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Conjuro
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Los habitantes de mi aldea dicen que soy un
hombre despreciable y peligroso Y no andan muy
equivocados Despreciable y Peligroso Eso ha hecho de mí
la poesía y el amor Señores
habitantes Tranquilos que sólo a mí suelo hacer
daño.
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Consolación
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Cuanta congoja agazapada llevas Eusebio El
paisaje moral de tus contemporáneos te afectó como una lepra
blanca
Eres demasiado sensible muchacho Recógete en
los libros en tu alquimia en el calor de tu
madre
El resto no vale la pena Eusebio Son
fantasmas Muchedumbres de fantasmas
ebrios.
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De lo que soy
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En este cuerpo
en el cual la vida ya anochece
vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
y yo adentro
como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
Voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
Voces quebradas: pasaron ya tus días
La poesía es la única compañera
acostúmbrate a tus cuchillos
que es la única.
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Desengaños
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Ah desdichados padres
Cuánto desengaño trajo a su noble vejez
el hijo menor
el más inteligente
En vez de abogado respetable
marihuano conocido
En vez del esposo amante
un solterón precavido
En vez de hijos
unos menesterosos poemas
¿Qué pecado tremendo está purgando
ese honrado par de viejos? ¿Innombrable?
Lo cierto es que el padre le habló en su niñez de libertad
De que Honoré de Balzac era un hombre notable
De la Canción de la vida profunda
Sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo.
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