JEAN GENET,  EL PADRE DEL HOMOEROTISMO

Por Paco Arteaga  (19 Diciembre de 2000)

 



Hoy se cumplen 90 años desde el nacimiento de Jean Genet. Controvertido, mitificado y transgresor, son rasgos socorridos a la hora de enaltecer la importancia que supuso este escritor francés al mundo literario. Su condición de huérfano, le hizo merecedor de una fama de inconformista, violento y desconcertante, alimentada desde su infancia gracias a su peregrinaje por orfanatos y reformatorios de toda la nación. Pero la cosa no termina ahí. También fue carne de cárcel, pues ejerció de ladrón y chapero. Desde la prisión escribiría su primera obra, Nuestra Señora de las flores, una de sus grandes novelas y reconocido exponente del homoerotismo.

 Genet visto por Jean Cocteau

Siempre vio y entendió su homosexualidad desde una concepción totalmente opuesta al heterosexismo: se rebeló como nadie contra un orden desde la diferencia social. Y aunque no se llegó a involucrar de modo directo en el movimiento gay, sin embargo, sí lo hizo con otros grupos de protesta de Estados Unidos, como Liberación Negra o Liberación del Pueblo Palestino.

La masculinidad rayana en la misoginia es uno de sus temas explotados hasta el paroxismo, entendida como virilidad a la vieja usanza (ostentosa y ridícula), a veces confundida con una homosexualidad reprimida. Se plasma en su obra ese contraste entre el personaje rudo y violento que trata de burlar en todo momento al mariquita desvalido. Él mismo pensaba que la hombría debía ser una cualidad que sirviera más para proteger lo femenino que para desflorarlo. Su visión irónica y caricaturesca de lo masculino, han llegado a influir en grandes autores posteriores.

Se autoacusó desde el principio como homosexual, bandido, traidor y cobarde, por lo que siempre tuvo que elaborar obras que la sociedad no pudiera digerir con facilidad. De todas ellas destacamos, Las Criadas, Los Negros, Los Biombos, El Balcón y Pompas Fúnebres donde se hace descarada alusión al nazismo y la resistencia. En todas ellas se narran relaciones homosociales, entendiendo la homosexualidad desde tres planteamientos: el corporal visto como una obsesión por el cuerpo del hombre (sobredosis de homoerotismo), el cultural desde la interminable gama de tipos masculinos, y el plano social en forma de aislamiento y ruptura de normas.

Otro gran tema: la soledad. La soledad del niño huérfano que fue, del joven ladrón y chapero frente a la sociedad burguesa, del recluso, del marica. Siendo todo esto y más, ¿qué podía anhelar sino un destino especial? Uno de sus grandes amigos fue Sartre. Éste incluso le ayudó a salir del presidio en alguna ocasión. También se atrevió a evaluar su obra en una crítica de 600 páginas donde le otorgó el sobrenombre de San Genet, levantando ampollas entre los moralistas más exacerbados, que lo acusaron de blasfemo. Al propio Genet la publicación de Sartre le causó tal sobresalto que casi le resultó imposible retomar la escritura: tardó seis años en lograrlo tras una larga meditación que le llevó al teatro. Siempre se mostró indiferente a la aceptación de intelectuales, crítica y público hasta el día en que murió. Lo hacía el 15 de abril

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