominantes de sus dramas psicológicos.

En "Leviathan" (1929), uno de sus primeros éxitos internacionales, describe cómo se arruina un profesor particular necesitado de amor. En el drama "Sud" (Sur), de 1953, el teniente Wiczewski ama en secreto, consciente de culpa y sin ser correspondido al joven Erik MacCure.

En "Chaque homme dans sa nuit" (Cada hombre en su noche), publicado en 1960, Wilfred Ingram recibe cartas apasionadas de su primo Angus. En "Moira" (1950), un estudiante de teología viola y asesina a una joven muchacha.

A mediados de la década de los 80 pronosticó la caída del Muro de Berlín, lo que le convirtió en objeto de burla de sus contemporáneos. A la Unión Europea la consideraba como una bola de "parásitos", cuya actividad principal consiste en viajar entre Bruselas y Estrasburgo a costa de la sociedad. ¿ El desempleo? Imposible de eliminar, decía.

En sus diarios hay también alusiones a su ansiosa espera de la muerte: "¿Cuántas veces más bajaré este picaporte, abriré y cerraré libros, encenderé esta lámpara antes de que me encuentre en el lecho de muerte, que me espera en algún lugar?" Green escribió esto el 17 de noviembre de 1968. Murió 30 años después, el 13 de agosto de 1998.

"Mi apego a Francia fue por una elección de idioma. Escogí el francés, y el idioma es también una patria. No soy de los nacionalistas patrioteros, pero hubo en mi caso una elección deliberada: preferí el idioma del país en el que vivía. Mi deseo de mantener la ciudadanía americana es por fidelidad a mi madre, y también a mi padre y a toda mi familia del sur (de Estados Unidos). Estamos emparentados a hombres como Lee y Beauregard, es decir a todo el sur. Cuando la primera guerra, vestí los dos uniformes, americano y francés (...) Tengo dos educaciones- y dos idiomas- y esa dualidad siempre me ha seguido. A veces, los franceses me reprochan el haber conservado mi nacionalidad americana, y los americanos me consideran un expatriado, es decir, un extranjero (...)

La verdadera literatura de Estados Unidos viene del sur. Poe, Twain, Faulkner, Penn Warren, etc. sin olvidar a Margaret Mitchell en otro registro. Es la venganza del sur. La única excepción en Nathaniel Hawthorne, aunque permaneció fuera de su tiempo y de la guerra (de secesión), dentro de su mundo, como los verdaderos escritores. Yeats, por ejemplo, que huyó de los acontecimientos en Irlanda o D.H. Lawrence que dio la espalda a Inglaterra. El sur existe como una nación del espíritu (...).

La influencia de mi madre fue considerable. Me inculcó ciertas ideas, sobretodo de orden espiritual, que me acompañarán hasta la muerte. Ella me transmitió la fe cristiana, me dio el idioma inglés, el gusto por la literatura y la pasión por las cuestiones religiosas (...) Me heredó también eso que (el cardenal) Newman llamaba "el mundo invisible alrededor nuestro". Y siempre he tenido el sentimiento de lo invisible (...)

Empecé a escribir sin pensar si mis libros serían leídos. Eso nunca me preocupó. En 1930 ya tenía cuatro libros traducidos en todas partes y sabía que iba a continuar. Escribir era mi vida. Ignoraba lo que iba a escribir; me quedaba en espera de la inspiración, mejor dicho: de la gracia (...) Escribir es una aventura.

(La división entre el amor carnal y el amor platónico) fue el drama de mi juventud. Años después, la batalla proseguía. Era una lucha feroz entre el cuerpo y el espíritu, con recaídas y finalmente una renuncia hecha treinta años atrás (1959), en plena force de lïage. Espiritualmente, había que escoger entre Dios y el mundo. Yo era intensamente carnal y profundamente religioso. ¡Así son las cosas! Soy una persona muy feliz, pero también muy atormentada (...) Yo me ubico en la tradición de Pascal, para quien la situación del hombre en el mundo se reduce a Dios y al alma. Y sin embargo Pascal conocía "esos placeres deliciosos y criminales del mundo"(...)

Soy escritor y soy católico. Insisto: no un escritor católico. En mi caso no hay ninguna interferencia. El lector es libre, como yo, como todos en la tierra. Es el don más maravilloso y temible que Dios nos ha otorgado: ¡nuestra libertad! No me agradan los sermones ni los beatos. La fe no necesita argumentos. ¡Es! Nunca he sido ateo. Es una gracia que me fue concedida (...)

Hablar de mis lecturas sería muy largo. Pero hay escritores a los que nunca dejo. A Baudelaire siempre lo cargo conmigo, cuando estoy de viaje, desde muy joven (...) No comprendía todo, pero me embriagaba de palabras: todo me fascinaba, el idioma, lo que decía y la forma de decirlo, la música de las frases, todo...Era como si la voz de Baudelaire me hubiese embrujado (...) Cuando tenía quince años, consideraba a Pascal un santo y, en mi inocencia, lo leía de rodillas (...)Sí, Baudelaire y Pascal. Por la precisión, la sencillez, el amor del idioma francés, esa economía de palabras; su música natural. ¡Su fuerza viene de eso! (...) Agregaría a Shakespeare y a Tolstoi. La lectura de Shakespeare fue uno de los mayores acontecimientos de mi vida. Leí a Dostoievski muy tarde, pasados los cincuenta años, gracias a Dios, porque de más joven me hubiese influido. Pero a Tolstoi lo leí muy temprano en la vida y compartí muchas de sus ideas, en particular sobre el pacifismo, contra la guerra y las desigualdades (...) Podría añadir a Flaubert, La tentación de San Antonio, su Correspondencia. ¡Sus opiniones sobre la burguesía! (...) Y varios poetas me fueron esenciales. Mi manera de ver el mundo fue trastornada por H”lderlin, Novalis, Keats, De Quincey. De haber sido un escritor inglés seguramente hubiese optado por la poesía. La poesía incluye a todas las artes (...)

Nunca he formado parte de círculos, o de grupos, como los surrealistas. Me sentí cerca de Joyce, me impresionó mucho por esa manera que tenía de estar siempre aparte, a la vez simple y distante. Tenía la gracia, la elegancia natural, la gentileza y estaba realmente aparte - como Stravinsky. Siento mucho no haberlo conocido mejor, solo lo vi en Estados Unidos. Quería hacer una ópera de Sur, mi primera obra de teatro. Lástima, me enteré demasiado tarde (...)

La escritura automática es, de hecho, mi manera natural de escribir, incluso en mi Diario, lo que puede parecer paradójico. Las palabras llegan por sí mismas, como si estuvieses impacientes de nacer a su vida propia. No creo, para nada, en las experiencias del sicoanálisis. Cierto, hay un intento de conocer al ser humano, pero muchas veces ello deriva en charlatanería. Freud fue buen escritor que en su libros, sobretodo los de la segunda parte de su vida, tuvo grandes intuiciones. Pero sus teorías valen lo que valen las teorías: otro teórico llega y derriba todo. El diván del sicoanalista ha reemplazado al confesionario..."

 

 

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO