(apuntes biográficos)
22 de noviembre 1869 - 19 de febrero 1951

 

“Y esta naturaleza mía, ¿a dónde me arrastraría

 si yo simplemente la siguiese?”



André Gide, "el contemporáneo capital", según la expresión de André Rouveyre, nació en París, el 22 de noviembre de 1869. 

Dos razas, dos religiones, dos paisajes, dos lenguas contrastantes se unieron en su nacimiento. Su padre, Paul Gide, profesor de jurisprudencia, descendía de una familia de hugonotes oriunda de Cévennes. Su madre, Juliette Rondeaux, de funcionarios jurídicos católicos. "Nada podía ser más diferente que estas dos familias" escribió Gide en su autobiografía titulada "Si le Grain ne Meurt" (Si el Grano no Muere); "nada más diferente que las dos provincias de Francia que combinan sus influencias contradictorias en mí". 

Y en sus "Pages de Journal": "He descubierto, y sin creer demasiado en la astr6logia, que precisamente el 21 de noviembre, fecha de mi cumpleaños, nuestro planeta se desprendió de la influencia de Scorpio para entrar en la de Sagitarius. ¿ Es culpa mía que mi nacimiento cayera entre dos constelaciones, que yo haya sido el fruto de dos sangres, de dos provincias y de dos credos?". 

Desde el momento de su concepción, André Paul Guillaume Gide estuvo, de este modo, sometido a lo que él ha denominado "état de dialogue". Dos lenguas, la de Oc y la de Oil: "l'épais jargon normand, le parler chantant du rnidi" (el espeso "jargon" normando, el hablar cantarino del mediodía) se conjugaron en su estilo. 

En religión, la sangre católica de su madre lo empujaba hacia un camino; el Protestantismo antagónico lo llevaron al campo hacia el opuesto. Estos elementos antagónicos le llevaron al campo del arte, único en el cual ambos podían conciliarse sin destruirlo o hacerlo vivir en un estado de perpetua lucha. Gide hizo sus primeros estudios en la Ecole Alsacienne de París, donde llevó una existencia "irregular y desordenada" y de la cual fue expulsado, por "malos hábitos". 

Cuando tenía once años, murió su padre, circunstancia que influyó notoriamente en su vida, pues, a partir de aquella crisis, la solicitud maternal se concentró en él. A ella se unió la de una institutriz que había criado a esta última, llamada Anna Schackleton, quien también concentró en André todos sus afanes. 

 

 

 

 

 

Gide en la Escuela Alsaciana. Es el segundo desde la derecha en la fila superior 

Abrumado entre ambas, Gide solía fingir crisis nerviosas, en medio de las cuales se retorcía y sollozaba: "¡ Oh, sufro tanto! ¡ Sufro tanto!". Para apaciguarlo, su madre lo llevó al campo, razón por la cual, durante algún tiempo, su educación fue fragmentaria e intermitente.

En Normandía, conoció a su Emmanue'le Rondeaux, una muchacha de belleza pre-rafaelista a la que amó con fervor religioso jurándose a sí mismo consagrarle su existencia y protegerla contra el temor, contra el mal y contra la vida". 

Bajo la inspiración de aquel amor se dedicó, por un tiempo, a dormir sobre una tabla rasa, a bañarse en agua helada al amanecer y practicar oraciones nocturnas. Era una forma de intentar apaciguar sus sentimientos y tendencias homosexuales.

Más tarde, ingresó nuevamente a la Ecole Alsacienne y, por aquel mismo período, conoció a Pierre Loúys, encuentro que ejerció profunda influencia en su vida. Era la época del auge de los Simbolistas, grupo del que Gide fue en un comienzo miembro entusiasta. 

A los dieciocho años, escribió su primer libro "Les Cahiers d'André Walter", que apareció anónimamente (1891) como la obra póstuma de André Walter. 

La obra despertó escaso interés entre el público, pero llamó la atención de Marcel Schwob, de Rémy de Gourmont, Maurice Barrés y Maurice Maeterlinck. 

Este último, sin darse cuenta de la farsa, declaró, en cierta ocasión, que André Walter, al que creía realmente muerto, era su autor predilecto. 

Por aquella época también, amenazado de tuberculosis y confrontado por su  "problema" sexual en pugna con los principios de su educación protestante, Gide resolvió embarcarse para Túnez. 

De aquel episodio cuenta en su autobiografía: "Entré inmediatamente después de la publicación de mi "Cahiers" en el periodo más confuso de mi vida, selva oscura de la que no me desprendí sino a raíz de mi partida, con Paul Albert Laurens, para el  Africa...". 

Y agrega: "¿A nombre de qué Dios, de qué idea me impedís vivir según mi naturaleza? Y esta naturaleza ¿a dónde me arrastraría si yo simplemente la siguiera?"... 

En Biskra, en medio del desierto quemante y durante una milagrosa convalecencia, descubrió la verdadera naturaleza de su "anormalidad", respecto de la cual se explayó más tarde en una carta dirigida a Claudel, el 7 de marzo de 1914: "Nunca he experimentado deseo delante de la mujer y la gran tristeza de mi vi4a es que el más constante amor, el más prolongado, el más vivo no haya podido ser acompañado de nada de lo que de ordinario le precede. Parecía, por el contrario, que el amor impidiera en mí el deseo" ("Figaro Littéraire", noviembre, 49). 

Aquel viaje, que lo puso en contacto con nuevas razas y religiones, ejerció una profunda influencia en su vida y en sus obras. El aire de los salones de París se había tornado sofocante para él, como asimismo las teorías de los Simbolistas. A partir de "Paludes , especie de farsa, publicada en 1895, rompió con el Simbolismo y sus representantes. 

En 1885, Gide regresó precipitadamente a París, junto a la cabecera de su madre moribunda, de la que heredó una gran fortuna, incluyendo un castillo en La Rocque-Baignard. 

Otros dos acontecimientos importantes se produjeron a su regreso: contrajo matrimonio, el 8 de octubre de 1895, con su prima Emmanuéle ("Ella era el cielo que mi insaciable infierno desposó") y se encontró en pleno escándalo del proceso de Oscar Wilde, a quien había conocido durante sus viajes por el Africa e Italia y de cuyo lado se colocó valientemente, contra Lord Alfred Douglas, por el cual sintió siempre una violenta antipatía. 

"El infame libro de Lord Alfred Douglas, titulado "Oscar Wilde y yo", escribió Gide en su autobiografía, "es una desviación demasiado descarada de la verdad para que yo pueda experimentar escrúpulos en decir esta verdad ahora y, puesto que el destino quiso que mi sendero se cruzara con el de Wilde en aquel momento de nuestras vidas, siento que es mi deber dar mi testimonio". 

El testimonio que Gide dio, fue el de sus relaciones con Wilde y con Lord Douglas y el de ambos entre sí. A raíz de la publicación de "Si le Grain ne Meurt..." (1920), Sir Edmond Gosse, que había publicado, en 1909, el primer estudio sobre Gide, en inglés, le escribió profundamente consternado ante el escándalo.

 Gide replicó con un articulo en "La Nouvelle Revue Française": "¿ Por qué he escrito este libro? Porque he creído que debía hacerlo... Tal vez la causa esté en mi educación protestante... Siento horror por la mentira". 

Al margen de su autobiografía, Gide comenzó a publicar, a partir de 1889, los diversos volúmenes de su "jornal", que abarcan las siguientes etapas: "1889-1912; 1913-22; 1923-31, 1932-39, y 1931-42". En ellos habló de sí mismo, de sus obras, y emitió juicios sobre sus amigos y otros escritores. He aquí algunas observaciones típicas: "Wilde no me ha hecho sino mal". 

O bien: "Stendhal no lía constituido jamás para mí un alimento". O "Con Roger Martin du Gard puedo actuar al natural. No existe persona hoy día cuya presencia me sea más confortable". 

O bien anota sus impresiones musicales. En su adolescencia Gide pensó ser pianista y se lamenta después de mencionar una tarde pasada al piano: "Excelente estudio de piano. ¡ Ah! ¡ Si solamente yo hubiera sido mejor aconsejado, guiado, sostenido, obligado en mi juventud!". 

En 1897, Gide publicó uno de sus libros fundamentales, "Les Nourritures Terrestres" (Los Alimentos Terrestres), que lo convirtió en el mentor espiritual de su generación y al que siguió su novela "L'Inmoraliste" (El Inmoralista), en que plantea un caso de conciencia similar al que él mismo resolvió durante su permanencia en Africa.

 En la época de su aparición, la obra fue un fracaso y Gide, descorazonado, pensó dejar la literatura. Pero, con motivo de una crítica entusiasta de Gustave Mirbeau, escribió "La Porte Etroite" (La Puerta Estrecha, 1909), un estudio sobre la renunciación que Edmond Gosse ha calificado como "un penetrante análisis de la falla y estrechez psicológica moral del Protestantismo". 

Siguieron otras dos novelas, "Isabelle" y "Les Caves du Vatican" (Las Cuevas del Vaticano), curioso relato publicado en vísperas de la Primera Guerra Europea y que contiene un tema anticlerical y satírico: una banda de rufianes ha echado a correr el rumor de que el Papa ha sido raptado por los masones y encerrado en el castillo de San Angelo, mientras un falso Papa ha ocupado el trono pontificio.

 Un católico fervoroso e ingenuo llamado Amédée Fleurissoire decide ir a investigar el asunto a Roma, pero no llega nunca a su destino. En el tren encuentra a un anarquista llamado Lafcadio, quien, decidido a realizar su teoría del "acto gratuito" y sin provocación alguna de parte de Amédée, lo arroja por la ventanilla del tren. 

Durante los años del conflicto, Gide, que aprendió inglés a los cuarenta años, dedicó gran parte de su tiempo a realizar traducciones dé este idioma, comenzando por aquella época su célebre versión de "Hamlet", que concluyó treinta años después, a instancias de su amigo el actor Jean-Louis Barrault, quien la puso en escena en 1947, casi simultáneamente con la adaptación, también hecha por Gide, de "El Proceso", de Kafka. 

En 1919 publicó "Symphonie Pastorale", llevada al cinematógrafo y premiada con el Gran Premio del Festival de Cannes, en 1946. En 1925 apareció "Les Faux-Monnayeurs", una de sus novelas más importantes, cuyo héroe es un novelista que está escribiendo una novela que lleva el título de la de Gide, y que describe todo lo que veo, todo lo que sé, todo lo que las vidas de los demás y la mía propia me enseñan".

En ella figuran homosexuales, rufianes y adúlteras. Entretanto, además de sus novelas, traducciones y ensayos, Gide había abordado también el teatro. Su primer drama fue "Saúl", escrito en 1898, pero estrenado veinticuatro anos después.

 Lo siguieron "Le Roi Candaule" y "CEdipe", estrenado en 1932, en el Palais de Beaux Arts de Bruselas, por Georges Ludmila Pitoëff.

Entre su nutrida bibliografía de antes de la Segunda Guerra Mundial figuran además: "Nouvelles Nourritures" (Nuevos Alimentos), "Le Retour de L'Enfant Prodigue" (El Retorno del Hijo Pródigo) y la trilogía comprendida por "L'Ecole de Femmes" (La Escuela de las Mujeres), en que describe el proceso psicológico de una mujer que se casa enamorada y a la cual el matrimonio revela la verdadera naturaleza del hombre al que ha unido su vida; "Robert" que describe el punto de vista del marido, y "Geneviève" , que prosigue la historia de la hija de aquel matrimonio quien, al ver el fracaso de la unión de sus padres, resuelve liberarse de los prejuicios sociales y vivir libremente su vida. 

Cada nueva obra de Gide constituía, inevitablemente, un acontecimiento literario seguido de escándalo. Cuando en 1924 Heny Massi lo acusó de corromper la moral pública, Gide respondió con cl canmpanazo de "Corydon", en que gritó al mundo la naturaleza de su "anormalidad". 

Después fue su conversión al Comunismo, hacia el cual había comenzado a manifestar simpatías en las p1anas de su "Diario" (1934) y que justificó durante una entrevista con Pierre Quint, diciendo: "Yo no he cambiado de dirección: continúo adelante, pero ahora dirijo mis pasos hacia un fin". 

En el verano de 1936, realizó un viaje a la Unión Soviética en compañía de Pierre Herbert, Eugéne Dabit y Jef Rast, del cual regresó formulando el más espectacular reniego del Comunismo hecho por un intelectual en el período comprendido entre las dos grandes guerras: su discutido y debatido "Retour de l' U. R. S.S." (1937), que provocó violentas polémicas entre comunistas y anticomunistas e hizo decir a Emmanuel Berí: "Este libro, admirablemente honrado, causará, sin duda, gran alegría en las almas de los Fariseos que son precisamente aquellos que Gide más odia". Para responder a los ataques provocados por esta obra, Gide publicó a continuación "Retouches a' mon voyage en l'U.R.S.S."

 En compañía de Pierre llerbart regresó al Africa en 1938, y en el verano de aquel mismo año perdió a su mujer, de quien le quedó una hija, Catherine, casada con Jean Lambert. Durante la Segunda Guerra Mundial Gide residió en la zona libre de Francia, donde escribió sus "Interviews Imaginaires" (1942). 

En el momento de la derrota fue mal visto en su patria, pues se lo acusó de haber formado moralmente a la generación de los derrotados. El 4 de mayo de 1942 se dirigió a Túnez y ah" permaneció hasta después del desembarco aliado. En una de las páginas de su "Diario" correspondiente a aquella etapa definió su actitud política: "Rafu trató de convencerme del papel importante que yo estaba llamado a desempeñar y que sólo 'yo estoy en situación de acometer. 

Creo que está equivocado, tanto respecto de mí como de la influencia que yo pueda ejercer con mi palabra. Aun si no estuviera tan cansado, no me sentiría llamado a desempeñar ninguna actividad política, sea la que fuere. 

No sólo no veo lo bastante claro en los entretelones de nuestra desunión, sino que tampoco tengo ningún plan que proponer para llegar a algún acuerdo basado seguramente en la justicia. No podría hablar con franqueza sin violentar mi pensamiento. En cuanto a la lucha que se avecina, no puedo ni tomaré parte en ella. Temo que, por mucho tiempo, Francia estará rencorosamente dividida... Y en verdad, no veo qué declaración podría hacer que, si soy sincero, no resulte desagradable para todos los partidos". 

De regreso en París, donde murió el 19 de febrer9 de 1951, como previniendo su próximo fin, Gide desarrolló una intensa labor literaria. A los volúmenes mencionados de su "Journal", se agregaron: "Thésée" (44), especie de alegoría, en prosa, en que relató la historia de Teseo, el fundador de Atenas y que el crítico inglés' John Russel describió como un "tour de force gramatical"; "Attendu que..." (Aguardando que...); "jeunesse" (Juventud); "Le Retour" (El Retorno); "Souvenirs Littéraires et Probléme Actuels" (Recuerdos Literarios y Problemas Actuales); "Feuillets" (Hojas); "En decouvrant Henri Michaux" (Descubriendo a Henri Michaux), y "Paul Valéry". 

En 1947, a los setenta y ocho años de edad, recibió el Premio Nobel de Literatura, que le fue otorgado como un reconocimiento, según las palabras de John Russel, al hombre que "más que ningún otro ha sostenido en nuestro tiempo la anticuada noción de que el primer deber de un artista es para con su arte". 

Gide y su compañero Marc Allegret, en 1918

Físicamente, Gide aparece en sus retratos como un hombre alto y magro, con un rostro ligeramente demacrado sobre el cual proyecta habitualmente su sombra un sombrero negro de fieltro. En su juventud usó bigotes, pero después prefirió exponer su fisonomía "al natural". Tenía ojos pardos, piel amarillenta y movimientos misteriosos y ligeramente teatrales. 

Para muchos, Gide fue la figura más grande de las letras francesas y también una de las más discutidas. Unos vieron en él a un santo. Otros, un demonio. 

De cualquier modo, fue el escritor que más profunda influencia ejerció sobre la juventud francesa que vivió entre las dos guerras mundiales. 

Entre sus entusiastas se alzó la voz de  es Marcel Arland, quien resumió la influencia de Gide  uno de esos raros espíritus de los cuales puede decirse que, después de ellos, la literatura y el pensamiento no son los mismos de antes". Por otra parte, del lado contrario, han surgido Julien Benda y Arthur Koestler para denunciar como maléfica su influencia. 

En "El Yogi y el Comisario", dice Koestler: "Los escritos de Gide van siempre ungidos de una pincelada de esotérica arrogancia; en torno a sus libros flota como una fina, rarificada atmósfera. 

Su influencia sobre la generación juvenil 'francesa fue deplorable (no precisamente por el retorcido erotismo que le reprocharon los fascistas de Vichy; no se convierte uno en invertido con sólo leer libros), sino a causa (le la altanera presunción del espiritualismo que a tal influjo imliartía, una peculiar actitud de hallarse iniciado, la ilusión de pertenecer a una especie de orden de exclusividad, de compartir algunos valores exquisitos, que, no obstante, cuando se trata de (lefinirios, se os escurren como la arena de entre los dedos.

 El mensaje de Gide a la joven inteligencia hacía evocar la nueva túnica fabulosa del Emperador: nadie osaba confesar que no alcanzaba a verla". En cierta ocasión, Oscar Wilde le dijo a Gide: "No escriba nunca Yo. 

En arte no existe primera persona". Sin embargo, Gide no ha escrito casi en otra persona que la suya propia. Su literatura constituye un verdadero archivo de su personalidad extraordinariamente compleja y de sus luchas por ponerse de acuerdo consigo mismo. Esta literatura no tiene paralelo en la valentia o en la megalomanía de su minuciosidad. 

Gide tuvo la suerte de heredar una fortuna que le dio una coraza de seguridad, dentro de la cual pudo probarse a sí mismo y exhibirse más íntima y públicamente que ningún otro contemporáneo suyo. Muchos no pudieron perdonarle este espectáculo, que estimaron como exhibicionismo enfermizo y violación de la decencia pública. 

Pero, sin duda, Gide ha sido en ello profundamente sincero. "Pour chacun la route est unique et chaque route mene á Dieu" (Cada uno tiene su camino propio y cada camino conduce a Dios), ha escrito. La base fundamental de la ética gideana es que cada ser tiene un papel único que desempeñar en la vida, y que el someterse a la regla común es el pecado imperdonable contra el Espíritu, por el cual uno pierde su significación precisa e irreemplazable, el "sabor" de la vida que no puede ser restaurado. Por esta razón atacó incansablemente todo lo que creyó que podía limitar la personalidad: debilidades, cegueras, prejuicios y exigencias sociales. No obstante la influencia que ha ejercido sobre su generación, Gide no ha logrado despertar entusiasmo en el grueso público. 

Es demasiado mesurado y frío. Jamás cae en el patetismo, jamás olvida el tono que debe a su arte y a la pureza de su estilo. Se guarda de hablar con el corazón, pero lo hace, en cambio, con los sentidos, provocando efectos lentos, impregnando el espíritu de perfumes aturdidores y sutiles. El mismo ha dicho: "Yo escribo para ser releído". 

Y, en verdad, sus libros ganan, por lo general, con una segunda lectura. El propio Marcel Arland, tan entusiasta de su obra, ha reconocido este hecho: "Los libros de Gide nacen patinados", dice, "y por ello, a primera vista, parecen antiguos. 

Ellos carecen de resplandor, pero despiden una luz constante. Incluso en su ausencia de anotaciones directas y de gritos, lo que a primera vista le da un aire artificial, se reconoce en seguida una vida profunda, por así decirlo, decantada y reducida a lo esencial... 

Pero hay en la obra y en la vida de Gide una laguna inmensa: Gide ha ignorado el dolor. Toda su inteligencia, su intuición y la bondad verdadera que existe en él, no han podido reemplazar lo que el dolor le habría dado. ¡ Lástima que él no haya tenido el destino de un Wilde!".

ARTÍCULOS REFERENTES A ANDRE GIDE

 

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