|
Pasan lentos los días y muchas veces estuvimos solos. Pero luego
hay momentos felices para dejarse ser en
amistad. Mirad: somos
nosotros.
Un destino condujo diestramente las horas, y brotó la
compañía. Llegaban las noches. Al amor de ellas nosotros encendíamos
palabras, las palabras que luego abandonamos para subir a
más empezamos a ser los compañeros que se conocen por encima de
la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse las gentiles palabras --esas que ya no
dicen cosas--, flotar ligeramente sobre el aire; porque estamos
nosotros enzarzados en mundo, sarmentosos de historia
acumulada, y está la compañía que formamos plena, frondosa de
presencias. Detrás de cada uno vela su casa, el campo, la
distancia.
Pero callad. Quiero deciros algo. Sólo quiero deciros que estamos
todos juntos. A veces, al hablar, alguno olvida su brazo sobre el
mío, y yo aunque esté callado doy las gracias, porque hay paz en los
cuerpos y en nosotros. Quiero deciros cómo todos trajimos nuestras
vidas aquí, para contarlas. Largamente, los unos a los otros en el
rincón hablamos, tantos meses! que no sabemos bien, y en el
recuerdo el júbilo es igual a la tristeza. Para nosotros el dolor es
tierno.
Ay el tiempo! Ya todo se comprende.
|