Jean Genet o la estética del aislamiento

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Ladrón, homosexual, loco, puto, paria. El currículum de Jean hace más o menos de Rimbaud la Reina Victoria. Marcado de nacimiento por el estigma de la marginalidad, Genet se encargó de mantener viva dicha marca durante toda su vida. Fue precisamente en el rechazo y el aislamiento donde encontró la cantera creativa que permiten hoy insertarlo en los cánones de excelencia literaria.

Nacido en los alrededores de París en 1910, su madre lo dejó al año y de su padre jamás se supo nada. Abandonado, Jean cayó en manos del Estado francés, que lo entregó a una familia en Alligny-en-Moran, región del sur de Francia. Su etapa escolar contenía el germen del futuro anarquismo moral por el que demostró incansable devoción durante su período creativo.

Si bien la vida con sus padres adoptivos era bastante más cómoda que la del promedio de huérfanos de la época (no sufría problemas económicos, Genet se dedicaba por entero al estudio, y era además adorado por su madrasta); su condición y tendencia a la marginalidad se esbozaron ya en Alligny. Rechazado por ser huérfano y parisino, afeminado y soberbio (descubrió su homosexualidad desde muy temprano), y posteriormente desterrado por ladrón. 

Frente al odio externo, la muralla de desprecio protector comenzó su edificación - y es en ese laborioso proceso de construcción psíquica que Genet se enfrentó con el desgarramiento que lo motivó a narrar.

Aunque sus altas calificaciones lo llevan a una educación superior (como artesano), se fuga de casa en 1924. Ese año marca el inicio de su vida como fugitivo, huyendo siempre hacia puertos (Niza, Marsella, Burdeos), para caer eventualmente en manos de las autoridades. Es en este largo período de paria (de 1926 al 29), que Genet pasa sus míticos años en la prisión infantil de Mettray, cruciales para su literatura. En medio de la sordidez sexual de un mundo de adolescentes masculinos abandonados a penosos trabajos laborales, descubre la belleza -para continuar buscándola durante su vida en contextos poco comunes.


Salido de Mettray, se enrola con el ejército para una misión en Oriente Medio. Su estadía en Damasco (Siria) durante 1930, signaría profundamente su sensibilidad, encontrándole al mundo árabe un enorme sitial en su universo. Deambula por Europa los años siguientes, mientras sale y entra de las cárceles por pequeños robos.

Pasada la guerra, sin embargo, comienza su estrellato. Sus protectores, primero Jean Cocteau (quien le salvará el pescuezo más de una vez), y luego la dupla Sartre-Simone de Beauvoir; todos lo reverencian como el nuevo genio de las letras francesas. Lo curioso de todo es que para 1945, la producción literaria de Genet es tan escasa que cuesta trabajo entender la admiración que provocó en el ambiente cultural de la rive gauche parisina (sólo sobresalen Nuestra Señora de las Flores y unos cuantos poemas). El asunto es que, apoyado por leyendas vivientes de enorme influencia, inicia un impresionante período de creación: en 1946 comienza a redactar Diario de un ladrón y en 1947 se estrena su famosa obra Las Criadas. En julio se ese año recibe el Premio Pleïades, y en agosto de 1949 Vincent Auriol, el entonces presidente de Francia, acepta la petición (lanzada por Sartre), donde se redimía a Jean de los años de condena que aún debía a la justicia.

Luego de una primera fase de inercia, Jean publica Los Negros (1955), Estudio de Alberto Giacometti y Los Biombos (1957). Para este momento, su nombre trasciende las fronteras francesas y empieza a ser sinónimo de escándalo (EEUU le niega la visa y el montaje de sus obras). En noviembre de 1955 conoce a Abdallah Bentaga, acróbata joven de origen árabe que sería su compañero durante muchos años.

La década de los sesenta son para el artista una etapa oscura, tanto en términos de fecundidad literaria como de estado de ánimo. Abdallah se suicida en 1964, y comienza así una prolongada retirada del ojo público, que termina con un propio intento de suicidio en una habitación de un hotel de Domodossola (Italia), a finales de 1967, por una sobredosis de benzodiacepinas.

Al año siguiente, sin embargo, el élan vitale retorna a Genet, pero esta vez dirigido hacia la política. Tras una intensa participación en los movimientos estudiantes de mayo del 68, se involucra incansablemente en una infinidad de protestas: en 1970, junto a Marguerite Duras contra las condiciones de vida de los inmigrantes; los dos años siguientes, por la causa de los Panteras Negras americanos, ingresando de ilegal a Estados Unidos y dando una conferencia en New Haven ante 25 mil personas en mayo del 70. A la lucha por la causa de los negros le sobreviene un rebrote de su interés por el mundo árabe. Luego del Setiembre Negro de Jordania (1970), visita los campamentos palestinos y se entrevista con el líder de la OLP, Yasser Arafat, en un campamento cerca de Amman.

A partir de 1974, su actividad general se reduce. Abandonado el campo de la literatura desde hacía ya 15 años, hace lo mismo con la política. A pesar de cierta vitalidad recuperada con el ingreso de un nuevo hombre a su vida, Mohammed El Katrui, en mayo de 1979 se le diagnostica cáncer en la garganta. Reparte lo que le queda de existencia entre breves incursiones en el cine y la vida casera en Marruecos (adonde se muda) con Mohammed. El Ministerio francés de Cultura le otorga en 1983 el Premio Nacional de Literatura, y dos años más tarde muere de una metástasis en un hotel en París. Exactamente un mes después, Prisionero del amor, su obra más elaborada, sale a la venta.

Sus restos descansan, como él mismo indicó, en un arrecife en Larrache (Marruecos), mirando hacia el mar.

Articulo extraído de la pagina  www.decajon.com

 

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