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Los negros
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- Y, de
pronto, en su cielo, en su piel, en sus pájaros,
- en sus labios y dientes retumbó el
desconcierto.
- Y apareció el fusil y el látigo y la red
- y el Odio que extendía su aceite hacia
las costas.
- (El Odio fue un fragante vestido de
colores
- a cuyo aroma nunca pudieron resistirse).
- La más desnuda noche se fue desmoronando
- sobre la selva intacta que se llenó de
gritos
- Porque gritaron todos: los ecuánimes
belfos,
- las axilas rasgadas, los élitros
potentes,
- los sexos violentados, las bocas
rebatidas...
- De nada les sirvió.
- Fueron cayendo a trozos, uno a uno.
- Supieron
- de la soga y del garfio, del grillo y la
cadena...
- Cortaron los caminos, las ráfagas
hermosas
- que quedaban aún vírgenes.
- Con sus máscaras blancas,
- con sus metales negros, como dioses
podridos
- fueron contaminando los más benditos
seres.
- La selva se erizó en cortantes aristas
- de sangre y de ponzoña.
- De nada les sirvió.
- De nada les sirvió, repito, porque nada
- estaba preparado para un golpe tan
brusco.
- Las aguas se tiñeron de vísceras y
asombros.
- Sólo quedaba limpia la nieve en la
montaña.
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Zaragoza
amarilla
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Hay
edades como penínsulas de sombra,
tiempos lejanos con sienes
inquietantes y colmillos
dispuestos,
órbitas habitadas por
fantasmas, catedrales
construidas
con un sudor – silencio
gris, amontonando piedras
que huelen siempre a
muerte....
Así eras tú, ciudad como
mujer acostada sin tersura
ni anillos,
sucia de luces pardas que
salpicaba el santo Ebro
avaricioso,
ciudad como mujer, como
amante que huyó,
así que – por supuesto –
permanece,
arrojada en un lecho
desordenado en limo,
acostada esperando - ¿Qué
esperas? – taciturna,
con la cocina de tu antiguo
corazón apagada en
desorden,
pensando desdeñosa
quizás en el exilio de tus
mejores hijos
o no pensando,
solamente estás,
estás inmóvil,
quedas
bajo el montón harapiento
de tus vestidos cenizosos,
ausente
de todo cuanto tenga el
poder de la vida.
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Enamorarse
era morir, marcharse
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Enamorarse era morir, marcharse
por
los hondos caminos de la escarcha;
llamar en una selva de edificios
y
responder el mármol de las puertas cerradas.
Enamorarse era morir: te amo.
Todo
empezó en mi voz, mi dura voz de trampa
que
se alejó, redonda y submarina,
hasta llegar intacta
al
pabellón lozano de tu cuello
para
habitarlo con vocación de daga.
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Mendigos de
Aranjuez madrugadores
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- Mendigos de
Aranjuez madrugadores
- despojaban de
sus chaquetas a los fusilados tibiamente
- fríos,
- de sus relojes
de novia, de sus cartas atroces como
- Sueños,
- de su gemir
agarrotado para siempre, de sus jerseys
- a ochos,
- de sus chuscos
como Tatuajes sobre el corazón
- "mira mi pecho
tatuado
- con este
nombre de mujer;
- es el recuerdo
de un pasado
- que jamás ha
de volver"...
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Carta a Luciano Gracia Bailo,
desde
París, Noviembre de 1967.
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Tenía deseos de sentarme a la máquina de escribir para charlar un
rato contigo y ahora que lo hago no sé, verdaderamente, qué decir. Han
pasado tantas cosas. La vida aquí es intensa, casi delirante a veces. He
pagado poco a poco, dolor a dolor, el precio que París nos exige a todos
y ahora parece (parece) que logro ver un poquito de azul en el cielo. He
hecho muchísimas cosas: desde fregar con lejía las escaleras de los
franceses hasta gastarme en una noche mil nuevos francos para el amor y
el champagne. De todo. No me avergüenzo de nada, ni me arrepiento. Al
contrario, estoy agradecido a París porque me ha demostrado que aún
estoy joven para todas estas cosas. Qué alegría. Lentamente muere el
pequeño oficinista de "La Adriática y nace un tipo que lo creo mejor y
más sano. ¿No crees que merecía la pena
He encontrado trabajo como cajero en un restaurante español del
Quartier Latin. Gano quince o dieciseis mil pesetas mensuales y la
comida. Está bien para empezar. He firmado contrato de trabajo, me han
incluido en la Sécurité Sociale y tengo todos mis papeles en regla. Soy
ya casi medio francés y estoy perfectamente protegido en el terreno
laboral, sindical y ciudadano. Es como empezar a ser joven, a vivir. No
dependo de nada ni de nadie; por primera vez en mi vida tengo que
ocuparme yo de todas, de absolutamente todas mis cosas. Mi trabajo
empieza a las siete de la tarde y termina a la una de la mañana. El
resto del día es para mí y desde el domingo a las doce de la noche hasta
el martes a las seis de la tarde, tengo libre. Todo esto me permite
leer, escribir, pasear, hacer el amor... Ya sé que, del otro lado, está
la soledad, la tristeza, la _ desesperación a veces, pero estas
compañías no nos abandonan nunca, ` en ningún lugar ni circunstancia. No
importan ;Todo lo puede la libertad!
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Elegía a la actual primavera
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Notamos tu
cansancio porque vemos tu prisa
- por marcharte muy
pronto.
- Notamos inquietudes
en el alegre aspecto
- de tu vieja
costumbre.
- Notamos tu ceguera
de luz, tu desaliento,
- tu fragancia de nube
delgadísima,
- tu colorido
excéptico,
- tu incansable
sonrisa de querida constante
- de los poetas vivos
y de los que murieron.
- Eres sencilla y
sutil. Por vieja eres eterna.
- Eres la ausencia
sóla de la sóla caricia.
- Eres como una gata
que pintara sus uñas
- con el llanto del
árbol, de la luna y la hierba.
- Eres la luz, el
viento, las tontas golondrinas,
- eres insomnio vivo
de nuestra sangre nueva,
- eres lombriz,
desprecio, flor corta, sol de siempre,
- cielo de azul
monótono, fondo y color de espera,
- sabor de muchedumbre
con ansiedad de vino,
- juego inútil de
ardilla, resplandor, agua quieta,
- disfraz inconmovible
tan pasado de moda
- como el mar y la
espuma, como el gallo y la cresta.
- Muéstrate tal como
eres. Quítate la careta
- conque estúpidos
hombres te adocenaron viva.
- Arranca de tu carne
los vulgares poemas,
- los dulces
madrigales, los sonetos, las silvas,
- las místicas
endechas
- que se enroscan
sucias, pegajosas, herméticas.
- Aparece desnuda,
vana, cruel, cautiva,
- con tu jugoso
vientre lleno de flores quietas.
- Enseña tus arrugas,
Madre Gris, no te escondas,
- no aumentes con
engaños tu natural tristeza.
- Vuelve a ser como
siempre, vuelve a ser calendario
- de constante mentira
en locura de fechas...
- ..................................................................
- Ni asombras ya, ni
asustas. Ni matas, ni das vida,
- ni puedes imponerte,
ni tan sólo gobiernas
- a la luz, a lo
verde, a las nubes, al viento
- que se escapan y
ríen de tu propia impotencia.
- Nuestro brusco
silencio, mujer, te está gritando :
- No eres tú, no eres
nadie. Ni eres paz, ni eres guerra...
- Estás vieja, estás
sola, estás desorientada.
- Cualquier día, en el
campo, te encontraremos muerta.
El
poema del gordo Gómez, inédito, vio la luz por
fin.
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Contra falacia, felicia
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(Notas para
la historia del Gordo Gómez) Joaquín Mateo
Blanco.
Una de
las características de la historia menor de nuestro tiempo es la falta
de rigor conque desde cada postura personal se está tratando. La
objetividad debe ser la meta, no fácilmente alcanzada pero al menos
propuesta, de los historiadores o aprendices de lo mismo. Por eso, y
como veo cada día con mayor horror como se tergiversa la verdad,
apoyándome en documentos, quiero dejar constancia de una pequeña
peripecia que me sucedió en mis relaciones por los ya lejanos, ¡ay!,
años cincuenta con Julio Antonio Gomez, estupendo poeta, ocasional amigo
y de profesión habilitado de clases pasivas del Ejercito, que nos lo
presentaba casi siempre vistiendo bajo la desgarbada gabardina horteril
unos inequívocos pantalones militares.
En cierta
ocasión me pidió que le incluyera un poema en las páginas literarias de
Amanecer, diario en el que estuve una temporada coordinando la página
semanal de letras, por la se asomaron muchos jóvenes poetas a la vida
literaria y por la que pasaron otros muchos menos jóvenes, sobre todo
los del grupo "Cuaderna Vía", cuya historia estoy preparando para una
edición facsímil de las que dirige Luis Ballabriga para la Diputación
General.A la sazón yo había abandonado esta tarea por desavenencias con
la dirección de Amanecer, y no es el único caso en el que me han dado el
cese en mis funciones de una tarea que realizaba por sport y sin sueldo
alguno, de manera que me era imposible publicar el poema de Gómez, al
que en ocasiones anteriores ya le había dado a luz otros en el mismo
medio, como se dice ahora. Por ello le contesté a su envío con una carta
de que guardo el borrador, pues tenía la costumbre de escribir las
respuestas en el dorso de las cartas recibidas y puedo darlo aquí, junto
con el poema que era muy bueno y nada impublicable por ningún motivo en
problemas de censura, que por cierto padecíamos todos.
Me agrada
mucho recordar y poder de esta manera aportar algo a la biografía de
Julio Antonio Gómez. Por fortuna he tenido toda la vida la perniciosa
manía de guardar papeles, documentos publicaciones, poemas, billetes de
tranvía y otros curiosos objetos, lo que me permite poseer un rico
muestrario de las aficiones y las acciones de mis
contemporáneos
Algún día
publicaré papeles amarillos.
Del Boletín
"Barataria" de la Asociación Aragonesa Amigos del Libro, Abril
1992, número 1.
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ISLA
TERNURA |
PLAYA |
NO
ERES EL ÚNICO |
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