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En
el año 2.000 se cumplen noventa años del nacimiento de uno
de los autores mas controvertidos, mitificados y
transgresores de la literatura de este siglo que acaba: Jean
Genet. También uno de los peor conocidos.
Ríos
de tinta se han vertido sobre su vida y su obra: su
condición de huérfano, ladrón y chapero, su paso por la
cárcel de la que saldrá gracias a Sartre y otros
intelectuales franceses, su paso por la España republicana,
sus primeros éxitos teatrales con obras de gran simbolismo
social, su compromiso político, su homosexualidad expresada
con contundencia en sus novelas y poemas, su reivindicación
de la estética del mal y la traición, su obsesión por
estar al margen...
A
pesar de todas estas apreciaciones son muchas las zonas de
la vida y la obra de Genet que siguen siendo un enigma. La
teoría queer ha arrojado algo de luz nueva sobre su
concepción del mundo y su potencial subversivo. Este
artículo pretende acercarse a la obra literaria de su autor
(en particular a algunas de sus novelas) escarbando en su
peculiar concepción del género y la disidencia sexual,
incidiendo, además, en su implacable y sorprendente
modernidad.
La
masculinidad es uno de los temas centrales de la obra de
Jean Genet, aunque su concepción de las tensiones en el
universo masculino no ha sido siempre bien comprendida. De
hecho se considera, un tanto superficialmente, a algunos
escritores gays como herederos de Genet por situar sus obras
en ambientes de crimen, robos y prostitución con ciertas
dosis de violencia aunque su concepción estética, sus
posicionamientos éticos y sus obsesiones temáticas sean
distintas e incluso opuestas.
Al
situar sus novelas en un universo eminentemente masculino
donde lo femenino funciona como alteridad y elemento
desestabilizador se le ha acusado de misógino y hasta de
interiorizar la homofobia social y mostrarla en sus
escritos. Ninguna de estas dos acusaciones es del todo falsa
pero sí enormemente simplificadoras. Genet ha presentado
tipos masculinos muy diferentes. Su concepción de la
masculinidad no es en absoluto unitaria y se permite
numerosas burlas y juegos irónicos con la identidad de esos
personajes a través de los cuales nos presenta las
relaciones homosociales. La cárcel, espacio privilegiado,
si se quiere, de una masculinidad violenta y un sublimado
homoerotismo no es sino un reflejo en pequeña escala de las
relaciones entre hombres que se desarrollan en el mundo
exterior, de la homosexualidad reprimida que está detrás
de las relaciones de poder, amistad y rivalidad entre
varones.
"Os
hablaré de Divina a merced de mi humor, mezclando el
masculino con el femenino y, si acontece, durante la
narración, que tenga que nombrar a una mujer, me las
arreglaré, ya encontraré un sesgo, una triquiñuela, para
que no haya confusión"
Santa
María de las flores.
Los
tipos masculinos de las novelas de Genet oscilan desde el
recluso más rudo y violento, hierático y capaz de grandes
explosiones de violencia hasta la aparentemente frágil
mariquita, cuyo más emblemático ejemplo sería la Divina
de "Santa María de las Flores", su primera novela
(escrita en la cárcel), una de sus creaciones más bellas y
un punto clave para entender el choque entre lo masculino y
lo femenino en la obra del autor. Divina es un personaje
fronterizo, que sufre las burlas de los machos y los gays en
el armario, que se ceban en su palpable diferencia y en su
género ambiguo. Divina nos sitúa en un terreno de
imprecisión, juega con el género y se sabe objeto tanto de
burlas y ataques como de una secreta fascinación por parte
de los que dicen despreciarla. Su carácter autoparódico
nos revela una gran inteligencia. Según el escritor
estadounidense Edmund White, autor de una interesante y
documentada biografía de Genet, Divina es "la primera
"drag-queen" de la literatura francesa" y
pone de relieve, con su performatividad de género, lo
teatral de la ostentosa virilidad de los rudos machos a los
que se aproxima.
"Podría
creerse que, retornando así espontáneamente a su verdadera
naturaleza, Divina era un macho maquillado, desmelenado por
gestos postizos; pero no se trata de ese fenómeno de la
lengua materna a la que se recurre en las horas graves. Para
pensar con precisión, Divina jamás debía formular en voz
alta, para sí misma, sus pensamientos. Sin duda en alguna
ocasión ya se había dicho en voz alta "Soy una pobre
chica", pero, al haberlo sentido, ya no lo sentía, y,
al decirlo, no lo pensaba ya. En presencia de
"Mimosa", por ejemplo, lograba pensar como
"mujer" sobre cosas graves, pero nunca esenciales.
Su feminidad no era sólo una mascarada. Pero para pensar
plenamente como "mujer" le estorbaban sus
órganos. Pensar es realizar un acto. Para actuar hay que
deshacerse de la frivolidad y posar la idea sobre un
pedestal sólido. Actúa entonces en su ayuda, la idea de
solidez que asociada a la idea de virilidad, y en la
gramática es donde la hallaba a su alcance. Pues si, para
definir un estado que experimentaba, Divina osaba emplear el
femenino, le era imposible para definir una acción que
llevaba a cabo. Y todos los juicios de que era portadora
como "mujer" eran, en realidad, conclusiones
poéticas. Así, sólo entonces era Divina auténtica".
Santa
María de las flores.
La
masculinidad en la obra de Genet es observada de manera poco
convencional. Parece surgir del dolor y la experiencia pero
a la vez crea sufrimiento y dolor a sus personajes. La
masculinidad ostentosa y a veces hasta ridícula y la
homosexualidad reprimida crean un interesante contraste en
sus tipos humanos pero a la vez los hace portadores de una
gran inseguridad que tratan de disimular inútilmente a
través de una impenetrable violencia. Muchos de ellos no
reconocen su homosexualidad y la viven de forma traumática
y agresiva. En universos cerrados (como la cárcel), donde
la masculinidad es una cualidad muy apreciada, integrar esa
identidad con una sexualidad gay resulta sumamente
conflictivo.
En
su interesante capítulo dedicado a Genet dentro de
"Sexual Politics" la autora feminista Kate Millet
hace una defensa de la concepción genetiana de lo femenino
oponiéndola al machismo y el heterosexismo de otros autores
como Henry Miller o Normal Mailer, donde lo femenino es
visto como un peligro que debe ser domesticado por el
hombre.. Para Millet lo femenino en la obra de Genet es un
elemento de potencial revolucionario, precisamente porque
ocupa el lugar más desvalorizado en la escala de lo social.
En la pirámide jerárquica de la prisión el lugar más
importante lo ocupan los criminales cuya virilidad les hace
merecedores del temor del resto, les sigue los "macs"
o chulos, después van los topistas (criminales que actúan
con ganzúa) les siguen las reinas y mariquitas, expuestas
al chantaje, la venta y la violencia de los machos y en el
último lugar se encuentran "las julas", cuya
única función en el universo carcelario es el de ser
violentadas. Sin embargo son precisamente las mariquitas las
que muestran una mayor lucidez y se vengan de la violencia
masculina a través de una astuta parodia de la virilidad
llena de irrisión. Las mujeres valientes y decididas de
"Los biombos" (cuya consciencia de la opresión de
género va unida a la consciencia de la opresión colonial)
o la propia Divina de "Santa María de las Flores"
así lo atestiguan. Frente a la perenne adolescencia y la
inseguridad violenta de sus tipos masculinos y de los
universos cerrados y viriles que nos presenta, lo femenino
se nos muestra como una opción liberadora, mucho más
inteligente, lúcida y transformadora. Millet ve en la obra
de Genet una subversión perversa e inteligente de los
modelos masculinos al uso. Sorprende que en este excelente
capítulo dedicado a Genet Millet rechace de un brochazo uno
de los libros más perturbadores del escritor francés,
"Pompas fúnebres". Se trata, sin duda, una de sus
obras más depuradas, herméticas y controvertidas.
Despojada del armazón narrativo de "Santa María de
las Flores", donde algunos episodios nos remiten a
Dickens o a la novela criminal "Pompas fúnebres"
es una obra de una asombrosa modernidad. El autor se vale
del cuerpo masculino para hacer un complejo juego con las
identidades y las diferencias, la ambigüedad ideológica y
la transgresión moral. Millet, como otros críticos menos
perspicaces, le acusan de abordar con ambigua ligereza y
morbo gratuito el tema del nazismo y la resistencia. Pero
una lectura atenta del libro nos revela que Genet va más
allá al abordar el tema del amor como herramienta de
subversión del orden y al cantar, en una elegía romántica
al soldado muerto, al poder revolucionario del deseo gay
más allá de las diferencias políticas y de la comedia del
amor convencional. El joven Jean busca en el hermano y en el
asesino y amante de la madre de su amado un lazo de unión
con el recuerdo y funde todos los personajes en un
perturbador juego de espejos e identidades superpuestas.
Tras la crudeza de sus imágenes y la violencia contenida
que satura las relaciones entre los personajes descubrimos
una tierna reivindicación de la diferencia y una
desesperada búsqueda del otro más allá de la muerte y las
fronteras sociales. El protagonista es el propio Genet que
busca a su amado muerto en la belleza de los verdugos que
acabaron con su vida. De nuevo el autor juega con la
paradoja y con el engaño, con el dualismo y la inversión
de la moral al uso, sólo que aquí, más que nunca, la
historia se disuelve en la fuerza reveladora del lenguaje
poético. La máxima wildeana de que "matamos lo que
amamos" está muy presente en ese juego obsesivo y
recurrente que es en definitiva el espíritu su novela.
"Mi
desesperación ante la muerte de Jean es un niño cruel. Es
Paulo. Que nadie se asombre si, al hablar de él, el poeta
llega a decir que su carne era negra, o verde, del verde de
la noche. La presencia de Paulo tenía el color de un
líquido peligroso. Los músculos de los brazos y las
piernas eran largos y lisos. Se le suponían unas
articulaciones perfectamente flexibles. Tal flexibilidad, la
longitud de los músculos y su tersura eran el signo de su
perversidad. Cuando digo signo, quiero decir que entre su
perversidad y estos caracteres visibles existía una
relación. Sus músculos eran elegantes, finos. Su
perversidad también lo era. Tenía una cabeza muy pequeña
sobre un cuello macizo. Los ojos, cuya mirada fija parecía
aún peor que la de Erick, eran los de un juez implacable,
los de un soldado, los de un oficial estúpido hasta lo
sublime. Jamás sonreía su rostro. Tenía el pelo liso,
pero se le montaban los mechones. Puede decirse que daba la
impresión de que no se peinaba nunca y sólo se atusaba el
pelo con las manos mojadas. De todos los tipejos que me
gusta sacar a relucir es el más perverso. Abandonado encima
de mi cama será, desnudo, terso, un instrumento de tortura,
unas tenazas, un cris a punto de funcionar, que funciona por
su sola presencia, que era perversa y surgirá pálido y con
los dientes apretados, de mi desesperación. Me permitió
escribir este libro, igual que me dio fuerzas para asistir a
todas las ceremonias del recuerdo"
Pompas
fúnebres.
Gran
parte de la fuerza de la prosa de Genet en "Pompas
fúnebres" surge de su ausencia de miedo al ridículo.
En otro autor párrafos como este hubieran causado malestar
y consternación pero Genet es muy consciente de su universo
poético y se permite ser tierno hasta lo ingenuo y brutal
hasta el sadismo en un mismo párrafo, en una misma frase,
incluso. Reflexiona sobre le origen de su fascinación por
la belleza masculina, por el "mal" como oposición
a los valores burgueses. Como dice Bersani es difícil
encontrar un programa político gay en Genet sino es el de
oponerse a las estructuras de la sociedad convencional, en
particular a sus estructuras morales, dándoles otro valor y
otro significado. Su prosa, exquisita y a la vez en estado
bruto, es la prosa de un esteta de los márgenes. Definido
por algunos autores como un "dandy de los abismos"
el estilo de Genet es (como dijo algún crítico del cine de
Alfred Hitchcock) el estilo de "un sofisticado
bárbaro".
En
"Pompas fúnebres" se arriesga a introducir la
figura de Hitler con un significado ambivalente, una
referencia a la invasión, al mal, a la soledad y una
especie de símbolo de lo que el amor radicalizado puede
llegar a trans-figurar. La introduce entre los personajes
principales como un reflejo que aparece súbitamente en esa
búsqueda destructiva del otro, en una circunstancia
histórica determinada re-definida por la pasión contra la
norma.
"¿Qué
es un marica?. Un hombre, que por su naturaleza, se opone a
la marcha del mundo, se niega a entrar en el sistema según
el cual está organizado el mundo. El marica se niega a
esto, niega eso, lo socava, quiera o no. Para él el
sentimiento es sólo tontería y engaño, sólo existe el
placer. Vivir de sorpresas, de cambios, aceptar los riesgos,
exponerse a las afrentas, es lo contrario de la coacción
social, de la comedia social"
En
esta definición de Genet podemos ya atisbar algunos de los
rasgos sobre los que décadas después se asentaría la
concepción política de lo "queer" como opuesto
al asimilacionismo y el conformismo integrador presente en
un amplio sector del movimiento gay. Lo "queer"
reivindica la diferencia, la reinvención de la identidad
homosexual y se opone a entrar en las instituciones de la
sociedad heterosexista.
En
la definición de Genet no se contempla el lado
deconstructivista, su carácter de performatividad de
género, pero incide en uno de sus componentes más
importantes: la rebeldía frente a un orden social desde la
diferencia sexual.
La
homosexualidad en el universo de Genet adquiere tres
dimensiones básicas. La dimensión corporal o física (el
homoerotismo, la fascinación sexual por el cuerpo del
hombre), la dimensión cultural (concepciones diversas de la
masculinidad, variaciones sobre el género, romanticismo e
individualismo como posicionamientos vitales) y la
dimensión social (aislamiento, ruptura de normas y
convencionalismos, transgresión de la moral al uso,
exaltación de lo que está fuera de la ley).
Aunque
nunca se llegó a identificar de modo directo con el
movimiento gay su concepción filosófica del "ser
marica" como opuesto a los convencionalismos que rigen
las relaciones sociales y su visión irónica y
caricaturesca de lo masculino han influido notablemente
sobre numerosos escritores y teóricos gays posteriores.
Genet
se alió en la lucha de otros movimientos sociales y
políticos como la Liberación Negra y la Liberación del
pueblo palestino. A pesar de todo, y coherente con su
posición transgresora Genet afirmó en una ocasión que no
se hubiera unido a ellos " de no ser tan bellos
muchachos". Los Panteras Negras estadounidenses le
aceptaron como uno más de ellos. Vieron en él a otro paria
del modelo social y político. Genet logró además que
algunos de ellos expresaran públicamente su apoyo a la
causa de los gays radicales. El fundador de los "Black
Panthers" y buen amigo de Genet Huey P. Newton, llegó
a manifestar: "Rechazo el prejuicio que lleva a decir
"hasta un homosexual puede ser revolucionario".
Todo lo contrario "un homosexual puede ser el más
revolucionario".
Otro
de los temas cruciales del universo de Genet, y que
acabaría enlazando con esta toma de postura política de
más amplio alcance, es la soledad. La soledad del niño
huérfano frente a los otros niños, del joven ladrón y
chapero frente a la juventud burguesa, del recluso frente a
las instituciones y las leyes francesas, del marica frente a
la condena y la hipocresía de la sociedad heterosexual.
Soledad que se deriva de la alteridad con respecto a
"la norma" y del enfrentamiento radical del
individuo con las costumbres de la mayoría. Sólo en esa
soledad puede encontrar Genet el verdadero amor, que nunca
se logra por los caminos convencionales. Camina así hacia
la destrucción del "ser humano", entendido como
"entidad totalizadora" y portadora de unos valores
que se presuponen universales en detrimento de la existencia
y los valores de "los otros", los excluidos.
Cuando su compatriota, el filósofo Michel Foucault,
denuncia la gran falacia del humanismo tradicional en la
filosofía, las ciencias o la política y anuncia "La
muerte del hombre" no anda muy lejos de Genet en su
perenne búsqueda de la otredad. |