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Hermosa
vida que pasó y parece
ya no pasar…
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.
(Jaime
Gil de Biedma, Recuerda)
Cuando
la vida se convierte en pasado, ésta aparece como algo
inconcreto, casi fantasmal. El poeta se reconoce como un
ser temporal, ineluctablemente. Ante el paso inexorable
del tiempo busca ser eterno, tal vez, en los sueños, en
el placer, en el poema, como lo hizo Jaime Gil de Biedma.
La angustia por el tiempo marca su obra poética. El poeta
mismo declara: "en mi poesía no hay más que dos
temas: el paso del tiempo y yo" (Infame Turba.
1971:249).
Esta
afirmación de Gil de Biedma sobre su creación poética y
sobre él mismo dentro de ella nos remite al asunto de la
biografía imaginada en su obra poética. El poeta
reconoce su devenir en la poesía y la poesía en su
devenir, encuentra un espacio de autorreconocimiento en la
misma. La biografía imaginada es la historia imaginada y
poética del ser, de un personaje imaginado. La misma hace
del "yo" un híbrido, una intersección de la
cual su ser "yo" adquiere forma y fisonomía;
adquiere interpretación. Logra la permeabilidad entre
vida y literatura, hace posible lo imposible, hace
realidad el deseo en la relación íntima que tiene el
poeta con la página escrita. La biografía imagina crea
un "yo" que se hace real en el poema: crea él
"yo" poético. Una cita del texto
Ficción e Historia: Texto y Pretexto de la
autobiografía del poeta puertorriqueño Manuel Ramos
Otero, nos ofrece una posible explicación sobre lo que
venimos llamando biografía imaginada:
Escribir
es otra cosa que rechazar el texto transitorio de la
biografía de carne y hueso y lanzarnos a la búsqueda
de ese pretexto augurado por la fábula cuya
resonancia lejana está tan cerca, que por lo mismo
nos iguala. Escribir es, al menos para mí,
despellejarme para encontrar la voz que se parece a mí,
que lucha por parecerse a mí y que quiere tomar
prestada la biografía inconclusa que soy para que,
finalmente, vuelva a quedar integrado el fabuloso
cuentero en el texto y pretexto de la escritura
(1990:24).
La
literatura es la confesión de que la vida no basta. El
poeta es una biografía inconclusa y la biografía
imaginada se lanza a la búsqueda de completarlo; ésta es
hilvanada por un personaje que lucha por parecerse al
poeta. Es, como dice en la cita el mismo Manuel Ramos
Otero: "la voz que se parece a mí y que quiere tomar
prestada la biografía inconclusa que soy…". El
poeta deja en la página escrita aquello que es o lo que
él desea ser. Abre un amplio camino a la fantasía, y en
absoluto está obligado a ser exacto en los hechos o
sincero en las confesiones.
El
espejo del tiempo impondrá su interpretación para
vincular la historia de la vida a la poesía. Coincidimos
con la reflexión de José Teruel sobre el proceso de
realización poética cuando afirma:
De
la experiencia inmediata a su realización poética,
hay un espacio de tiempo que impondrá límites a la
subjetividad de aquélla para establecer la
pertinente ecuación entre emoción expresada y estímulo
que la origina (Retórica de la experiencia en Las
personas del verbo de Jaime Gil de Biedma.
1995:172).
En
el mismo artículo José Teruel sugiere que "Las
personas del verbo se configura como una biografía
imaginada de todas las etapas del hombre, que es su autor,
con igual alcance al yo":
Voy
a hablaros
del producto acabado,
o sea: yo
tal y como he sido en aquel tiempo
(Ampliación
de estudios. 60)
Nos
encontramos ante un poeta que se pregunta ¿Quién soy? Y
que a través del discurso poético enuncia cómo ha
llegado a ser quien es. Sus poemas constituyen una biografía
imaginada que no podría ser otra que la del poeta Jaime
Gil de Biedma alrededor de todos sus "yoes" y
sus personajes, estableciéndose de esta manera una
afinidad entre poeta y personaje. Una historia poética
del ser, de un personaje imaginado que comienza a
identificarse con el poeta mismo en el poema Ribera de
los Alisos cuando escribe:
Los
pinos son mas viejos
Sendero abajo
sucias de arena y rozaduras
igual que mis rodillas cuando niño
asoman las raíces.
Y allá en el fondo el rio entre los álamos
completa como siempre este paisaje
que yo quiero en el mundo,
mientras que me devuelve su recuerdo.
entre los mas primeros de mi vida.
(...)
Pero están estos cambios apenas perceptibles,
en las raíces, o en el sendero mismo,
que me fuerzan a veces a deshacer lo andado.
están estos recuerdos, que sirven nada más
para morir conmigo.
(...)
La
intensidad
de un fogonazo, puede que solamente,
y tambien una antigua inclinacion humana,
por confundir belleza y significación (132-133)
Poeta
y personaje imaginado se unen en la tentativa de crear una
identidad como realidad poética: ..."mi poesía consistió
-sin yo saberlo- en una tentativa de inventarme una
identidad". (Las personas del verbo. 1998:208). El
poema es el espacio que le permite a Gil de Biedma crear,
mediante un proceso de abstracción, formalización y
distanciamiento, una identidad que se convierte en una categoría
formal del poema. Esta identidad es purgada de toda
contingencia, va inventándose y creándose en el poema como
realidad poética, como aprehensión imaginativa.
En
este intento de crearse una identidad el poeta recurre a la
invención de múltiples máscaras que se superponen al yo del
poeta. En su obra poética, los temas del amor-erotismo y la
muerte son, como afirma acertadamente José Teruel: "una
composición de lugar que busca encarnarse en una máscara, en
una figura: la máscara del yo pegada a la piel del
actor"(1995:172). En este sentido, el yo y la máscara
marcan una contigüidad entre vida y literatura.
Jaime
Gil de Biedma ha señalado una serie de consideraciones claves
en cuanto a los límites vida y literatura, el yo y la máscara,
el poeta y el personaje y la permeabilidad de estos límites:
La
literatura y sobre todo la poesía, es una forma de
inventar una identidad... la literatura es un simulacro...
cuando un poeta habla en un poema, quizá no hable como
personaje imaginario, pero como personaje imaginado
siempre ( El pie de la letra. 1980:246).
La
literatura deforma inevitablemente siempre, aunque sea
pura enunciación de hechos (240).
Establece
la correspondencia entre el poeta y el personaje; la misma
correspondencia hace que los límites entre ambos se confundan.
En los poemas de Gil de Biedma el personaje no podrá ser nunca
imaginario porque esta categoría imposibilita que se le asuma
como ser real en la página escrita y quiebra toda posible
identificación con el poeta. El personaje es un ser imaginado
en cuanto tiene plena posibilidad de hacerse real en el poema.
Su
poesía parte de la realidad de una experiencia personal; lo que
en ellos se dice tiene validez poética y también la validez de
una experiencia real y tangible. No obstante, esta última queda
matizada en la distancia crítica entre persona y personaje y en
un margen de ironía. Los recuerdos y vivencias aportan el
material anecdótico mientras la ironía objetiva la visión poética,
convirtiéndose en un aval estético, en una garantía de
comunicabilidad. Entendemos aquí por ironía tanto la figura
retórica así llamada como la postura filosófica que va desde
el absurdo como respuesta a la conciencia del vacío
existencial, hasta el distanciamiento irónico del yo mediante
el simulacro artístico. Sobre la ironía en los poemas de Jaime
Gil de Biedma, Dionisio Cañas plantea que "la ironía es
la mejor arma de defensa frente a su incorregible inclinación a
la mitificación de sí mismo, de su mundo, de sus amigos, de su
pasado y de su ciudad" (Jaime Gil de Biedma: Volver.1996:
14).
Los
poemas de Gil de Biedma, intentan reconfigurar una experiencia
poética que es inseparable de la particular experiencia real.
Sin embargo, estos poemas no imitan la realidad sino que la
transforman, deformándola. Robert Langbaum, en The poetry of
experience, nos recuerda que un poema moderno no consiste en
una imitación de la realidad sino en el simulacro de una
experiencia real. Simulacro como representación de la
experiencia real es lo que consigue crear el poeta con la técnica
del monólogo dramático, al que Langbaum define como:
...a
combination of dramatic and lyrical elements and
imitations of experience and the representative form of a
poetry of experience (1988:82).
Un
conflicto fundamental del monólogo dramático es el
desequilibrio entre experiencia e idea, emoción y conciencia y,
en el caso de Jaime Gil de Biedma, entre ensueño e ironía. El
mismo es una estrategia que utiliza el poeta en la composición
de sus poemas para provocar un efecto artístico en el que se
confiere la voz del "yo" al "otro" que habla
y a un segundo que escucha; de esta manera el plano de la
subjetividad queda plenamente objetivado. En la técnica del monólogo
dramático la prosopopeya hace que los personajes hablen, actúen,
se acusen y se rechacen.1 Inician un juego de
voces en el que entran la emoción, el desenfado, la imprecación,
el cinismo y la ironía para, finalmente, amarse y entenderse.
Prosopopeya del nombre propio y de la voz que teatraliza las múltiples
personalidades del poeta. Los modos de conciencia que
encontramos en los poemas: Pandémica y Celeste, Narciso y Calibán,
Hijo de dios e Hijo de vecino, son máscaras y rostros,
catalizadores de la experiencia real en el poema que, al final
de su entrega poética llegarán a una relación de
reconocimiento. En la obra poética de Gil de Biedma, el monólogo
dramático no objetiva la experiencia de un personaje imaginado,
sino que es una disputa entre los personajes que habitan el yo
del poeta.
En
Moralidades y Poemas Póstumos la objetivación poética
de la experiencia ocurre de una forma más acusada en lo que se
refiere a la experiencia amoroso-erótica y las concepciones que
tenía el poeta sobre la muerte. Una aportación crítica sobre
estos poemas, realizada por José Olivio Jiménez en Diez años
de poesía española (1960-1970), nos permitirá
introducirnos a ellos:
En
estos poemas se da la concreta referencia o la descripción
más o menos directa hasta el esguince irónico y aun el
cinismo, adquieren entonces una inusitada objetividad que
los vuelve diamantinos, implacables, heridores (1972:
213).
En
estos poemas, la experiencia amoroso-erótica está representada
en la dialéctica abundancia/necesidad. Eros se expresa en su
total complejidad como hijo de Penía y de Poro.2
Asistimos a un conflicto entre la abundancia de relaciones
amoroso-eróticas, de amores venales como les llama Gil
de Biedma, y la necesidad del poeta que busca el dulce amor. Encontramos
un amor que tiene dos caras: la primera Pandémica, amor furtivo
y corporal, y la segunda Celeste, amor etéreo y sublime. La voz
poética sufre el enfrentamiento entre la historia amoroso-erótica
y su propia conciencia. Las ambivalencias del yo poético entre
emoción y conciencia toman corporeidad en el poema; el yo poético
duda entre aceptarse y juzgarse. De ahí la frecuente tendencia
de hablar consigo mismo, con sus "yoes", como una
forma de hablar con los otros.
El
poema será teatralización, espacio de imprecación y amor
propio para un espectador que es el poeta mismo encarnándose en
la máscara de sus personajes. Citando a W.H. Auden, "el
hombre es capaz de establecer relaciones de tú a tú con Dios y
sus vecinos debido a que tiene relaciones de tú a tú consigo
mismo" (La mano del teñidor.1974: 125). Quizá
exista algo mejor que el amor: la complicidad entre el poeta y
el personaje.
En
su diario, Retrato de un artista en 1956, Gil de Biedma
recrea sus experiencias eróticas recordándonos que hay
siempre una clave privada, / hay siempre un secreto perverso
(18). Unas veces es Pandémica y Calibán y otras Celeste y
Narciso. En el primer capítulo del diario, Las islas de
Circe, título que alude a la frivolidad y la sensualidad,
escribe:
Está
uno hecho a tentarse a sí mismo, tan acostumbrado a no
esperar, puesto en el trance de algún repentino apremio
erótico, de ninguna ocasión graciosamente calva, son los
caminos del placer tan solitarios y tan arduos, que si en
un día de esos, cuando enteramente estamos a favor de la
virtud... llega la tentación igual que a un don divino, a
una gracia actual y refrescante, nos descubrimos tan
indefensos como Saulo debió de descubrirse al caer del
caballo. (1991:19)
¿Quién
es nuestro personaje desdoblándose en la máscara de Celeste y
Narciso? Aquel que se arrepiente de las experiencias eróticas,
que se recrimina y se juzga y que, antes de reconocerse en su
filiación vecinal, se reconoce como Hijo de dios. Es el que
ahonda sueños en la memoria, como lo expresa el mismo poeta: Porque
sueño y recuerdo tienen fuerza, / para obligar la vida, /
aunque sean no más que un límite imposible. (En una despedida.
130).
Hallamos
en sus poemas los diversos modos de conciencia representados por
sus personajes acusándose, rechazándose y vengándose de sus
propias necesidades interiores; creando una agonía alrededor de
la experiencia amoroso-erótica que la transforma en una
experiencia sublimada. Es sublime la lucha entre el
"yo" y "el otro", entre los dobles.
Recordemos lo que afirma Harold Bloom sobre lo sublime en Poesía
y Creencia: "la función de lo sublime es trabajar
mediante elevadas ambivalencias para hacernos participar en su agon".3
Si existe alguna relación de ambivalencia y, principalmente, de
lucha en la poesía de Gil de Biedma es la del "yo"
con "el otro"; la de la dura convivencia con la figura
de su doble. Esta dualidad se realiza desde la costumbre de
reconocerse en su filiación vecinal y en su afán de confundir
belleza y significación en el poema como Hijo de dios. En esta
última dimensión, el poeta se reconoce en el mito poderoso de
que el amor podía o debía sublimarse en creación poética.
Amar sirve así para engendrar una multitud de hermosos y magníficos
discursos:
Tu
recuerdo, es curioso
con
qué reconcentrada intensidad de símbolo,
va
unido a aquella historia,
mi
primera experiencia de amor correspondido.
(…)
Así
me vuelve a mí desde el pasado,
como
un grito inconexo,
la
imagen de tus ojos. Expresión
de
mi propio deseo. (Peeping Tom. 126)
En
el poema Pandémica y Celeste 4 de Moralidades,
la dialogía entre amor furtivo y amor sublime se concretiza en
la dura convivencia y malestar que sufre el poeta con la figura
de su doble:
la
historia de un cuerpo y alma, como una imagen rota
de
la langueur gutée a ce mal de’ êntre deux. (144)
Es
un poema que parte de la infidelidad y el errabundeo como una
manera de estar siempre condenado a perderse de amor en amor
hasta la muerte:
Que
te voy enseñar un corazón,
un
corazón infiel,
desnudo
de cintura para abajo. (144)
Recordemos
las palabras de Roland Barthes en Fragmentos de un discurso
amoroso cuando describe el errabundeo como:
Ese
estado en el que a través del amor se accede a otro
tiempo, (de amor en amor se viven instantes verticales) a
otra música, un sonido sin memoria separado de toda
construcción, nos olvidamos de lo que precede y sigue. En
el errabundeo se busca, se comienza, se prueba, se va más
lejos, se corre, pero nunca se sabe cuando termina
(
1998:111).
Y
Gil de Biedma enuncia en el poema:
Porque
no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien
me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a
ser posible jóvenes:
yo
persigo también el dulce amor,
el
tierno amor para dormir al lado
y
que alegre mi cama al despertarse,
cercano
como un pájaro.
(...)
Para
saber de amor, para aprenderle,
haber
estado solo es necesario.
Y
es necesario en cuatrocientas noches
con
cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber
hecho el amor. Que sus misterios,
como
dijo el poeta, son del alma,
pero
un cuerpo es el libro en que se leen. (143-144)
Las
voces que habitan este poema dialógico pertenecen al poeta, son
una manera de hablar consigo mismo y con los otros. A su vez,
construyen una conversación interior en la que el poeta busca
el autorreconocimiento.5 De igual manera, la
intertextualidad es otro de los recursos que utiliza el poeta
para llegar al proceso de autorreconocimiento; el recurso
intertextual hace que los textos hablen. El poeta usa las voces
y silencios de otros poetas: Baudelaire, Mallarme, T.S Eliot,
John Donne, Cernuda, Shakespeare, para apropiarse de su voz.
Cuando su voz calla, las voces de otros poetas hablan:
Recuerdo
de vosotras, sobre todo,
oh
noches en hoteles de una noche. (T.S. Eliot)
Aunque
sepa que nada me valdrían
trabajos
de amor disperso.
si
no existiese el verdadero amor. (Shakespeare)
…Que
sus misterios,
como
dijo el poeta, son del alma,
pero
un cuerpo es el libro en que se leen. (John Donne)
(145-146)
Acerca
del recurso intertextual en los poemas de Gil de Biedma, Pere
Rovira, en su libro La poesía de Jaime Gil de Biedma,
menciona las diferentes técnicas de lo que él ha denominado
"la postura apropiacionista" de Gil de Biedma. Cita
una conferencia del poeta en la que declara: "la imitación
es necesaria, es la única forma de llegar a escribir poesía"
(1986:175). A ésto añade Pere Rovira que el poema Pandémica
y Celeste es "quizá el mejor ejemplo del talento
adaptador de nuestro poeta" (1986:195). Podría parecer que
el poeta copia o plagia, sin embargo sabemos que alguien se
desnuda, y se nos entrega en total languidez como el estado
sutil del deseo amoroso, experimentado en su carencia, fuera de
todo querer asir. Retomamos las palabras de Roland Barthes para
decir con él que "en la languidez amorosa algo se va sin
fin, como si el deseo no fuera sino una
hemorragia"(1998:167). En el dulce amor, tierno e incluso débil,
el poeta se reconoce en su dimensión de hijo de dios implorando
la fuerza de poder vivir, / sin belleza, sin fuerza y sin
deseo. (Pandémica y Celeste.146)
En
Pandémica y Celeste habitan los personajes imaginados
que le devuelven al poeta una imagen de sí mismo - concepción
sacra del poema - y nos devuelven una imagen inteligible y
posible de su personaje imaginado. Esta poesía amoroso-erótica
intenta simular una experiencia, captar un proceso y hacer
emanar del mismo un juicio de implicaciones morales siempre
inseparable de la particular experiencia recreada, y compartible
por el poeta y el lector. De ahí el tono íntimo del verso
"hipócrita lector -mon semblable- mon frere" (143).
En
otros poemas de Moralidades, como: París, postal del
cielo, Canción de Aniversario, Elegía y recuerdo
de la canción francesa y Albada, aflora del
personaje lo que José Teruel ha llamado "un olvidado sabor
a sí mismo" (1995:176):
..en
aquel viaje -camino de la cama-
en
un vagón del metro Etoile Nation. (París, postal
del cielo. 99)
El
eco de los días de placer,
el
deseo, la música acordada
dentro
en el corazón, y que yo he puesto apenas
en
mis poemas, por romántica;
todo
el perfume, todo el pasado infiel,
lo
que fue dulce y da nostalgia,
¿no
ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas
y soñaba? (Canción de aniversario. 117)
…oh
rosa de lo sórdido, manchada
creación
de los hombres, arisca, vil y bella
canción
francesa de mi juventud!
Eras
lo no esperado que se impone
a
la imaginación, porque es así la vida
tú
que cantabas la heroicidad canalla,
el
estallido de las rebeldías
igual
que llamaradas, y el miedo a dormir solo,
la
intensidad que aflige al corazón.
(Elegía
y recuerdo de la canción francesa. 122)
...sintiendo
aún la irritación y el frío
que
da el amanecer
junto
al cuerpo que tanto nos gustaba
en
la noche de ayer, (Albada. 93)
En
el poema Albada el poeta nos dibuja un despertar asediado
por la cotidianeidad. Los sentimientos del sujeto amoroso
oscilan entre todo aquello que le produce el alba: despertar
triste, alegre, despertar lleno de ternura, deseo y de resignación.
Nos canta una mañana que está llena de deleite y dulzura al
tener la compañía del cuerpo deseado, pero que también puede
ser insoportable por los agoreros olores a cotidianeidad:
Despiértate.
La cama está más fría
y
las sábanas sucias en el suelo.
Por
los montantes de la galería
llega
el amanecer,
(…)
Y
escucha en el silencio: sucediéndose
hacia
lo lejos, se oyen enronquecer
los
tranvías que llevan al trabajo.
Es
el amanecer.
(…)
Acuérdate
del cuarto en que has dormido.
Entierra
la cabeza en las almohadas,
sintiendo
aún la irritación y el frío
que
da el amanecer
junto
al cuerpo que tanto nos gustaba
en
la noche de ayer,
(...)
Aunque
a tu lado escuches el susurro
de
otra respiración. Aunque tú busques
el
poco de calor entre sus muslos
medio
dormido, que empieza a estremecer.
Aunque
el amor no deje de ser dulce
hecho
al amanecer.
Junto
al cuerpo que anoche me gustaba
tanto
desnudo, déjame que encienda
la
luz para besarse cara a cara,
en
el amanecer.
Porque
conozco el día que me espera,
y
no por el placer. (93-94)
Para
el poeta, el día significa encontrarse, al despertar, asediado
por las inquietudes de su pasión. Sus desdichas se presentan
ante su pensamiento. El día lo conduce inminentemente al
espacio de la realidad, como el primer animal visible de lo
invisible, mientras que la noche lo devuelve al espacio del
deseo en el que se instala apaciblemente; creando un estado de
afectividad en el que el poeta se refugia. El azar se siente de
noche quebrantando todas las leyes, entre ellas, las del deseo.
Sin embargo, el día es demasiado previsible para el poeta; es
el monótono mundo de los tranvías que llevan al trabajo.
El día es amenazante para el poeta porque implica el desvelo
amoroso, el desprendimiento del cuerpo amado. En Albada,
el amor ha sido un paréntesis en la cotidianeidad. He aquí
el supuesto del tedio baudelaireano: ante un hambre sin
satisfacción y un deseo boquiabierto el amor se nos presenta
como lo necesario para luchar contra el tedio de la vida.
En
Elegía y recuerdo de la canción francesa, poema que
canta la heroicidad canalla del poeta entregado al placer que
producen los cuerpos; en un espacio donde el erotismo está
completamente desligado del enamoramiento, Gil de Biedma deja
constancia de la fascinación que le produjo conocer esa canción.
El verso que sirve de epígrafe al poema dice: C’est une
chason, /qui nous ressemble. La canción le fascina porque
se ve reflejado en ella como en un espejo. En este sentido se
describe la relación que tiene el poeta con objetos sacrales
que le devuelven una imagen de sí mismo.
Gil
de Biedma se posiciona en una locuela 6 que
argumenta de forma enfática su discurso amoroso. Este es
emitido unas veces por Narciso y otras por Calibán:
al
ir a separarme,
todavía
atontado de saliva y de arena,
después
de revolcarnos los dos medio vestidos,
felices
como bestias.
(…)
A
veces me pregunto qué habrá sido de ti.
Y
si ahora en tus noches junto a un cuerpo
Vuelve
la vieja escena
Y
todavía espías nuestros besos. ( Peeping Tom.
118)
El
discurso amoroso surge de una inagotable conversación entre sus
seres poéticos. Como si el poeta nos dijera estos versos de
Roland Barthes: "tomo un papel y ese papel lo represento
ante mí, soy ante mí mi propio teatro. Tengo en mí dos
interlocutores, atareados en elevar el tono, de réplica en réplica.
[...] hay un goce de la palabra desdoblada, redoblada" (Fragmentos
de un discurso amoroso.1998: 172). Es en el poema
donde se pueden crear las ambivalencias de la relación amorosa
que ponen en escena la identidad del poeta:
Así
me vuelve a mi desde el pasado,
como
un grupo inconexo,
la
imagen de tus ojos. Expresión
de
mi propio deseo. (Peeping Tom. 118)
…bajo
los árboles en flor
-relucientes,
mojados,
cuando
a la noche nos bañábamos-
los
cuerpos de los dos. (Días de Pagsanján.105)
Retomemos
el diario del poeta, Retrato de un artista en 1956, en el
que Gil de Biedma nos revela uno de sus mitos personales y estéticos
que, a su vez, nos ayuda a rehacer los límites entre vida y
literatura:
El
problema en mí se agrava porque soy todo menos espontáneo;
existe un hiato intelectual que percibo demasiado bien
entre el que me siento siendo y el que me siento ser y
comportarse. Este es un simulacro tan calculado y
deliberado del otro, una imitación falsa de tanta
falsedad que el original acaba por resultarme también
sospechoso. Más o menos como si Narciso se disfrazara de
sí mismo para poseerse, lo que entra ya en el dominio de
las fantasmagorías eróticas fetichistas: la satisfacción
es imposible y la autodegradación inevitable. (1991:55)
Reconoce
Gil de Biedma que su literatura forma parte de una poética
narcisista, en el sentido metapoético. Un texto poético que se
mira siempre a sí mismo, que terminará otorgándole una imagen
escindida y fragmentada de su ser. En sus poemas el poeta se
disfraza a sí mismo través de sus personajes para reflexionar
sobre su propia identidad. Nos plantea la autodestrucción y
construcción paralela del poeta en el poema cuando afirma: existe
un hiato intelectual que percibo demasiado bien entre el que me
siento siendo y el que me siento ser y comportarse. De igual
manera señala que existe una fisura entre el que se siente
siendo en el poema y el que se siente ser y comportarse en la
vida. Inclinado sobre el río del tiempo en el que todas las
cosas pasan y huyen, él sueña completarse en el poema, pero:
"la satisfacción es imposible y la autodegradación
inevitable". El poeta duda y se cuestiona su
"yo", el mismo se le escapa, es el original del que
sospecha porque "es un simulacro tan calculado y deliberado
del otro, una imitación falsa de tanta falsedad que el original
acaba por resultarme también sospechoso" (1991: 55).
Inventa un "yo" con el que se identifica, pero del que
también difiere porque vive en la ambivalencia de la identidad,
en la tensión entre el "yo" y el "otro".
Gil
de Biedma, al igual que Narciso, es víctima de su doble; es víctima
y verdugo de su cuerpo. "¡Ojalá pudiera apartarme de mi
cuerpo!" exclama Narciso en La Metamorfosis
de Ovidio. Para Narciso, como para el poeta, el "yo" y
"el otro" constituyen un mismo ser. Acerquémonos a
una reflexión que hace Javier Blasco en Cuando Narciso rompe
el espejo: Diario del artista seriamente enfermo. Para él
en la poética de Gil de Biedma Narciso es:
…revelación
en la imagen y por la imagen; Epifanía del otro en la
imagen de sí (…) Narciso ve en la fuente aquello que de
sí mismo sus propios ojos no pueden ver (1997:58).
Lo
que Narciso ve en la fuente no es el "yo" sino el
"otro". La visión del "otro" le otorga
tanto a Narciso como al poeta una imagen completa de su
identidad, pero el "yo" se le escapa, es el original
del que sospecha.
El
poema es otro de los objetos sacrales que le devuelven al poeta
una imagen acabada de su ser. En el espejo del poema el poeta
trata de asir su propia belleza; Jaime Gil de Biedma, al igual
que Narciso, ve en sus versos aquello que sus propios ojos no
pueden ver.
De
esta manera emprende en sus poemas un íntimo e irónico
soliloquio dialogado que le hace sufrir. En Moralidades,
el dolor cala hasta las zonas más profundas del ethos.
Es un dolor que ni aún la ironía es capaz de sosegar:
La
realidad -no demasiado hermosa-
con
sus inconvenientes de ser dos,
sus
vergonzosas noches de amor sin deseo
y
de deseo sin amor,
que
ni en seis siglos de dormir a solas
las
pagaríamos. Y con
sus
traiciones vagas, de la traición al tedio,
del
tedio a la traición. (Canción de aniversario.117)
El
tono forma parte de las ambivalencias textuales de los poemas:
monólogo y diálogo, tono íntimo y distanciamiento, confesión
e ironía experiencialismo e intertextualidad. Éstas, a su vez,
nos remiten a las dualidades de la identidad del poeta, a la búsqueda
de elementos semejantes y diferenciadores que lo lleven a un
entendimiento de sí mismo. De ahí que de un tono íntimo y
confesional pase a la ironía y la procacidad. Lo que nos
interesa subrayar es cómo el tono, unas veces íntimo y
confidencial, es interrumpido por la ironía permitiéndonos
contemplar la voz en la que el poeta transfiere al personaje sus
vicisitudes humanas y su cinismo:
Ahora,
voy a contaros
cómo
también yo estuve en París, y fui dichoso.
Era
en los buenos años de mi juventud,
los
años de abundancia
del
corazón, cuando dejar atrás padres y patria
es
sentirse más libre para siempre, y fue
en
verano, aquel verano
de
la huelga y las hermosas canciones de Brassens,
y
de la hermosa historia
de
casi amor.
(...)
-It’s
too romantic, como tú me dijiste
al
retirar los labios.
¿En
qué sitio perdido
de
tu país, en qué rincón de Norteamérica
y
en el cuarto de quién, a las horas más feas,
cuando
sueñas morir no te importa en qué brazos,
te
llegará, lo mismo
que
ahora a mí me llega, ese calor de gentes
y
la luz de aquel cielo rumoroso
tranquilo,
sobre el Sena? ( Paris, Postal del Cielo.
98-99)
Sobre
el tono en los poemas de Gil de Biedma, Shirley Mangini apunta
que "a pesar de que abunda el sesgo íntimo, también nos
encontramos con un tono civil" (Gil de Biedma.
1980:86). Esta visión de Mangini, coincide con el planteamiento
de Pere Rovira sobre el tono de los poemas de Gil de Biedma
cuando sugiere que "el poeta le otorga a sus poemas un tono
de conversación informal porque se trata de permanecer fiel a
su lenguaje, aunque haya que ser fiel al lenguaje
literario" (1986:127).
La
pena del personaje Jaime Gil de Biedma está resumida en un título
de libro, Desolación de la Quimera.7
Así lo escribe en el poema Después de la noticia de su
muerte en el que expresa cómo entre la realidad que le
causa desolación y la quimera que es el deseo, sólo puede
salvarse en la creación poética:
Y
gusté de algo raro en nuestro tiempo,
que
es la virtud –clásicamente bella-
de
soportar la injuria de los años
con
dignidad y fuerza.
(…)
El
sueño que él soñó en su juventud
y
mi sueño de hablarle, antes de que muriera,
viven
vida inmortal en el espíritu
de
esa palabra impresa
(…)
Su
poesía, con la edad haciéndose
más
hermosa, más seca:
mi
pena resumida en un título de libro:
Desolación
de la Quimera.
(121)
Esa
"desolación de la quimera" es una afirmación
del poeta que cree en el secreto de la Quimera: ilusión, utopía,
hacer posible lo imposible, hacer tangible el deseo. Por otra
parte, la configuración híbrida de este ser teratológico,
mitad león y cabra, mitad serpiente y dragón es tanto síntoma
del desacuerdo entre las figuras que habitan un mismo cuerpo
como símbolo de una compleja perversión que nos remite al
conflicto de la identidad de nuestro poeta. La voz y la música
de la Quimera son la poesía de Gil de Biedma condenada a
la desolación.
Sin
embargo, Jaime Gil de Biedma logra reconciliarse con el hombre y
con el poeta, con la realidad y con el deseo. Lo hace
imaginariamente en la intimidad del poema, en ese espacio donde
consigue asumir la pluralidad de sus voces, hablar consigo mismo
y llegar a un acto de autorreconocimiento en el que las
ambivalencias se funden en un nombre propio tras el estallido de
una ironía trágica. Volvemos al poema Pandémica y Celeste,
cuyo final nos presenta la muerte de Calibán. El poeta para
poder sobrevivir se despide de su doble:
...
mientras seguimos juntos
hasta
morir en paz, los dos,
como
dicen que mueren los que han amado mucho. (146)
Finalmente
parece haberse reconciliado consigo mismo aceptando sus
contradicciones. Se ha inventado una identidad que sobre el
papel asume como propia y que se hace posible mediante la
biografía imaginada. El sentido de su escritura poética es una
búsqueda de homónimos y heterónimos necesarios para el
entendimiento de sí mismo. Escribir es un apostarse por entero
en el poema para encontrar la voz de su liberación. Hacer
versos es ese vicio solitario en que el poeta logra
materializar, en imágenes, el recuerdo.
Para
Gil de Biedma, la poesía es una manera de explicar la vida. El
poema El juego de hacer versos, representa al poeta que
alienta y da vida a un mundo ficticio del que finge
desentenderse, pero que no deja nunca y que alternativamente
afirma y niega:
El
juego de hacer versos
-que
no es un juego- es algo
parecido
en principio
al
placer solitario.
(…)
porque
la Poesía
es
un ángel abstracto
y,
como todos ellos,
predispuesto
a halagarnos.
(…)
Luego
está el instrumento
en
su punto afinado:
la
mejor poesía
es
el Verbo hecho tango.
Y
los poemas son
un
modo que adoptamos
para
que nos entiendan
y
que nos entendamos.
Lo
que importa explicar
es
la vida, los rasgos
de
su filantropía,
las
noches de sus sábados.
(…)
El
juego de hacer versos,
que
no es un juego, es algo
que
acaba pareciéndose
al
vicio solitario. (147-149)
La
poesía será una vivencia de la sensualidad, a la que él llama
sensualidad verbal. Sin embargo, esta sensualidad verbal
se da sólo en los años de juventud del poeta:
Para
ser poeta es necesaria... una sensualidad verbal, un
dejarte llevar por las palabras que, de joven, quizá es
excesivo, te dejas llevar demasiado, pero de mayor es
demasiado exiguo. ( Escribir fue un engaño.
El País, Libros 1990:2)
José
Teruel afirma que "existe una confluencia entre los límites
expresivos y la experiencia, entre vida y literatura, a través
de la vivencia de la sensualidad y la vejez" (1995:179).
Gil de Biedma no indagará más en el territorio de los límites
de expresión y experiencia:
Mi
poesía fue el resultado de una identidad, y una vez esa
identidad está asumida no hay nada que excite menos la
imaginación y por lo tanto no necesito escribir poemas...
(Camp
de l’arpa.1982: 56)
Las
personas del verbo
termina con un nombre propio que coincide con el del autor
revelando la existencia de la identidad como realidad poética
y de la biografía imaginada. La identidad termina reconociéndose
en la dualidad, en la ambivalencia y la fragmentación.
Recordemos lo que escribe Gil de Biedma en el Prólogo a T.S.
Eliot: "A qué la máscara y el disfraz cuando sólo se
habla de uno mismo".8 En la última
entrevista concedida por el poeta éste afirmaba lo siguiente:
El
personaje que hablaba en mis poemas casi todo el tiempo
que yo escribí era un personaje afín a mí en clase
social, en cultura en sensibilidad, pero que yo no lo
identificaba conmigo. Ahora, la identificación de ese
personaje clave en mis poemas conmigo mismo yo creo que se
empieza a producir con Ribera de los Alisos, continúa
con Pandémica y Celeste y ya se cierra con un bucle al
escribir Contra Jaime Gil de Biedma y Después
de la muerte de Jaime Gil de Biedma. ( Escribir fue
un engaño. Cit.: 2)
Nos
presenta su obra poética como si fuera un testamento literario.
En su última entrega, Poemas Póstumos, su identidad
inventada se ha convertido en la suya propia porque crear no es
un acto de poder sino de aceptación y reconocimiento:
Las
rosas de papel no son verdad
y
queman
lo
mismo que una frente pensativa
o
el tacto de una lámina de hielo.
Las
rosas de papel son, en verdad
demasiado
encendidas para el pecho.
(Canción
final. 174)
Inventada
su identidad, vuelve sobre ella, y juega a escindirse en Contra
Jaime Gil de Biedma, poema en el que intenta separarse de su
personaje increpándole y reprochándole el pasado. Duda entre
reconocerse y aceptarse para darse cuenta, luego, de que poeta y
personaje viven irremediablemente en el mismo cuerpo. En este
poema tiene lugar un apasionante juego de mentiras,
desdoblamientos y reflejos mutuos. El sujeto poético se
desdobla en interlocutor, en instancia superior a él, pero
creada a su imagen y semejanza. Es Dios padre y demonio hermano;
amante y torturador; su doble:
..cuando
llegas, borracho,
y
te paras a verte en el espejo
la
cara destruida,
con
ojos todavía violentos
que
no quieres cerrar. Y si te increpo,
te
ríes, me recuerdas el pasado
y
dices que envejezco.
(...)
A
duras penas te llevaré a la cama,
como
quien va al infierno
para
dormir contigo.
Muriendo
a cada paso de impotencia,
tropezando
con muebles
a
tientas, cruzaremos el piso
torpemente
abrazados, vacilando
de
alcohol y de sollozos reprimidos,
Oh
innoble servidumbre de amar seres humanos,
y
la más innoble
que
es amarse a sí mismo! (180-181)
De
la misma forma juega a sobrevivirse en Después de la muerte
de Jaime Gil de Biedma. Otra vez dos personas se citan en el
interior del poema y una vez identificados, personaje y poeta
apuestan por su salvación tras la clara conciencia de lo que
han perdido:
Yo
me salvé escribiendo
después
de la muerte de Jaime Gil de Biedma.
De
los dos, eras tú quien mejor escribía.
Ahora
sé hasta qué punto tuyos eran
el
deseo de ensueño y la ironía,
la
sordina romántica que late en los poemas
míos
que yo prefiero, por ejemplo en Pandémica...
A
veces me pregunto
cómo
será sin ti mi poesía.
Aunque
acaso fui yo quien te enseñó.
Quien
te enseñó a vengarte de mis sueños,
por
cobardía, corrompiéndolos. (185-187)
Ante
la muerte Jaime Gil de Biedma se salva convirtiéndose en poema:
"…todo fue una equivocación yo creía que quería ser
poeta, pero en realidad quería ser poema" (Las personas
del verbo. 1998: 208). De ahí que a la pregunta de Federico
Campbell sobre la razón del título Poemas Póstumos Gil
de Biedma respondiera:
Porque
la persona que lo ha escrito se ha muerto ya... me daba
pie el hecho de que el último poema del libro se llamase
Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma (Infame
Turba. 1971:249).
Esta
respuesta del poeta viene a apoyar la tesis del vitalismo poético
y de la permeabilidad entre vida y literatura. "The poem
ends because there is a physical limitation of life itself",
nos recuerda Langbaum en The poetry of experience. Esta
limitación física de la que habla coincide con una retórica
de la temporalidad en la que el "yo" se reconoce en su
carácter temporal.
El
adjetivo póstumo del título puede aducirse a una identificación
del presente con la muerte. Poemas Póstumos, al cantar a
la muerte, es perdurable. Ahora, la finitud es la dimensión del
teatro, de la poesía equiparada con la vida:
Dejar
huella quería
y
marcharme entre aplausos
-envejecer,
morir, eran tan sólo
las
dimensiones del teatro.
Pero
ha pasado el tiempo
y
la verdad desagradable asoma:
envejecer,
morir,
es
el único argumento de la obra. (No volveré a ser
joven.183)
De
ahí, el significado mas total de Poemas Póstumos, el
"yo" poético realiza desde el delirio de su imaginación
un acto de autodestrucción y suicidio. No sólo esta
destruyendo su pasado personal, sino también todos los
anteriores poemas de Jaime Gil de Biedma y todos los personajes
víctimas y verdugos igualmente. En este sentido esta última
entrega poética viene a ser una combinación de homicidio y
suicidio textual; un doloroso proceso de desposesión y ruptura.
Entonces, sólo queda la cancelación de toda memoria:
...
y memoria alguna. No leer,
no
sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y
vivir como un noble arruinado
en
las ruinas de mi inteligencia. (De vita beata.
193)
El
poeta se despide, se calla y entiende el silencio como un bien y una
salida. Al final del viaje se encuentra en la desposesión porque se ha
inventado una identidad fragmentada, escindida y dual que convierte en
la suya propia. Parafraseando a Paul de Man en ¿Qué es lo moderno?,
"el auto-conocimiento puede dejar al descubierto las estructuras
escindidas de la conciencia: la ironía, la alienación, el conflicto
entre apariencia y realidad ". Todas éstas son estructuras que
caracterizan el discurso poético de Gil de Biedma. En esta última
entrega poética la conciencia de la muerte le lleva al límite de
contemplar la muerte de su propio personaje y, de esta manera, la muerte
del poeta. Ahora poeta y personaje se identifican, juntos, en una sola
imagen, la de la muerte. Refiriéndose a la muerte del personaje dice
Marguerite Yourcenar, en Fuegos, estos hermosos versos: Entre
la muerte y nosotros no hay, en ocasiones, sino la densidad de un único
ser; una vez desaparecido ese ser, ya no queda más que la muerte (1995:
35). La temporalidad es la conciencia que tienen el poeta y el personaje
de su tránsito hacia la muerte. Por eso el tiempo les urge, los empuja
a la melancolía … o al desafío que puede ser el poema.
Poemas
Póstumos es el definitivo exilio interior, el poeta ha entrado en
lo que José Teruel llama "la extensión vacía de la
memoria":
Espacio
en el que dejó su rastro la experiencia, lugar en el que tras la
suspensión de la vida, tras la ficticia hilazón de la biografía,
(…) podamos vislumbrar un amanecer sin término en el que ya no
es posible el estado de retorno (1993:177).9
Y
nuestro poeta enuncia: De la vida me acuerdo, pero donde está (De
Senectute.191). En la desposesión Jaime Gil de Biedma deja de
escribir porque el tiempo de la escritura es el tiempo de la vida:
Ahora
carezco de libertad interior, soy todo necesidad y sumisión
interna a ese atormentado Big Brother insomne, omnisciente
y ubicuo. Yo, mitad Calibán, mitad Narciso, le temo sobretodo
cuando le escucho interrogarme junto al balcón abierto (Las
personas del verbo. 1998:208).
Notas
-
Fictio
Personae le ha denominado
Lausberg. Prosopon conferir una mascara o un rostro. Lausberg,
Heinrich. Elementos de Retórica Literaria. Madrid: Gredos,
1975.
-
Sócrates
en El Banquete de Platón, describe a Eros como el hijo nacido
en el jardín de los dioses, fruto de la unión entre Penía
(representación de la necesidad y la pobreza) y Poro (Dios de la
abundancia). Lo describe como un demonio o genio mediador entre los
hombres y los dioses.
-
Nos
referimos específicamente a la definición de Harold Bloom sobre lo
sublime en Poesía y Creencia. Madrid: Cátedra, 1991.
-
Pándemica
y Celeste son las dos Afroditas que identifica Pausanias en su
discurso sobre el amor en El Banquete de Platón. La primera
representa el amor morboso y carnal y la segunda es símbolo del amor
sublime y espiritual.
-
Un
reconocimiento de sí mismo que surge cuando los modos de conciencia o
desdoblamientos terminan reconociéndose en la ambivalencia de su
identidad.
-
Esta
palabra tomada de Ignacio de Loyola, designa el flujo de palabras en
el cual el sujeto amoroso argumenta incansablemente en su cabeza los
efectos de una herida o las consecuencias de una conducta amorosa.
-
Desolación
de la Quimera
es uno de los poemarios de Luis Cernuda y Después de la noticia de
su muerte es el poema que escribió Gil de Biedma tras la muerte
de Luis Cernuda.
-
Gil
de Biemda, Jaime. Prólogo. Quatro Quartets. De T. S. Eliot.
Barcelona: Laertes, 1984.
-
Teruel,
José. En la extensión vacía de la memoria: un itinerario por la
poesía de José Angel Valente. Revista Hispánica Moderna.
Año XLVI, junio 1993:157-178.
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