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Hace veinticinco años en la cafetería de la Universidad
Externado de Colombia en la ciudad de Bogotá, conocí a un hombre alto, de
frondosa barba negra, elocuente, vehemente, culto y teatral. Tenía en su
mirada una extraña fuerza magnética y algunos signos de extravío. Ese
joven era Raúl Gómez Jattin en los tiempos de vida intensa y optimista en
el agitado mundo cultural universitario de aquel entonces.
Pasó algunos años en esa ciudad dedicado con pasión
desbordada al arte teatral, como actor y director y, en sus ratos libres,
escribía poesía. No duró mucho tiempo ese idilio con la vida y con el
teatro, porque surgieron conflictos con sus compañeros de grupo y así
volvió a Cereté la tierra de su infancia y sus ancestros a renovar su
corazón de mango, a las aguas dulces de los ríos, a gozar de las tardes de
sombra bajo los árboles de mamón, a renovar sus nostalgias cuando jugaba
con Isabel a las muñecas de trapo " que eran nuestros hijos... que te
vas a acordar Isabel, ahora tienes cinco hijos con el alcalde..." - y
la vio con anteojos guiada con un chofer endomingado y lo saluda con frías
palabras sin saber que el seguía jugando y soñando con las muñecas de
trapo. Allá se meció en la mecedora de bejuco y se abanicó con la hechura
de la paja campesina. Esa calma, ese sosiego, ese olor a mango y a
ciruela, esas plumas de pavo real que colaban lentas, no le quitaron la
angustia de su alma, el dolor profundo por los otros que practicaban el
desamor y la falta de solidaridad. Todo ello galopaba lentamente en su
corazón de irreversibles afectos y confundidos sentimientos para ir
conociendo la dulzura del odio y de la muerte.
Los engaños, la hipocresía, las mujeres de oropel, las
traiciones femeninas lo hirieron sin remedio, pero el hombre y el poeta
necesitaba amar y entonces universalizó el amor con loca pasión de un
hombre influido quizás por el pensamiento de Platón y Aristóteles, que
decían "en vano golpea a las puertas de la poesía el que está en sus
cabales" y "nunca ha habido un gran talento sin mezcla de
locura". Gómez Jattin profundizó en los griegos y siempre entendió que
la base de la cultura de occidente era la filosofía, la ciencia y las
artes de los griegos. Uno de sus libros de poesía "Hijos del Tiempo"
trae poemas biográficos de Teseo, Homero, Casandra, Micerino, Electra,
entre otros.
El veía a Dios, al demonio, al cielo y al infierno en los
mismos actos de los hombres y en él mismo. Allí es donde se muestra como
un humanista con la sensibilidad en los pliegues de su piel. Miremos
fragmentos del poema "El Dios que adora" del libro
"Retratos":
"Soy un Dios en mi pueblo y mi valle
no porque me adoren sino porque yo lo hago
porque me inclino ante quien me regala
unas granadillas o una sonrisa de su heredad
o porque voy donde sus habitantes recios
a mendigar una moneda o una camisa y me la dan
porque a la riqueza miro de perfil
mas no con odio. Porque amo a quien ama"
Eso era el poeta. Un aristócrata de finos gestos y
modales que por haberse dedicado a la poesía vivió de la limosna y las
becas que esporádicamente le daba Colcultura. Y más adelante dice:
"Porque no soy bueno de una manera conocida
porque amo los pájaros y la lluvia y su intemperie
que me lava el alma. Porque nací en mayo
Porque mi madre me abandonó cuando precisamente
más la necesitaba. Porque cuando estoy enfermo
voy al hospital de caridad. Porque sobre todo
respeto al que lo hace conmigo. Al que trabaja
cada día un pan amargo y solitario y disputado
como estos versos míos que le robo a la muerte".
He aquí un poema autobiográfico que tal parece lo hubiera
escrito San Francisco de Asís, el santo mendicante que vivió de la
limosna. Gómez refleja en este poema sus dolores y amores a la naturaleza,
al ser humano, y la mordida en el corazón por el abandono de su madre Lola
Jattin, por su enfermedad de la cabeza, por su angustia de hacer poesía
antes que llegue la muerte, aquella que sintió muchas veces tan cerca:
"Siento escalofrío de ti hermana muerte
yo no tengo soledades solo tu muerte
y el agua que a mis pies muere
la muerte camina en tus huesos
y florece en tu piel"
Y fue real que Gómez tuvo siempre la muerte presente, en
sus huesos, en su piel, en su cuerpo cuando toreaba vehículos en las
calles y en su corazón que palpitaba de ausencias y dolor.
Cartagena: infierno y muerte
Los últimos diez años de su vida los vivió en Cartagena,
ciudad donde nació un treinta y uno de mayo de 1945. Allí ejerció su
vocación de maestro no sólo en el teatro, sino en los talleres de poesía
en el Museo de Arte Moderno y en la Universidad de Cartagena. Enseñaba la
hermenéutica de la palabra, los secretos y la magia de la poesía y
aconsejaba a los jóvenes como a Eusebio cuando le dice: Eres demasiado sensible muchacho
recógete en los libros
en tu alquimia
en el calor de tu madre
el resto no vale la pena Eusebio
son fantasmas, muchedumbres de fantasmas ebrios".
He aquí el reflejo de su espiritualidad humanística, de
una búsqueda constante de la riqueza interior para la tranquilidad o
intranquilidad del alma a través del recogimiento en la sabiduría de los
libros y en el, por siempre añorado, calor de madre y de la vida familiar,
despreciando lo demás, los abalorios y vanidades de una sociedad hipócrita
y ebria de materialismo.
Esa nostalgia y ese dolor por su vida familiar de
infancia, lo llevó impregnado en su corazón por el abandono de su muerte y
de la abuela que le esquilmaba el pan:
"Perdóname señora oscura y venerable
mi atrevimiento de hijo bastardo
que no puede mas con su vacío corazón".
Y le cantó a su abuela:
"a ese monstruo mitológico
con un vientre crecido
como una calabaza gigante
yo la odié en mi niñez"
Todo ese desamor familiar lo llevó a rendirle culto a los
alucinógenos:
"De la interminable edad adolescente
otorgada por la
cannabis sativa diré
un elogio diferente. Su mal es menos bello
pero hay imágenes en mi escritura
que volvieron gracias a su embrujo enfermizo"
El creía que la marihuana y otros alucinógenos eran lo
que inspiraban su poesía, así lo manifestó en varias ocasiones durante las
charlas que sosteníamos y siempre le manifesté que si así fuera todos los
drogadictos serían poetas y que todo estaba en el talento que el tenía
innato.
Varios amigos conseguimos que el Embajador de Cuba, Jesus
Martínez, lo invitara a Cuba y así después de una intensa labor de
convencimiento, estuvo en el Hospital Psiquiátrico de la Habana en 1994.
Después de varios meses regresó con su nueva dentadura y reconoció que
él no necesitaba de la droga para escribir. Esto duró poco tiempo
por cuanto que a la vuelta de la esquina reanudó su vida viciosa en forma
más intensa y vinieron las idas y venidas a la cárcel y al hospital San
Pablo que lo llevaron a escribir su nuevo itinerario
"Voy de hospital en cárcel en conocidos inhóspitos
como ellos.
Almas con cara de hipodérmica y lecho de caridad.
Entregándole mi compañía a cambio de un hueso infame de
alimento.
Toda esa gran vida a los alucinógenos debo".
Siempre afirmó que de cada ida al Hospital Psiquiátrico
salía un libro nuevo llegaron los tiempos en que se volvió agresivo
hasta contra sus propios amigos, aun cuando, hay que decirlo, contra el
que escribe jamás cometió acto de agresión física. Solo un incidente vale
la pena contar. una vez le entregué los originales de mi primer libro
"Desde el Balcón" para que me hiciera el prólogo y cuando los fuí a
buscar en compañía de la pintora y su mejor amiga Bibiana Vélez, él los
había quemado con otros escritos y libros suyos en una gran pira la noche
anterior. Posteriormente me hizo un prólogo en verso, que es el que
aparece publicado en el libro en 1992.
Para esta época su demencia perdió totalmente los
momentos de lucidez que de vez en cuando le llegaban en los últimos
años:
"Despreciable y peligroso
Eso han hecho de mi la poesía y el amor
Señores habitantes".
En 1995 sintió muy cerca la muerte y escribió su última
voluntad:
"Yo Raul Gómez Jatttin, natural de Cartagena, portador
de la cédula de ciudadanía #6.582.562 de Cereté declaro que mi última
voluntad es que al morir sea incinerado. Cartagena, septiembre
9/95".
Eso lo escribió desde la cárcel de Ternera
Todo ese dolor que sintió hasta el final de sus días, le
produjo la luminosa soledad que lo llevó a contar poéticamente sus locas,
escatológicas y zoofílicas aventuras y relaciones con la sirvienta, las
burritas, las gallinas, los pavos y con los propios hombres. Pero también
sublimó sus dolores y su soledad a través de la palabra poética impregnada
de una desgarrada rabia humanista contra la sociedad plagada de tenencias
materialistas y de odiosos egoísmos. Se discute mucho si el realmente
tenía vocación suicida. Creemos que desde hace años, inclusive en Bogotá,
según diversas fuentes, toreaba a los vehículos, como en efecto trató de
torear un carro fantasma en Cartagena el 22 de mayo de 1997, nueve días
antes de cumplir 52 años. El carro fantasma - seguramente un fantasma
ebrio - se lo llevó por delante para siempre logrando así descansar de esa
puta vida que lo castigaba cada día y que atormentaba a la pacata sociedad
que descansó en paz cuando el poeta murió junto al mar e ingresó a la
eternidad. Ahora solo quedan sus palabras al viento para la memoria de los
hombres que no seguirán su ejemplo de vida pero que se alimentaran de sus
versos, malditos versos que regocijan y estremecen al mas frío de los
mortales.
Sus poemas inéditos
Una vez fallecido, nadie atendió su última voluntad de la
incineración en la ciudad que lo vio nacer. Lo velaron en la Escuela de
Bellas Artes y hasta en el cajón produjo conflictos y situaciones
insólitas. Su último amigo del parque Centenario donde dormía, gritaba con
estruendosa voz alcohólica que el era el único amigo y abrazaba el féretro
interrumpiendo la misa y a los mimos que leían sus versos. El público se
dividió entre los que querían que la policía lo retirara o que lo dejaran
abazar el cajón que estuvo a punto de caerse por la emotividad del vago
embriagado, quien al fin sereno, se sentó en el piso y lloró en silencio
con su corazón lacerado. A Raúl se lo llevaron a Cereté en donde lo
enterraron en medio de una tempestad y un vendaval que descuajó los
árboles. No fue mal sitio para su entierro porque allí dio a luz sus más
bellos poemas, los del Tríptico Cereteano.
Una confusión de sentimientos de dolor y paz invadió a
los cartageneros que lo amaban y odiaban intensamente.
Poco a poco, de manos solidarias fueron saliendo a la luz
varios poemas inéditos, de calidad desigual, parecidos a los de su última
publicación El esplendor de la mariposa.
Sin embargo, los cinco poemas recién publicados por el
escritor Joaquín Mattos en la nueva revista barranquillera
Viacuarenta y algunos rescatados por sus amigos Ramiro Benedetti y
Cristina Macmaster ameritan ser destacados.
En los de
Mattos, el poeta describe - sin hacer alardes
de crípticas metáforas que nunca hizo - la actitud de muchos que lo
odiaron y que después del reconocimiento que se le hizo a nivel nacional
se afanaban por saludarlo, o las críticas mordaces contra las monjas del
hospital psiquiátrico:
"En las clínicas mentales los peor son las monjas
mas violentas que agujas hipodérmicas
que la fiebre y la locura
la monja es una energúmena quieta"
o sobre la envidia y la codicia que predominan:
"Todos son ganadores de prestancia y de oro
qué tendrá la escritura que incita la codicia...
me gusta que me envidien este dolor tan hondo
de escribir la poesía"
Y la nostalgia dolorosa por su casa, sus padres muertos, el río dando
vueltas:
"Cuanto diera porque mis
padres
gozaran de saberme querido
por lo que escribo"
Sobre Dios, el poeta creó dudas entre sus lectores que lo consideraban
como un ateo de la mente pero un creyente de corazón:
"Oh Dios tu que no existes eres afortunado
de no tener que cuidar todo el género humano"
Creemos que Gómez Jattin recibió influencias del Tuerto López, de Walt
Whitman, de Bukowsky y de Antonio Machado.
En medio de su originalidad se nota en el trasfondo el aliento crítico
y mordaz del Tuerto, la ternura solitaria y profunda del canto poético de
Machado a quién estudió intensamente y las duras y realistas palabras de
Whitman y Bukowsky. Veamos estos breves poemas que le escribió a Benedetti
y a su esposa:
"Siento la luz dorada pararse sobre mi piel
sé lo que es el calor, sé que mi cuerpo
es también cuerpo del universo
es seguro que mañana o dentro de algunos años
no estaré. Mas no me importa viviré para el día
Soñaré: soy eterno
y nada me detendrá en el camino
de ser hombre cada día"
Es la conciencia de que la vida hay que vivirla día a día y de que la
poesía y los sueños hacen eternos a los hombres.
En este describe una sonrisa:
"Sonríes como el sol mañanero
con una espada en los dientes
agua de fuego
fuego en los ojos, Helena"
Y este que parece un canto de García
Lorca:
"Amor que siento es amor santo
santo tu nombre que adoro tanto
tanto que el cielo añora en vano
tener tus ojos y mi quebranto.
Tanto que lloro, tanto que río
y te quiero tanto"
O este otro que denota la luminosidad de la amistad para el poeta.
"Eres el sol
El sol de hoy y de siempre
Eres mi amigo de hoy de siempre
Eres el sol amigo"
A su amiga la pintora Cristina Macmaster le dejo algunos poemas que
demuestran su madurez podrida de los últimos años, su cansancio de vivir
en ese cuerpo que tanto le fastidiaba - calvo, arrugado y sin dientes - y
al cual sin embargo, siguió amando y admirando:
"Del amor sólo me queda el cuerpo
una biología vigorosa y atractiva
con la que me solazo y sueño
En vez de amor tengo poemas
Por quienes ser feliz y ser sufrido"
En estos poemas refleja más abiertamente su amor erótico por los
hombres y sus desgarradas autocríticas:
"Los poetas - amor mio -
son unos hombres horribles
Unos monstruos de soledad -
evítalos siempre
comenzando por mí
Los poetas - amor mío-
son para leerlos
Léelos mas no hagas caso
a lo que hagan en sus vidas"
Y la conciencia de su locura y del daño que le hizo a su vida:
"He recorrido hospitales mitigando la locura
una locura que durante muchos años
ayudó a mi imaginación en mí poesía
pero después se volvió amenazante
y puso en peligro mi vida"
De pronto surge un momento de lucidez racional en estos versos:
"Ahora - sin ella - escribo estos versos
y no sé si he ganado o he perdido"
En estos presentía su muerte inminente:
"Siento que la muerte me ama
y me busca para llevarme a su inframundo
siento que tiende trampas a mi alrededor
y me llama luctuosa a festejar mi entierro
la muerte intenta enloquecerme de terror"
Y se defendía de ella con la poesía:
"pero la muerte no sabe que el poema
es un escudo, una espada, una armadura
en la guerra de los días
y que en cada verso me entrego a la vida
y esta se me devuelve multiplicada"
Hay otros poemas interesados con el mar, sobre el Tuerto López de
"sonrisa torcida y malestar citadino", sobre un nuevo y adorado
Dios que se acostaba en su cama y el le decía: "Tu espina es para tu
novia no para tu poeta", es Raúl celoso de su amigo que lo había
cambiado por una novia.
En fin, parece que el poeta dejó muchos versos esparcidos de dudosa
calidad y otros de interesante factura que ojalá sigan apareciendo.
Nos duele tanto la muerte de este gran poeta, que
hubiéramos deseado tenerlo vivo, con su demencia y todo, para que siguiera
desnudando la condición humana a través de su propia trágica vida y de sus
palabras desgarradas.
Bibliografía:
GÓMEZ
JATTIN, Raúl."Poesía 1980-l 989 - Editorial
Norma.
SÉNECA. "La constancia del sabio, la tranquilidad del alma, el ocio.
Editorial Norma.
REVISTA VIA
CUARENTA. Biblioteca Piloto del Caribe,1997.
Periódicos El Universal, El Tiempo, El Espectador.
Originales inéditos y manuscritos aportados por sus
amigos.
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