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Hoy se cumplen 90 años desde el nacimiento de Jean Genet.
Controvertido, mitificado y transgresor, son rasgos socorridos a
la hora de enaltecer la importancia que supuso este escritor
francés al mundo literario. Su condición de huérfano, le hizo
merecedor de una fama de inconformista, violento y
desconcertante, alimentada desde su infancia gracias a su
peregrinaje por orfanatos y reformatorios de toda la nación.
Pero la cosa no termina ahí. También fue carne de cárcel,
pues ejerció de ladrón y chapero. Desde la prisión escribiría
su primera obra, Nuestra Señora de las flores, una de sus
grandes novelas y reconocido exponente del homoerotismo.
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| Genet
visto por Jean Cocteau |
Siempre vio y
entendió su homosexualidad desde una concepción totalmente
opuesta al heterosexismo: se rebeló como nadie contra un orden
desde la diferencia social. Y aunque no se llegó a involucrar
de modo directo en el movimiento gay, sin embargo, sí lo hizo
con otros grupos de protesta de Estados Unidos, como Liberación
Negra o Liberación del Pueblo Palestino.
La
masculinidad rayana en la misoginia es uno de sus temas
explotados hasta el paroxismo, entendida como virilidad a la
vieja usanza (ostentosa y ridícula), a veces confundida con una
homosexualidad reprimida. Se plasma en su obra ese contraste
entre el personaje rudo y violento que trata de burlar en todo
momento al mariquita desvalido. Él mismo pensaba que la hombría
debía ser una cualidad que sirviera más para proteger lo
femenino que para desflorarlo. Su visión irónica y
caricaturesca de lo masculino, han llegado a influir en grandes
autores posteriores.
Se autoacusó desde el principio como homosexual, bandido,
traidor y cobarde, por lo que siempre tuvo que elaborar obras
que la sociedad no pudiera digerir con facilidad. De todas ellas
destacamos, Las Criadas, Los Negros, Los Biombos, El Balcón y
Pompas Fúnebres donde se hace descarada alusión al nazismo y
la resistencia. En todas ellas se narran relaciones homosociales,
entendiendo la homosexualidad desde tres planteamientos: el
corporal visto como una obsesión por el cuerpo del hombre
(sobredosis de homoerotismo), el cultural desde la interminable
gama de tipos masculinos, y el plano social en forma de
aislamiento y ruptura de normas.
Otro gran tema: la soledad. La soledad del niño huérfano que
fue, del joven ladrón y chapero frente a la sociedad burguesa,
del recluso, del marica. Siendo todo esto y más, ¿qué podía
anhelar sino un destino especial? Uno de sus grandes amigos fue
Sartre. Éste incluso le ayudó a salir del presidio en alguna
ocasión. También se atrevió a evaluar su obra en una crítica
de 600 páginas donde le otorgó el sobrenombre de San Genet,
levantando ampollas entre los moralistas más exacerbados, que
lo acusaron de blasfemo. Al propio Genet la publicación de
Sartre le causó tal sobresalto que casi le resultó imposible
retomar la escritura: tardó seis años en lograrlo tras una
larga meditación que le llevó al teatro. Siempre se mostró
indiferente a la aceptación de intelectuales, crítica y público
hasta el día en que murió. Lo hacía el 15 de abril
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