|
Pablo Garrido, el
pionero
por Álvaro
Menanteau
Alguien en Chile lo calificó como “nuestro patrono del jazz”, y
no se equivocaba. Pablo Garrido Vargas (1905-82) presentó en su
Valparaíso natal la primera orquesta de jazz que se tenga memoria,
en el año 1924. Pero ¿quién fue este hombre que se resiste a ser
olvidado?
Pablo Garrido provenía de una familia de artistas, comenzando a
estudiar piano a los 4 años; un accidente a los 7 años lo obligó a
dedicarse al violín. Su hermano mayor, Juan Santiago, lo integró a
la orquesta de música popular que éste dirigía. Esa práctica hizo
brotar en Pablo un aprecio por esa música, junto a sus primeros
estudios de composición docta realizados con un músico holandés.
A los 18 años Pablo Garrido estrenó su primera composición y
dictó su primera charla, la cual versaba acerca de los compositores
chilenos contemporáneos. Su carrera como conferencista incluyó más
de 500 charlas, que lo condujeron por 35 países. También se destacó
en la crítica musical, con más de 2.000 artículos en diarios y
revistas de Chile y el extranjero. Quienes lo conocieron lo
recuerdan como un hombre muy culto, de una gran sensibilidad (tal
vez asociada a su condición homosexual), y con un hermoso manejo del
lenguaje, lo cual se hace evidente al leer sus escritos.
Hasta los años 40 se puede afirmar que Garrido era un hombre de
vanguardia, atento a todas aquellas expresiones modernas de la
música contemporánea, y conectado a lo más selecto de la
intelectualidad local y extranjera. Entre su correspondencia privada
hallamos cartas de Pedro Humberto Allende, Alfonso Leng, Arnold
Schoenberg, Aaron Copland, Heitor Villa-Lobos, Joaquín Rodrigo,
Charles Seeger y otros. En 1925 organizó un concierto de música
“futurista”, estrenó obras y editó una revista.
Con estos antecedentes podemos abordar entonces al Garrido
jazzista, un hombre que durante 20 años realizó una labor única en
el campo de la difusión y práctica del jazz en Chile. Su Royal
Orchestra que estrenara en 1924 fue producto del ambiente que se
vivía en Valparaíso, con salones de baile y el contacto con los
marinos norteamericanos que traían las últimas novedades en cuanto a
jazz bailado e instrumentos de calidad. Su orquesta se presentó en
el Salón Victor y en la confitería Colón de Valparaíso, contando con
3 violines, 3 saxos, 2 trompetas, clarinete, trombón, tuba, banjo,
batería y piano; sin duda su referente era el de la famosa orquesta
de Paul Whiteman.
Entre 1926 y 1932 Garrido se embarcó en un largo viaje que
incluyó el norte de Chile, Sudamérica, Centroamérica y Europa, en el
cual tuvo la oportunidad de escuchar la orquesta de Duke Ellington.
Con más energía aún, retornó a Chile y se dedicó a crear y dirigir
conjuntos de jazz en los cuales él tocaba violín y realizaba los
arreglos musicales. Entre 1934 y 1937 tuvo a su cargo la dirección
de la orquesta de jazz del Casino de Viña del Mar, ahora con 4
saxos, 2 trompetas, trombón, tuba, contrabajo, guitarra, piano y 2
percusionistas. Algunos músicos de esa época que trabajaron junto a
él fueron Jorge Martínez (saxo alto), Samuel Contreras (trompeta),
Eugenio González (piano), Bruno Schaub (batería), Carlos Salas
(violín) y Augusto Brown (guitarra); con estos últimos formó el Trío
Los Dodos en 1937, presentandose regularmente en radio Chilena.
Otra faceta importante de Garrido lo constituyó su trabajo como
difusor del jazz local a través de inumerables artículos de prensa,
en su mayoría entrevistas a músicos nacionales vinculados al jazz.
Las “Crónicas de Pablo Garrido” aparecieron todos los jueves en el
diario Las Últimas Noticias a partir de 1938, mientras que su
“Recuento integral del jazz en Chile” (publicado algo antes en una
revista), nos ayuda también a reconstruir esta historia.
Finalmente, como músico académico, Garrido fue el primer
compositor docto chileno que se inspiró en las sonoridades del jazz.
Su pieza Jazz window (1930) para piano y saxo alto es además la
primera obra docta que emplea el saxo alto, mientras que Black fire
fue dedicada a su discípulo Carlos Salas, considerado por Garrido
como el único violinista del período que dominaba el fraseo
jazzístico. Como director, Pablo Garrido organizó y dirigió
conciertos de “jazz sinfónico” y de negro spirituals, estrenando el
clásico Rapsodia en blue en 1935.
Sin embargo, en forma tan abrupta como misteriosa, Garrido
abandonó la actividad jazzística a principios de los años 40,
declarando que el jazz no se podía identificar con el espíritu
latino y que en Chile dominaban los mistificadores de esta música. A
partir de entonces se dedicó a componer música docta, a dictar
conferencias y a investigar el folclore chileno. En este último
aspecto se destacó la filmación de un documental de la fiesta de La
Tirana en 1944, y la publicación de su libro "Historial de la
cueca",
donde explica el origen africano de nuestro baile nacional. De ahí
deriva el aprecio que tienen por Garrido los folcloristas chilenos,
del mismo modo que los amantes del jazz lo reconocemos como nuestro
patrono.
|