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Remordimiento en traje de noche
Un hombre gris avanza por la calle de
niebla; No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío; Vacío
como pampa, como mar, como viento, Desiertos tan amargos bajo un
cielo implacable.
Es el tiempo pasado, y sus alas
ahora Entre la sombra encuentran una pálida fuerza; Es el
remordimiento, que de noche, dudando; En secreto aproxima su sombra
descuidada.
No estrechéis esa mano. La yedra
altivamente Ascenderá cubriendo los troncos del
invierno. Invisible en la calma el hombre gris camina. ¿No
sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda.
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Quisiera estar solo en el sur
Quizá
mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
El
sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.
En
el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
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| Durango
Las palabras quisieran expresar los
guerreros, Bellos guerreros impasibles, Con el mañana gris
abrazado, como un amante, Sin dejarles partir hacia las
olas.
Por la ventana abierta Muestra el destino su
silencio; Sólo nubes con nubes, siempre nubes Más allá de otras
nubes semejantes, Sin palabras, sin voces, Sin decir, sin
saber; Últimas soledades que no aguardan mañana.
Durango está
vacío Al pie de tanto miedo infranqueable; Llora consigo a solas
la juventud sangrienta De los guerreros bellos como luz, como
espuma.
Por sorpresa los muros Alguna mano dejan revolando a
veces; Sus dedos entreabiertos Dicen adiós a nadie, Saben algo
quizá ignorado en Durango.
En Durango postrado, Con hambre,
miedo, frío, Pues sus bellos guerreros sólo dieron, Raza estéril
en flor, tristeza, lágrimas. |