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J Nacido
en los alrededores de París en 1910, su madre lo dejó al año y de
su padre jamás se supo nada. Abandonado, Jean cayó en manos del
Estado francés, que lo entregó a una familia en Alligny-en-Moran,
región del sur de Francia. Su etapa escolar contenía el germen del
futuro anarquismo moral por el que demostró incansable devoción
durante su período creativo. Si bien la vida con sus padres adoptivos era bastante más cómoda que la del promedio de huérfanos de la época (no sufría problemas económicos, Genet se dedicaba por entero al estudio, y era además adorado por su madrasta); su condición y tendencia a la marginalidad se esbozaron ya en Alligny. Rechazado por ser huérfano y parisino, afeminado y soberbio (descubrió su homosexualidad desde muy temprano), y posteriormente desterrado por ladrón. Frente al odio externo, la muralla de desprecio protector comenzó su edificación - y es en ese laborioso proceso de construcción psíquica que Genet se enfrentó con el desgarramiento que lo motivó a narrar. Aunque sus altas calificaciones lo llevan a una educación superior (como artesano), se fuga de casa en 1924. Ese año marca el inicio de su vida como fugitivo, huyendo siempre hacia puertos (Niza, Marsella, Burdeos), para caer eventualmente en manos de las autoridades. Es en este largo período de paria (de 1926 al 29), que Genet pasa sus míticos años en la prisión infantil de Mettray, cruciales para su literatura. En medio de la sordidez sexual de un mundo de adolescentes masculinos abandonados a penosos trabajos laborales, descubre la belleza -para continuar buscándola durante su vida en contextos poco comunes.
La década de los sesenta son para el artista una etapa oscura, tanto en términos de fecundidad literaria como de estado de ánimo. Abdallah se suicida en 1964, y comienza así una prolongada retirada del ojo público, que termina con un propio intento de suicidio en una habitación de un hotel de Domodossola (Italia), a finales de 1967, por una sobredosis de benzodiacepinas.
A partir de 1974, su actividad general se reduce. Abandonado el campo de la literatura desde hacía ya 15 años, hace lo mismo con la política. A pesar de cierta vitalidad recuperada con el ingreso de un nuevo hombre a su vida, Mohammed El Katrui, en mayo de 1979 se le diagnostica cáncer en la garganta. Reparte lo que le queda de existencia entre breves incursiones en el cine y la vida casera en Marruecos (adonde se muda) con Mohammed. El Ministerio francés de Cultura le otorga en 1983 el Premio Nacional de Literatura, y dos años más tarde muere de una metástasis en un hotel en París. Exactamente un mes después, Prisionero del amor, su obra más elaborada, sale a la venta. Sus restos descansan, como él mismo indicó, en un arrecife en Larrache (Marruecos), mirando hacia el mar. Articulo extraído de la pagina www.decajon.com |
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